Ganadero de Idaho, separatista vasco

Sábado 2 de noviembre de 2013

Con este título apareció en el diario ABC una nota necrológica venenosa de quien fuera embajador de España en Washington, Javier Rupérez. Probablemente Rupérez creyó que llamándole «ganadero y separatista” a Pete Cenarrusa le ridiculizaba ante la caverna mediática para la que escribe sin apreciar que Pete Zenarruzabeitia se sentiría feliz por la simplificación porque además de “ganadero y separatista” fue también un importante político norteamericano, ingeniero agrario, campeón nacional de boxeo universitario, profesor de agricultura y química, piloto naval, segundo teniente de infantería, jefe del departamento de instrucción de vuelos del escuadrón de entrenamiento para pilotos navales, nueve períodos como secretario de estado y presidente de la Cámara en Idaho, así como otras muchas cosas, como así se lo reconoció la Fundación Sabino Arana cuando lo nombró «Vasco Universal». Su amigo el historiador Xabier Irujo escribió: “Pete ha sido fundamentalmente un pastor vasco, y un distinguido miembro de la diáspora vasca en las Américas. De él dijo el gobernador demócrata de Idaho Cecil Andrus en el curso de un caluroso debate político entre mineros y ovejeros, “Cenarrusa es un pastor incurable” y rubricó, “¡hasta los calzoncillos tiene de lana!”. Tal como relatamos en el libro que escribimos juntos y que ha conocido una segunda edición en 2012, On Basque Politics, desarrolló una idea que revolucionaría la industria ovina en el oeste americano: transportar las ovejas a California durante el invierno”.

Su muerte ha sido muy sentida en su estado, en la colectividad vasca de Idaho, en Euzkadi y por cualquier persona de bien aunque no por Rupérez que tuvo la mala entraña de acabar dicho artículo con esta frase: «Como diría Mark Twain, no todos los fallecimientos son recibidos de igual manera». Y es que la inquina de Rupérez contra Pete no es de ahora, viene de su etapa de embajador. Por algo será. La blogosfera vasca en EE.UU. calificó el obituario de Rupérez sobre Pete Cenarrusa en ABC de “veneno guardado durante más de una década”.

Rupérez madrileño y diplomático de profesión es seco y altivo. Lo más negado para dedicarse a la política y a las relaciones humanas. En su día se armó una buena porque le dijimos que dormía almidonado con la orden de Carlos III encima del pijama. Poseedor de un alto concepto de sí mismo creyó que habiendo ganado las elecciones Aznar, en 1996, éste le nombraría su canciller. Ya, ya. A quien nombró Aznar fue a Matutes llevándose Rupérez el disgusto de su vida. Se quedó de presidente de la Comisión de Asuntos Exteriores del Congreso, y viendo con el tiempo que Aznar no contaba con él para su acariciado puesto, se reintegró en la carrera nombrándole posteriormente  Aznar embajador en Washington, que no está mal, y donde anduvo a sus anchas.

Recuerdo que cuando a Gorbachov le dieron aquel extraño golpe de estado una delegación del Congreso se desplazó a Moscú a mostrarle su solidaridad. La presidía Txiki Benegas y entre otros diputados estaba Rupérez y estuve yo. Y recuerdo como en el viaje de vuelta Rupérez me contó un hecho ilustrativo de la discusión y tramitación estatutaria entre Suárez y el PNV. Me dijo que ante nuestras “inasumibles pretensiones” Suárez le había enviado junto a Álvarez Miranda a visitar a Leo Tindemans en Bruselas, a Luis Herrera Campins en Caracas y a Paul Laxalt en Washington para decir a éstas personas, consideradas amigas del nacionalismo vasco, que el gobierno español no podía aprobar un estatuto separatista pero, con tan mala suerte, que al llegar de regreso de éste periplo a Barajas se encontraron con que en la primera página de El País se informaba ese día del acuerdo entre la delegación negociadora vasca y Suárez. Al poco Rupérez fue secuestrado, y de todo esto le quedó hacia el nacionalismo vasco un cariño indescriptible.

Este Javier Rupérez escribió un libro empalagoso sobre su estancia en los Estados Unidos como embajador español. Y como no podía ser menos el libro viene prologado por Aznar a quien llevaba en la portada junto al autor del libro.

