Mayor Oreja en pie de guerra – La Monarquía es espectáculo y no sirve para nada.

Martes 27 de febrero de 2018

Mayor Oreja en pie de guerra

El presidente de la Fundación Valores y Sociedad y exministro del Interior con el PP, Jaime Mayor Oreja, ha manifestado que los nacionalistas van a hacer una «acción común» para «hacer legal lo que hoy es ilegal» y por eso se ha de «poner pie en pared» para que pierdan «toda esperanza de alcanzar lo que quieren».

Así lo ha señalado en declaraciones a los medios de comunicación, en Zaragoza, tras participar en el Foro de la Asociación de Directivos y Ejecutivos de Aragón (ADEA) 2018, donde ha tratado sobre ‘¿Cómo orientamos el futuro y la importancia de los valores?’, sesión que ha contado con la presencia del presidente de ADEA, Salvador Arenere, y que ha sido moderada por el director de El Periódico de Aragón, Jaime Armengol.

Mayor Oreja ha esgrimido que «en España tenemos un valor en crisis, la nación», y «el problema en España es la crisis de España», algo que «estamos viendo todos los días» y a lo que «tenemos que saber hacer frente», si bien «seguimos sin entender el movimiento nacionalista en España».

Al respecto, ha vaticinado que éste «va a continuar, no termina, lo hará con otro formato, con otra modalidad, y va a tratar en los próximos meses de hacer un esfuerzo para hacer legal lo que hoy es ilegal» y de que «se incorpore de un modo u otro el derecho a decidir, el referéndum, a través de una ley».

En este punto, ha incidido en que «no hay un ‘procés’ catalán solamente, hay un proceso que en España está puesto en marcha hace tiempo, con diferentes vanguardias del movimiento nacionalista; primero fue el plan Ibarretxe, luego el plan Puigdemont y ahora la pregunta es cuál va a ser el siguiente paso», ha esgrimido.

Ante esta situación, Mayor Oreja ha apostado por dejar claro que «no se va a avanzar en ese terreno y en esa dirección» y los partidos de ámbito nacional han de ser capaces de entender que cuanto antes han de «despejar esa incógnita, esa reivindicación» porque «no puedes romper España» ya que «es un valor en sí mismo», de forma que «se podrá buscar una manera de vivir, pero no la fractura».

La Monarquía es espectáculo y no sirve para nada

Editorial de ayer del periódico digital www.vilaweb.cat. Autor Vicenç Partal. Una monarquía es, sobre todo, espectáculo. Su papel -como ningún otro papel de la esfera pública- depende de las apariencias. Y es por eso que una monarquía siempre se rodea de aquella bomba que pretende distinguir el monarca de los ciudadanos.

Si el monarca no aparece a los ojos de la gente como alguien diferente, y superior, la gente empieza a cuestionarse qué necesidad tiene. Y si la gente se empieza a preguntar por qué necesita un monarca, entonces el monarca está terminado. En el mundo, hoy, sólo quedan ya diecisiete monarcas, dieciocho si contamos el Papa, que es el único monarca electivo del mundo. La extinción de la institución monárquica parece a estas alturas sólo cuestión de tiempo. Especialmente si el monarca es polémico.

Felipe de Borbón recibió  la respuesta que merecía de la ciudadanía y las instituciones catalanas. Tuvo que entrar en el Palau de la Música sin pompa, casi de incógnito, con la policía ocupante de una manera brutal la Via Laietana y haciendo lo imposible por contener la protesta ruidosa de la ciudad. En las calles de alrededor, miles de ciudadanos resistieron los golpes y la violencia de los Mossos, así como la provocación de los monárquicos, para que el rey de España le quedara bien clara la animadversión que despierta el Principado.

La ausencia de autoridades en la cena, y todavía de manera más multitudinaria en la recepción, le humilló ante los empresarios y emprendedores del Mobile. Ni presidente del Parlamento de Cataluña, ni alcaldesa de Barcelona, ​​ni ningún representante de la Generalitat. Demasiadas explicaciones tuvo que dar. Sobre todo cuando el ruido de las protestas -himne de Riego incluido- llegaba en un Palau de la Música donde los cantantes también habían expresado la protesta por su presencia y habían pedido públicamente que no se lo dejasen acceder.

A las nueve de la noche, un repique de cazuelas ensordecedor fue escuchado por los cientos de miles de asistentes al congreso de móviles, que habían sido recibidos con lazos amarillos y pancartas sólo tocar tierra en el aeropuerto. Entre unas cosas y otras, el Borbón recibió la respuesta que se merecía de un país digno que le ha demostrado que ni se arrodilla ni se rinde y que no olvida su repugnante llamada a la violencia del 3 de octubre, el discurso que es posible que le cueste esta corona que heredó de su padre, sucesor designado por Franco.

