Los cavernícolas frente a los jabalíes en el congreso

Domingo 5 de enero de 2020

Laura Borras, una buena parlamentaria aunque bastante sobrada, les dijo ayer a los diputados que “se acusa al enfrentamiento que dicen que hay en Catalunya, pero visto lo que está pasando hoy aquí , parece que las malas relaciones están en España”.

Nada nuevo. Ortega y Gasset en tiempos de la República tildó de jabalíes a diputados de la extrema izquierda abiertamente enfrentados con los de la derecha a los que llamaban “cavernícolas” y aunque este 2020 coincide en sus días de la semana con el año 36, la diferencia es notable en la izquierda, aunque no en la derecha a tenor de lo que acabamos de ver este domingo.

Quiero destacar la buena mano de la presidenta Meritxell Batet poniendo las cosas en su punto frente a la avalancha de improperios, descalificaciones e insultos de las tres derechas y su defensa de la libertad de expresión. Lo ha hecho muy bien.

Y ha sido curioso cómo se han asilvestrados esos diputados cuando Mertxe Aizpurua ha dicho algo tan evidente como que Felipe VI el 3 de octubre de hace dos años con su beligerante discurso autoritario se puso del lado de los que oprimían. Pero no es nuevo. A mí, en otros tiempos más duros pues la monarquía era intocable, desde la tribuna pregunté para que servía un rey que se la pasaba en francachelas y lo más suave que me dijeron fue etarra. Nada nuevo bajo el sol, aunque la memoria en este país es corta.

Por eso hay que recordar que antes que Aizpurua por allí pasaron Jon Idigoras y Ángel Alcalde, con una bronca parecida, sin olvidar que a Josu Muguruza lo asesinaron la víspera.

No hubiera estado nada mal que la ex directora de Gara hubiera tenido una palabrita de condena por el daño causado por ETA, pero ya sé que es pedir peras al olmo. Siempre tienen toda la razón, como eso de decir que ellos no van a Madrid a defender cosas de partido sino de país. ¿Y los demás que hacemos?. Mera justificación para no decir que llevan cuarenta años equivocados.

Esta legislatura va a ser dura si por parte del PSOE, Podemos y ERC no hay contención y caen en las trampas que le va a poner cada día el trifachito. Otras peras al olmo será pedirles que la clave de una sociedad cohesionada es reconocer al adversario PP, CDS, y VOX no lo hacen, ni lo harán.

Ahora bien, meter a Carlos Garaikoetxea en el paquete de lo que es Bildu diciendo que fue presidente de tres territorios y que consiguió el estatuto de Gernika es una desvergüenza. Garaikoetxea era en ese momento presidente del EBB, presidente del Consejo General Vasco por el PNV y HB le insultaba y repudiaba al PNV por su entreguismo. El colmo de los colmos de la desvergüenza política, pero por lo que se ve, necesitan agarraderos de legitimidad para justificar tan sucio pasado.

Me ha decepcionado profundamente la levedad de Casado. No tiene consistencia democrática de una derecha con valores y moderna. Como le dijo Sánchez, ha perdido cinco elecciones y está a tres millones del peor Rajoy.

Me ha gustado Pedro Sánchez, aunque su credibilidad sea muy poca, por su aplomo, oratoria, reconocimiento de errores y esa capacidad de hacer de la necesidad virtud y decir donde dije Digo, digo Diego y además asumir un discurso progresista y de reconocimiento de otras realidades además de la española. Veremos si los barones no le montan la misma bronca que le montaron en su día y si aguanta lo que va a tener que aguantar.

Me ha parecido lamentable Inés Arrimadas. Habla bien pero es un loro de repetición de los argumentos de la derecha más cainita. Políticamente no sabe absolutamente nada.

La pirueta de Oramas, de Coalición Canaria, no me ha extrañado. Hay que conocerle. Ex alcaldesa de la Laguna tiene un EGO mayor que la Torre Eiffel.

