Buen ejemplo el de Pepe Mujica.

Lunes 17 de febrero de 2020

Esta entrevista al ex presidente de Uruguay, Pepe Mujica se la hicieron la semana pasada. Dice cosas de interés que vale la pena reseñar. Tiene 85 años y sigue opinando y en activo.

El expresidente volvió la semana pasada a la política, y lo hizo desde el mismo convencimiento con el que la abandonó: evitar la polarización entre los uruguayos.

Horas antes de regresar a su escaño en el Senado, esta vez desde la oposición, confiesa que dio un paso atrás para no contribuir «a polarizar» su país y crear «una grieta» política como la que, en sus palabras, vive Argentina.

Desde la cocina de su finca ubicada en las afueras de Montevideo, el Pepe, como muchos le conocen, interrumpe el lavado de su vajilla para dedicar unos minutos a tomar mate y charlar.

¿Usted hace dos años dijo «me retiro, quiero descansar un poco». ¿Qué pasó? ¿Se fue el cansancio?

-Lo que dije fue «cansancio del largo viaje». No es que se haya ido el cansancio, es que yo soy un militante social y político, tengo 71 años de militante. Entonces, a esta altura es una forma de vida pero soy consciente de mis años y de que el mundo está cambiando aceleradamente ni para mejor ni para peor, sino para distinto.

El tiempo que viene es digital, es de dos idiomas, tiene una cantidad de cosas que no son de mi tiempo pero siempre dije que el mejor dirigente no es el que hace más, sino el que deja gente que lo supere con ventaja en el tiempo porque la vida y la lucha continúa. Hay una parte importante en nuestra sociedad que nos quiere mucho, hace cerca de 20 años que nuestra lista es la más votada en el país y aún perdiendo el gobierno curiosamente nuestra lista sigue siendo la más votada (…).

Voy a estar en el Senado con mis compañeros jóvenes tratando de impulsar algunas ideas que tengo pero mi suplente es brillante (Alejandro Sánchez), tiene 36 años, y creo que vale la pena abrirle cancha y a algunos otros que están por ahí y es lo que estoy haciendo.

Estoy viejo pero no destruido, la computadora de acá -señala su cabeza- me funciona por ahora, más o menos, y el cuerpo está achacoso pero es un lujo para la vida que he tenido, es maravilloso llegar a los 85 años y no estar lelo, subirse arriba del tractor y todo lo demás. De vez en cuando tengo calambres, dolor de rodillas y todas cosas de viejo pero yo debo de gritarle gracias a la vida.

¿Dudó de presentarse de vuelta en la lista?

-Yo estuve muy presionado para ser candidato a la Presidencia y no quise. No quise no solo cascoteado (golpeado) por mi edad y la experiencia, yo no quería contribuir a polarizar el país.

Yo no quiero un país como en la Argentina, con la grieta, medio país contra medio país. No quiero, lo detesto, porque somos un país de cuatro gatos locos, tres millones y poco. No podemos darnos el lujo de tener medio país contra medio país porque nos vamos al carajo y renuncié porque yo sé que polarizaba.

Lamento que me parece que hay gente que no se da cuenta de eso, el peor veneno de este país es la polarización. Veremos lo que pasa.

Usted decía que tiene algunas ideas para esta legislatura, ¿hacia dónde apuntan?

-Estamos en un cambio del capitalismo en la época que vivimos, lo que más crecen económicamente en el mundo son las empresas trasnacionales. Nuestras burguesías nacionales son familiares, no pueden competir con ellos. ¿Y qué les pasa?.

Se ponen de rentistas, compran un pedazo de campo y lo alquilan, compran unos apartamentos y los alquilan o hacen inversiones en bonos, no emprenden en empresas que multipliquen la riqueza. El Uruguay tiene 24 mil millones de dólares de plata fuera y estamos pidiendo que inviertan acá, ¿por qué? porque esa burguesía no puede competir con esos equipos.

Creo que la respuesta es la que tienen los chinos o los vietnamitas: el Estado tiene que transformarse en socio minoría, dejar que líos privados administren pero en lugar que invierta un banco o accionista, que invierta el Estado, que tenga una parte, un 30 o 40% y de ahí saca renta, para que lo entiendan va a ser difícil.

