El PNV achaca al Gobierno estatal haber respondido con información falsa a la pregunta sobre los servicios del aeropuerto de Loiu

Miércoles 5 de noviembre de 2014

El senador del Grupo Parlamentario Vasco en el Senado, Iñaki Anasagasti, ha constatado que la respuesta que le dio el Gobierno estatal en relación a la reorganización realizada en la zona de embarque en el aeropuerto de Loiu era “falsa”, por lo que ha vuelto a solicitar al Ejecutivo central, a través de una pregunta escrita, si piensa pedirle a AENA “de una vez” que dé el necesario servicio que un aeropuerto como del de Bilbao demanda. Hace doce años se recomendó la necesidad de un puesto de información de AENA en la zona de embarque, cuestión que no se ha cumplido.

Anasagasti trasladó el pasado mes de septiembre esta misma solicitud debido a que en la citada zona de embarque, una vez superado el control de seguridad, no existe un solo puesto con funcionarios para información de vuelos, para tramitación de conexiones, donde solicitar explicaciones sobre retrasos o donde se dé cuenta de las puertas de embarque, salvo los paneles electrónicos. El Gobierno respondió entonces que Aena ha dispuesto un mostrador de atención a pasajeros totalmente equipado en la zona de embarque para que las compañías de asistencia en tierra de cada compañía aérea, responsables de informar a sus pasajeros en esta zona, presten la atención debida. Asimismo, aseguró que cada puerta está provista de un sistema de megafonía local, recientemente renovada, a través del cual los agentes de asistencia de cada compañía informan de las condiciones del vuelo a sus pasajeros.

Sin embargo, son los usuarios quienes mejor pueden evaluar este servicio y el mismo senador Anasagasti pudo comprobar que “el resultado es que no hay nadie en dicho mostrador y que la información personal no existe”. Tratando de aclarar la situación, los empleados del aeropuerto explicaron al senador que hasta este verano pasado la información al pasajero en esta zona la prestaba AENA con un personal que tenía instrucciones de que una de ellas debía estar  por la zona nada más pasar los filtros de seguridad. Sin embargo, al tratarse del mismo personal que el que está en la isleta que existe en el hall de facturación y que sus turnos han pasado a ser de cuatro o cinco personas hasta este verano a solo dos, en ocasiones, como cuando deben dar la atención protocolaria a autoridades, solo queda un empleado que, ante cualquier incidencia, es habitual que tenga que abandonar su puesto.

Pese a que Aena ha traspasado a las compañías la responsabilidad de garantizar la  información en la zona de embarque, el mostrador al que hace referencia en su respuesta la sociedad anónima que gestiona gran parte de los aeropuertos del Estado solo se ha usado un par de veces por las compañías con esa función de informar a los pasajeros ante una situación imprevista de retrasos de vuelos, y nunca por personal de AENA. “Y eso, AENA lo sabe, por lo que en la respuesta a este senador no se ha dicho la verdad y esto, parlamentariamente, es muy grave”.

 

 

Pregunta por escrito sobre Vietnam

Martes 4 de noviembre de 2014

VietnamLa paz, estabilidad y la seguridad de transporte marítimo en el Mar Oriental están siendo seriamente amenazadas.

Desde el 1 de mayo de 2014, China instaló la plataforma petrolera Haiyan Shiyou 981 dentro de la zona económica exclusiva y plataforma continental de Vietnam. Aparte de eso, China movilizó cientos de barcos, buques y aviones, muchos de los cuales son militares a esta zona del Mar Oriental (se conoce en inglés como South China Sea).

La Asamblea Nacional de la República Socialista de Vietnam, el pueblo vietnamita, condenaron enérgicamente esta violación por parte de China al derecho a la soberanía y jurisdicción de Vietnam. Este hecho de China viola el derecho internacional, la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar de 1982. La Declaración de Conducta de las Partes en el Mar Oriental del cual China forma parte, los Acuerdos de alto nivel entre Vietnam y China sobre los principios para resolver las disputas en el mar entre Vietnam y China, y afecta seriamente a las relaciones de amistad vecina entre el pueblo de Vietnam y el pueblo de China.

Vietnam ha contenido al máximo, y ha mantenido de forma persistente las vías de negociaciones pacíficas basadas en el derecho internacional, así como ha exigido firmemente a China retirar de inmediato su plataforma petrolera y sus barcos de la zona económica exclusiva y plataforma continental de Vietnam, de esa forma se restablecería la paz y estabilidad en el Mar Oriental. En esta situación, muchas personas, organismos internacionales y dirigentes de países en el mundo han mostrado el apoyo, solidaridad con Vietnam y se ha manifestado la oposición a las acciones ilegales mencionadas de China.