La actitud imbécil y maleducada del hijo de Suarez que está en la Mesa del Congreso por ser hijo de Adolfo Suarez, es de libro. Dar la espalda a una diputada elegida democráticamente es la demostración de que este sujeto no tiene nada que ver con su padre que en su sepulcro puso aquello de ” La concordia fue posible”

Y me acuerdo de Errejón. Se pasó de listo. El miércoles hubiera sido ministro y hoy es solo una sombra que deambula por los pasillos con su gripe encima.

Y el PNV, como siempre, en su punto. Esteban ha recibido los elogios de mucha gente que no conoce al PNV. Tuvo la suerte del prime time, algo fundamental para poder difundir un mensaje de reivindicación, posibilismo, buen hacer y experiencia política.

Finalmente este debate deja el mal gusto de ver una derecha antisistema que encima va y dice que ha fenecido el régimen del 78, algo en lo que coincide con Bildu, y se comporta como una fuerza antisistema, antieuropea y antidemocrática. Sus gritos de libertad en sus bocas han sido un insulto a tan bella palabra. Me acordaba de la frase que decía que serán los fascistas quienes se declaren antifascistas.

¿Qué pasará el martes?. Yo de Bildu, de cinco diputados, dedicaría dos al si. Por si acaso. Si creen lo que dicen y no buscan siempre el gratis total deberían asegurar, por el bien de todos, que Sánchez salga y luego influyan. No lo harán. Su acción no es la de hacer política.

De todas formas ni Margarita Robles, ni Odón Elorza, ni Meritxell Batet, ni Adriana Lastra deberían opinar como lo están haciendo sobre la necesidad de que todos los diputados del PSOE voten afirmativamente y no cambien su voto. Y lo digo porque fueron ellos los que votaron que NO a Rajoy cuando su partido les pidió la abstención. Ya ven. Hay que tener una mínima memoria.

Importa que salga Sánchez. Independientemente de los cambios estructurales que se pueden producir a Euzkadi le va bien cuando en el Congreso el partido del gobierno necesita nuestro apoyo. Demos pues una oportunidad a la política y al entierro de la Loapa.

Fachas mal educados

Sábado 4 de enero de 2020

Escribo estas líneas en el momento en el que habla desde la tribuna el representante de “Teruel existe”. Una novedad que demuestra el fracaso del estado español cuando León quiere ser una sola autonomía, Teruel obtiene representación parlamentaria, Asturias tiene su Foro, Cantabria quiere su tren, Canarias reivindica su ultraperiferidad, Valencia sus naranjas y las Naciones Históricas recuerdan que son Naciones.

Hoy he ido a Radio Euzkadi a las 8 de la mañana y he salido a las dos, opinando sobre el Debate de investidura que se ha comenzado a celebrar hoy a las nueve de la mañana en el Congreso de los Diputados, en Radio Euzkadi y ETB. Y me han preguntado cómo viví en Madrid otras Investiduras.

Lógicamente puedo hablar de muchas de ellas pero me han venido a la cabeza dos momentos. El asesinato de Josu Muguruza cuando HB quiso comenzar a ir al Congreso en tiempos en los que ETA actuaba y la del año 2000 cuando Aznar, tras lograr su mayoría absoluta, se centró en increpar al PNV por lo que tildó de connivencia con ETA. Lo que ocurre es que las cosas se olvidan y si en 1979 era el franquismo, en el 82 el golpismo, en los noventa y siguientes ETA, posteriormente la corrupción y ahora la ruptura de España por lo que cada investidura tiene su afán y su contexto y aunque los tiempos cambian, hay constantes.

Una de ellas en la forma. Antes el presidente hablaba por la mañana y el debate comenzaba por la tarde. Hoy se ha cambiado para que el domingo los diputados puedan ir a la cabalgata de los Reyes. También que tanto aplausos son molestos, porque rompen el ritmo del debate o que, cuando habla el Casado de turno, los del PP se van a los pasillos, dejando sus escaños, cometiendo la grosería de no escuchar a los otros intervinientes, o que los oradores, en general de muy buen nivel, no hablan en el hemiciclo para convencer a nadie sino para la televisión.