Un letrerito a Sabino Arana en el Café Iruña de Pamplona

Domingo 16 de febrero de 2020

José Mari Esparza, editor de Txalaparta, me envió este trabajo suyo que aparece  en su libro Vasconavarros. No la conocía. Tiene su interés. Dice así:

 “Las primeras referencias sobre una bandera  son las de Soraluce, citando la bandera que sacó en París en 1881, basada, según dice, en otras banderas antiguas. Fue el precedente de la ikurriña. Los historiadores dicen que la bandera vasca o ikurriña, diseñada por los hermanos Arana Goiri, se izó por vez primera en el Batzoki de Bilbao el 14 de julio de 1894. Sin embargo, el curioso testimonio de un tafallés, Teodoro Galarza, aseguraba haberla visto en la manifestación celebrada en Castejón, con motivo de la Gamazada, el 18 de febrero del mismo año. 

En sus Memorias de un liberal, cuenta Galarza que siendo joven acudió a Castejón a recibir a la Diputación, con una bandera de la juventud republicana tafallesa. En medio de la muchedumbre, entre cientos de banderas y estandartes carlistas y conservadores, destacaba la única bandera republicana y otra, distinta de las demás. Como una curiosa e inevitable atracción, las dos banderas se fueron acercando a través del gentío. Galarza se encontró ante un desconocido que la portaba y se produjo el siguiente diálogo:

-No hay aquí una bandera como la suya.

-Tampoco como la suya.

-Yo me llamo Teodoro Galarza Arrambide, de la Juventud Republicana de Tafalla que me ha delegado para traer este estandarte. Pero, ¿cuál es esa bandera que usted trae?

-Es la bandera de un partido nuevo que estoy formando. Yo soy de Bilbao. Me llamo Sabino Arana y Goiri.

Iñaki Egaña coincide con este testimonio al decir que la ikurriña fue diseñada en el Café Iruña de Pamplona, en 1894, en plena agitación de la Gamazada. Luis Arana Goiri plasmó las ideas de su hermano en un boceto. La bicrucífera fue tejida a toda prisa por Juana Irujo, para poder llevarla al acto patriótico de Castejón donde miles de navarros acudieron a recibir a la Diputación Foral y donde la vio el republicano tafallés. A partir de entonces la enseña tuvo una rápida difusión.

 En las provincias de Iparralde fue asumida con naturalidad y, sin ningún matiz político, pronto adquirió rango de oficialidad junto a la bandera francesa, incluso en ceremonias militares. En Navarra fue popularizándose en batzokis, fiestas y grupos folclóricos, hasta su prohibición definitiva en 1936.

Durante todo el franquismo fue el símbolo de la resistencia, y fue admitida sin reparos por todo el abanico político de la oposición. El 16 de enero de 1977, el Grupo de Alcaldes Vascos, reunidos en Etxarri-Aranatz, conminó al Gobierno a su legalización, y amenazó con dimitir en caso contrario. Tres días más tarde, el ministerio de Gobernación la autorizaba. Todo el país se inundó de ikurriñas artesanas, pero también industriales, encargadas en un momento difícil a una empresa textil catalana por Idoia Estornés.

 Los ayuntamientos de Etxarri, Lesaka, Huarte y Estella fueron de los primeros en colocarla. Pamplona fue la primera capital vasca cuyo Ayuntamiento aprobó su izada. El 25 de enero, al colocarla en el balcón consistorial y ante la gente que abarrotaba la plaza, el alcalde Erice manifestó: “Espero que nunca olvidéis el momento que estamos viviendo”. Los vecinos saludaron la decisión desde la plaza cantando el Eusko Gudariak, antes de que los grises los disolvieran a golpes. 

El 30 de junio, la nueva corporación democrática aprueba un escrito remitido por el PSOE, Partido Carlista, grupos nacionalistas, comunistas y otros, que suman el 59,25% de los votos de las primeras elecciones realizadas, y que exige que “a la mayor brevedad, sea izada la ikurriña en el balcón del Ayuntamiento (…) como expresión de nuestra pertenencia fundamental a la Comunidad Vasca, cuyo símbolo universal es la bandera bicrucífera”. Siguiendo el ejemplo de la capital, en buena parte de ayuntamientos navarros se colocó la enseña, unos de forma oficial, otros de forma oficiosa. En algunos casos, como Tafalla, se produjeron grandes recogidas de firmas, y fueron los últimos ayuntamientos franquistas los que la colocaron ante la presión popular. Pueblos de la Zona Media y Ribera la colocaron con naturalidad: Falces, Villafranca, Larraga, Tafalla, Arróniz, Aibar… 

Dos pueblos, Agoitz y Villaba-Atarrabia, convocaron referéndums, y en ambos casos se ganaron con holgura. En el caso de Atarrabia, en 1977, el resultado fue favorable por un 63% frente al 37%. En Otsababia sin embargo el resultado fue negativo, mientras que en Aibar el Gobernador Civil prohibió la consulta. (Baraibar, Historia y memoria de los símbolos…) Si no se hicieron más consultas directas fue porque era evidente la aceptación mayoritaria, corroborada además por los recientes resultados electorales que habían dado la victoria a los partidos partidarios de colocarla. Todas la Peñas de Pamplona y muchas sociedades de toda Navarra la aceptaron como propia y la incluyeron en sus locales.

