Lunes 15 de septiembre de 2014
De vez en cuando a uno le pasan cosas que le sirven para darse cuenta de cómo funcionan las cosas circundantes. Y hoy lunes, me ha pasado algo que no me había ocurrido nunca en los años que llevo viajando a Madrid y de Madrid a Bilbao, dos veces por semana: por primera vez he perdido el avión
He estado religiosamente una hora antes de la salida del vuelo IB223 que anunciaba su embarque a las 9:15 de la mañana. Normal.
A eso de las 8:30 en el panel de anuncio no ponía la puerta. He cogido un asiento descascarillado cerca del panel y allí he estado con la mirada fija. A eso de las 9:30 y ante el Delayed continuo y la falta de información he tratado de conocer la puerta de embarque pero no había ningún mostrador de Iberia. Me he dado cuenta que el aeropuerto no tiene ningún puesto de información interno una vez has pasado el control. Ni para ser informado sobre nada. Me he quedado perplejo. ¿Es ésto normal?. Desde luego que no. En la T-4 que yo sepa, tienes dos.
Buscando esa información he ido al control de seguridad y les he pedido ir al gran salón contiguo de salidas. «No se puede» me ha dicho el Guardia Civil. “¿Cómo que no se puede?. Si he podido entrar he de poder salir. Chequéeme si quiere, pero déjeme consultar con Iberia que está a diez metros». «No se puede» ha sido toda la argumentación, militar por supuesto. «Si quiere usted ir a la sala de al lado tiene que salir de la terminal y volver a entrar «. «¿No le parece absurdo», le he preguntado. «Es así. Son órdenes». «Pues me va a permitir que le diga que quien ha diseñado este sistema de no tener ningún puesto de información interno y de no dejar salir, es un imbécil y no está al servicio del ciudadano. Buenos días».
La Guardia Civil cumple órdenes. Ordenes diseñadas por un imbécil.
Y he tenido que salir de la terminal, que por cierto tiene un sistema de megafonía nefasto. Mucha arquitectura post moderna pero lo que es, lo básico en situación de cierta crisis, no funciona en absoluto. La megafonía es propia de una estación de trenes de hace sesenta años.
He salido. He ido a Iberia. «Acaba de salir el avión». «Pero si no ha sido anunciada su puerta». «Pues ha salido».
Y me he quedado en tierra.
Esa es la historia.
Me ha servido para mirar un poco más de cerca las instalaciones de la terminal. Estaban limpias pero las paredes muy sucias. Cuando uno apuesta por el blanco, como apostó Calatrava, un mínimo mantenimiento se impone y hay lugares ennegrecidos, cutres, de aeropuerto tercermundista.
La Paloma se inauguró en el año 2000. Han pasado catorce años y por él no ha pasado una mano de pintura o de raspado de la piedra. Y está asquerosa.
¿A qué esperan?.
Mi cabreo ha sido monumental. Pero hay que aguantarse ante la impotencia de que no haya quien informe de nada, nadie te dé explicaciones de nada, nadie se responsabilice de nada y que la Guardia Civil no te deje salir por donde has entrado, porque así lo ha diseñado un idiota. Lógicamente he hecho una pregunta al gobierno central de quien depende esta basura informativa y esta suciedad estética.
Loiu, puerta de Euzkadi.
