Las farmacéuticas dedicaron 115 millones a formar sanitarios

Los laboratorios adheridos al Código de Buenas Prácticas de Farmaindustria publican, por quinto año, las colaboraciones con los agentes del sector


Madrid, 26.06.2020.  Por quinto año consecutivo, las compañías farmacéuticas asentadas en España y adheridas al Código de Buenas Prácticas de Farmaindustria han publicado hoy las colaboraciones en investigación y en formación médica que han llevado a cabo durante el pasado año con profesionales y organizaciones sanitarias, lo que constituye uno de los pilares esenciales de la I+D y la calidad de la prestación sanitaria en nuestro país. En total, según los datos recopilados por Farmaindustria, la industria farmacéutica que opera en España contribuyó en 2019 con 483 millones de euros a actividades colaborativas de investigación y a formación científica en nuestro país. En concreto, 115 millones de euros fueron destinados a ayudas a profesionales sanitarios para que pudieran acudir a reuniones y congresos científicos-profesionales, mientras que las organizaciones sanitarias responsables de este tipo de encuentros contaron con un apoyo de 109 millones de euros. Además, las compañías farmacéuticas invirtieron 259 millones de euros en contratos con organizaciones y profesionales sanitarios para desarrollar proyectos de investigación en el ámbito biomédico.

A la investigación y la formación se suman otros dos conceptos en la colaboración entre compañías farmacéuticas y organizaciones y profesionales sanitarios: la prestación de servicios profesionales tanto individuales como en grupo, que el año pasado alcanzaron un valor de 84 millones de euros, y las donaciones, que sólo pueden ir destinadas a organizaciones sanitarias y que ascendieron a 34 millones. Así, en total, las transferencias de valor entre industria farmacéutica y agentes del sector alcanzaron el pasado año los 601 millones de euros, una cifra muy similar a la de 2018 (597 millones).

La publicación de estos datos es consecuencia de la iniciativa de transparencia de la industria farmacéutica en Europa, incorporada en 2014 al Código de Buenas Prácticas de la Industria Farmacéutica en España, y que se materializó con la primera publicación, en junio de 2016, de los datos de actividad correspondientes a 2015. Desde entonces, en estos últimos días de junio, y como límite hasta el día 30, las compañías adheridas al Código publican en sus webs los datos correspondientes al año anterior.

Fue un paso más en el compromiso de la industria farmacéutica con la transparencia, a través de un modelo de autorregulación basado en el Código de Buenas Prácticas y la Unidad de Supervisión Deontológica que se ocupa de su cumplimiento por parte de las compañías. Así, desde hace dos décadas se hacen públicas las sanciones y mediaciones en aplicación del Código, y desde hace diez años se publican también las colaboraciones con organizaciones de pacientes.

La comunicación a la sociedad de las colaboraciones con organizaciones y profesionales sanitarios fue, por tanto, un paso coherente con esa evolución, que busca prevenir los potenciales conflictos de intereses, dar a conocer el valor de la colaboración entre compañías farmacéuticas y agentes del sistema sanitario y responder al natural interés por parte de una población cada vez más exigente en materia de transparencia. De hecho, la iniciativa de la industria en España ha sido reconocida y alentada por organizaciones públicas (como el Consejo de Transparencia y Buen Gobierno) y privadas (Consejo de la Abogacía Española, Transparencia Internacional España).

Impulso de la investigación pública

Casi la mitad de estas transferencias económicas anuales (259 millones) corresponden al terreno de la investigación y hacen referencia a colaboraciones para el diseño o ejecución de estudios preclínicos, ensayos clínicos y estudios de postautorización de medicamentos. El resto de inversiones que la industria farmacéutica hace en el ámbito de la investigación y que no se incluyen en estas colaboraciones se refieren a conceptos como los contratos de investigación preclínica en los que no intervienen profesionales sanitarios o el suministro de medicación gratuita para los ensayos clínicos y su monitorización, así como otros gastos de ejecución de los ensayos clínicos. En total, la industria farmacéutica invierte en I+D en España más de 1.150 millones anuales.

Este tipo de colaboraciones son el motor del avance científico y muestran cómo el modelo de I+D en el sector farmacéutico es cada vez más abierto y colaborativo. De hecho, de esos 1.150 millones de euros que el sector destina cada año a la investigación y desarrollo, casi la mitad se invierte en contratos de investigación con hospitales, universidades y otros centros públicos y privados. De esta forma, la industria farmacéutica es el principal impulsor de la colaboración público-privada en España y dinamizador de la investigación biomédica, garantizando que los hospitales, universidades y centros públicos de investigación y los profesionales que los integran se sitúen a la vanguardia del conocimiento científico.

