Domingo 10 de mayo de 2026
No sé si fue Séneca, Voltaire o Nietzsche quien dijo que la política es “complicidad sin amistad” pero parece que Andueza la ha hecho suya. El hecho de no repetir la fórmula de Idoia Mendia de ser secretaria general del PSE y Vicelehendakari con Urkullu nos anunciaba sus manos libres para marcar el terreno, más allá de la acción de su Consejeros. Lo hizo Antonio Basagoiti con el gobierno de López que acabó cuando el inconsistente líder del PP “vascongado” le comparó al entonces Lehendakari con Homer Simpson. Cosas que pasan cuando no se tienen las ideas claras, respeto a una situación, desconocimiento de cómo y a quien hay que disparar y un cierto espíritu acomplejado y gamberro más dado a la pirotecnia verbal que a la construcción de iniciativas armónicas y equilibradas. Este hombre, no va a ser leal a un proyecto de convivencia discrepando civilizadamente. No hay posible correspondencia ejercitando un juego limpio con alguien que juega sucio.
He de decir que en éste absurdo chispazo lo que más me ha llamado la atención ha sido la pérdida de papeles de Mikel Torres, la declaración de Andueza diciendo que “a la amenaza de la derecha y de la ultraderecha se suma una amenaza más, una amenaza a los derechos de los trabajadores por parte del PNV y de EH Bildu, que quieren imponer a través de estas proposiciones de ley de Empleo Público una mayor exigencia de euskera en la administración pública”. Terrible. García Damborenea no lo hubiera dicho mejor.
HACE TREINTA AÑOS
Se cumplen estos días tres décadas de un hecho singular. Algo que parecía imposible, un pacto PNV-PP en 1996 que se logró fraguar gracias al deterioro de un PSOE en el fin del mandato de Felipe González. Escándalos como los del Gal, BOE, Mariano Rubio, Roldán, financiación ilegal,…amargaron una campaña en la que ganó Aznar con 156 diputados, a veinte de la mayoría suficiente para su Investidura. A esto se le sumó el desistimiento que tenía González para seguir en la Moncloa tras 14 años de gobierno. Podía haber repetido con apoyo de IU, CiU y PNV, como pretendían Guerra, Benegas y el núcleo duro del guerrismo. ”Desde el gobierno se enfrenta uno con mayor comodidad a los juicos que nos vienen” nos dijeron en el Andra Mari de Galdakao. Pero Aznar con Rato, la noche electoral, yendo a Génova 13 al balcón de mecanotubo de la sede del PP, habían oído a Arzalluz su comentario desde Sabin Etxea, ”tiene que intentar formar gobierno quien ha ganado las elecciones”. Sorprendidos, se miraron en el coche y del grito guerrero de “Pujol, enano, habla castellano” pasaron a loar la visión de estado de CiU y PNV.
No era fácil negociar con aquel PP que venía de una campaña electoral durísima, Doberman incluido, pero a Xabier Arzalluz, lo que le preocupaba era que ETA finalizara de una vez. La experiencia con el PSOE había sido frustrante, incluyendo el Gal, y conversaciones fallidas.” A ver qué podemos hacer con el PP a pesar que Ansón diga que se puede vivir con una úlcera. Sangra, pero no te mata”. Cinismo e hipocresía.
Pujol y Roca no querían hacer nada sin el concurso de un PNV que le cubriera su flanco nacionalista y aunque Pujol no quería por nada del mundo un ministro catalán en el gobierno de Aznar, sí le interesaba ser el rey del mambo de la legislatura. Y tras pactar con CiU y sus 16 diputados así como los 4 de Coalición Canaria, tocaron nuestra puerta que la abrimos con curiosidad poniendo por delante el desarrollo íntegro del Estatuto. Pero no pudo ser. Los secretarios generales de UGT y CCOO, Cándido Méndez y Fidalgo lo impidieron. Le dijeron amenazantes: ”si acuerdas el traspaso de la Seguridad Social, te desayunas con una huelga general. No admitimos la ruptura de la Caja única”. Los tics de la España eterna.
Y de ahí pasamos a negociar, solo el SI a la Investidura, no a un pacto de legislatura, tras obtener el permiso de la Asamblea del EAJ-PNV que no fue fácil. Pero ahí están los hechos. Se logró la modificación del Concierto para que las Haciendas Vascas tuvieran competencia normativa plena para regular el IRPF, así como la recaudación de los impuestos especiales de hidrocarburos, tabaco y alcohol, más cambios en el Impuesto de Sociedades y la transferencia del Transporte por Carreteras y la Formación continua. Logramos asimismo la cesión de los Puertos y abordar la devolución del Patrimonio incautado con motivo de la guerra. Consolidamos el Concierto que fue toda una pica en Flandes.
UN ACUERDO INSÓLITO
Tras el acuerdo, entre Mayor Oreja e Ibarretxe que era el Vicelehendakari, me llamó Mayor Oreja. Estaba feliz. Quería que viniera todo el PP a Bilbao como habían hecho con los catalanes en Barcelona. Le dije que preferíamos ir nosotros a Madrid. «¿En qué hotel?», me preguntó. «No. En vuestra sede». No se lo terminaba de creer porque toda la obsesión de CiU había consistido en que el PP fuera a Barcelona, poco menos que a inclinar la cerviz, en el hotel Majestic.
