Esta entrevista al ex presidente de Uruguay, Pepe Mujica se la hicieron
la semana pasada. Dice cosas de interés que vale la pena reseñar. Tiene 85 años
y sigue opinando y en activo.
El expresidente volvió la
semana pasada a la política, y lo hizo desde el mismo convencimiento con el que
la abandonó: evitar la polarización entre los uruguayos.
Horas
antes de regresar a su escaño en el Senado, esta vez desde la oposición,
confiesa que dio un paso atrás para no contribuir «a polarizar» su
país y crear «una grieta» política como la que, en sus palabras, vive
Argentina.
Desde la cocina de su finca ubicada en las afueras de Montevideo, el Pepe, como muchos le conocen, interrumpe el lavado de su vajilla para dedicar unos minutos a tomar mate y charlar.
¿Usted
hace dos años dijo «me retiro, quiero descansar un poco». ¿Qué pasó?
¿Se fue el cansancio?
-Lo
que dije fue «cansancio del largo viaje». No es que se haya ido el
cansancio, es que yo soy un militante social y político, tengo 71 años de
militante. Entonces, a esta altura es una forma de vida pero soy consciente de
mis años y de que el mundo está cambiando aceleradamente ni para mejor ni para
peor, sino para distinto.
El
tiempo que viene es digital, es de dos idiomas, tiene una cantidad de cosas que
no son de mi tiempo pero siempre dije que el mejor dirigente no es el que hace
más, sino el que deja gente que lo supere con ventaja en el tiempo porque la
vida y la lucha continúa. Hay una parte importante en nuestra sociedad que nos quiere
mucho, hace cerca de 20 años que nuestra lista es la más votada en el país y
aún perdiendo el gobierno curiosamente nuestra lista sigue siendo la más votada
(…).
Voy a
estar en el Senado con mis compañeros jóvenes tratando de impulsar algunas ideas
que tengo pero mi suplente es brillante (Alejandro Sánchez), tiene 36 años, y
creo que vale la pena abrirle cancha y a algunos otros que están por ahí y es
lo que estoy haciendo.
Estoy
viejo pero no destruido, la computadora de acá -señala su cabeza- me funciona
por ahora, más o menos, y el cuerpo está achacoso pero es un lujo para la vida
que he tenido, es maravilloso llegar a los 85 años y no estar lelo, subirse
arriba del tractor y todo lo demás. De vez en cuando tengo calambres, dolor de
rodillas y todas cosas de viejo pero yo debo de gritarle gracias a la vida.
¿Dudó
de presentarse de vuelta en la lista?
-Yo estuve muy
presionado para ser candidato a la Presidencia y no quise. No quise no solo
cascoteado (golpeado) por mi edad y la experiencia, yo no quería contribuir a
polarizar el país.
Yo no quiero un país
como en la Argentina, con la grieta, medio país contra medio país. No quiero,
lo detesto, porque somos un país de cuatro gatos locos, tres millones y poco.
No podemos darnos el lujo de tener medio país contra medio país porque nos
vamos al carajo y renuncié porque yo sé que polarizaba.
Lamento que me parece
que hay gente que no se da cuenta de eso, el peor veneno de este país es la
polarización. Veremos lo que pasa.
Usted decía que tiene
algunas ideas para esta legislatura, ¿hacia dónde apuntan?
-Estamos en un cambio
del capitalismo en la época que vivimos, lo que más crecen económicamente en el
mundo son las empresas trasnacionales. Nuestras burguesías nacionales son
familiares, no pueden competir con ellos. ¿Y qué les pasa?.
Se ponen de rentistas,
compran un pedazo de campo y lo alquilan, compran unos apartamentos y los
alquilan o hacen inversiones en bonos, no emprenden en empresas que
multipliquen la riqueza. El Uruguay tiene 24 mil millones de dólares de plata
fuera y estamos pidiendo que inviertan acá, ¿por qué? porque esa burguesía no
puede competir con esos equipos.
Creo que la respuesta
es la que tienen los chinos o los vietnamitas: el Estado tiene que
transformarse en socio minoría, dejar que líos privados administren pero en
lugar que invierta un banco o accionista, que invierta el Estado, que tenga una
parte, un 30 o 40% y de ahí saca renta, para que lo entiendan va a ser difícil.
