¿Presunto hijo ilegítimo del rey Juan Carlos?.

Viernes 28 de enero de 2022

Leo esta información. No sé que de verdad hay en ella, pero siempre se sospecha de alguien que no se quiere hacer la prueba de ADN, si además el peticionario es casi una gota de agua parecida a otra. Como el hijo del Cordobés.

Este es otro dolor de cabeza para Juan Carlos de Borbón con todos los frentes abiertos. Divorcio de su hija, fotos con un amigo traficante de armas, acusación de acoso de Corinna, fraude fiscal, cobro de comisiones ilegales, amoríos diversos por lo que en este contexto lo que viene a continuación no es nada de extrañar. Cuando se es un irresponsable, un fresco, un corrupto y un tipo nada serio, todo esto es posible, aunque partidos y medios hayan creado un manto de inmunidad e impunidad alrededor de este personaje tan impresentable.

La información dice esto:

“La prueba de ADN determina que hay un 99,9% de posibilidades de que Albert Solá sea hijo del rey Juan Carlos I

Alberto Solá Jiménez lleva años asegurando que es hijo ilegítimo del rey Juan Carlos. Ahora ha salido a la luz el resultado de la prueba de ADN que vendría a confirmar que así es. Este test determina que el monarca emérito, de 81 años, y el catalán, de 62, tienen un 99,9% de coincidencia genética.

Esta prueba de Identificación Genética se realizó el 5 de noviembre de 2007 y se terminó el día 13 de ese mismo mes, y fue elaborado por el laboratorio Neodiagnostica.

Según ha explicado  ha dado a conocer ahora estos resultados porque “hace unos diez días” le llegó “una información referente a que el excomisario José Manuel Villarejo se disponía a publicar en breve unos documentos sobre mi historia. El único documento que puede tener él, son mis análisis de ADN”, ha desvelado en ‘Elcierredigital.com’.

Solá cree que si Villarejo tiene los documentos no dudará en sacarlos. ”Teniendo en cuenta que en 2007 Villarejo tenía mucho poder puede que sea verdad el rumor ese porque el director general de Barcelona para qué quiere el ADN”, ha señalado.

El escrito determina que “teniendo en cuenta que las muestras recibidas han sido tomadas por el solicitante del test, los resultados establecen las condiciones siguientes: la probabilidad de encontrar otro individuo en la población de referencia que tenga el mismo perfil genético es de 4,748×10 contra 1”.

La otra conclusión es que “estos resultados establecen, con una fiabilidad superior al 99,9999%, que el perfil genético es prácticamente único”.

Alberto Solá se prestó a realizar dicho test por exigencias del Centro Nacional de Inteligencia, según ha explicado en el mencionado digital: “En 2007, el director general del CNI en Barcelona me propuso personalmente realizar estos análisis. Fue a través de un exmiembro del CNI con quien yo tenía contacto, Antonio Rodríguez. Vinieron desde Barcelona para hacerlo. Delante de mí llamaron a sus colegas en Madrid y pidieron un favor y que fuera lo más rápido posible: que les enviaran cualquier objeto que utilizara el rey (Juan Carlos I). Al final enviaron un vaso directamente al laboratorio de Lérida donde se realizarían los análisis”.

El supuesto hijo ilegítimo del rey emérito asegura que a los quince días de hacerse la prueba, le llamaron “de manera urgente al laboratorio”. “Me pusieron en contacto con el director del laboratorio de Lérida, Jaime Buj.  Buj me confirma entonces la secuencia de los hechos: que el CNI le entregó un gran sobre cerrado en cuyo interior había un vaso. El director del laboratorio me dijo que no sabía de quién era realmente, pero que denominó en los análisis a la persona que bebió en ese vaso ‘individuo B’, mientras que a mí me calificaba como ‘individuo A’”.

Sin embargo, Solá ha explicado que le realizaron los análisis a cambio de que él renunciara al trono a favor de Felipe VI y que, a pesar de lo irrefutable del resultado del test de ADN, el Tribunal Supremo no lo aceptó como prueba porque el rey Juan Carlos no había accedido a realizarla.

“Eso se hizo en Barcelona. Fue grabado en un bar que ellos conocían y tenían una amistad fuerte con el dueño”, ha indicado. En el encuentro no firmó ningún documento, sólo fue grabado. Sin embargo, el material nunca estuvo en sus manos.

Bea Tellez de Meneses.