El martes 30 de abril de 1996 salíamos Arzalluz y yo hacia Madrid rumbo a la sede del PP. La expectación era inusitada. Subimos al despacho de Aznar. Allí estaba con Rato, Rajoy y Mayor Oreja. Hablamos del acuerdo y de sus partes. Había una cláusula secreta a petición de Aznar. Hablamos llegado al acuerdo sobre el segundo operador de telefonía, Euskaltel, ya que el PP no deseaba que esto se supiera porque CiU les iba a pedir a ellos lo mismo.
Arzalluz quería que Aznar firmara el documento. Este le preguntó si no se fiaba de él. «Sí, pero me fío más si firmas», le contestó Arzalluz». «Pero bueno, ¿vosotros no habláis siempre de la palabra de vasco?», y diciendo esto puso su mano sobre la carpetilla verde. Con ese gesto daba por firmado el documento. Y, sorpresivamente, nos dijo que siendo su padre de Bilbao, su máxima ilusión sería que el “Guernica” se exhibiera en el Guggenheim para poder sacarse una fotografía ante él, ”y poder pasar de una vez la página de la guerra civil”. Nunca cumplió.
Y con las mismas fuimos a la planta baja, a una rueda de prensa que estaba de bote en bote, con las gaviotas del PP detrás. Un periodista le preguntó a Arzalluz si sabía dónde estaba. «Por supuesto. Esto de aquí detrás son las gaviotas del PP y este edificio la sede del PP en la calle de Génova, 13. ¿No es así?. ¿Usted cree que yo no sé con quién estoy pactando?». Trece cámaras de televisión y una rueda de prensa de una hora. Arzalluz utilizó su contrastada capacidad didáctica para explicar el acuerdo. Dijo que había tenido especial interés en que se hiciera público. Al final el PP accedió. «No hay nada mejor que la transparencia, que la gente lo sepa por si alguien lo incumple». Al no haber firma, la prensa actuaría como BOE. Contestó asimismo en euskera. Seguramente sería aquella la primera vez y quizá la última que en aquella sala resonara el euskera. La imagen era increíble y, hoy, impensable. Los dos en la sede del PP. Arzalluz hablando en euskera de acuerdos con Aznar en su propia casa. Impactante e insólito. Aunque no imposible. Puede ocurrir sin Vox. El Lehendakari Pradales se pasó tres horas hablando con Feijóo en el palco de la final entre la Real Sociedad y el Atlético de Madrid.
Subimos de nuevo al despacho de Aznar. Firmaba cartas. Nos enseñó la sede. Es todo un edificio, aunque es mucho mejor Sabin Etxea. «Seguro que cuando veas Sabin Etxea, te gustará más el nuestro, le dijo Arzalluz a Aznar, y comenzarás a entender un poco mejor al PNV». Aznar me pidió que le acompañara en su coche al restaurante Jockey. Comprobé el peso de las puertas de un coche blindado. ETA casi lo mata en abril de 1995 y en uno de los comedores privados comenzamos con una merienda que se convirtió en cena. Aznar, Rato y Mayor Oreja por un lado y Arzalluz y, quien esto firma, por el otro. Arzalluz, cuando quería ser encantador, lo era y mucho. Y aquella noche estuvo especialmente agradable y simpático. Les contó su viaje a Praga hacia veinticinco años con su mujer, les narró las excelencias del txakoli que cultivaba, les habló de la negociación y de gentes varias del PP. El vino que tomamos fue Pesquera. Como concesión, un hombre tan parco como Aznar nos dijo que aquel lunes había dormido muy bien. No se lograba todos los días un acuerdo entre el PP y el PNV. Brindamos. Me fijé en Rato. Lo hizo con una copa vacía. Arzalluz le dijo que eso no debería ser ningún presagio. Y a las once, a casa.
Sí a la investidura
Los días 3 y 4 de mayo de aquel año 1996, hace ahora treinta años, se celebró en el Congreso el debate de investidura. En los escaños, González de Txabarri, Emilio Olabarria, Margarita Uría y Jon Zabalía. Fue muy llamativo el eco del acuerdo que encontramos en la calle. Telegramas, enhorabuenas y palmadas. La gente veía bien el pacto. Quizá también habría mucha gente que rechazara el acuerdo, pero en general fue muy bien recibido. Había que reconocer que Mayor Oreja y Aznar quisieron el acuerdo y al final lo lograron. También es preciso constatar la intolerable presión sindical que, de no haber existido, nos habría permitido un mejor resultado, pero tanto los sindicatos como los socialistas seguían tercamente aferrados a dogmas propios del nacionalismo español más rancio.
