LA PONENCIA DEL SENADO Y LOS BUITRES

Viernes 18 de septiembre de 2015

En el Senado hay una ponencia que no termina de cerrarse en relación con la reforma del Senado. Se ha trabajado durante tres años invitando a catedráticos y expertos a la misma y gracias a estos aportes y a la de los Grupos Parlamentarios, la ponencia está lista para ser llevada al horno porque de lo que se trata es de reformar las funciones del senado con un añadido final de plantear en la siguiente legislatura una reforma a fondo  constitucional basada sobre todo en la forma de elegir a los senadores y sobre el tipo de circunscripción. “Podemos” plantea la circunscripción territorial de las Comunidades cuando en la actualidad conviven senadores elegidos en listas abiertas, junto a los diputados, con senadores elegidos por Comunidades. Un arroz con pollo que no marca bien la territorialidad del Senado a lo que se le une su carácter de Cámara de segunda lectura.

En Estados Unidos, Francia, Italia, Alemania, Inglaterra y en otros países existe el Senado por lo que su existencia en el estado español no es ninguna chifladura. El problema es el excesivo número de senadores, 269 y que en la actualidad no es Cámara de representación Territorial como dice la Constitución. Y algo hay que hacer porque de lo contrario gentes como el llamado Pequeño Nicolás, un tipo indeseable en busca de espacio, quieren meter la cabeza y hacer como hicieron en su día Ruiz Mateos y Jesús Gil en unas elecciones europeas que obtuvieron sendos escaños votados por gentes que querían castigar a la política y a los políticos. Siempre hay fenómenos de este tipo.

«Quiero ser senador para cerrar el Senado», con estas palabras Francisco Nicolás Gómez Iglesias, también conocido como el Pequeño Nicolás, dice que creará su propio partido. «Por el momento es solo un anuncio para que la gente se entere de que mi objetivo es eliminar la Cámara alta desde dentro».

Este buitre, que supuestamente fuera agente del CNI, amigo de varios miembros del Partido Popular y del empresariado español, enlace de la Casa Real y otras tantas profesiones que por el momento no se han demostrado, quiere convertirse en «el asuntos internos del Senado, un caballo de Troya», según sus propias palabras. Tras el anuncio, llegará el registro del partido, pero antes, la próxima semana, abrirá una votación a través de sus redes sociales y su web para que los ciudadanos elijan el nombre. «Una vez que lo tenga, haré los estatutos que firmarán tres personas, un acta notarial e iré a registrarlo al Ministerio del Interior y en 20 días me tendrían que dar el ok», relata a Verne.

¿Qué es el Senado?

Según la definición de la Constitución Española es la Cámara de representación territorial. A diferencia de lo que ocurre en el Congreso, el número de senadores no es fijo. Puede variar al alza o a la baja al cambiar el número de habitantes de las distintas comunidades. Los Parlamentos autonómicos designan un senador fijo y otro más por cada millón de habitantes. Los representantes se organizan en partidos.

¿Qué función tiene?

Tiene las mismas funciones que el Congreso. Puede proponer leyes, pero después debe enviarlas a la Cámara baja para que se inicie su trámite. El Tribunal Constitucional ha sentenciado que la Cámara alta no puede aprobar ni rechazar leyes, solo introducir enmiendas. Un «no» del Senado puede ser salvado posteriormente con una aprobación del Congreso.

¿Cómo se elige a un senador?

Los senadores se eligen por circunscripciones y por sufragio universal, libre, directo y secreto, igual que una elección para el Congreso. Aunque los candidatos aparecen agrupados por partidos políticos en la papeleta de votación, las candidaturas son individuales a efectos de votación y escrutinio, de tal modo que el elector puede votar a candidatos de fuerzas políticas diversas.

Francisco Nicolás necesitará primero 5.000 firmas para constituirse como partido. La reforma de la Ley Orgánica del Régimen Electoral General (LOREG), aprobada en enero de 2011 en el Congreso con los votos del PSOE y el PP -y el respaldo de CiU y el PNV-, incluyó una modificación del artículo 169. En su nuevo apartado 3 se especifica que «los partidos, federaciones o coaliciones que no hubieran obtenido representación en ninguna de las Cámaras en la anterior convocatoria de elecciones necesitarán la firma, al menos, del 0,1% de los electores inscritos en el censo electoral de la circunscripción por la que pretendan su elección». Y añade que «ningún elector podrá prestar su firma a más de una candidatura». «He llamado al ministerio para que me explicaran si puedo conseguir las firmas por internet, pero me han dicho que no lo saben», nos cuenta.

La intención de Francisco Nicolás es presentarse de manera independiente y por la circunscripción de Madrid, por lo que tendrá que conseguir un alto número de votos para conseguir uno de los cuatros puestos asignados a esta región. Misión imposible.

