Mordazas y leyes

CREMALLERA

Supongo que muchos y muchas habrán experimentado en propia carne lo que es morderse la lengua, o toda la boca hasta lacerarse, para no decir a quien detenta el poder (o la porra) la verdad que escuece, pero que escocería más en la venganza segura del receptor que no desea recibir crítica alguna. Quizá la mordaza sin ley sea posiblemente la ley mordaza más acerada, la conocida autocensura.

Pero por si acaso ésta no funcionara, el 1 de julio entró en vigor la pomposa Ley de Seguridad Ciudadana y la Reforma del Código Penal, es decir 44 nuevas razones por las que cualquiera puede ser sancionado, siempre que no sea delito, con multas de 100 hasta 600.000 euros; de pasada se excluye al juez y a la tutela judicial efectiva, de modo que la sanción te la puede endosar cualquier policía o autoridad administrativa sin que tenga que justificarse. Arbitrariedad “democrática”, algo parecido a la ley de vagos y maleantes del franquismo santificado. Recordándote que han subido las tasas judiciales, primero abona la multa y después si quieres puedes reclamar pleiteando ante un juez “de pago”.

Tras leer las nuevas conductas sancionables, me planteo si en una protesta callejera un policía aporrea a un manifestante, eres periodista, sacas una foto. ¿Cuál es el acto delictivo? Adivinen… pues sí: sacar la foto. O si el vecino del 2º es policía y se le demanda por moroso, ¿puede denunciarnos por acoso a la autoridad? Y si por venganza me pilla sin DNI al bajar la basura, ¿me puede retener seis horas en comisaria? ¿Y si quien no lo lleva es él? Son situaciones chuscas, pero con esta normativa en la mano cualquier cosa pensable sería posible, porque junto a normas de puro sentido común y de respeto a la convivencia con los demás, subyace la idea motriz de domeñar arbitrariamente bajo la autoridad gubernamental el derecho de la ciudadanía a la protesta como instrumento de cambio social, así como un ataque directo-preventivo a los derechos ¿fundamentales? de libre expresión y manifestación. Ninguna medida para prevenir los delitos de cuello blanco. Claramente se criminalizan actos de participación política y movilizaciones de protesta, así que me tendré que autocensurar antes de escribir una línea transgresora sobre alguno de los impúdicos borbones.

Porque volvemos a estar donde estuvimos: “eres ciudadano/a culpable hasta que no demuestres tu inocencia”. ¿Pero en democracia no era exactamente al revés?

El problema de leyes tan graciosamente represivas es que si no actúas como piensas puede que termines pensando como actúas. Tal vez sea éste el fin último de la ley, que te reprimas tú misma.

 

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