La monarquía es sobre todo espectáculo, pero ayer Felipe VI no pudo lucir en ningún momento. Al contrario. Afuera, en la calle, quedó claro que ya sólo podrá venir a Catalunya amparado en un despliegue enorme de violencia. Y dentro del Palau de la Música, se tuvo que preocupar más por disimular las malas caras y el malestar que sentía por el ruido ambiente que por presentarse ante el mundo como el monarca democrático y moderno que quisiera hacer ver que es.

El presidente del parlamento, Roger Torrent, llevó ante sí durante toda la cena el lazo amarillo y no lo aplaudió ni para salvar el protocolo. Y, políticamente, él y el gobierno de España recibieron una derrota y una humillación que hay que entender en el contexto correspondiente. Cuando el 20 de septiembre desataron el golpe de estado y cuando el 28 de octubre activaron el 155 poco se esperaban que el Principado resistiría y contraataque tanto. Y ayer se hizo evidente que el movimiento republicano vuelve a subir, supera la estupefacción que le abrumó después de la rendición de la administración a raíz del 155, pero también se hizo evidente que España tiene un problema monumental. La última vez que Felipe se atrevió a venir fue a la manifestación contra los atentados, donde tuvo que escuchar cosas que no estaba acostumbrado a escuchar.

Y ayer se volvió a encontrar con un recibimiento que no tiene nada que ver con la que él o cualquier monarca quisiera. Ni siquiera la provocación de una raquítica manifestación de monárquicos no le salvó la tarde. Aquella Catalunya autonómica y atemorizada que pensaban que, por el uso de la fuerza, la violencia, la cárcel o el exilio, sustituiría la Catalunya republicana simplemente no existe.

Y en las próximas semanas, con la formación del gobierno, con la integración institucional del gobierno de la Generalitat con el de la República y con la movilización popular del 11 de marzo, las cosas parece que cambiarán aún más a favor y se abrirán nuevas oportunidades para rematar el trabajo que en octubre no se supo rematar como debía. De momento, sin embargo, ya puede volver a sonreír: Felipe de Borbón no olvidará fácilmente este domingo en Barcelona.   Sony.

 

 

El minuto de silencio interrumpido y la obsesión de Muñoz

Lunes 26 de febrero de 2018

El minuto de silencio

Iñigo Camino ha escrito en su Facebook este comentario que hago mío:

“Minuto de silencio en San Mamés, no respetado por los de siempre que son abucheados por la inmensa mayoría de la Catedral. Manchan la memoria de Iñigo Cabacas con gritos en su nombre. Creo que el día que San Mamés grite al unísono un estruendoso «Herri Norte kanpora» nuestros ultras empezarán a ser erradicados. En otros campos se ha conseguido. Un independentista cono Laporte terminó con la » carta blanca» en el Nou Camp de los » Boisos Nois». Urrutia tiene que aplicarse a la tarea, aunque acabar con la violencia ultra no sólo depende de la directiva. Todos somos un poco responsables por acción u omisión. Desde luego yo hoy no me he reprimido y lo menos que les he llamado ha sido » Faxistak» y » Nazis».

La ausencia de Muñoz

Y Koldo Mediavilla, este otro que también hago mío:

En la cercanía del Día Internacional de la Mujer se viene hablando y mucho de la “brecha salarial” existente entre géneros. Una desigualdad que es necesario romper efectivamente y en cuya erradicación debemos comprometernos todos. Y todos, menos mi sindicato, han participado en una mesa institucional y social cuyo interés era poner en común los datos existentes en Euskadi de esta grave carencia y buscar, si fuera posible, alternativas y compromisos concretos a su déficit estructural.

Muñoz ha intentado justificar su ausencia. Pero una vez más, su discurso, metálico y crujiente como una tos, me ha impedido entender sus razones. El secretario general de ELA advirtió que el sindicato no va a ir a “ningún sitio donde el objetivo sea dormir la reivindicación. No vamos a estar con un conciliábulo patronal gubernamental que empobrece a nuestra gente sistemáticamente pero que es capaz de hacer mucha propaganda para parecer lo contrario”.

El secretario general del primer sindicato del país reconoció que “el Parlamento Vasco aprobó una resolución donde le decía al Gobierno que se reuniera con los agentes sociales, pero ha primado el acuerdo por encima de los contenidos. Si queremos abordar el problema de la brecha salarial, nosotros no estamos para suscribir y dar validez a elementos que tengan que ver con generalidades porque con ello las cosas no van a cambiar. ¿Cómo se le puede llamar diálogo social a este engendro que lo único que está haciendo es despistar a la gente que necesita referentes reivindicativos?”.