¿Qué hay que hacer para reformarlo?

La reforma de los artículos de la Constitución referidos al Senado (69 y siguientes) es de las llamadas sencillas, es decir, de las que no precisan referéndum. Se tramitaría por el artículo 167 de la Constitución que requiere mayoría de tres quintos de cada una de las Cámaras y solo habría referéndum si lo pide una décima parte de alguna de las dos cámaras.

En varias ocasiones se han planteado iniciativas para cambiar el reglamento del Parlamento y crear un órgano que dirima posibles conflictos entre el Congreso y el Senado. Esta denominada «reforma blanda» nunca ha llegado a ocurrir por falta de consenso entre las fuerzas políticas, aunque ahora la reforma está lista.

El pasado mes de agosto el PP, que es quien tiene la llave, sugirió una posible reforma. En el borrador que preparan los populares con el resto de las fuerzas políticas se plantea una modificación de las funciones del Senado. «Se pretende mejorar la posición de la Cámara aumentando su participación en el ejercicio de las funciones parlamentarias teniendo en cuenta la dimensión territorial que se deriva de la definición contenida en el artículo 69 de la Constitución», según se especifica en el texto.

¿Se puede eliminar?

«Para suprimir el Senado es necesario lo que se denomina una revisión de la Constitución según el artículo 168», explica Javier Pérez Royo, catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad de Sevilla. «Se necesitaría una mayoría de dos tercios de la cámara en dos legislaturas consecutivas y un referéndum obligatorio».

 

LAS SOLIDARIDADES AUTOMÁTICAS

Jueves 17 de septiembre de 2015

Las solidaridades automáticas se producen por deficiencia en el metabolismo de ciertas asociaciones y corporaciones. Son, antes que todo, un vago encubrimiento sim­pático. De esta manera se tolera, se admite y hasta se premia la corrupción. El sinvergüenza tolerado puede ser el símbolo extremo de la solidaridad automática.

Puede ser también la consecuencia de una confianza optimista que las organizaciones políticas otorgan a los suyos. La fe en el adicto proporciona un ambiente propicio al oportunista. Se extrema aún más esta si­tuación hasta pretender reivindicar no sólo los méritos sino también los errores de la actuación pública. Este mecanismo ciego termina deformando la vida política y social. Repercute en los valores dominantes de la sociedad y culmina por suponer que los buenos y los malos tienen un mismo tratamiento. Hasta podría decirse que es una aplicación aberrante del concepto de la igualdad. Se equipara a los buenos y a los malos, a los honestos y a los corruptos, a los eficientes y a los ineficientes, a los inocentes y a los culpables.

No puede haber un ambiente más favorable para que prosperen los errores y las deformaciones de los conceptos. Si alguien se queja de un odontólogo o de un médico, de un abogado o de un economista, si se reclaman los vicios de construcción de una obra pública. Inmediatamente salta una corporación que toma la acusación para sí misma y sale en defensa de la individualidad señalada. Lo mismo ocurre con los gremios y con los sindicatos. Puesta esta idea en caricatura, podría llegarse hasta a pensar que en un momento determinado no se puede mencionar a ningún presunto culpable, porque toda la comunidad nacional de un país podría sentirse ofendida.

La politización extrema ha llevado a un desarrollo vertiginoso y agresivo de la mediocridad. La solidaridad automática no busca méritos ni solicita antecedentes ni pide calificaciones. Le basta con la identificación mecánica y pasiva, cuya única constancia es la inclusión en una nómina gremial, asociativa o partidista.

Entre las muchas consecuencias perversas y corruptoras que esto va adquiriendo, podría mencionarse la inexistencia de la culpabilidad. Se acepta de antemano que ninguno de los propios puede ser señalado. Es una especie de absolución universal y previa a todas las conductas posibles. Ni siquiera la Iglesia, en sus momentos de mayor exaltación de la bondad y del perdón, ha llegado a excluir la responsabilidad por anticipado. Uno de los atributos más importantes del ser humano es el de ser responsable por sus actos. La solidaridad automática destruye este principio fundamental y universal de la ética y del comportamiento.

La idea de que los propios son siempre inocentes y sólo son culpables los del otro bando, es una de las más primitivas y tribales intuiciones del ser humano. Ninguna sociedad civilizada puede alimentarse de tales contravalores. Desde un punto de vista intelectual, esto revela una carencia de la facultad de abstracción, y desde la perspectiva ética no es otra cosa que la incapacidad total para distinguir entre el bien y el mal.

No se miden estos componentes en las referencias actuales del desarrollo social ni en indicaciones del producto bruto nacional. Pero es mucho más importante para una sociedad saber cuáles son los valores que defienden su identidad colectiva y su posición en el tiempo y en el espacio, que las simples anotaciones de datos estadísticos que pretenden reflejar las tendencias o la velocidad del progreso.