José Mari Esparza, editor de Txalaparta, me envió este trabajo suyo que
aparece en su libro Vasconavarros. No la conocía. Tiene su interés. Dice
así:
“Las primeras referencias sobre una
bandera son las de Soraluce, citando la bandera que sacó en París en
1881, basada, según dice, en otras banderas antiguas. Fue el precedente de la
ikurriña. Los historiadores dicen que la bandera vasca o ikurriña, diseñada por
los hermanos Arana Goiri, se izó por vez primera en el Batzoki de Bilbao el 14
de julio de 1894. Sin embargo, el curioso testimonio de un tafallés, Teodoro
Galarza, aseguraba haberla visto en la manifestación celebrada en Castejón, con
motivo de la Gamazada, el 18 de febrero del mismo año.
En sus Memorias de un liberal, cuenta Galarza
que siendo joven acudió a Castejón a recibir a la Diputación, con una bandera
de la juventud republicana tafallesa. En medio de la muchedumbre, entre cientos
de banderas y estandartes carlistas y conservadores, destacaba la única bandera
republicana y otra, distinta de las demás. Como una curiosa e inevitable
atracción, las dos banderas se fueron acercando a través del gentío. Galarza se
encontró ante un desconocido que la portaba y se produjo el siguiente diálogo:
-No hay aquí una
bandera como la suya.
-Tampoco como la suya.
-Yo me llamo Teodoro
Galarza Arrambide, de la Juventud Republicana de Tafalla que me ha delegado
para traer este estandarte. Pero, ¿cuál es esa bandera que usted trae?
-Es la bandera de un
partido nuevo que estoy formando. Yo soy de Bilbao. Me llamo Sabino Arana y
Goiri.
Iñaki Egaña coincide
con este testimonio al decir que la ikurriña fue diseñada en el Café Iruña de
Pamplona, en 1894, en plena agitación de la Gamazada. Luis Arana Goiri plasmó
las ideas de su hermano en un boceto. La bicrucífera fue tejida a toda prisa
por Juana Irujo, para poder llevarla al acto patriótico de Castejón donde miles
de navarros acudieron a recibir a la Diputación Foral y donde la vio el
republicano tafallés. A partir de entonces la enseña tuvo una rápida difusión.
En las
provincias de Iparralde fue asumida con naturalidad y, sin ningún matiz
político, pronto adquirió rango de oficialidad junto a la bandera francesa,
incluso en ceremonias militares. En Navarra fue popularizándose en batzokis,
fiestas y grupos folclóricos, hasta su prohibición definitiva en 1936.
Durante todo el
franquismo fue el símbolo de la resistencia, y fue admitida sin reparos por
todo el abanico político de la oposición. El 16 de enero de 1977, el Grupo de
Alcaldes Vascos, reunidos en Etxarri-Aranatz, conminó al Gobierno a su
legalización, y amenazó con dimitir en caso contrario. Tres días más tarde, el
ministerio de Gobernación la autorizaba. Todo el país se inundó de ikurriñas
artesanas, pero también industriales, encargadas en un momento difícil a una
empresa textil catalana por Idoia Estornés.
Los
ayuntamientos de Etxarri, Lesaka, Huarte y Estella fueron de los primeros en
colocarla. Pamplona fue la primera capital vasca cuyo Ayuntamiento aprobó su
izada. El 25 de enero, al colocarla en el balcón consistorial y ante la gente
que abarrotaba la plaza, el alcalde Erice manifestó: “Espero que nunca olvidéis
el momento que estamos viviendo”. Los vecinos saludaron la decisión desde la
plaza cantando el Eusko Gudariak,
antes de que los grises los disolvieran a golpes.
El 30 de junio, la
nueva corporación democrática aprueba un escrito remitido por el PSOE, Partido
Carlista, grupos nacionalistas, comunistas y otros, que suman el 59,25% de los
votos de las primeras elecciones realizadas, y que exige que “a la mayor
brevedad, sea izada la ikurriña en el balcón del Ayuntamiento (…) como
expresión de nuestra pertenencia fundamental a la Comunidad Vasca, cuyo símbolo
universal es la bandera bicrucífera”. Siguiendo el ejemplo de la capital, en
buena parte de ayuntamientos navarros se colocó la enseña, unos de forma
oficial, otros de forma oficiosa. En algunos casos, como Tafalla, se produjeron
grandes recogidas de firmas, y fueron los últimos ayuntamientos franquistas los
que la colocaron ante la presión popular. Pueblos de la Zona Media y Ribera la
colocaron con naturalidad: Falces, Villafranca, Larraga, Tafalla, Arróniz,
Aibar…
Dos pueblos, Agoitz y
Villaba-Atarrabia, convocaron referéndums, y en ambos casos se ganaron con
holgura. En el caso de Atarrabia, en 1977, el resultado fue favorable por un
63% frente al 37%. En Otsababia sin embargo el resultado fue negativo, mientras
que en Aibar el Gobernador Civil prohibió la consulta. (Baraibar, Historia y memoria de los símbolos…)
Si no se hicieron más consultas directas fue porque era evidente la aceptación
mayoritaria, corroborada además por los recientes resultados electorales que
habían dado la victoria a los partidos partidarios de colocarla. Todas la Peñas
de Pamplona y muchas sociedades de toda Navarra la aceptaron como propia y la
incluyeron en sus locales.