Un modelo que garantiza la formación continuada

Igualmente, la relación entre la industria farmacéutica y las organizaciones y profesionales sanitarios es necesaria para mejorar la esperanza y calidad de vida de los pacientes a través del avance científico. Así, los 115 millones de euros que las compañías farmacéuticas destinaron el pasado año a la formación científica y clínica de los profesionales contribuyen a que los sanitarios españoles mantengan el más alto nivel en conocimiento, especialmente importante en el campo de la salud, por el rápido avance en la investigación biomédica y los nuevos tratamientos. Las actividades científicas y los congresos y reuniones científico-profesionales son el instrumento clave para ello y la industria farmacéutica está comprometida con que sean posibles.

Por ese motivo, el sector apoyó a organizaciones sanitarias para la celebración de estas actividades con 109 millones de euros, lo que refleja el compromiso de la industria farmacéutica con las organizaciones y sociedades científicas, agentes esenciales para el modelo de I+D de medicamentos y la orientación en materia de formación, y para garantizar la independencia de estas actividades. Este intercambio valioso de conocimiento asegura al sistema sanitario que sus profesionales están al más alto nivel en conocimiento científico, lo que contribuye a hacer de nuestro sistema sanitario un polo de atracción para la investigación que promueve la industria farmacéutica y se traduce en mayores garantías de calidad para pacientes y sociedad en general, en receptores directos de la prestación sanitaria.

Experiencia de los profesionales

Por otro lado, las compañías farmacéuticas dedicaron el año pasado 84 millones de euros al pago de prestación de servicios tanto a profesionales sanitarios (72 millones) como a organizaciones sanitarias (12 millones) por labores de asesoramiento o consultoría tales como ponencias en reuniones como conferenciantes, actividades de formación, elaboración de informes, etc. De esta forma, los profesionales sanitarios aportan información muy valiosa sobre necesidades médicas no cubiertas, soluciones terapéuticas o aplicación clínica de los tratamientos, de manera que la industria aplica esta experiencia en la investigación y desarrollo de nuevos fármacos o en la mejora de los ya existentes, cuyos beneficiarios son los pacientes.

Por último, las compañías farmacéuticas hicieron donaciones y dieron subvenciones a organizaciones sanitarias que prestan servicios de asistencia sanitaria social o humanitaria por valor de 34 millones de euros. Estas donaciones son completamente desinteresadas, ya que el donante no puede solicitar contraprestación alguna, y permite que hospitales, centros y otras organizaciones sanitarias dispongan en muchos casos de material científico de última generación.

La historia de la caza y los leones

Desde el 18 de marzo hasta hoy la fortuna de los 23 españoles más ricos ha crecido un 16%: 14.056 millones

La caída del «Campechano»

HASTA que los leones (y otros animales) tengan sus propios historiadores, las historias de caza siempre glorificarán al cazador», es un acerado acertado proverbio árabe, que bien conoce J.C.B.I el mataelefantes. Ya no vivimos oficialmente en situación de alarma sanitaria, pero como nos venían anunciando, y parecía previsible, entramos de lleno en momentos de dramática alarma económica. Multitud de pequeñas y medianas empresas arrancando a duras penas y a medio gas, paro, ERTEs con alto ratio de sabor a EREs, necesidades básicas en precario € se suman a las penurias que ya había antes de que el coronavirus habitara entre nosotros. Siendo esta la tónica general, es lógico apreciar, si no con alegría desatada sí con cierta esperanza de reflote, los 16.000 millones del fondo especial para la reconstrucción social y económica que tras la pandemia se repartirán las CC.AA, así como los 3.000 millones/año que irán a garantizar un Ingreso Mínimo Vital-IMV a quienes menos tienen.

Bien, pero al mismo tiempo que se ponen en marcha estas ayudas contra el quebranto mayoritario, los datos de Forbes vuelven a poner el dedo en la llaga de la antítesis de la pobreza, porque desde el 18 de marzo hasta hoy la fortuna de los 23 españoles más ricos ha crecido un 16%: en números redondos 14.056 millones de euros; calculen, más de cuatro veces lo que se destinará al IMV, más que la nómina de todas las pensiones contributivas de un mes, o tanto como el déficit de caja de la Seguridad Social y casi tanto como el citado fondo para la reconstrucción. Además, no nos engañemos, mucho de estos fondos públicos para el estímulo de la economía, sin precedentes por parte de los gobiernos europeos y bancos centrales, irán a parar a manos de estos mismos muchimultimillonarios. Pero nos lo contarán al revés, como tras la crisis de 2008, porque ellos escriben la historia de la caza del dinero.

Multimillonarios con dinero en paraísos fiscales

Sumen a esto que tampoco el covid-19 ha logrado revertir los 144.000millones de euros que ciertos «afortunados» españoles (J.C.B.I el campechano de nuevo entre ellos) poseen en paraísos fiscales, que además de fomentar la economía sumergida provocan un fraude fiscal derivado de 7.400millones. Para estos delitos de lesa justicia social algunos son inviolables legalmente, pero muchos otros son inmunes e impunes, porque ellos escriben la historia o bien sus tentáculos financiero-judiciales se la recomponen.

