«Lo que ocurre con los brotes podría haberse evitado manteniendo la prudencia»

El Ararteko llama a la ciudadanía a estar en alerta, «porque el virus sigue aquí; las medidas de seguridad han de cumplirse por solidaridad», dice visiblemente preocupado

«Hasta la alarma sanitaria, el número de personas que percibían la RGI se había reducido considerablemente»

«La ciudadanía tiene que mantener las medidas de seguridad. Si no es así, esta situación no acabará nunca»

Manu Lezertua, Ararteko del País Vasco (Foto José Mari Martínez)

DONOSTIA– Le han llamado la atención y hasta provocado rubor ciertas situaciones tras la desescalada, tanto por la irresponsabilidad como por la falta de solidaridad de ciertos colectivos, entre ellos muchos jóvenes, «que no solo ponen en riesgo su salud, sino la de otros colectivos más vulnerables como son los mayores», se lamenta el ombudsman vasco, Manu Lezertua.

El coronavirus y su secuela pandémica, la COVID-19, lo está impregnando todo. ¿También las intermediaciones solicitadas al Ararteko?

–Han cambiado muchas cosas. Nuestra organización del trabajo, de atención y modo de reunirse, contactar con la gente telemáticamente, cierre de oficinas… En cuanto al trabajo de la institución, todas las reuniones han sido telemáticas y las hemos hecho por turnos para evitar riesgos. Sobre las quejas tramitadas, ha habido algunas por incumplimiento de normas, pero, en líneas generales, han sido los casos habituales.

¿Han tenido quejas relacionadas con las residencias de mayores?

–Sí. Por la imposibilidad de verlos, de los traslados… Hubo momentos en los que todos los esfuerzos estaban puestos en frenar los contagios y nosotros, en cuestión de plazos y testimonios con la Administración, hemos sido más benévolos.

Los problemas de siempre siguen ahí, ¿se han intensificado?

–Los problemas de exclusión social siguen ahí; estaban antes del coronavirus, pero ahora se plantean con una agudeza mayor, porque no es lo mismo estar en situación de exclusión social y no poder acceder a las oficinas de Lanbide porque estaban cerradas, ni obtener un certificado; las quejas de ahora han tenido un matiz distinto relacionadas con la pandemia. Siempre hay gente que se queja por el comportamiento de hospitales, policías; ahora es por el COVID.

¿Ha recibido quejas de algún colectivo por no haber podido acceder a los PCR o a test serológicos?

–Algunos, pero la mayoría han ido a los tribunales; algunas sentencias ya se han dado en Gipuzkoa y Bizkaia. Esta parte nos ha tocado menos. Sí, hemos intervenido en Educación con los niños vulnerables que no podían ir a los comedores cuando eran su única comida; también hemos terciado para que desde las residencias de mayores pudieran ver y hablar a distancia con los suyos.

¿También le han llegado más quejas y reclamaciones de pacientes contra Osakidetza?

–Ha habido gente que se ha quejado porque le han pospuesto la operación; sabían que ante la COVID-19 tenían que priorizarse las atenciones, pero se molestaban porque querían se tratados de su patología. La mayoría ha entendido que el sistema sanitario estaba muy saturado y no ha habido muchas demandas.

¿Ha recibido quejas por no haber podido votar el 12 de julio?

–Tuvimos alguno de los partidos muy minoritarios, que no están en el Parlamento, que sí vieron que no tenían tiempos ni medios; pero no he visto ninguna queja de las 200 personas que no votaron. Como hay una polémica entre los juristas aún sin resolver, es posible que reaparezca en cualquier momento.

¿Y de la aplicación de los ERTE?

–Las quejas tenían relación con Lanbide. Aparte de por la RGI, por la aplicación de los ERTE, por su modo de gestión y su lentitud; en Lanbide no cogían las llamadas y era difícil informarse; las quejan eran por esto.

Un colectivo que habitualmente solicita su intervención es el de los inmigrantes. ¿Ha variado este año?

–En general, los problemas que plantean se parecen, sobre todo por la dificultad de gestionar las ayudas, obtener documentos. En una situación normal, la RGI o los papeles para la vivienda exigen la comparecencia física; todo se ha complicó porque Landibe también se cerró, así como otros lugares para recabar los documentos.

¿No podían cumplir los plazos?

–Era muy difícil para cobrar el salario social, la renta de garantía. Ese tipo de problemas también exige a las personas tener un pasaporte en regla, que les resultaba difícil conseguirlo en un periodo razonable; esto también se les complicó.

