La memez del contagio

Ilustrativa coincidencia, los líderes de las tres fuerzas —en un par de casos, fuercitas— de la oposición en Navarra farfullando melonadas varias sobre no sé qué posibilidad de contagio del virus catalán en el condominio foral. Por los labios coordinados de Esparza, Beltrán y Chivite hablaban las indisimuladas ganas de mambo o, sin más, el lúbrico deseo de que se revuelvan las aguas para echar la caña. Quien dice revolver las aguas, dice agitar el asustaviejas de costumbre, único programa conocido de quienes carecen de cualquier cosa levemente similar a una propuesta concreta.

Y en la demarcación autonómica, cuarto y mitad del mismo almíbar barato, dispensado a granel por el todavía inconsolable exministro enviado a misiones a su tierra de nacimiento. Es difícil escoger entre el descojono o el cabreo ante la visión del de la triple A onomástica (Alfonso Alonso Aranegui) mentando la bicha ante su media docena de fieles en no sé qué sarao montado para salir 30 segundos en la tele. “Tenemos los mismos ingredientes que en Catalunya; solo hace falta que se unan”, fingió rasgarse las vestiduras, como si no supiera de sobra que aquí la vaina va de otra cosa. Ahí está la última encuesta de Gizaker para EITB, clavando lo que cualquiera con dos ojos, incluido el propio presidente del PP vasco, ve a su alrededor: empatía con el procés, toda; ganas de meterse en un fregado similar, ninguna.

Cuánta razón vuelve a tener la defenestrada predecesora de Alonso. Sin ETA, el partido se quedó desnudo. Desnudo de discurso, y como se ha ido comprobando de elección en elección, también de votos. Nueve escaños, y bajando.

Sánchez y la coherencia del PSN

Como si no hubiera tres congos de precedentes perfectamente documentados e imposibles de borrar de la memoria colectiva y las hemerotecas, en su paso por territorio foral para investir a la nueva delegada de Ferraz, Pedro Sánchez se adornó con el tirabuzón verbal que sigue: “Estoy orgulloso del PSN, un partido que una y otra vez ha sabido anteponer el interés general de los navarros a cualquier otra consideración”. ¿Rostro de hormigón armado o torpeza supina, en la línea (de)mostrada desde que Susana Díaz —parece que hoy bastante arrepentida— le regaló la secretaría general en detrimento del desaparecido en combate Eduardo Madina? Como me dijeron bastantes personas cuando planteé esta misma pregunta en Twitter, lo uno y lo otro no han de ser excluyentes. Es más, en el caso que mentamos, ignorancia y osadía se ofrecen, junto a la caídita de ojos y la sonrisa Profidén, como únicas señas de identidad y/o currículum del tipo que está llamado a conducir al PSOE hasta el borde mismo de la tumba.

Bien es cierto que sería injusto culpar del desastre anunciado al de las camisas inmaculadas. Cuentan las crónicas de este mismo acto que los presentes —y no eran cuatro ni cinco; eso sí que es un misterio para mi— prorrumpieron en una sonora ovación ante las palabras citadas. Y obraron con similar gasto de entusiasmo y decibelios cuando el galán de medianoche elogió “el gran trabajo de Jiménez” para rematar asegurando que su sucesora “recoge el patrimonio de la coherencia política, la fiabilidad y la responsabilidad, tanto en el Gobierno como en la oposición, trabajando lealmente por Navarra”. Tracatrá.