Aprobada la Constitución Española y una vez decidida en Madrid la separación institucional de Navarra y la Comunidad Autónoma Vasca, comienza la marcha atrás del PSOE en todo lo que había dicho y sostenido desde el Frente Popular de 1936. Uno de los temas más sensibles, fue la retirada de las ikurriñas de las casas consistoriales, después de que se habían colocado como símbolo de libertad frente al franquismo. En octubre de 1980, la mayoría de la Diputación de Navarra la prohibió en los ayuntamientos navarros. 

En 1981 se aprueba en el Parlamento Navarro la Ley de Regulación de Banderas. Durante años, la Guardia Civil y los vecinos se emplearon a fondo en una batalla interminable. Sólo en Etxarri Aranatz, hasta el año 1994, la ikurriña fue retirada por los guardias y repuesta por los vecinos y concejales en 41 ocasiones. El 10 de diciembre de 1981, tras cuatro años en el balcón, el Ayuntamiento de Pamplona retiró la bandera en medio de una gran polémica. 

La decisión fue tomada con los votos del PSOE, UCD y UPN. El PSOE tuvo que expulsar a uno de sus históricos concejales, Manuel López Balda, por sostener la misma postura que mantuvo en 1977. En algunos pueblos hubo grandes enfrentamientos. De Tafalla fue retirada en febrero de 1982, en medio de un pleno tumultuoso que terminó con cargas policiales. Las peticiones de hacer referéndums sobre el tema fueron denegadas. En 1988 fue disuelto el grupo municipal de Dantzaris del Ayuntamiento de Iruñea, por negarse a bailar sin ella. Poco tiempo después ocurría lo mismo con el de Tafalla. Sin embargo en muchos pueblos se siguió colocando con normalidad, al haber mayorías municipales proclives a ella o tolerantes con el sentir de los vecinos.

En el año 2003, dentro de una campaña continuada contra todo signo de identidad vasca del territorio, desde el Gobierno de Navarra el grupo UPN consiguió poner en marcha una llamada Ley de Símbolos, aprobada con el apoyo del CDN y del PSOE. Esta ley venía a continuar la de Regulación de Banderas de 1981 y el acuerdo de la Diputación de 1980, prohibiéndola en los ayuntamientos. Incluía sanciones a aquellos ayuntamientos que mantuvieran la enseña vasca en sus casas consistoriales.

El tema era especialmente peliagudo en localidades como Atarrabia-Villava o Agoitz, donde se había colocado previo referéndum entre los vecinos. La decisión de retirar la enseña de ambos pueblos acarreó fuertes protestas y expedientes a concejales del PSOE que votaron a favor de respetar la decisión que el pueblo tomó en su día. Al final, algunos pueblos como Atarrabia, Etxauri o Uharte la colocaron fuera del balcón consistorial, en mástiles de la plaza, pero eso también fue perseguido por el gobierno navarro y los jueces, que ordenaron en 2008 su retirada. Presionados por la Ley, se tuvo que quitar de ayuntamientos como Aibar-Oibar o Arronitz, donde había ondeado durante 25 años.

En medio de la polémica, la Guardia Civil elaboró un informe y señaló que, todavía en el 2008, ocho ayuntamientos navarros (Etxarri Aranatz, Goitzueta, Iturmendi, Leitza, Olazti, Urdiain, Etxauri y Arribe-Atallu) seguían utilizando la ikurriña contrariando la Ley de Símbolos. Pero el malintencionado informe policial tenía una curiosa y significativa segunda parte: de los 266 municipios navarros tan sólo 20, colocaban la bandera española, tal como obligaba la misma Ley de Símbolos. El 92% no colocaba ningún tipo de símbolo. 

Y es que la oficialidad y la realidad, en Navarra, siguen caminos muy dispares”.