Están siendo demasiado frecuentes los enfrentamientos con okupas de viviendas habitadas. Ante las dificultades administrativas, policiales y judiciales, ¿solicitan su ayuda o no cabe su intervención? La vivienda es reconocida como bien social, pero ¿es lícito ocupársela a su legítimo propietario?

–Hemos tenido casos controvertidos. Personas que vivían en pisos públicos que iban a ser demolidos, con el agua y la luz cortadas, pedían que para evitar transmisión de la epidemia se restableciera el suministro, porque si no era imposible evitar la transmisión; nosotros así se lo hemos solicitado al Ayuntamiento correspondiente. Y eso suscitó mucha polémica social, no solo entre los vecinos que no son okupas, pero que tienen que convivir con okupas. Se han manifestado en contra de la decisión del Ararteko, pero nosotros pensábamos que en una situación tan grave como ésta no se podía dejar a esas personas en situación de abandono, porque se ponía en riesgo sus vidas, que es el valor prevalente. Hemos insistido en ello, hasta ahora con poco éxito; la reacción social era que los okupas no tenían derecho a nada… pero. Entre otros, tienen derecho a lavarse las manos para evitar los contagios.

¿Y los que estaban en la calle?

–Se arbitraron medidas para que pudieran recogerse aunque fuera en situación provisional. Hemos pedido a las instituciones que ese esfuerzo hecho por resocializar a esas personas se mantenga; que los que estaban descontrolados por las calles no se vuelvan a dispersar como antes de los meses duros de la pandemia.

Sobre la RGI, ¿han recibido más o menos quejas que otros años? ¿Le están saturando el buzón con la nueva Renta Mínima de Ingresos? ¿O se está haciendo razonablemente bien?

–Hasta la declaración del estado de alarma, el numero de beneficiarios había bajado considerablemente; en Euskadi andábamos por los 50.000. Por el momento la cifra no ha aumentado considerablemente, aunque se supone que con la crisis económica que se avecina, que todos vaticinan como muy grave, volveremos a tener cifras elevadas y difíciles de gestionar, porque con la pandemia las administraciones se han desequilibrado en los plazos.

Cuando comience el nuevo curso, ¿cree que le plantearán alguna queja si es obligada la asistencia presencial para profesores, alumnos, otros funcionarios?

–Todo el mundo supone que el sistema organizativo de la enseñanza va a ser uno de los problemas más importante del otoño, pero no solo la enseñanza. Escuelas, universidad, otras instituciones, incluso desde el Ararteko hacemos una reflexión sobre cuál será nuestro posicionamiento para evitar contagios. Supongo que la gente se quejará, pero como no ha llegado el curso aún no ha habido quejas. Muchas personas entienden que han de tomarse precauciones, que lo ocurrido con los brotes se podría haber evitado si hubiéramos mantenido la prudencia y la distancia física. Por esto hago un llamamiento a mantener las medidas de seguridad, porque el aumento de las últimas semanas, incluso en Euskadi, que no es el peor sitio, debe hacernos reflexionar. De no hacerse así, esto no se terminará nunca.

¿Cómo son sus relaciones con las administraciones: buenas, malas o medio-pensionistas? ¿Con cuál de ellas tiene mejor relación?

–Hay de todo; en el informe anual, que no lo hemos podido presentar en público, pero sí consultar en nuestra web, ponemos en valor que, en general, la respuesta es buena, que se resuelven y solucionan de manera rápida los problemas que planteamos. Algunos se enconan, pero destacamos que el Ayuntamiento de Bilbao es el que mejor responde respecto a los plazos, sigue las recomendaciones. Es muy cumplidor, aunque no el único, porque las diputaciones forales y los departamentos del Gobierno Vasco también lo son.

nekanelauzi25@deia.eus; @nekanelauzirika

El regreso a la frivolidad no será fácil

VISTO lo que vemos desde hace unos meses pandémicos tomo prestado este comentario imbuido de espíritu transgresor del filósofo posthumanista alemán Peter Sloterdijk. Con la experiencia cercana de este tiempo pasado, primero en confinamiento, después en incertidumbre y ahora en contradicciones personales y sociales, nos enfrentamos cada día al ajuste del freno para no desmadrarnos retomando lo frívolo como base de vida cual lo hacíamos hasta hace unos meses.

Frivolidad de un equipo profesional de fútbol, Fuenlabrada, que anteponiendo los intereses económicos frente a los de la salud, se desplaza con jugadores infectados provocando un foco de contagio que afecta a decenas de personas. Frente a esta manifiesta irresponsabilidad, la actuación impecable del médico del equipo contrincante, Deportivo A Coruña, que a pesar de ser de los perjudicados les trata en la cuarentena.