Los del PSOE andaban en el hemiciclo con la cara larga. Sin embargo, mantenían el acuerdo de gobierno en Euzkadi con el Lehendakari Ardanza en el ejecutivo vasco. Cuando Arzalluz y yo fuimos a Génova 13, como habíamos llegado con tiempo, nos dedicamos a pasear hasta la Puerta del Sol. Entramos en una librería. La gente en la calle felicitaba a Arzalluz. La típica mezcla amor-odio funcionaba en aquel momento en clave de amor. En la librería le pidieron autógrafos y le solicitaron que firmara libros. Insólito.
Aznar, en su investidura, hizo un discurso de centro reformista tipo UCD. Lo más alejado de la derecha que podía esperarse. Anunció la eliminación de los gobernadores civiles y del servicio militar obligatorio, cosa imposible con los socialistas. Modificaría la Ley de Costas y la de Puertos. Devolvería el patrimonio incautado con motivo de la guerra. Actualizaría el concierto económico. Plantearía el diálogo como método de trabajo y desarrollaría y completaría el Estatuto de Gernika. Nos restregamos los ojos. Aquello parecía que iba en serio. Votamos que sí, pero solo a la Investidura.
La apertura por parte de los reyes fue el 8 de mayo. Tras los discursos, el almuerzo oficial. Previamente, la recepción. Aznar se nos acercó a González de Txabarri y a mí. Estuvo especialmente simpático y agradecido. Nos ensalzó a Arzalluz y nos dijo que se encontraba muy cómodo con él por su sabiduría política, su llaneza en el trato y su forma de abordar las cosas. Iba a poner por su parte todo lo que estuviera en sus manos para que aquella apuesta no fracasara y nos dijo que confiaba en nosotros de manera total. Ese mismo mes recibió a Ardanza en su despacho, y a Arzalluz, el 31 de mayo.
Pero todo aquello no llegó a durar dos años. El PNV había demostrado que era capaz de pactar con el PP y que su apuesta era política. Se pasó de la “Complicidad con amistad” a la “Complicidad sin Amistad” y al enfrentamiento bronco con toda clase de epítetos. Fueron otros los que traicionaron aquel espíritu. ¿Alguien puede hoy extrañarse de que se presentara en 2004 el llamado Plan Ibarretxe?

Treinta años después la figura de Aznar es suficientemente conocida. El que era presidente cuando tuvo lugar el más brutal atentado terrorista, el que metió a España en la guerra de Irak y el que tenía en su consejo de ministros un gran número de imputados, investigados e incluso algún convicto como Rato.
Dice un gran amigo mío que losopulares van de cara y no ocultan demasiado su bagaje franquista, mientras que el PSOE te ofrece una rosa y luego te clava un puñal por la espalda.
Y denteo del PSOE está el socialista tipo Illa que quiere más protección al catalán y más competencias y el socialista tipo Andueza al que la españolidad sobreactuada le lleva a menospreciar y calificar al Euskera como amenaza para los trabajadores. En esta tesitura, prefiero al nacionalista español sin disfraz que al nacionalista español traicionero, aunque ambas alternativas van en contra de Euzkadi a la larga.
No se puede juzgar lo ocurrido hace treinta años en base a lo que hoy ya sabemos. Así pues hizo bien Arzalluz con su saber político y la fuerza de aquel PNV de entonces en pactar con el diablo para rascar cosas serias. Es mucho más triste pactar con quien conoces de sobra para no cosechar más que afrentas. Hoy en día no sabría decir ni con quién pactar ni para qué, considerando también que cada vez nuestra capacidad de negociación es más baja. Y para más bemoles, entre nosotros nos llevamos fatal, lo que imposibilita cualquier optimismo en lo politico.
El PSOE volcado en su labor de prestidigitación internacional y acosado dentro incluso por muchos socialistas va a entregar la cuchara en breve. A ver en qué nos afecta y cómo.
Muchas gracias.
Es preciso recordar, para saber como actuar.
Escándalos como los del Gal, BOE, Mariano Rubio, Roldán, financiación ilegal, …
”Desde el gobierno se enfrenta uno con mayor comodidad a los juicos que nos vienen”…
Pero lo de ahora no es mejor: 4 años sin ni siquiera presentar presupuestos, imposición y gobernar «por decreto», ataques recentralizadires a cargo de la supuesta «izquierda confederal», …
y corrupción a mansalva (kodo, abalos y cia, forestalia) que puede afectar en Navarra (Servinabar, Belate, Mina Muga, Sendaviva, …) …
No podemos mirar hacia otro lado.
Escribe Anasagasti que hace 30 años parecía imposible un pacto PNV-PP.; pues que yo recuerde, fuera del PNV no parecía tan imposible.
Este escrito parece ir preparando el camino a repetir la aventura en Euskadi, a la vista del comportamiento del PSE.
No llegara la sangre al rio, pero quizás en un futuro sea mas cómodo el PP, si da la suma cosa que dudo.
En Madrid sería mas complicado si VOX entrara en el gobierno,
pero ya se vería.
«¡Uuufff!complicadillo eso de la política. Parece necesario saber manejarse con cínicos trileros. Muy precisa y compleja memoria magistralmente transmitida.¿Para cuándo un recuerdo a la negativa al Proyecto de Ibarretxe?