«La brecha de riqueza se ampliará con lo que está sucediendo ahora», pronostica Matt Maley, analista financiero de Miller Tabak + Co. Y seguirán pendientes los impuestos justos y proporcionales a las grandes fortunas, a los sueldos e indemnizaciones escandalosamente millonarios de consejos de administración y a las herencias de inmensos patrimonios, persiguiendo sin embargo con denuedo a quien trastoca unos eurillos en su declaración de renta.

La riqueza y la existencia misma de los ricos no serían tan generadores de controversia si no fuera porque la antítesis de la pobreza no es la riqueza, sino la justicia distributiva, que es lo que realmente de lo que reniegan quienes adoran como dios único a su bolsillo patrimonial. Pero como las historias de caza las seguirán contando los cazadores, la brecha de la riqueza no solo no se atajará, sino que se ampliará tras dramáticas vicisitudes sociales como la epidemia sanitaria. E incluso se aplaudirá a los mataores de leones o elefantes cuando donen caritativamente alguno de sus trofeos.

nlauzirika@deia.com@nekanelauzirika

La pandemia del hambre


El COVID-19 está agravando el hambre y la pobreza en los países menos desarrollados, donde la crisis sanitaria todavía no ha alcanzado su punto álgido.

AYUDA URGENTE PARA LOS REFUGIADOS
Kenya / IDPs / Internally Displaced Persons rest at a temporary camp in the Adult Education Centre in Donduli location 20Km from the Rift Valley town of Nakuru, Tuesday March 4, 2008.

Los expertos ya pronostican una «pandemia de hambre» en la que el número de personas en situación de crisis alimentaria podría llegar a duplicarse. La ONU calcula que 265 millones de personas están en riesgo de padecer hambre aguda.

También la pobreza podría aumentar en 500 millones de personas como consecuencia de la emergencia sanitaria, que se está convirtiendo rápidamente en una crisis humanitaria mundial sin precedentes.

Una vez más, quienes ya lo han perdido todo sufrirán las peores consecuencias de esta catástrofe inminente, pues el 80% de los refugiados del mundo y prácticamente el 100% de los desplazados internos viven en países con sistemas económicos y sanitarios débiles.

Las personas refugiadas y desplazadas están luchando por sobrevivir en esta situación, pero necesitan urgentemente más recursosSi puedes, haz una donación extraordinaria ahora para enviarles ayuda.

Gracias por tu generosidad y enorme compromiso.
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Lo que el viento se está llevando

Señorita Escarlata.

REMEDAR el título de una película del olimpo cinéfilo es ripiar la genial obra original, pero viene a cuenta hoy cuando con la nueva (y siempre anteúltima) ola de protestas antirracistas en EE.UU. quieren también arrojar del imaginario mundial a la troupe de Escarlata O’Hara&Butler. La duda es si esto es efectivo en aras a eliminar la desigualdad del racismo o más bien efectista. Porque en la Iglesia católica, existiendo discriminación manifiesta hacia la mujer, acaso se conseguiría erradicarla eliminando los textos del misógino Pablo; o alguien creerá luchar contra la esclavitud dejando de leer a Goytisolo por haber sido esclavista su bisabuelo. Pues en muchas ciudades americanas (inglesas y francesas€) andan derribando estatuas de quienes hace mucho hacían lo que casi todos en su época. De aquellos polvos estos lodos, sí, pero derribar una estatua de Cromwell tampoco eliminaría la posibilidad de una dictadura. Debe haber otros caminos. Incluso aceptando que algunos se pregunten si es ridículo-quijotesco que blancos protesten por la muerte de un negro a manos de un blanco o si protestaríamos igual si lo hubiera matado otro negro.

Hace muchos años, en Barakaldo dirigía el tráfico un municipal negro, guineano; ¿sufría desigualdad, racismo? No, siendo su color una mera anécdota. Pero si hoy paseamos por barrios concretos de nuestras ciudades, entre ellas Bilbao, veremos el color diferente del racismo, no en la piel, sino en su vida real de desigualdad. Como en EE.UU., pero a pequeña escala.

Carolina es una conocida que vive en Chicago como profesora, casada con un dentista de alto nivel adquisitivo, su visión de negros e hispanos es, suavemente hablando, elitista. Lo más cercano y amable en su compresión del problema es que la mayoría vive de las ayudas públicas y que no da un palo al agua; además: «¿Por qué no protestan contra ellos mismos, sabiendo que el 90% de negros asesinados es a manos de otro negro?». Resumiendo, «que son pobres porque quieren y son vagos que debían estar agradecidos de poder vivir allí», palabras de 2019, no de 1819. No puedo reproducir su opinión de Obama, de los multimillonarios de la NBA (Negros Bastante Altos, zafio chiste del acrónimo) o de jueces, militares de alta graduación, grandes empresarios € negros.