No sé si ha sido solo frivolidad, o algo mucho más despreciable, el escrache con insultos personales, zorraputayaúnmássoeces, a la ministra de trabajo por parte de algunos profesionales del toreo. Se sea o no amante de la tauromaquia, los insultos a coro hacia una persona no arreglan nada, y más si la permisividad de la fiesta implica que centenares o miles de personas pudieran contagiarse. Puede ser duro, pero el presunto festejo artístico-público de ver rejonear, banderillear y estocar a un toro solo aumentaría las probabilidades de contagios. Responsabilidad es no permitir la exposición a este riesgo.

A finales de junio paseando por Landabe, en Iruñea, vi una fiesta multitudinaria de jóvenes sin precaución ni protección alguna frente al contagio. Podría haber visto algo similar en Córdoba, Lérida, Barcelona, Madrid, Granada, Bilbao€ Volver a frivolidades como esta puede que a ellos no les afecte demasiado en su salud, pero ya se está detectando un aumento significativo de contagiados sintomáticos en personas de 50/59 años, es decir en sus, padres. El paso siguiente serían sus abuelos y abuelas, en quienes el contagio suele ser mucho más dramático.

Es muy probable que dentro de unos años sean realidad los momentos graciosillos que los memes presentan ahora recordando la covid-19 con el viejete-cebolleta contando a los más jóvenes sus historietas de aplausos a las 20.00 horas, la batalla por una mascarilla, los cursos rápidos de estadística, virología y epidemiología o sobre la fortuna de tener perro durante el confinamiento. Pues al igual que los relatos de las batallitas de la guerra parecen bellos cuentos de hadas en boca del recordador que olvida selectivamente la sangre de la trinchera, cuando ya haya vacuna y tratamiento nos olvidaremos de los infectados y de los muertos, del miedo al contagio, de las restricciones sociales, de las incertidumbres laborales y penurias económicas, y todo quedará en esa sonrisa que producen los memes contados como destilado de un filtrado cerebral que solo recuerda lo bueno. El cerebro es así de selectivo y más conforme va envejeciendo, algo inevitable y a la vez deseable. Pero si regresáramos demasiado rápido a esa frivolidad de meme, puede que el deseo de poner no solo años a la vida, sino sobre todo vida a los años, no se cumpla nunca.

Deporte espectáculo, bares, restaurantes, discotecas, fiestas populares, toros, conciertos, viajes y desplazamientos frecuentes€ son la sabrosa salsa frívola de la vida. Pero para ser sabrosa debe haber vida. La frivolidad quizá deba esperar.

nlauzirika@deia.com @nekanelauzirika

14 de julio

Con tanto ciudadano engañado-despistado seguirá por mucho tiempo el tinglado del rey desnudo

El emérito y la familia, que no se enteraban de nada.

DECÍA mi profesor de Historia que los franceses han sabido tratar con precisión cirujana a sus reyes, pasando de adorarlos como soles a darles el finiquito definitivo por la vía Guillot. Y después celebrarlo por todo lo alto cada 14 de julio, mañana precisamente. Aquí, aquende los Pirineos, ni lo uno ni lo otro; nos chirigoteamos del rey desnudo de turno en privado, y en público también, pero contra toda crítica de honestidad, le sostenemos como mandamás a él y a su vasta prole legítima o no; es más, le declaramos inviolable penal total tanto en el ágora pública como en la cama de la barragana o en el metemano a la bolsa común. Vamos, derecho de pernada adaptado estilo borbón siglo XXI.

Hace unos días, coincidiendo con algunas de las muchas declaraciones-brindis al sol sobre subida de impuestos a las grandes fortunas que hacen «los compas» de los socialistas en el gobierno, un jubilado de los que cobran 1.020 euros/mes, me expresaba no su temor, sino su pánico a que «esos podemitas me quiten la pensión». Me recordó a Eulalia en el tardofranquismo perorando que la pensión se la daba Franco, el desenterrado vivoinpectore para tantos.

Un primo político me presentó hace unas pocas semanas a una prima por su otra rama familiar con bastante más pasta que la que ambos podamos acumular en siete vidas setenta y siete veces. Sin apenas conocerme me lanzó la misma diatriba contra los mismos demonios podemitas por su sugerida-prometida subida de impuestos a las grandes fortunas. Su razonamiento de buena española era consecuente, ella había trabajado mucho para labrarse su fortuna heredada y no estaba dispuesta a que el coletas (sic) se la administrara ni esquilmara y que por lo tanto ya se había llevado un buen puñado de euros a paraísos de impunidad fiscal y que de seguir la incertidumbre de la covid-19 (añagaza perfecta) se llevaría todo. Suiza, como a toda buena monárquica/o juancarlista le parecía perfecto para su seguridad. Como exculpación me dejó bien claro que ni ella era una excepción ni el simpático borbón un pillo, sino un hombre previsor.