Euskadi o Euskal Herria

Sábado 15 de febrero de 2020

Iñaki Azkoaga, de Arrasate, es un consultor senior jubilado que reflexiona sobre asuntos varios y uno de ellos no deja de tener su interés, como es el del nombre que se le quiere dar a la nación de los vascos. Es un asunto que le interesa y ha  escrito un ensayo al que ha titulado «Vasco, ¿cómo se llama tu país?.» El autor lo ha acompañado de numerosas ilustraciones y tablas para hacer su lectura fácil y agradable

Yo he discrepado, discrepo y discreparé  de esa iniciativa, profundamente antisabiniana que de la noche a la mañana y gracias al poderío de EITB  y gentes vinculadas a la IA  están tratando de que lo que durante ochenta años llamamos Euzkadi o Euskadi sea ahora Euskal Herria por mor de un miembro de ETA que decidió iniciar una campaña al efecto. Los comunicados de ETA pasaron de llamar a Euzkadi-Euskadi para denominarla Euskal Herria.

Lo curioso del caso es que cuando nació ETA (Euzkadi ta Askatasuna) en los años sesenta se llamó así en virtud de que había detrás setenta años de lucha, una administración de guerra con este nombre, el discurso políticos de Aguirre y Leizaola, una asunción del mundo de la izquierda no nacionalista así como del  grito desesperado de cientos de gudaris y milicianos muriendo con su nombre en los labios  sin olvidarnos de la  persecución franquista a la denominación  sabiniana asumida que no era tal  inquina para Euskal Herria  ese vocablo cultural y geográfico que ya existía en tiempos de Sabino Arana, pero que éste quiso darle una dimensión política  e innovó como innovó en otros campos, por ejemplo en el nomenclator. Me llamo Iñaki como Iñaki Azkoaga se llama Iñaki por iniciativa de Sabino Arana que quiso vasquizar los nombres religiosos de su época.

Entiendo que Navarra tiene títulos más que acreditados para que se llame así el País de los Vascos pues no en vano fue estado, fue reino, hasta que «con hurto y engaño» Fernando el Católico hizo el resto ,pero para eso tendría que haber en marcha ya una unión de los tres territorios de la Euzkadi peninsular. Y digo peninsular, que así se llamaba lo que hoy se denomina desacertadamente Hegoalde ya que Iparralde geográficamente comprendería de Bayona a Santurtzi. Pero no es el caso. Es otra discusión más.

Respeto la argumentación de Iñaki Azkoaga, pero no la comparto. Lo haría si detrás de esa asunción de Euskal Herria no hubiera habido esa espuria campaña de omitir una realidad y darle pábulo a otra para calculadamente meternos lo de Euskal herria  nombre repito, permitido durante el franquismo y hecho en los últimos tiempos ,por puro antisabinianismo. La prueba es que EH Bildu se llama así.

Desgraciadamente la historia y los hechos han sido así.

Iñaki Azkoaga me ha enviado su último trabajo al respecto que reproduzco a continuación. Es éste:

He tenido la ocasión de leer, también vía twiter, el artículo de @AndoniUnzalu publicado el pasado 18 de enero en El Correo con el título “Euskadi o Euskal Herria”. Nunca me dejan de soprender las plumas que son capaces de llegar a una tesis predeterminada con recovecos surgidos de ideas creadas ex-profeso, haciendo su lectura atractiva para el ávido lector.

Así es cómo trata de situar la disyuntiva del nombre en el campo del nacionalismo vasco, atacando a este por no incorporar abiertamente en las propuestas de nuevo estatus el término Euskadi, tal y como él propone. Se olvida de que fue una decisión de la ponencia, en la que participa todo el arco político,  dejar la cuestión del nombre para un momento posterior.

Para demostrar su tesis plantea ideas como que – el nacionalismo vasco no quiere fijar el término Euskadi porque ha sido interiorizado por la generalidad de la ciudadanía, algo que al nacionalismo le incomoda porque no lleva su marca, – como desean dejar su impronta se esmeran en dotar a todos los nombres una palabra adicional para que su significado sea propio del campo nacionalista, – la traducción de Euskal Herria por Vasconia puede ser reminiscencia de F. Krutwig, etc. Todo ello para llegar a desdeñar, por desleales, conceptos como la bilateralidad o el concierto político. Es decir, planteamientos que arrastran a la política, a su visión de la política, partiendo del nombre.

Quiero ser asertivo con Andoni, sus razonamientos suelen ser interesantes, independientemente de estar de acuerdo o no con sus planteamientos. Pero ese uso de la dialéctica manoseando un concepto -el del nombre- que debemos solucionar entre todos, me parece algo déjà vue al que me resisto volver.