Otra constatación es que si la abstención de ERC hará presidente a Sánchez no hay que olvidar que si el PNV no vota a favor, Sánchez no será presidente y que la abstención de Bildu, con un discurso sin pedir nada a cambio, gratis total, se contrapone radicalmente a lo que hacen en Euzkadi y a lo que han hecho en el pasado. Bueno es rectificar pero muy malo andar por la vida como el Siete Machos. Ya aprenderán y se curarán de su complejo de Edipo.

El PP ha vuelto a sacar asquerosamente el tema de las Víctimas de ETA para manipularlas. Con ese discurso en 1977 en relación con las Víctimas del franquismo no hubiera habido ni Transición ni una Constitución que Aznar y Fraga no votaron, aunque ahora se les llene la boca reivindicándola. Ha estado bien Sánchez recordando a Casado que tenga menos arrogancia tras cinco pérdidas electorales en el último año. El fracaso de Casado lo ha tapado su agresividad y su brunete mediática pero si sigue así y con semejante discurso VOX y el PP van a ser lo mismo al querer vivir del conflicto y planteando tremebundeces.

El secreto del nuevo gobierno será su valentía y su paso de buey y si sabe dimensionar cada paso con inteligencia política porque esta derecha carnívora hará lo indecible, y ya lo ha anunciado, para que el tren descarrile.

En el discurso de Sánchez por la mañana me han llamado dos cosas la atención. La primera que hablara del diálogo entre Catalunya y España, no entre Catalunya y el resto de España. ¿Un desliz?. Y la otra que apuntara que hay que “respetar el desarrollo de las identidades nacionales dentro del territorio nacional”. Nunca nadie desde el gobierno de España había dicho esta obviedad.

Finalmente.

Sánchez ha pedido en la Cámara que el diálogo ha de basarse en el reconocimiento del otro. Esa es la clave. Y lo digo porque en esta derecha solo hay odio y rechazo al diferente.

Por eso me ha gustado además lo dicho por Iglesias cuando le ha pedido a Casado que cambie porque se puede ser facha pero por lo menos un facha educado.

Y el PP, Casado, Egea y toda esa peña son todos menos demócratas y educados. Hoy los hemos visto hablando desde la caverna. No ha estado nada mal que la gente los vea y vea la indigencia de su pobre mensaje y de los tópicos esencialistas joseantonianos que han esgrimido.

La sociedad vasca ante el terrorismo: Una exposición tendenciosa

Viernes 3 de enero de 2020

La exposición sobre la reacción social vasca ante el terrorismo ha recorrido las tres capitales de la CAV. En Donostia, se ubicó en el Palacio de Justicia. La muestra de imágenes y documentos ha pretendido crear, según sus responsables, una fotografía de la evolución contradictoria que habría seguido la sociedad vasca a lo largo del tiempo que ha durado el terrorismo.

Sensación agridulce.

Tras examinar con atención el conjunto de paneles que conforman la muestra, a algunos de los que la visitamos nos ha quedado una sensación agridulce. La lectura de los comentarios que acompañan el conjunto expuesto nos ha producido una impresión de parcialidad, como de que se quiere marcar (sin suficiente evidencia razonable) un alto nivel de afinidad entre sociedad vasca y terrorismo que habría estado vigente al menos durante un periodo importante.

Sin embargo, también hay que valorar que la exposición recupera imágenes que demuestran que, junto a los sectores de la sociedad vasca que han respaldado distintas modalidades de violencia contra las personas, ha habido siempre un pronunciamiento mayoritario contra los terrorismos, articulado a partir de convocatorias realizadas por colectivos de trabajadores, partidos políticos o sociedad civil. El panel inicial de la exposición, que recoge la opinión de la sociedad vasca, resalta precisamente que ha sido esta constante movilización social el factor decisivo en el final del terrorismo de ETA, factor que sin duda ha influido determinantemente en el abandono de la violencia por parte de la izquierda abertzale.