Con estos mimbres es fácil entender que JuanCar&Cia sea tapadera perfecta. No importa que matara a su hermano, que abandonara el Sáhara con la tajada de Fosfatos BuCraa, ni que jugara en el 23F con dados marcados, ni que estimulara a Urdangarin a seguir sus pasos, ni sus incontables amantes sostenidas con dinero público, ni que haya cobrado mordidas, prevaricado, evadido capitales y cometidos delitos fiscales€ actos presuntos y además no-denunciables por su inviolabilidad pública (aceptable) y también privada (deleznable). Este batiburrillo maloliente de rey desnudo genera rechifla popular con tímida repulsa ciudadana, pero el rechazo es escaso en la mayoría política (PSOE monarcopublicano a conveniencia), y nulo entre los grandes del reino. Parece lógico, todos ellos también iban en Ave a la Meca y tampoco volvían de vacío, que los emires son muy generosos para la buchaca impune de la tapadera real. ¿Podría hacerse con un presidente de república? Sí, pero habría que trabajarse la nueva tapadera cada cuatro años; aquí no, la tapadera real es de por vida.

Aunque muchos podemos desear la República con un 14 de julio hispano en pacífico referéndum, presumo que con tanto ciudadano del común engañado-despistado y tanto grande de España beneficiado directo, seguirá por mucho tiempo el tinglado del rey desnudo como tapadera inviolable.

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La otra mirada Dinero, todo parece dinero

Frente a la más que probable segunda venida del imbatible covid-19 el dinero no parece ser el solucionador

Bolsonari y Trump, negacionistas del Covid-19

SE pide salud, dinero y amor, pero resumiendo todo parece dinero. A los profanos nos cuesta decir a la primera Remdesivir, pero ahora, ya bastante repetido esta semana, es el nombre que ha despertado al unísono esperanza y cierta ola de indignación. No digo nueva esperanza, porque este análogo a los nucleótidos no es nuevo, sino un conocido fármaco aprobado por la FDA americana hace cuatro meses para su uso contra el covid-19, ya fue utilizado contra el ébola con escaso éxito€ o quizá excesivo precio para quienes lo necesitaban. Tampoco debería ser nueva nuestra ola de indignación al conocer que Estados Unidos ha comprado a la farmacéutica Gilead prácticamente toda su producción. Quien más tiene, puja más alto y se lo lleva. Ya contaban que en 1945-1947 ocurría algo similar con la penicilina traída hasta aquí de gaueko lana y vendida a un precio que solo los adinerados podían permitirse.

Teniendo en cuenta que su acción terapéutica simplemente reduce el período de los síntomas de quince a once días, cuesta ver a este antiviral como la bala mágica en la curación definitiva de la covid-19. Claro que si vemos esta enfermedad (y las demás) no como la curación de una persona sino como un balance ingresos-gastos, es evidente que cuatro días menos en UCI u ocupando cama de hospital multiplicado por los centenares de miles contagiados sintomáticos en el país de Trump, la cosa cambia y quizá compense el gasto-inversión (si resulta exitosa).

Existen otros antirretrovirales como Lopinavir, Ritonavir€, con los que podría suceder algo similar. Y más de un centenar de proyectos de vacunas en diferentes fases de experimentación y desarrollo, que probablemente también salgan a puja al mejor postor. Lo confirman las subidas fulgurantes del valor de las acciones de las compañías cuando anuncian cualquier nuevo avance. Las necesidades reales o creadas sirven para generar mercado y negocio, pero ¿también con la salud? Pues sí, tal como ahora se está conociendo el modo de compra de equipos de protección –mascarillas, guantes, batas, geles€–, de respiradores, reactivos para PCR o para test serológicos a pie de avión, en un mercadeo-cambalache donde la salud no era sino la excusa para el negocio que mataba a tantos y engordaba el bolsillo de pocos.

Visto bajo este prisma de todo es business, comprendo mejor la actitud (que no aptitud) de dirigentes como Trump o Bolsonaro, defensores de que quien quiera salud se la pague. Para qué poner medidas sanitarias sociales anticontagio generales si quien puede ya lo consigue por sus propios medios. Y no quiero señalar aquí, no allí, a quien conseguía PCR, test serológicos, mascarillas€, antes incluso que los propios trabajadores sanitarios, aunque nos cause perplejidad.