Cualquier forma de diálogo es positiva, aunque su desarrollo no obtenga resultados plausibles. “Engendro” es caer en la melancolía del soliloquio, encastillarse en que tú y solo tú tienes la razón absoluta. Eso es llegar a un estadio febril que evidencia que el catarro ha superado la barrera de resfriado para convertirse en algo mucho más serio.

ELA no estuvo porque sus dirigentes entendieron que el “diálogo” era una engañifa, una más de las que protagonizan “los neoliberales de Urkullu y compañía”, un gobierno que “comparte el modelo de empresa” que plantea la patronal vasca, que “hace desaparecer la identidad colectiva” y al que “el sindicalismo le estorba porque desean una relación empresario-trabajador, de uno en uno”. Hemos entrado en la fase de la conspiración y para abonarla cualquier argumento alimentará la teoría de la persecución sindical. Qué pena más grande.

Me temo que a estas alturas, un jarabe antitusivo no sea ya suficiente para aliviar el problema. La cuestión es que la fiebre no vaya más allá. Por el bien de todos.

Conversando con Mitxel Unzueta

Domingo 25 de febrero de 2018

Dos historiadores vascos de prestigio me comentaban su tristeza al ver como las Humanidades van desapareciendo de los pensums de estudio y de la Universidad. ”Cada vez tenemos más jornadas técnicas sobre todo, pero ninguna en serio sobre historia, idiomas, o humanidades en general, y aunque lo primero está muy bien, convertir Euzkadi en un Silicon Valley sin alma, nos aboga a una cierta robotización”.

En el pasado, en los estatutos del EAJ-PNV, existía el Consejo Consultivo, que en una de estos vericuetos asamblearios, desapareció. Era una plataforma muy interesante de ex que podían opinar y ser consultados. Algo sabio copiado de las sociedades que rinden culto a la experiencia. Los viejos de la tribu siempre han tenido algo que decir, aunque no ahora, donde todo el mundo nace sabiendo y a la gente joven mayoritariamente le importa poco el pasado y sus vicisitudes. Mala cosa. Churchill decía que nadie al que no le interesara la historia debía dedicarse a la política y Chesterton que el inconveniente de los hombres que no conocen el pasado es que no conocen el presente.

Decía de Mc. Carthur que los buenos soldados no mueren, desaparecen en la niebla pero uno de los que afortunadamente no está en la niebla es una persona clave, un auténtico protagonista de la historia y por eso el pasado jueves, con Jokin Bildarratz y Alex Zapirain tuvimos una comida con el primer portavoz del Grupo Vasco en 1977 tras la muerte de Franco.

Mitxel Unzueta Uzkanga, de 85 años, fue profesor en Deusto y promotor de Deia, además de un prestigioso abogado con despacho propio en la calle Marqués del Puerto de Bilbao. Desgraciadamente sufre los achaques de la edad aunque tiene una cabeza clara y luminosa y los recuerdos de aquella época irrepetible, le afloran sin cesar.

Nos dice. ”Me asusta que las nuevas generaciones desconozcan lo ocurrido durante la transición. Pero sobre todo temo esa misma ignorancia entre muchos integrantes de la clase política actual con los que he hablado. Algunos tienen una imagen idílica que es del todo errónea. Recuerdo muy bien cómo muchos artículos de la Constitución se redactaron en reuniones nocturnas celebradas en restaurantes y despachos, fuera de las cámaras, y que luego se aprobaron mediante el sistema del rodillo. Aunque ahora no se hable de ello, es parte de la historia y no debe esconderse”.

Le fuimos preguntando cuestiones de actualidad y del pasado y él nos fue desgranando datos de negociaciones y acuerdos. Preguntado como recordaba la inclusión del 155 en la Constitución nos dijo que en aquella oportunidad no le dieron excesiva importancia ya que si se producía un conflicto serio en relación con las nacionalidades los militares se habían ocupado de atornillar el artículo 8, es decir, la solución del posible problema la haría el ejército y punto. El 155 lo destinaban a choques administrativos. Un buen dato.

Otro comentario de interés fue su criterio que abrir ahora la Constitución para reformarla sería un suicidio si no se va con líneas rojas pactadas de antemano. El clima político actual haría que todo lo conseguido en aquel año 78, volviera atrás. El procés catalán ha desatado la fiera y quizás deberían haber medido mejor los pasos.

Nos comentó la reunión en la caseta de monitores con el Rey Juan Carlos para que le explicaran el alcance de la Disposición adicional y del Pacto con la Corona. Nos dijo que escuchó interesado pero sin más. Después y por llamada de Juan de Ajuriaguerra al hotel tuvo que cambiar el billete y se fue a Estoril, a visitar a Don Juan de Borbón con Federico de Zabala, un hombre clave, en un viaje en tren de película de Berlanga con paradas y llegada tarde. Llamaron al secretario de Don Juan y quedaron para después de la siesta del eterno pretendiente. Les recibió amablemente en Villa Giralda, una casa que estaba bien, aunque con manchas de humedad en el techo. Le preguntamos si estaba más enterado que el hijo y Mitxel nos dijo que se le notaba su educación inglesa en la academia militar de Sandhurst, a diferencia de la cuartelera de su hijo. Don Juan tenía muchos recuerdos de sus veraneos en San Sebastián con su abuela la reina María Cristina y tenía por los vascos una cierta admiración por considerarnos gentes que administraban bien y mantenían las carreteras. Valoraba positivamente el Concierto.