Instituciones públicas y movilización ciudadana

La exposición examina a la sociedad vasca en función de su disposición a la acción colectiva en la calle. Es una visión reduccionista de lo social, porque la sociedad se ha tenido que desempeñar frente al terrorismo y sus reflejos en todos los ámbitos, privados y públicos, en los que se desarrolla la vida social. De principio, aceptaremos este marco de análisis. Recordamos que esta es una movilización social a la que ha apelado el Estado, cuando se ha visto incapaz de utilizar con éxito la fuerza coactiva que le correspondía activar contra las violencias que cuestionaban su legitimidad y que estaban vulnerando las libertades fundamentales de sus ciudadanos. En ese marco es en el que el Estado acudió a la ciudadanía para que respaldara las políticas públicas que buscaban acabar con el terrorismo.

Un comentario al margen. Ahora estaríamos hablando del tiempo de democracia, porque la dictadura respondía a otro patrón. El Estado franquista representó la fuente original de violencia, institucionalizada a través del triunfo de la guerra y el terror subsiguiente. No es innecesario recordarlo. Un Estado de naturaleza violenta, por lo tanto, que carecía de toda credibilidad para instar a la reacción social contra la violencia política que enfrentaban sus fuerzas de seguridad. No obstante, ha de decirse que esto no convierte per se en legítima la violencia de los grupos que le desafiaban. La ETA que comienza a matar no puede atribuirse, desde luego, esa condición de legitimidad por contradicción con la ilegitimidad del régimen al que combatía.

Volvamos al hilo. El Estado, las instituciones públicas, pueden instar a la movilización ciudadana desde una posición de crédito social. En este caso, es difícil sostener que lo hizo en condiciones que susciten la suficiente confianza cívica. El fracaso en hacer efectivo el monopolio legal de la fuerza no fue precisamente aleccionador para producir una rebelión cívica contra ETA. A menudo, se acusa a la opinión pública vasca de haber sido mayoritariamente partidaria del diálogo para el fin del terrorismo. Cierto. Pero, no hay que olvidar ha sido el propio Estado el que ha impulsado iniciativas relevantes en esa misma línea, reconociendo expresamente a ETA como interlocutor. Pues bien, en la muestra exhibida en el Palacio de Justicia donostiarra se critica con razón el Pacto de Lizarra, aunque comprometiera menos al Estado democrático que las negociaciones que Suárez, Calvo Sotelo, Felipe González, Aznar y Zapatero mantuvieron con la organización terrorista ETA, acontecimientos totalmente ausentes de mención en los paneles expuestos.

Sociedad vasca y liderazgo político.

Se ha criticado reiteradamente que los representantes vascos se refirieran a ETA en las negociaciones sobre los contenidos del Estatuto. Ciertamente, ETA estaba actuando con una intensidad terrorífica. La necesidad de garantizar la seguridad pública era, junto con la crisis económica y la reactivación cultural, uno de los objetivos principales del autogobierno vasco. No es anormal que se requirieran competencias para liderar desde las instituciones vascas un proceso de normalización política, que conllevaría la pacificación. Visto el descrédito de las FSE, se demandaba además una policía vasca capaz de concitar la legitimación social necesaria para contribuir al cese de la violencia. Visto desde ahora, en el panel que abre la exposición se refleja la valoración social que obtiene la Ertzaintza respecto del cumplimiento de esta función. La sociedad vasca opina que ha sido la fuerza pública más eficaz.

El eslogan que mejor podría reflejar esta voluntad de las fuerzas vascas de implicarse en la pacificación fue el de ‘Euskadi libre y en paz’, que lució en la cabecera de la primera gran manifestación multitudinaria contra el terrorismo, celebrada en octubre de 1978. El menosprecio con el que los promotores de la exposición tratan esta movilización únicamente es explicable desde el sesgo ideológico.