Aprobada la
Constitución Española y una vez decidida en Madrid la separación institucional
de Navarra y la Comunidad Autónoma Vasca, comienza la marcha atrás del PSOE en
todo lo que había dicho y sostenido desde el Frente Popular de 1936. Uno de los
temas más sensibles, fue la retirada de las ikurriñas de las casas
consistoriales, después de que se habían colocado como símbolo de libertad
frente al franquismo. En octubre de 1980, la mayoría de la Diputación de
Navarra la prohibió en los ayuntamientos navarros.
En 1981 se aprueba en
el Parlamento Navarro la Ley de Regulación de Banderas. Durante años, la
Guardia Civil y los vecinos se emplearon a fondo en una batalla interminable.
Sólo en Etxarri Aranatz, hasta el año 1994, la ikurriña fue retirada por los
guardias y repuesta por los vecinos y concejales en 41 ocasiones. El 10 de
diciembre de 1981, tras cuatro años en el balcón, el Ayuntamiento de Pamplona
retiró la bandera en medio de una gran polémica.
La decisión fue tomada
con los votos del PSOE, UCD y UPN. El PSOE tuvo que expulsar a uno de sus
históricos concejales, Manuel López Balda, por sostener la misma postura que
mantuvo en 1977. En algunos pueblos hubo grandes enfrentamientos. De Tafalla
fue retirada en febrero de 1982, en medio de un pleno tumultuoso que terminó
con cargas policiales. Las peticiones de hacer referéndums sobre el tema fueron
denegadas. En 1988 fue disuelto el grupo municipal de Dantzaris del
Ayuntamiento de Iruñea, por negarse a bailar sin ella. Poco tiempo después
ocurría lo mismo con el de Tafalla. Sin embargo en muchos pueblos se siguió
colocando con normalidad, al haber mayorías municipales proclives a ella o
tolerantes con el sentir de los vecinos.
En el año 2003, dentro
de una campaña continuada contra todo signo de identidad vasca del territorio,
desde el Gobierno de Navarra el grupo UPN consiguió poner en marcha una llamada
Ley de Símbolos, aprobada con el apoyo del CDN y del PSOE. Esta ley venía a continuar
la de Regulación de Banderas de 1981 y el acuerdo de la Diputación de 1980,
prohibiéndola en los ayuntamientos. Incluía sanciones a aquellos ayuntamientos
que mantuvieran la enseña vasca en sus casas consistoriales.
El tema era
especialmente peliagudo en localidades como Atarrabia-Villava o Agoitz, donde
se había colocado previo referéndum entre los vecinos. La decisión de retirar
la enseña de ambos pueblos acarreó fuertes protestas y expedientes a concejales
del PSOE que votaron a favor de respetar la decisión que el pueblo tomó en su
día. Al final, algunos pueblos como Atarrabia, Etxauri o Uharte la colocaron
fuera del balcón consistorial, en mástiles de la plaza, pero eso también fue
perseguido por el gobierno navarro y los jueces, que ordenaron en 2008 su
retirada. Presionados por la Ley, se tuvo que quitar de ayuntamientos como
Aibar-Oibar o Arronitz, donde había ondeado durante 25 años.
En medio de la
polémica, la Guardia Civil elaboró un informe y señaló que, todavía en el 2008,
ocho ayuntamientos navarros (Etxarri Aranatz, Goitzueta, Iturmendi, Leitza,
Olazti, Urdiain, Etxauri y Arribe-Atallu) seguían utilizando la ikurriña
contrariando la Ley de Símbolos. Pero el malintencionado informe policial tenía
una curiosa y significativa segunda parte: de los 266 municipios navarros tan
sólo 20, colocaban la bandera española, tal como obligaba la misma Ley de
Símbolos. El 92% no colocaba ningún tipo de símbolo.
Y es que la
oficialidad y la realidad, en Navarra, siguen caminos muy dispares”.
Iñaki Azkoaga, de
Arrasate, es un consultor senior jubilado que reflexiona sobre asuntos varios y
uno de ellos no deja de tener su interés, como es el del nombre que se le
quiere dar a la nación de los vascos. Es un asunto que le interesa y ha
escrito un ensayo al que ha titulado «Vasco, ¿cómo se llama tu país?.»