La realidad que Carolina no sabe/no ve o no quiere ver es que la desigualdad por la piel es sistémica. Negra doble posibilidad de ser pobre, de paro doble, de ganar menos a igual titulación y trabajo, doble posibilidad de morir a manos de la policía o cinco veces más de ser injustamente detenido, seis veces más de ser encarcelado, doble tasa de mortalidad infantil € y ahora mayor probabilidad de infectarse y morir por covid-19. En el Chicago de Carolina, los negros son el 30%, pero el 60% de los muertos por la covid-19.

Me pregunto, y a tantas Carolinas les preguntaría, si siendo sistémica la desigualdad racista, ¿por qué ahora la protesta aventa centenares de ciudades, otros países e incluso a estatuas, cuando el viento siempre ha soplado de modo similar?

Quizá porque el vendaval covid-19 ha aireado más, aquí y allí, lo que ya se llevaba y desbordado el aguante a esas desigualdades. Porque lo contrario a la pobreza no es la riqueza de Carolina, sino la justicia. Y porque no sé si es posible mantener a tantos tanto tiempo esperando a Godot.

nlauzirika@deia.com@nekanelauzirika

Más mascarillas que medusas en el mar

PASEO por un espigón habitado por pescadores de caña, actividad muy ecológica. Sé de su actividad no por sus capturas, sino por la pita y anzuelos abandonados, bolsas, restos de comida y sobre todo por las colillas en los carrejos que han ocupado. No son todos, pero los restos están ahí. Ahora también olvidan mascarillas pescadas a caña.

Las mascarillas son obligatorias: mascarillas de usar y tirar. Dicho y hecho, lo tomamos al pie de la letra y las tiramos, al suelo por supuesto, que siempre está más cerca que la papelera que tenemos a unos metros. Al final, como las llaves de nuestros cantos infantiles, allá que van la mayor parte al mar, de modo que ya podemos ver con horror ambiental que los fondos marinos empiezan a disfrutar de nueva normalidad poscoronavirus, guantes posados en el fondo como pólipos o mascarillas flotando como viscosas medusas con tirantes laterales.

En la larga lista de fechas de calendario relacionadas con la naturaleza, el medio ambiente y la conciencia ecológica, he contado 36 días D, cinco en junio y hoy mismo el dedicado a los océanos, para recordarlos y conservarlos en estado saludable, supongo. Aunque con el confinamiento humano antivírico el aire, las aguas, los montes y los mares estén más limpios, poco parece haberles durado el alivio del parón. Entre California y Hawái sigue agrandándose la isla de basura plástica de 1,6 millones de kilómetros cuadrados, tres penínsulas ibéricas; y el blanqueamiento de la gran barrera de coral en Australia en vez de revertir va en aumento; podría parecer una contaminación lejana, así que ahora, para que nuestros mares cercanos no pasen envidia, los convertimos en cubos de basura de EPI de intendencia coronavírica, guantes y mascarillas en especial, pero no solo, porque en cuanto abran un poquito las playas añadiremos botes de cremas, bolsa del bocata, hisopos, compresas, latas de bebidas€ quizá para que el próximo 3 de julio podamos recordar con razón el día internacional libre de bolsas de plástico.

Aunque sea a duras penas y dejando pelos en la gatera, estamos medio saliendo de la pandemia y es fácil imaginar que tras la victoria nos engallemos de nuevo como homos deus, creyéndonos fuertes, sabios y seguros para enfrentar la pandemia económica que ya habita entre nosotros y lo intentemos hacer a cuenta de cargarnos nuestro planeta de confinamiento, hoy el único que conocemos habitable. En aras de alcanzar un nuevo progreso podríamos olvidar que el agua es un bien escaso, casi inalcanzable para 1.200 millones de humanos; que 800 millones comen todos los días el sueño del pollo de Carpanta bajo el puente; que la contaminación es atroz en zonas urbanas, donde habita ya el 57% de la población; que la deforestación es galopante, y no solo en el Brasil de Bolsonaro; que la desertificación avanza a ritmo trepidante y amenaza, por ejemplo, a media península Ibérica; que gozamos batiendo récords de calentamiento; que desaparecen los glaciares y el nivel de los océanos sube y sube€ y los 7.600 millones de humanos no tenemos segunda residencia, de modo que para seguir confinados confortablemente en esta tendríamos que valorar si nuestro modelo de progreso precoronavirus es lo más adecuado. No parece buena señal que ahora en lugar de medusas se nos enganchen mascarillas al bañador, aunque proclamemos educadas disculpas el día D de los océanos.

nlauzirika@deia.com@nekanelauzirika