A pesar de haber sido expresamente demandado por el Parlamento vasco, los responsables políticos del gobierno español rechazaron toda posibilidad de que hubiera liderazgo vasco en materia de pacificación hasta el año 1987. Craso error que debilitó la unión política vasca y consecuentemente la reacción social. Con el pacto de Ajuria-enea en marcha (1988) pudieron verse las mayores movilizaciones populares de la historia del país. Pero, los compromisos que con este pacto contraía el Estado fueron sistemáticamente incumplidos. En esas estábamos cuando vino el pacto de Lizarra. ¿Dividió Lizarra el país? Sí, desde luego. Creó un ambiente propicio para ello. Pero, el Pacto Antiterrorista entre PP y PSOE que le siguió (2002) estigmatizó al nacionalismo político que rechazaba la violencia y con ello también desconsideró a una gran parte de la sociedad vasca. Y esta situación afectó las relaciones entre las fuerzas vascas hasta bien entrada la segunda década del siglo XXI.

Con todo esto, podemos preguntarnos: ¿es posible analizar el comportamiento ‘contradictorio’ de la sociedad vasca ante el terrorismo sin tomar en cuenta todos los aspectos político-institucionales, igualmente ‘contradictorios’, que presenta el problema?

Protagonismo de la sociedad civil.

Es innegable que, durante la época de Ajuria-enea, el liderazgo político se mostró muy efectivo en la movilización social. No hubiera sido tan efectivo sin la implicación de la militancia local de los partidos políticos. Pero, la participación de la sociedad civil fue imprescindible para lograr concentrar a miles de personas en la calle.

Esta sociedad civil se empezó a organizar durante el bloqueo político de los 80, a partir de “un complejo y desarticulado caldo de cultivo sociocultural” (Imanol Zubero). Una de las acciones más relevantes surgió de la revista nacionalista Muga que logró reunir a las máximas autoridades de la cultura vasca en un contundente manifiesto contra la violencia (1980). Del humus creado por esta y otras iniciativas brotó Gesto por la Paz, organización posicionada en el ámbito ético, que hasta su disolución fue la principal impulsora de la dinámica social por la paz. No nos parece que la exposición se subraye suficientemente esta labor.

Durante años, Gesto por la paz ha sido la genuina representante de la sociedad vasca en cada una de sus acciones, con una extensión reticular por todo el país y una gran capacidad de generar respuestas inmediatas ante acciones terroristas. El liderazgo político vasco no hubiera podido garantizar la asistencia masiva a sus actos si no hubiera contado con lo sembrado por Gesto por la paz o si para extender sus convocatorias no hubiera podido valerse de la ubicuidad y el potencial comunicativo de este colectivo.

Resistencias cotidianas.

Como hemos anticipado antes, tratar de enjuiciar el comportamiento de la sociedad vasca ante el terrorismo limitando el análisis a los movimientos de multitudes en la calle es un error garrafal. Esos acontecimientos nunca mueven a la mayoría numérica de una sociedad, aunque en muchos casos sí pueda sentirse representada en ellos.

La selección de las imágenes y documentos de la exposición, más el añadido de los comentarios, ya presenta el problema del sesgo. Si a esto se añade que ese juicio se quiere hacer dejando al margen el análisis de los puntos de contacto social y lucha en los espacios primordiales de vida de los vascos, en los encuentros cara a cara y en la resolución de las necesidades cotidianas, lo único que podemos obtener es una imagen muy distorsionada de la realidad.

Más allá de la grandiosidad de los acontecimientos de masas, mucha gente se ha defendido de la agresión totalitaria en los pequeños ámbitos de la vida diaria, en los que la preservación de la libertad es esencial. Los folletos, los carteles y las pegatinas recogidos en la muestra, si no se advierte del marco limitado en el que se encuadran, no nos acercan a la verdad, más bien nos alejan de ella.

Una nota final.

La expresión sociológica más potente que se produce en el ámbito de lo político son las elecciones. Desde las de 1977, la mayoría electoral vasca siempre se ha posicionado por fuerzas políticas que han rechazado el terrorismo con absoluta claridad. Por eso, la insinuación de los responsables de la exposición de que la sociedad vasca integró con naturalidad las situaciones que provocaba el terrorismo es totalmente inaceptable.

Imanol Lizarralde – Joxan Rekondo