El silencio de Mikel Antza

Jueves 27 de enero de 2022

Imanol Lizarralde(*) ha escrito una buena reflexión sobre el libro de Mikel Antza  y su visión de lo que ha sido ETA en este país. Es un buen trabajo ante el blanqueamiento que está desarrollando este mundo para justificar aquella aberración con el deseo manifiesto de darnos gato por liebre. Dice así:

“EL libro más reciente de Mikel Antza, alias político-literario de Mikel Albisu, es un relato de la historia de ETA tal como la sintió, y en parte la vivió, el que llegó a ser su jefe político durante un largo tiempo (Arroz urez, Txalaparta, 2021). Allí cuenta la visita a un tío y una tía y, tras larga charla, la pregunta de esta al despedirse: «¿Mereció la pena todo ese sufrimiento?» (p. 165). Obviamente se refería a ETA y su historia. El autor responde más adelante: «Yo le diría que sí, por razones que son solo mías, que no puedo decir en público, pues podría hacer daño a mucha gente que ha sufrido con este contencioso». Concluyendo que, tras la muerte de Franco, de responder a la pregunta «el aparato de justicia español que ni siquiera se ha puesto el disfraz de la transición democrática me pondría bajo sus pies» (p. 171).

El silencio de Antza se corresponde con su silencio ante la judicatura acerca del caso del asesinato del concejal del PP Gregorio Ordóñez. Representa, por tanto, una práctica que tiene implicaciones vinculadas con la propia ETA. Así lo da a entender en el libro antes citado (que se va a convertir en la base de este análisis): «es parte de la naturaleza de una organización clandestina no dar noticia de sí misma, ni tan siquiera para poner en duda las leyendas inventadas a su cuenta» (p. 57). La palabra euskérica «clandestina» tiene aquí el significado literal de «bajo el silencio» (isilpeko). ¿Por qué calla ETA? En la razón del silencio de ETA encontraremos la respuesta del silencio de Mikel Antza.

El silencio de ETA deriva de su estrategia político-militar. La forma inequívoca con la que una organización armada proyecta su ideología es marcando el surco de su propia práctica. Volviendo a Antza, vemos que en su libro establece una línea continua entre el secuestro asesinato del capitán de farmacia Martín Barrios en los 80 y el del concejal del PP Miguel Ángel Blanco en los 90 (p. 116). Da lo mismo que la primera de las acciones la cometa ETApm y la segunda ETAm. Lo que parece interesar a Antza es la continuidad de las acciones. Si ante el secuestro el Estado no responde con la exigida liberación de presos de ETA, entonces el secuestrado, como dice Antza, es «ejecutado». Se cumple una acción que tiene el rango de ley en cuanto advertencia y castigo. No hace faltan palabras ni justificaciones. La acción basta por sí misma.

La práctica de ETA y la de los grupos de violencia callejera surgidos durante la «socialización del sufrimiento» (época del mandato político de Mikel Antza) tenía como objetivo el que toda la población vasca supiera qué podía pasar si se transgredían sus mandatos. Era una práctica que trataba de imponer una ley que, de transgredirse, suponía un castigo. Y eso valía tanto para el policía, el ertzaina, el empresario o el simple viandante. La ley de ETA establecía una línea que separaba a los amigos de los enemigos. Lo ideal para ETA era que la gente lo entendiera sin necesidad de explicaciones, del mismo modo que aceptamos una multa de tráfico o la elaboración de la declaración de la renta. Y como se trataba de una ley en lucha con la ley del Estado, cuanto mayor fuera el miedo que impusiera, mayor sería la fuerza de su obligatoriedad.

Por eso, cuando ETA mató a Gregorio Ordóñez y comenzó la caza de, primero, el cargo público y luego el afiliado PP y del PSOE, el miedo se extendió por toda la sociedad porque la gente entendió que podía ampliarse el campo de los objetivos hasta el infinito. Luego caerían Eugenio Olaziregi (vendedor de bicicletas), Manuel Indiano (vendedor de caramelos afiliado al PP), Francisco Gómez Elosegui (funcionario de prisiones, afiliado a ELA), Ramón Díaz (cocinero del cuartel de Loyola, afiliado a CCOO), Santiago Oleaga (director financiero del Diario Vasco) y muchos otros. La Ponencia Karramarro de KAS (cúpula de la izquierda abertzale, incluida ETA) proclamó con nitidez victoriosa que el asesinato de Ordóñez había causado «un terremoto» no sólo en la sociedad vasca sino también dentro de la izquierda abertzale. ¿Es posible que la tremenda decisión de abrir una barrera para los objetivos de ETA extensible a los cargos políticos primero del PP, segundo del PSOE y luego a otras gentes no estuviera programada por la cúpula, de la que Mikel Antza era el jefe político? Resulta impensable.