El concepto de nacionalidades y regiones lo introdujo Miquel Roca ante el atasco de la ponencia constitucional donde era titular. Les preguntó a los ponentes que si no aprobaban aquello ¿qué pintaban allí vascos y catalanes? y la UCD finalmente cedió. Y, nos remarcó Mitxel que las consecuencias de autogobierno logradas eran solo para vascos y catalanes, porque no existía ninguna demanda más aunque luego aquello, tras el 23 F se salió de madre por puro partidismo irresponsable.

Ante la situación catalana nos dijo que él era partidario de una cierta tregua de dos años para coger aire e ir de nuevo acomodando las cosas ya que en Madrid les ha gustado conocer la existencia del 155 y las posibilidades que tiene .Le preguntamos sobre una Disposición Adicional para Catalunya y nos dijo que no lo veía porque fue rechazada por los propios catalanes y en Euzkadi la foralidad estaba mucho más interiorizada.

El conjuntamente con Xabier Arzalluz, Federico Zabala, Juan Ignacio Uria fueron los que tras ser rechazado el planteamiento foral, en la primera reunión de los sacramentinos preparando las enmiendas del PNV a la Constitución l (“me llamaron de broma carlista”) fue Ajuriaguerra la persona que se había quedado con aquella música y le llamó dos días antes de la fecha límite de presentación de enmiendas para que introdujeran el concepto, que luego en la negociación fue cepillado por Abril Martorell y los militares, pero al final salió lo que tenemos que es algo grande como es que los derechos históricos son anteriores a la Constitución. En dos días prepararon el meollo de la discusión y nos comentaba Mitxel que con quienes negociaban en Madrid toda esa historia de la foralidad les sonaba a música celestial y eso fue parte de una cierta ventaja con la que contaron ya que él, hasta se había leído el libro de Sagarminaga, que era todo un tostón.

A pesar de su temor a Ciudadanos y al PP, Mitxel cree que la Constitución debe reformarse en lo tocante a la cuestión territorial. “La unidad nacional, entendida en la expresada forma jacobina, es una ficción, porque hay dos colectividades humanas, Catalunya y Euzkadi, que tienen una identidad distinta de la unidad nacional española. Y esto, en 1978, había que abordarlo. Por ello se hicieron dos estatutos, el catalán y el vasco, como paso previo a la reforma del Estado. El texto constitucional, cuyo Título VIII constituyó el difícil parto que todos conocemos, no habla del Estado de las Autonomías; es un invento posterior, consecuencia de diversos pactos extraparlamentarios como son los autonómicos. Luego vino la Ley Orgánica de Armonización del Proceso Autonómico para neutralizar aquellos estatutos; la interpretación desmesurada de las Leyes de Bases, etc. El dislate autonómico actual no responde a unas demandas históricas sino a una finalidad espuria. Resultado: nadie ha conseguido su objetivo. Ni catalanes ni vascos han logrado crear un espacio que sea verdaderamente autonómico, que puedan desarrollar con libertad, ni los promotores del café para todos han acabado con los problemas catalán y vasco. El concepto de “nacionalidades”, que aparece en el artículo 2, tiene un significado que hasta ahora se ha querido ignorar. Es un tema difícil pero algún día deberá ser aclarado”.

El primer portavoz en el Senado nos dijo muchas más cosas, que la falta de espacio me impide recoger pero me quedo con su última copla: ”El origen de los problemas vasco y catalán es que aquello que hoy llamamos “España” eran en realidad “Las Españas”, un conjunto heterogéneo de territorios en los que Castilla impuso su predominio, en algunos casos manu militari, para reducir todos los reinos a sus usos y costumbres. Y así fue hasta llegar al sistema constitucional, en el que la idea de reducir todos los reinos a las leyes de Castilla se trasmuta en el concepto de “unidad nacional”. Pero dicha unidad no está basada en una síntesis de las posiciones de Catalunya, País Vasco, Valencia, Galicia y Castilla, sino en la subordinación de las primeras a la última. Mientras se siga pensando que Castilla hace España, como dijo Ortega y Gasset y otros, habrá nacionalismos periféricos, integrados por pueblos que se resisten a perder su identidad. No hay que engañarse con frases fáciles y reflexiones huecas: estos nacionalismos son respuesta y trasunto del propio nacionalismo español”.