«A poco de llegar a Washington -nos dice- me propuse acercarme cuanto antes a esa realidad para afirmar, por si alguna necesidad hubiere, la españolidad de lo vasco…

“Desde los primeros tiempos de mi estancia en Washington como embajador tuve noticia de movimientos y actuaciones que tenían como centro impulsor a ciertos medios de la colonia vasca en Idaho y cuya última finalidad, no por casualidad coincidente con los dogmas nacionalistas al uso, sin por ello establecer diferencias entre pacíficos y violentos, era claramente contraria a nuestros intereses nacionales y constitucionales. En el centro de tales actividades aparecía sistemáticamente el nombre de Pete Cenarrusa -versión corta y americanizada del Zenarruzabeitia original-, personaje de edad avanzada, durante décadas secretario de Estado de Idaho y que, seguramente tampoco por casualidad, había sido coronado por el PNV en el año 2000, con toda la fanfarria local que se puede imaginar, con el Premio Sabino Arana en el apartado del “vasco universal”. Mis primeros informes hacían estado de una comunidad descendiente de vascos que en Idaho no superaría las veinte mil personas, de natural pacífico, de nacionalidad estadounidense ya en la tercera generación y moviéndose en aguas en donde en general convivían la neutralidad política y la nostalgia ancestral. Tanto el PNV como sectores próximos a Batasuna, y sus terminales mediáticas, no estaban dispuestos a que ello siguiera así por mucho tiempo. Y la pieza de Cenarrusa era clave en el intento y en la tarea de “internacionalizar el conflicto”, la voz de un político estadounidense podía alcanzar una dimensión importante. Cenarrusa se lanzó con entusiasmo a la maniobra”.

Así empieza este ilustrativo capítulo.

No sé si ustedes recordarán como en el Aberri Eguna de 1978 nos llegó desde Londres nada menos que el presidente de la Comisión de Asuntos Exteriores del Senado estadounidense Frank Church. El hecho no gustó en Madrid, pero Church sabía que en Idaho, estado del que era senador, la presencia vasca era muy importante y el senador cultivaba su granero. Si a esto se le añadía la desbordante actividad del delegado del gobierno vasco en tiempos de Leizaola, Periko Beitia y la del hombre clave en este estado como Pete Cenarrusa, la explicación venía de por sí.  Ya bajo el franquismo, las Cámaras de Idaho habían condenado el juicio de Burgos y a todo el franquismo. Rupérez pues, se encontró con una colectividad politizada y una personalidad a batir: Pete Cenarrusa a quien llama de todo: «una impresentable antigualla», «mirada vacuna», «él y sus secuaces «,» doblez en la actuación…»

Narra Rupérez en su libro y en la necrológica el viaje de una delegación senatorial norteamericana donde iba el senador por Idaho Larry Craig y lo que tuvo que hacer para llevárselo al huerto político, logrando que dicha delegación no se entrevistara con ningún vasco. Cuenta una comida en Boise y el brindis que les hace Cenarrusa y que él replica. Expone las dificultades de su cónsul Roy Eguren, su dimisión y como logra implicar a Adelia Garro para nombrarla cónsul honoraria en Idaho por ser viuda de uno de los hijos del empresario Simplot, rey de la patata. Explica con detalle sus maniobras para que el presidente Carter no interviniera con su Fundación en nada que tuviera relación con lo vasco. Nombra obsesivamente a Deia como portavoz de los «conjurados» y finalmente explica sus presiones personales para que el Senado de Idaho no aprobara el Memorial sobre el derecho de autodeterminación del pueblo vasco. Finaliza su largo capítulo de veinte páginas reconociendo su fracaso para que los vascos españoles expliquen de «verdad» que pasa en Euzkadi.

¿Qué se puede hacer ante este cúmulo de pedradas y acciones tan hostiles de un embajador de España?.  Lo mismo que él propone: darlas a conocer. Por eso propongo que en Idaho se traduzcan al inglés y al euskera, se repartan y que personalidades como David Bieter, Roy Eguren y toda la comunidad comprueben el jaez y la actitud de un embajador español hacia ellos y hacia lo vasco en general buscando unir nacionalismo con violencia y con tragedia.

En la primavera de 2012 y escrito por Xabier Irujo se aprobó el Memorial solicitando la paz, la democracia y la independencia de Euzkadi. Terminaba su lectura el vicegobernador Brad Little, rompiendo el protocolo, y pidiendo que la proposición fuera aprobada por aclamación. Todos los senadores se pusieron en pie y dedicaron una ovación al León de Idaho que les saludaba desde la galería. GB, Pete, y una patada en el trasero a Rupérez.

 

La gran diferencia entre Roca y Arzalluz

Viernes 1 de noviembre de 2013

Siempre he dicho que Miquel Roca es un magnífico parlamentario, pero un pésimo político. Hijo de un dirigente e Unió, no nos echó ninguna mano cuando hubo que negociar la Constitución ni a la hora de tener grupo parlamentario propio en 1977. Se nos excluyó de la ponencia constitucional y él desechó la figura del Concierto porque «no hay nada más odioso que la recaudación”. Arzalluz y su equipo dieron la batalla y se logró la devolución del Concierto para Gipuzkoa y Bizkaia en 1980. Catalunya está como está por culpa de una mala negociación en 1978. Los socialistas de Raventós no hicieron nada y Roca menos.

Y la diferencia está en que Roca, tras una llamada del rey, aceptó ser el abogado defensor de una señora corrupta como Cristina de Borbón. Por algo le llamó su padre a Roca. Sabe que es un tipo con pocos principios y que siempre juega a dos barajas. Arzalluz jamás hubiera aceptado ser abogado defensor de una señora tan corrompida y de una familia tan poco real.

