Jueves 21 de marzo de 2024
Fue el 22 de marzo de 1960. Nadie lo esperaba. Tenía 56 años. Pleno de vitalidad y de planes. Insuflaba optimismo y mantenía la llama del exilio y del interior. Era la gran referencia vasca, de unos y de otros. Y de repente cuatro palabras fatídicas: ”Ha fallecido el Lehendakari”. Fue un bombazo con el legado de un absoluto sentimiento de orfandad. Recuerdo a mis aitonas en Donostia. ¿”Qué va a ser de nosotros”? Lloraban desconsoladamente.
La fotografía es de la multitud ante la casa de Telesforo de Monzón donde se estaba velando su cadáver.
A sus funerales pasaron a Donibane Lohizune los que pudieron. La policía española obstruyó el paso de la oprobiosa frontera. Dejaban pasar v a cuentagotas. Y les hacían ficha. Pero pasaron y estuvieron en aquel magno funeral y luego en el cementerio. Allí mismo, bajo la lluvia, Jesús María de Leizaola juraba su cargo de segundo Lehendakari ante el ataúd del Lehendakari Agirre.
Es una imagen poderosa. Nos informa la voluntad de aquella generación de seguir la lucha y posteriormente rendir cuentas. El mismo Lehendakari Leizaola que, tras la aprobación del estatuto de Gernika, en diciembre de 1979 volvió del exilio y entregó su mandato, su fiel y leal mandato al presidente del Consejo General Vasco en Gernika, Carlos Garaikoetxea.
Es una historia triste pero de la que nos debemos sentir muy orgullosos. Pocos tienen semejante acervo humano y humanista.
La obligación que tenemos es que no se pìerda, como se está perdiendo.


