Viernes 14 de noviembre de 2014
En la primera rueda de prensa, Monago lo negó todo. En la segunda dijo que devolvería lo que había gastado indebidamente y en la tercera, farruco y bravucón, ya no lloró como lo hizo en la reunión de las Buenas Prácticas del PP celebrado en Extremadura ante Rajoy, sino retó a todos los que han destapado su caso y trató de demostrar que la campaña contra él no le impedirá seguir adelante. Puede ser, pero con permiso de IU que ya ha dicho que si se somete a una cuestión de confianza no le va a votar. Pero no lo hará.
Hijo de Guardia Civil (gente de orden), portero jugador de balonmano, bombero, abogado, senador y presidente de Extremadura, el interceto es singular pero sobre todo un bocazas. Si no lo hubiera sido tanto, seguramente uno de los suyos, no hubiera sacado la información de los 32 viajes a Tenerife. Fuego amigo
El reglamento del Senado tiene un artículo que habla de ésto. Es el 24 y dice que «en el territorio nacional, los Senadores tendrán pase de libre circulación en los medios de transporte colectivo que dicte la Mesa del Senado».
Este artículo está redactado para gente responsable, que lo es la mayoría. Cuando sale un Monago, se organiza la de Dios es Cristo con razón. La gente no quiere abusos ni que los parlamentarios tengan una querida y que para verla haya que pagarle los viajes con dinero público. Por lo menos que tengan a su amante en la vecindad como decía un economista.
Algo lamentable, centrado en Monago y en el diputado de Teruel, pero no extensivo a los diputados y senadores que no van por la vida abusando.
¿Más controles?. Por supuesto.