Pero todo tiene su precio y ese doble juego roquista en la derecha cavernaria no gusta y por eso le han salido respondones. Nada menos que el ABC le ha dedicado la portada con este llamativo titular: «Roca, un padre de la Constitución contra España». Al parecer ha defendido en el Parlamento catalán la celebración de una consulta. ¡Honor!

ABC dedicó este jueves portada, editorial y dos páginas de interior a acusar a Miquel Roca, ponente de la Constitución, de “ir contra España” por unas afirmaciones que hizo el exdirigente de Convergència Democrática de Catalunya (CDC), hace una semana, a favor del derecho a decidir de los catalanes. El diario monárquico carga toda su artillería contra el abogado de la infanta Cristina en el caso Nóos, y le atribuye una “temeraria embestida contra el orden constitucional”.

Lo que ABC recrimina a Roca

El diario recrimina a Roca, una de las voces más melifluas del nacionalismo catalán, que dijera claramente que “no hay ningún valor en la Constitución que impida escuchar lo que quiere la voz del pueblo” y que le “irrita” que le discutan que “Cataluña sea nación. ¿Pero qué se han creído? Digo que soy nación”, reafirmó el exnúmero dos de Jordi Pujol, que defendió que “el modelo constitucional está agotado” y que “es legítimo sustituirlo por otro que libremente elijan los catalanes”. Para una vez que dice algo sensato le crucifican los que se sienten traicionados.

Roca ha manifestado su opinión como experto sobre la ley de consultas populares que tramita la Cámara catalana, el verano pasado, y por segunda vez, el 15 de octubre, ante la Comisión de Estudio del Derecho a Decidir. Sorprende que ABC recuperara el jueves sus palabras para su ofensiva antiRoca, una semana después.

De padre de la Constitución a padrino de los nuevos convergentes

ABC, que usa para su portada el retrato de Roca que cuelga en la Sala Constitucional del Congreso como ponente de la Constitución, recuerda que “hubo un tiempo en que los convergentes moderados eran llamados “roquistas” en alusión al perfil pragmático del exsecretario general de CDC”, pero esto es algo que ha cambiado según el periódico monárquico y cada vez más de extrema derecha y ahora Roca se dedica a “ejercer de padrino jurídico del proceso de transición nacional de las nuevas generaciones convergentes” desde “su exclusivo despacho Roca Junyent Abogados Asociados”.

Argentina quiebra la impunidad franquista

Jueves 31 de octubre de 2013

Tras más de setenta años, mu­chos mayores siguen sin atreverse a hablar en voz alta de asesinatos, robos y humillaciones. Muchas hijas continúan sin saber, respetando silencios y equiparando causas. Muchos nietos han decidido que esas historias no tienen nada que ver con ellos. Pero otras muchas personas, de todas las edades y desde muchos puntos del mundo, sienten estos días que tal vez ahora sí que ha llegado el momento, que al franquismo se le ha terminado la impunidad y que las vidas que han alimentado tantas novelas van a saltar de las páginas al banquillo.

A mediados de septiembre, la jueza argentina María Servini de Cubría pidió, a través de la Interpol, la extradición de cuatro altos funcionarios policiales y de la Guardia Civil, en la causa abierta en ese país para juzgar los crímenes del franquismo. Unos días después, Argentina habilitó sus consulados en todo el mundo para que puedan recibir denuncias de las víctimas.

Han pasado más de tres años desde que esta enorme causa se abrió en Argentina. La hemeroteca no sabe mentir y nos recuerda nuestra tozudez: «La puerta que ha abierto la justicia argentina viene a aliviar la vergüenza que nos producía a tantas y tantas personas pensar que el Estado que había logrado extraditar a Pinochet no era capaz de condenar por crímenes contra la humanidad a ningún ‘Scilingo franquista”.

En esas fechas ya había comenzado el calvario del juez Baltasar Garzón, contra quien en primer lugar presentaron una querella varios grupos ultraderechistas. Por las mismas fechas, y por aplastante mayo­ría, el Congreso español limitó la jurisdicción universal ante, como se carcajeó cierta prensa fascista, «los excesos de los jueces estrella» (es decir, limitaron procesos judiciales como los emprendidos por crímenes de genocidio y torturas cometidos en Argentina, Chile, Guatemala y El Salvador). En febrero de 2012, tras otras querellas por prevaricación y/o cohecho, Garzón quedó expulsado de la carrera judicial; mientras los viejos poderes, las mismas familias (ahora en la élite política, ahora en la económica, ahora otra vez en la política) brindaron y rieron pensando que en verdad había quedado todo atado y bien atado.

Está costando tanto, tanto, que en el camino seguimos perdiendo irrecuperables testimonios vivos. Ahora vuelven a llegarnos fuerzas para desatar estos terribles nudos de desmemoria, poner nombres y apellidos a los verdugos y contar muy alta esta historia de humillaciones, ejecuciones extrajudiciales, detenciones ilegales, violaciones, trabajos forzados, asesinatos, robos de niños, robos de tierras… No han prescrito.