Es particularmente notoria la confianza optimista que algunos partidos políticos ofrecen a los suyos por anticipado. De esta manera se sustituyen las instituciones del Estado y se anula o se deroga, por un solo impulso, todo el sistema constitucional. La armadura ideológica de la nación y la estructura moral de la sociedad se vienen abajo porque una colectividad política o gremial decide que los suyos tienen derecho a todas las opciones de la conducta y que bajo ninguna circunstancia pueden ser señalados como responsables ni sentenciados como culpables.

Un efecto político de esta contracultura es que las cuestiones sustanciales que una sociedad tiene derecho a discutir y a debatir como parte de su esencia democrática, se desvían hacia otras áreas. Cuando se pretende establecer una responsabilidad, de inmediato se anuncia que lo que se busca es destruir la corporación entera y no castigar al responsable individual.

Esta sociedad tiene que salir adelante de esta emboscada moral, de este chantaje permanente, según el cual se entiende como una agresión a una institución o corporación determinada, o al sistema democrático en su totalidad, cualquier señalamiento que se haga sobre una parte de la estructura o de un individuo aislado.

Salir de esta emboscada es tan importante como pagar la deuda o combatir la inflación.

Un salto hacia una ética individual y colectiva, es un punto crucial en el desarrollo espiritual y político de la nación.

SE VAN SILENCIOSAMENTE DOS TIPOS DE PRIMERA.

Miércoles 16 de septiembre de 2015

Jesús Iglesias(2)Martinez Oblanca

 

 

 

 

Estaba el jueves por la noche en el aeropuerto de Barajas (Adolfo Suarez) de Madrid. Esperaba mi vuelo pasando páginas del periódico cuando una mano pasó entre ellas y me dijo: «este ha sido de verdad mi último pleno. El 25 eligen senadores por Asturias y ya no volveré. Ha sido un placer haberte conocido».

Era Jesús Iglesias, senador de IU por Asturias, el político más trabajador y respetuoso que he conocido en mi vida parlamentaria que tiene ya tres décadas.

Conté como en julio previendo el cambio, tras las elecciones municipales y autonómicas de mayo, en una de sus continuas intervenciones anunció su retirada y agradeció a la Cámara la ayuda que había tenido y  como un resorte desde el PP, PSOE, la Entesa, CIU, PNV y Grupo Mixto el aplauso fue atronador y larguísimo.

Era el merecido homenaje a un hombre que estando solo en su escaño del Grupo Mixto se había ganado el cariño de la Cámara  porque intervenía en todos los proyectos de ley, en todas las mociones y además hacía preguntas. Con su libreta y apuntes a mano, bajaba y subía al escaño como una lagartija y sus intervenciones, siempre muy argumentadas, jamás tenían una palabra de más. Intervenía  con respeto y eso hecho una y otra vez logró que la Cámara en general le tuviera un inmenso aprecio.

«¿Y qué vas a hacer ahora Jesús?».

“Buscarme la vida. Soy abogado, abrir un despachito con mi mujer y empezar de nuevo» me contestó.

“¿No coges por lo menos un mes de vacaciones?»  le volví a preguntar.

«¿Un mes?. Ni un día. Ya tengo una cita con el pintor y otra con el albañil. Tengo que empezar desde el primer día».

«¿Y no echarás de menos esta vida de ida y vuelta?».

«Solo por las gentes que he conocido. Soy de buen conformar y ante un reto nuevo, lo abordo sin mirar atrás».

Sinceramente no he conocido nadie de tan alta calidad humana en las Cortes españolas. Y seguramente IU de Asturias no contará con él por ser un tipo diez, trabajador como nadie y respetuoso con el adversario cuando se viven tiempos de gruesa descalificación de la política, de trazos sin matices, de blanco o negro. Con Iglesias daba hasta ganas de hacerse de IU. De verdad.

Les pedí a los dos sus correos porque no se puede perder la relación humana de dos tipos de gran calidad.

Y me refiero a dos porque en la misma sala estaba Isidro Martínez Oblanca, del partido de Cascos, el Foro. También deja el Senado. Otro trabajador nato y magnífica persona. Una concepción de la política como gran trituradora se los lleva por delante. Y me apena que se dé esa imagen de la misma cuando hay casos como los descritos que silenciosamente y después de un trabajo extraordinario se van del foro sin que la Asociación de Periodistas Parlamentarios haya sido capaz, en sus raquíticos cálculos de poder, reconocer el trabajo bien hecho.

Pero es así como funcionan las cosas en esta pista donde prima el pan, el circo y la superficialidad.