El autor lo ha acompañado de numerosas ilustraciones y tablas para hacer su
lectura fácil y agradable
Yo he discrepado, discrepo y
discreparé de esa iniciativa, profundamente antisabiniana que de la noche
a la mañana y gracias al poderío de EITB y gentes vinculadas a la
IA están tratando de que lo que durante ochenta años llamamos Euzkadi o
Euskadi sea ahora Euskal Herria por mor de un miembro de ETA que decidió
iniciar una campaña al efecto. Los comunicados de ETA pasaron de llamar a
Euzkadi-Euskadi para denominarla Euskal Herria.
Lo curioso del caso es que cuando nació
ETA (Euzkadi ta Askatasuna) en los años sesenta se llamó así en virtud de que
había detrás setenta años de lucha, una administración de guerra con este
nombre, el discurso políticos de Aguirre y Leizaola, una asunción del mundo de
la izquierda no nacionalista así como del grito desesperado de cientos de
gudaris y milicianos muriendo con su nombre en los labios sin olvidarnos
de la persecución franquista a la denominación sabiniana asumida
que no era tal inquina para Euskal Herria ese vocablo cultural y
geográfico que ya existía en tiempos de Sabino Arana, pero que éste quiso darle
una dimensión política e innovó como innovó en otros campos, por ejemplo
en el nomenclator. Me llamo Iñaki como Iñaki Azkoaga se llama Iñaki por
iniciativa de Sabino Arana que quiso vasquizar los nombres religiosos de su
época.
Entiendo que Navarra tiene títulos más
que acreditados para que se llame así el País de los Vascos pues no en vano fue
estado, fue reino, hasta que «con hurto y engaño» Fernando el
Católico hizo el resto ,pero para eso tendría que haber en marcha ya una unión
de los tres territorios de la Euzkadi peninsular. Y digo peninsular, que así se
llamaba lo que hoy se denomina desacertadamente Hegoalde ya que Iparralde
geográficamente comprendería de Bayona a Santurtzi. Pero no es el caso. Es otra
discusión más.
Respeto la argumentación de Iñaki
Azkoaga, pero no la comparto. Lo haría si detrás de esa asunción de Euskal
Herria no hubiera habido esa espuria campaña de omitir una realidad y darle
pábulo a otra para calculadamente meternos lo de Euskal herria nombre
repito, permitido durante el franquismo y hecho en los últimos tiempos ,por
puro antisabinianismo. La prueba es que EH Bildu se llama así.
Desgraciadamente la historia y los
hechos han sido así.
Iñaki Azkoaga me ha enviado su último
trabajo al respecto que reproduzco a continuación. Es éste:
He tenido la ocasión
de leer, también vía twiter, el artículo de @AndoniUnzalu publicado el pasado
18 de enero en El Correo con el título “Euskadi o Euskal Herria”. Nunca me
dejan de soprender las plumas que son capaces de llegar a una tesis
predeterminada con recovecos surgidos de ideas creadas ex-profeso, haciendo su
lectura atractiva para el ávido lector.
Así es cómo trata de
situar la disyuntiva del nombre en el campo del nacionalismo vasco, atacando a
este por no incorporar abiertamente en las propuestas de nuevo estatus el
término Euskadi, tal y como él propone. Se olvida de que fue una decisión de la
ponencia, en la que participa todo el arco político, dejar la cuestión
del nombre para un momento posterior.
Para demostrar su
tesis plantea ideas como que – el nacionalismo vasco no quiere fijar el término
Euskadi porque ha sido interiorizado por la generalidad de la ciudadanía, algo
que al nacionalismo le incomoda porque no lleva su marca, – como desean dejar
su impronta se esmeran en dotar a todos los nombres una palabra adicional para
que su significado sea propio del campo nacionalista, – la traducción de Euskal
Herria por Vasconia puede ser reminiscencia de F. Krutwig, etc. Todo ello para
llegar a desdeñar, por desleales, conceptos como la bilateralidad o el
concierto político. Es decir, planteamientos que arrastran a la política, a su
visión de la política, partiendo del nombre.
Quiero ser asertivo
con Andoni, sus razonamientos suelen ser interesantes, independientemente de
estar de acuerdo o no con sus planteamientos. Pero ese uso de la dialéctica
manoseando un concepto -el del nombre- que debemos solucionar entre todos, me
parece algo déjà vue al que me resisto volver.