Hasta este momento, la situación en el Mar Oriental sigue siendo tensa. China sigue con la intención de establecer su soberanía dentro de la zona económica exclusiva y plataforma continental de Vietnam para materializar su proclamación sin fundamento legal sobre «la línea de 9 rayas» (se conoce en inglés como Nine-dotted line) en el Mar Oriental. De forma peligrosa, los buques chinos continúan las acciones agresivas tales como chocar intencionalmente, amenazar y emplear cañones de agua de gran potencia, causando daños a numerosos barcos e hiriendo varias personas de la tripulación civil vietnamita.

Ante esta situación ¿Qué piensa hacer el gobierno en los foros internacionales para que esta situación no empeore?

Que no se toque ni un solo papel

Lunes 3 de noviembre de 2014

Archivo de SalamancaSiegfried Lenz (Lyck, Prusia oriental, 1926) fue uno de los es­critores de la posguerra alemana más respetados y leídos del país. A lo largo de su obra intentó explorar la culpabilidad de sus com­patriotas en los horrores del nazismo y luchó para dar forma a una nueva identidad nacional. Hace quince días murió en Hamburgo. Tenía 88 años y a lo largo de su prolífica y exitosa vida de escritor había logrado vender más de 30 millones de ejemplares.

La ministra alemana de cultura defendió bien su valioso trabajo. “No reprimir la propia historia, sino superarla”. Con este convencimiento, Lenz contribuyó, como autor de la generación de posguerra, a restablecer la fama de Alemania como nación de cultura”, señaló la ministra. Refrito.

«Nos quedará para siempre su sentido de la responsabilidad ciudadana», decía el presidente de la Academia de las Artes de Berlín, Staeck. Todos se han referido a la labor de Lenz -que tomó como una especie de misión personal a lo largo de toda una vida- de procesar intelectualmente el pasado nazi de Alemania hasta hacerlo digerible a las futuras generaciones, para que pudiesen extraer cuanto nutriente ético pudiera proporcionar la experiencia vivida. Así, hizo gravitar sobre sus relatos todo el peso de la culpa y las heridas de la guerra, identificándola con una losa que persigue a los supervivientes y como el lastre invisible de los amigos perdidos en la batalla y de los errores cometidos.

En el polo opuesto, en España el relator especial, Pablo de Greiff reconoce que hay mucha información sobre el periodo franquista, si bien “está sumamente dispersa”. Constata que “no existen censos oficiales de víctimas ni datos oficiales sobre el número total de víctimas de la Guerra Civil y la dictadura”, mientras persisten “temas subexplorados”, como los trabajos forzosos, niños robados, la represión o la implicación de empresas privadas “en la comisión de violaciones de los derechos humanos”. Pese a alabar el trabajo que realizan asociaciones y fundaciones, De Greiff centra sus lamentos en que la Ley de Transparencia 19/2013 “no haya sido la oportunidad para abordar los vacíos legales” para acceder a los archivos y fondos documentales, así como a la documentación que, “invocando riesgos para la seguridad nacional” sigan clasificados.

Por todo esto Borja de Riquer y tres centenares de investigadores han protestado por el cierre con siete llaves de los archivos españoles. Y es que la consulta de la documentación de algunos archivos históricos españoles se ha convertido en un tema extremadamente polémico que puede acabar en un escándalo de alcance internacional. Las dificultades con que se encuentran los investigadores a la hora de trabajar en los archivos públicos derivan de las insuficiencias y las contradicciones de la política archivística española. Hoy es una evidencia que la ley del Patrimonio Histórico Español de 1985 es obsoleta, entre otras cosas, porque se contradice con la ley de Protección de Datos de 1999 y con la reciente ley de Transparencia. Persisten las arbitrariedades a la hora de interpretar cuáles son los datos personales que pueden realmente afectar “a la seguridad, al honor de las personas, a la intimidad privada y a familiar, y a la propia imagen”. Y eso hace que muchos responsables de archivos se vean obligados a interpretar una normativa poco precisa y a actuar a menudo como censores, restringiendo el acceso a muchos documentos.