Entiendo también que somos muchos, una mayoría diría, quienes queremos solucionar el tema del nombre de forma que no importe si uno es nacionalista-no nacionalista, nacionalista vasco-nacionalista español, izquierda-derecha, liberal-intervencionista o político-apolítico,  lo que quiere decir que no moleste a casi nadie y todos -he dicho todos-  independientemente de su ideología-no ideología se sientan incluidos.

Debe ser que llevo años dando vueltas a este tema del denominativo del país de los vascos, para lo que siempre he mantenido como postulado básico el que el nombre que se adopte sea  inclusivo, no margine ninguna identidad, ni ideología y evite fricciones sociales. Y estoy seguro que con esta premisa, además de las personas normales y corrientes, están de acuerdo todos los partidos políticos de arco parlamentario de nuestro país.

Ello exige probablemente un gran esfuerzo, primero para escuchar, luego madurar y por último discernir, para ponerlo en común y llegar a un acuerdo. Lo que me permite recordar un concepto que le debo a  Innerarity cuando opina, con palabras más atinadas que estas, que un buen acuerdo no satisface enteramente a nadie porque, para lograrlo, todas las partes se dejan algún pelo en la gatera.

Como en varias ocasiones he manifestado, soy de la opinión de que hay que buscar la solución de forma razonada y partiendo de la realidad actual. Además de tener voluntad de resolución, esto requiere una premisa adicional, es necesario aceptar que tenemos un problema, un gran problema, con el nombre.

Para visualizarlo basta con repasar el Libro de Estilo de EiTB en el que los autores han sido incapaces de resolver el problema y atinar con una solución completa, o ver la imagen de la deportista que compite con tres o cuatro nombres en su camiseta, por no recordar que seguimos con una selección de fútbol sin nombre, y así podría poner un sinnúmero de ejemplos. Vale también leer el artículo que da pie a este comentario.

Necesitamos una solución para denominar al conjunto antropológico cultural del País Vasco, es decir, el compuesto por gentes de la Communauté d’agglomération Pays Basque, de la Comunidad Foral de Navarra y de los territorios de la actual Comunidad Autónoma de Euskadi o del País Vasco. Necesitamos también una solución compartida para denominar a cada una de las partes políticas en que esta realidad cultural está dividida, de forma que ninguna invada a la otra. Y tenemos que resolverlo de manera que funcione en euskera, castellano, francés, inglés y todos los idiomas del mundo.

El problema a mi entender, aunque viene de mucho antes, se acrecentó con la redacción y posterior aceptación del denominativo que se le da a la Comunidad Autónoma de Euskadi o del País Vasco en el actual estatuto, donde sólo una parte del conjunto del país de los vascos se arrogó el nombre o los nombres que correspondían a la totalidad del ámbito antropológico cultural.

Porque, seamos serios, al llamarse Euskadi o País Vasco, se ha invadido y usurpado el nombre propio que corresponde al conjunto. Y no ha sido cosa de nacionalistas solamente, porque los socialistas han jugado el mismo papel, han participado en las instituciones y  lo han aprobado de igual manera, desde el mismo principio.

Por eso no me gusta la dicotomía planteada, de que los nacionalistas son los culpables, eso de que ellos tienen que destacar, mientras los no nacionalistas, supongo que también los socialistas, no han sido cómplices, pues les basta con aceptar con normalidad el nombre País Vasco o Euskadi. Porque, precisamente, es este denominativo invasivo el causante del problema.

Tampoco me parece acertada la equivalencia recogida en el título del artículo, porque hoy, tal y como se usan, no son tan sinónimos o alternativos Euskadi y Euskal Herria. La realidad es que el término Euskadi, cada vez más, se ciñe a la actual Comunidad Autónoma de Euskadi, aunque, para muchos, supone un menoscabo añadido. Y de ello tienen tanta culpa o acierto unos como otros y me refiero a todos los partidos políticos, sin exclusión.

Por último, me gustaría dirigirme personalmente a Andoni.  Quizás tengas noticia de las soluciones que voy a aportando al problema, de todas formas puedes consultarlas en mi blog.  Podrás comprobar que el término Euskadi juega su role, al igual que Euskal Herria y que las propuestas planteadas atienden a todas las sensibilidades. Son alternativas pragmáticas, que seguramente dejan a muchos algo insatisfechos, pero que tratan de desbrozar un camino para el encuentro. Hasta ahora todos los comentarios que voy recibiendo son positivos.

Recordándote, como planteas, que todo nombre es un convencionalismo, te invito a convenir para tratar de dar con una solución aceptable para todos. Gura baduzu, hemen daukazu bidelaguna.