Martes 5 de mayo de 2015
Ha fallecido el periodista Jesús Hermida. Paz a sus restos. Con él muere toda una época y toda una forma de hacer un periodismo exagerado y sin contraste.
He visto una ráfaga de un programa de TVE matutino. Para si lo hubiera querido un científico, un escritor, un político de fuste en ésta sumisa Televisión Pública.
Las loas desbordaban la pantalla. Y lo entiendo en aquellos que trabajaron con él. Era un buen profesional, algo empalagoso, muy pegado de sí mismo, pero un showman, que en su tiempo no tuvo competencia.
Su fama la consiguió cuando en la España de Franco había solo un canal de televisión y lo tomabas o lo dejabas. Pero eso no quita que en democracia dejara su impronta.
Uno ha dicho que es injusto pero que a la gente se le recuerda por su último trabajo. Y el último trabajo de Hermida fue aquella nefasta entrevista a Juan Carlos antes de abdicar. Repitió la palabra Señor cuarenta veces y no le hizo las preguntas de rodillas de puro churro.
Una de las beneficiadas periodísticas de Hermida decía llorosa que se había sentido muy solo por la incomprensión que vio tras aquel trabajo tan prescindible.
Y es que Hermida era un periodista del régimen. Y no podía fallarle a un rey que si a éste lo hubiera cogido un periodista no del régimen, de verdad, de Juan Carlos de Borbón no queda ni el recuerdo.
Pero Hermida por no preguntarle no le preguntó ni por Urdangarin, ni por la caza de elefantes. Todo era Señor por aquí, Señor por allá. Por algo lo eligió El Campechano. Un tipo como éste que no sabe hablar, ni convencer a nadie, necesitaba un paje como Hermida, y éste no se lució, precisamente.
Paco Lobatón lo ha descrito muy bien: exceso de reverencia.
Y es que el periodismo español está lleno de genuflexos.