Hay dos sentencias del Tribunal Constitucional que afectan a esta cuestión que tendrían que servir de directriz máxima. La sentencia de Francisco Tomás y Valiente del 14 de febrero de 1992 defendía el predominio del “interés público de la información sobre el hipotético derecho al honor”. Según esta sentencia, las restricciones tendrían que ser una excepción y siempre habría que dar prioridad al “derecho a la información veraz”. La otra fue la redactada por María Emilia Casas el 23 de febrero del 2004, y afectó al famoso programa de TV3 dirigido por Dolors Genovès sobre el consejo de guerra a Manuel Carrasco i Formiguera. La sentencia fue bien clara: había de “prevalecer el derecho a la difusión pública de las investigaciones sobre el derecho al honor de las personas cuando la información se ajusta a los usos y métodos característicos de la ciencia histórica”.

Los últimos años se han producido unos hechos realmente inaceptables en dos archivos españoles que hay que denunciar públicamente. El actual ministro de Defensa, Pedro Morenés, ha vetado la desclasificación de unos 10.000 documentos militares correspondientes a los años 1936-1968, aunque la anterior ministra, Carme Chacón, había autorizado su consulta y eventual reproducción. Mucho más grave es lo que pasa con la documentación histórica del archivo del Ministerio de Asuntos Exteriores y Cooperación. El 15 de octubre del 2010, a propuesta del ministro Miguel Ángel Moratinos, el Consejo de Ministros declaró como secreta y reservada gran parte de la documentación sobre la actividad diplomática, las relaciones internacionales y la política exterior españolas sin fijar una limitación temporal, por lo cual esta restricción podía afectar tanto a la documentación del siglo XX como a la del XVIII. Parece que el escándalo Wikileaks influyó bastante en este acto, inaceptable en cualquier Estado democrático, dado que incumple la legislación española y la internacional. El ministro utilizó el argumento que se hacía eso con el fin de garantizar “la seguridad y la defensa del Estado”, y para hacerlo utilizó la vieja ley franquista de Secretos Oficiales de 5 de abril de 1968. Pero la cosa no acaba aquí. Hace unos meses, el actual ministro de Asuntos Exteriores, García Margallo, ha tomado una medida drástica que ha significado la interrupción de numerosas investigaciones que hacían historiadores españoles y extranjeros: ha decidido el cierre del archivo histórico del Ministerio de Exteriores con la excusa de que todos sus fondos se trasladan al Archivo Histórico Nacional y al Archivo General de la Administración, en Alcalá de Henares.

Estas actuaciones de ministros del Gobierno Rajoy suponen una clara vulneración de los derechos de los ciudadanos para acceder a la documentación histórica y un incumplimiento flagrante de acuerdos y normativas internacionales (Consejo de Europa, Consejo Internacional de Archivos, Unesco, etcétera). La existencia de políticos que vetan el acceso a la documentación, o dificultan su consulta, refleja la limitada calidad de la democracia española. Impedir el libre conocimiento del pasado es una violación directa de los derechos humanos, de unos derechos tan básicos y elementales como cualquiera de los que conforman una democracia plena. Son ya numerosas las asociaciones y los grupos de historiadores que han protestado por estos hechos y que piensan denunciarlos ante organismos internacionales.

El poder del Estado sobre los archivos no puede derivar en una excesiva consideración sobre su titularidad y en la creencia de que no se trata de un servicio público. Los administradores del poder no pueden actuar como si los archivos fueran suyos, del Gobierno, y no de todos los ciudadanos. Esta actitud del Gobierno Rajoy contrasta con la adoptada por el Ejecutivo argentino que, ha puesto a disposición de todo el mundo la documentación confidencial de las fuerzas armadas (actas Secretas de la Junta Militar de 1976-1983, “listas negras” de intelectuales, artistas, periodistas…) localizada recientemente en un cuartel de Buenos Aires. Las lecciones de democracia se dan con hechos, no con palabras.

Con todos estos antecedentes tan trabajados y escritos por Borja de Riquer y cientos de los investigadores presentamos y defendimos en octubre una moción en el Senado con tres puntos.

Moción

El Senado insta al Gobierno a:

1.- Cumplir los criterios de la Unión Europea sobre el acceso a los archivos históricos que se rige por la “norma de los treinta años”: los documentos se abren al público treinta años después de su fecha de creación.

2.- Permitir que los Archivos de los Ministerios de Asuntos Exteriores y de Defensa puedan ser consultados por los investigadores.

3.- Revisar la Ley de Secretos Oficiales para que no haya ningún impedimento legal a esta labor histórica y de transparencia.

Todos los Grupos la apoyaron. ¿Quién no lo hizo?. El PP. Y la Moción fue directamente al cesto de los papeles. La democracia en España brilla por su ausencia.