No sabría decir si seguir la teoría del cisne negro o del rinoceronte gris ni qué tipo de rinoceronte, probablemente el de los metarrinocerontes que embisten a toda velocidad sin darnos tiempo a modificar las estructuras para solucionar los problemas. Porque este coronavirus tuvo antecesores de diferente pelaje y condición y seguramente le seguirán otros, pero antes como ahora, incluso ante la salud y la vida de personas, el solucionador parece ser siempre el dinero.

No deseo ejercer de profeta del pasado, nada más lejos de mi realidad; simplemente estaría bien saber que frente a la más que probable segunda venida del todavía imbatible covid-19 el dinero no parece ser el solucionador.

nlauzirika@deia.com@nekanelauzirika

Contradicciones y perplejidad

El director de la OMS para Europa llama a prepararse para la «inevitable» segunda doble-ola vírica en otoño: covid-19 y la gripe


Racista, machista, homófobo… y padre del ADN: así es el ganador del Nobel más odiado

SI no fuera por las contradicciones difícilmente lograríamos crear algo nuevo; la vida fluye con la contradicción humana como expresión básica de esa movilidad. De hecho, para la tardo-feminista francesa Benoîte Groult «las contradicciones son la sal de la vida», y también la pimienta social. Seguramente, ni en la ciencia, ni en el ámbito jurídico ni en la política se podrían conseguir conocimientos ni verdades sin este principio de contradicción. Pero siendo inherentes a los humanos, a veces resultan tan generadoras de perplejidad que parecen enigmas. O causan perplejidad, como la que me produce que J.Watson, descubridor de la doble hélice de ADN, igual en todos/as, sea racista y antifeminista.

Con diez millones de contagiados contabilizados en el mundo (probablemente un tercio de los reales) y medio millón de muertos, quizá no debieran existir contradicciones sobre la pandemia. Pero aun con sus hospitales y cementerios atestados, muchos Trumps o Bolsonaros niegan la evidencia.

Al tiempo que el jefe de enfermedades infecciosas de Vall’Hebron aseguraba que el coronavirus estaba en su fase final, que su propagación es mínima y que los rebrotes de gran magnitud serían improbables, Hans Kluge, director de la OMS para Europa, llama a prepararse para la «inevitable» segunda doble-ola vírica en otoño, con covid-19 y gripe estacional de ganchete; no repuntes localizados, sino una catarata de contagios y muertes como ahora o peor, que pondrá de nuevo al borde de colapso a los sistemas sanitarios.

Contradicción entre los requisitos normales para el visto bueno a una vacuna y los que están aplicando ahora, con una velocidad de aprobación más de mercado/negocio que de seguridad. También choca un poco bastante que mientras el parlamento aprueba multas por no usar mascarilla, veamos que en multitud de lugares y situaciones no se usa y que hay personajes públicos como los reyes que no la utilicen. Bueno, tampoco hay mucha coherencia entre las expresiones públicas de reconocimiento hacia la atención primaria mientras sus profesionales enfocan el verano en los centros de salud sin sustituciones y con sobrecarga, en un olvido colectivo generalizado.

Como a la mayoría, la provocativa/chulesca ultraderecha voxera que «disfrutamos» me produce desasosiego y hasta cierto miedo, pero tampoco veo coherente provocar altercados con ellos, que les dan amplia cobertura-publicidad en los medios y además como víctimas, cosa que de otro modo no conseguirían.

Ayer fue el día mundial del árbol. Imprescindibles para producir oxígeno, alimento y equilibrio climático, en 2019 sólo en los trópicos se taló bosque primario equivalente a un campo de fútbol cada seis segundos: 11,9 millones hectáreas por año, un 20% de la península ibérica.

Mañana será el día del parlamentarismo, que de un modo u otro todos los países tienen para controlar al gobierno y donde las mujeres solo ocupan el 25% de los escaños. Peor aún, según el Índice de Percepción de la Democracia, gran parte de la ciudadanía opina que esa voz política no tiene relevancia en la toma de decisiones de sus gobiernos. Tal vez parlamentarismo de sordera, porque como dirían Confucio y Cervantes, un caballero se avergonzaría de que sus palabras sean mejores que sus hechos.

Consolémonos, la coherencia da estabilidad y es más relajante, pero mucho menos divertida y creativa que nuestra multitud de contradicciones cotidianas.

nlauzirika@deia.com@nekanelauzirika