Domingo 3 de marzo de 2019

Pasada la emoción y los actos organizados tras el fallecimiento de Xabier Arzalluz el balance de la conducta de los partidos, salvo uno, sindicatos, políticos y medios en Euzkadi se puede decir que ha sido excelente, respetuoso y de altura. Honrar siempre honra y aunque ha habido escritos indamisibles como los de Zarzalejos, Reverte, Calleja, Jiménez Losantos y otros varios que sin la menor elegancia han sacado lo peor de sí mismos creo que la familia y el PNV valoran muy positivamente lo sucedido tras tan triste e irreparable pérdida. EITB ha estado a la altura así como Deia.
Sin embargo hoy en ETB me ha extrañado que rompiendo esta tónica la buena profesional que es Estibaliz Ruiz de Azua ha cometido dos deslices de libro. Hablar que las mujeres “ganamos” menos, y llamarle a Guaidó líder de la oposición cuando es el presidente encargado y reconocido por la mayoría de los países americanos, Europa, España y en debate el jueves por el Parlamento Vasco, reconocido como presidente encargado, es una desinformación malévola. Un poco de institucionalidad es lo mínimo que se le pide a la televisión pública y en cuanto al “ganamos menos ” que nos diga si en la radio y televisión pública vasca o en cualquier departamento, agencia u organismo del gobierno vasco, ganan menos las mujeres que los hombres, eso es mentira falsedad que se suma a un discurso que pone palos en las ruedas de lo que sí es verdad, que en muchas empresas, pero en empresas, las mujeres ganan menos que los hombres. Ahí si, pero ella no tiene ningún derecho a hablar de “ganamos menos”. Es mentira. Precise usted. En las empresas. Y diga en cuales.
Dicho ésto me voy al artículo que ha escrito hoy domingo en Deia el P. Scheifler, amigo de Arzalluz y el hombre que más ha escrito en la historia de éste periódico. Es corto, sentido y ofrece datos. Esto ha sido lo publicado:
“¿Recuerdas Xabier, cuándo y cómo nos conocimos? Hace más de sesenta años. Todavía eras estudiante jesuita. Comencé mi curso bíblico. Te presentaste para seguirlo. A las tres o cuatro clases, te llamé y te dije: “Xabier, vete a Alemania y empápate del espíritu centroeuropeo. Después, enséñalo a nuestro pueblo. Somos un pueblo antiguo y singular, pero europeo”. Y me hiciste caso.
Un día me dijiste que dejabas la sotana. “No tengo fe suficiente para ser un profesional de la fe”. Y te dije: “Te entiendo, en tu caso, yo haría lo mismo. Pero nada se ha roto en nuestras almas”. Y todo siguió igual entre nosotros.
Hemos vivido mucho juntos desde puestos muy distintos. Pero siempre nos mantuvimos muy cercanos. ¡Cuántos años y ratos juntos, como cuando teníamos dieciocho años! ¡Los mismos, pero tan distintos!
Recientemente te presentaste en mi despacho. ¡Qué ilusión Xabier! ¡Como en los viejos tiempos! Pues todos son buenos para hacer el Bien y solventar problemas, Xabier. Y me dijiste: “Es lo que quiero hacer hoy, óyeme en confesión”. Y lo hicimos, allí mismo, casi sin palabras, pero no sin lágrimas. Llorar no es de mujeres, ni de cobardes.
No, no le esperaba: “Me encuentro bien, y ahora muy bien, por habernos encontrado”, me dijo. Yo también le veía bien. Ni la menor sospecha, y yo soy mayor. Pero ¡se fue!, y parte de mi con él. ¡Éramos tan distintos y tan cercanos! ¡Hasta siempre compañero!