Otro de los aspectos del silencio de ETA es recogida, en el libro de Antza, en la frase de uno de los fundadores de la sigla, Iñaki Larramendi, que dice: «No hablaré hasta que ganemos. Y no parece que hemos ganado, ¿no?» (p. 112). Decir que mereció la pena sería sinónimo de que se ha conseguido un logro a la altura de los medios y el tiempo empleado en ello. Sin embargo ¿qué tiene que ofrecer Mikel Antza tras 35 años de lucha político-militar? Como dice Larramendi, una no-victoria, un fracaso. La ETA del proceso de Burgos, la que Antza reivindica en su libro, prosiguió el método de la Guerra Popular que pretendía que las masas populares apoyaran y justificaran masivamente la legitimidad de su propia ley, los medios y las acciones utilizados en la lucha. No lo consiguió. ¿Qué tiene que ofrecer a los militantes de ETA, que salen de forma poco gloriosa de la cárcel tras cumplir íntegras las penas? ¿O a los miembros de la izquierda abertzale, a los que les prometió una paz negociada y con contenidos políticos?

¿Por qué no dice Antza sus razones? ¿Qué es más grave para él? ¿El juicio de los tribunales españoles, ante los que sonríe? ¿O el del pueblo de Euskadi, que considera nefasta la aventura de ETA así como las razones que llevaron a ello? ¿Qué tiene que ofrecer Mikel Antza al tribunal del pueblo de Euskadi? Cientos de muertos, de encarcelados y de gente traumatizada como Consuelo Ordóñez. El silencio de Antza es comprensible. Porque si dijera la verdad, el rey, envuelto en la nada de su fracaso, quedaría desnudo. Y eso no supondría buena publicidad para la causa.” * Doctor en Historia Contemporánea

Sra. Gamarra a ver si se entera. No existe líder de la oposición.

Miércoles 26 de enero de 2022

Se reunió ayer en el Congreso la Comisión de Asuntos Exteriores. El tema estrella fue Ucrania. Compareció el ministro de Asuntos Exteriores José Manuel Albares. Los portavoces tomaron postura. La Sra Cuca Gamarra, portavoz del PP, desconociendo que estaba en  el Congreso de los Diputados  de una monarquía parlamentaria, no bipartidista, se puso digna y le pidió muy campanudamente al presidente Pedro Sánchez que “actúe con un mínimo sentido de estado porque está políticamente obligado a informar al jefe de la oposición”, es decir a Pablo Casado.

Esta Sra. al parecer, no sabe nada de lo que es la política, un parlamento y una democracia.

Pablo Casado se ha distinguido estos dos años por ser un gamberro político, no un dirigente serio y con mirada larga y si bien es verdad que el diálogo en política es algo fundamental, dos no dialogan si uno no quiere y Casado solo ha dicho, muchas veces, impertinencias, incluso insultos a pesar de que le haya llamado a Sánchez.

Pero el colmo de la Sra. Gamarra no solo es decirlo en el parlamento sino creérselo, es decir que Casado es el líder de la oposición y que el presidente del gobierno está obligado a hablar con él. ¿En qué artículo se basa para decir esa patochada?.

Esta señora desbarra. Casado es el líder del PP, no de la oposición. En la oposición hay mucho Grupos y el PP no ostenta liderazgo alguno sobre ellos. Que lo diga el ABC, La Razón, y a veces ETB, no significa que lo sea. No lo es. Solo marketing excluyente.

Recuerden cuando Felipe González  le quiso distinguir con este título nobiliario a Manuel Fraga, despacho en la zona noble incluido, y la que se armó. Con razón. El lenguaje no es neutro y ese plus el PP no lo merece y está basado en una mentira.

Entiendo que el PP busque ser la alternativa, silenciar a Vox, crecerse sobre los demás, pero este sistema del que tantas loas hacen no tiene un líder de la oposición. Pablo Casado siendo indulgentes es líder de  su partido  y, como mucho, con permiso de Díaz Ayuso.

A ver si se entera.