Bebés robados… aquí

Tres féretros exhumados en apenas unos días con el mismo doloroso resultado: estaban vacíos. Vendrá algún legalista irredento y sin alma a decir que eso no prueba fehacientemente nada, pero para quien tiene entrañas y sentido común, es bastante más que un indicio espeluznante de anormalidad. Ya no valen las palmadas en la espalda, el puede usted creer que lo siento, el qué cosa más rara o el quién sabe lo que pasó. Es hora de acometer una investigación seria, transparente, sin titubeos ni concesiones, sobre el robo y tráfico de bebés, que no ocurrió en el pleistoceno, sino hasta ayer mismo, como se está poniendo de manifiesto en las centenares de denuncias que hay.
Como es obvio, son las instituciones las que deberían encabezar lo que por su gravedad merece tener consideración de Capítulo General. Estamos hablando de un número indeterminado de grandísimos cabrones, muy probablemente organizados, que durante decenios contaban la mentira más cruel que se le puede decir a una madre y a un padre para quedarse con su hijo recién nacido y venderlo como si fuera una bicicleta de segunda mano. Desgraciadamente, en este país estamos acostumbrados a canalladas de todo tipo, pero esta es de las que se llevan la palma en crueldad e infamia. Cruzarse de brazos, mirar al empedrado y tomarlo como un imponderable del destino contra el que sólo cabe joderse y aguantar es un actitud ruin, cobarde y, además, una mentira insostenible.
Resulta que se puede reconstruir con todo lujo de detalles un acontecimiento que ocurrió en la Edad Media y no hay modo de desentrañar algo que acaba de suceder a la vista de miles de testigos que aún siguen con vida en instituciones que también permanecen en funcionamiento. Por supuesto, nos lo dicen sin siquiera intentarlo y despachando a los familiares como si fueran unos molestos neuróticos que sufren por afición. ¿Qué y a quiénes se quiere tapar? ¿Por qué?

Una versión llena de agujeros

Cuantos más detalles conozco sobre el caso del profesor detenido en Erandio acusado de pederastia, más dudas me asaltan. Y ojalá fueran sólo dudas. Pero es que también crece mi desconfianza hacia las manos en que supuestamente está nuestra seguridad. El autocomplaciente relato oficial de los hechos -cómo no, al ilustre diario de cabecera para las filtraciones- es una novelucha de a duro, una parodia de un mal capítulo de C.S.I. o Bones. O una aventura de Anacleto, agente secreto en colaboración con Pepe Gotera y Otilio. El drama se vuelve doloroso esperpento.

Resulta que la primera denuncia es de hace más de tres meses, pero hay que esperar a las vacaciones de Navidad para instalar un dispositivo videográfico en el centro. Ni en la NASA los debe de haber tan complejos como este, que no podía ser colocado por la noche, en fin de semana o en el largo puente de principios de diciembre. Oh, prodigio, en el minuto uno de funcionamiento del ingenio, las cámaras retratan al pederasta en acción y -nos dice la crónica autorizada- los agentes, que están en la comisaría a doscientos metros, salen a escape a detenerlo. Eso corrige el escándalo que provocó la primera información, cuando se dio a entender que antes de entrar en acción se había grabado amplio y abundante material probatorio. Tremendo, teniendo en cuenta quiénes eran los cebos y a qué estaban siendo expuestos.

Todo muy atado”

Se narra también en la glosa edulcorada de la operación que la Dirección del centro y los padres que presentaron la primera denuncia fueron puntualmente informados. Por lo visto, al resto de amas y aitas no les incumbía lo que durante esos tres meses pudieran hacerles a sus hijos. La justificación, comprensible si estuviéramos hablando de otro delito, es que los jueces se ponen muy tiquismiquis. En palabras literales de una fuente de la investigación, “Hay que llevar todo muy atado porque es una acusación muy grave”. En otros asuntos no se andan con tantos miramientos.

Por si fueran necesarios más elementos para la desazón, el estupor y la indignación, la desgracia atrae al lugar de los hechos a decenas de escarbadores amarillos provistos de cámara de fotos y grabadora. La carrera consiste en acercarse hasta donde sea posible al epicentro de la mugre. ¿Que hay que arrancarle unas palabras a la madre del detenido? Hágase en aras del sacrosanto interés informativo, que también da licencia para convertir en titular cualquier frase dejada caer en medio de la confusión y de la rabia por quien se ponga a tiro.