Entiendo también que
somos muchos, una mayoría diría, quienes queremos solucionar el tema del nombre
de forma que no importe si uno es nacionalista-no nacionalista, nacionalista
vasco-nacionalista español, izquierda-derecha, liberal-intervencionista o
político-apolítico, lo que quiere decir que no moleste a casi nadie y
todos -he dicho todos- independientemente de su ideología-no ideología se
sientan incluidos.
Debe ser que llevo
años dando vueltas a este tema del denominativo del país de los vascos, para lo
que siempre he mantenido como postulado básico el que el nombre que se adopte
sea inclusivo, no margine ninguna identidad, ni ideología y evite
fricciones sociales. Y estoy seguro que con esta premisa, además de las
personas normales y corrientes, están de acuerdo todos los partidos políticos
de arco parlamentario de nuestro país.
Ello exige
probablemente un gran esfuerzo, primero para escuchar, luego madurar y por
último discernir, para ponerlo en común y llegar a un acuerdo. Lo que me
permite recordar un concepto que le debo a Innerarity cuando opina, con
palabras más atinadas que estas, que un buen acuerdo no satisface enteramente a
nadie porque, para lograrlo, todas las partes se dejan algún pelo en la gatera.
Como en varias
ocasiones he manifestado, soy de la opinión de que hay que buscar la solución
de forma razonada y partiendo de la realidad actual. Además de tener voluntad
de resolución, esto requiere una premisa adicional, es necesario aceptar que
tenemos un problema, un gran problema, con el nombre.
Para visualizarlo
basta con repasar el Libro de Estilo de EiTB en el que los autores han sido
incapaces de resolver el problema y atinar con una solución completa, o ver la
imagen de la deportista que compite con tres o cuatro nombres en su camiseta,
por no recordar que seguimos con una selección de fútbol sin nombre, y así podría
poner un sinnúmero de ejemplos. Vale también leer el artículo que da pie a este
comentario.
Necesitamos una
solución para denominar al conjunto antropológico cultural del País Vasco, es
decir, el compuesto por gentes de la Communauté d’agglomération Pays Basque, de
la Comunidad Foral de Navarra y de los territorios de la actual Comunidad
Autónoma de Euskadi o del País Vasco. Necesitamos también una solución
compartida para denominar a cada una de las partes políticas en que esta
realidad cultural está dividida, de forma que ninguna invada a la otra. Y
tenemos que resolverlo de manera que funcione en euskera, castellano, francés,
inglés y todos los idiomas del mundo.
El problema a mi
entender, aunque viene de mucho antes, se acrecentó con la redacción y posterior
aceptación del denominativo que se le da a la Comunidad Autónoma de Euskadi o
del País Vasco en el actual estatuto, donde sólo una parte del conjunto del
país de los vascos se arrogó el nombre o los nombres que correspondían a la
totalidad del ámbito antropológico cultural.
Porque, seamos serios,
al llamarse Euskadi o País Vasco, se ha invadido y usurpado el nombre propio
que corresponde al conjunto. Y no ha sido cosa de nacionalistas solamente,
porque los socialistas han jugado el mismo papel, han participado en las
instituciones y lo han aprobado de igual manera, desde el mismo
principio.
Por eso no me gusta la
dicotomía planteada, de que los nacionalistas son los culpables, eso de que
ellos tienen que destacar, mientras los no nacionalistas, supongo que también
los socialistas, no han sido cómplices, pues les basta con aceptar con
normalidad el nombre País Vasco o Euskadi. Porque, precisamente, es este
denominativo invasivo el causante del problema.
Tampoco me parece
acertada la equivalencia recogida en el título del artículo, porque hoy, tal y
como se usan, no son tan sinónimos o alternativos Euskadi y Euskal Herria. La
realidad es que el término Euskadi, cada vez más, se ciñe a la actual Comunidad
Autónoma de Euskadi, aunque, para muchos, supone un menoscabo añadido. Y de
ello tienen tanta culpa o acierto unos como otros y me refiero a todos los
partidos políticos, sin exclusión.
Por último, me
gustaría dirigirme personalmente a Andoni. Quizás tengas noticia de las
soluciones que voy a aportando al problema, de todas formas puedes consultarlas
en mi blog. Podrás comprobar que el término Euskadi juega su role, al
igual que Euskal Herria y que las propuestas planteadas atienden a todas las
sensibilidades. Son alternativas pragmáticas, que seguramente dejan a muchos
algo insatisfechos, pero que tratan de desbrozar un camino para el encuentro.
Hasta ahora todos los comentarios que voy recibiendo son positivos.
Recordándote, como
planteas, que todo nombre es un convencionalismo, te invito a convenir para
tratar de dar con una solución aceptable para todos. Gura baduzu, hemen daukazu
bidelaguna.
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