La rata, la cigarra y el conejo blanco.

No sé lo que me durará, y seguramente a nadie le importe, pero tras el enésimo parón del blog, en este septiembre espero volver a la senda de escribir con cierta frecuencia. Una de las cosas que son recurrentes en este blog es el ligar mi vida deportiva (a veces personal) con la vida del blog (mucha carrera, mucho post) y el otro argumento recurrente puede ser que aprovecho el tiempo que entreno en soledad para reflexionar (mucho entreno, mucho post). Hoy toca uno de autocrítica, pero que puede ser extensible a otras personas (que sin darse cuenta hayan caído en mi situación) o incluso a otras situaciones de la vida.

¿Qué tema creo que es en el que he fallado? las faltas de ortografía? ese seguirá… Creo que me he mentido a mí mismo o no he sido justo con mis convicciones con el Triatlón. Más en concreto en dejarlo, seguir, dejarlo, seguir a medias, sí, pero no.…Y trato de explicarme en lo que debería ser lo más importante de este post.

Por poner en antecedentes al lector, desde el ironman de Frankfurt en 2012 la dedicación al noble deporte del triatlón ha sido en caída libre: tanto a nivel de rendimiento como de motivación, acabando con llegar a ni sacarme la licencia o ni salir en bici un solo día durante el año pasado. He hecho cosas, la verdad que han sido bastantes, y sin falsa modestia en estos 6 años he hecho cosas que muchos no harán en toda una vida (porque no quieren, porque no les compensa, por lo que sea…). Pero me he dado cuenta de que no acaba de ser feliz en esto del deporte. Y era, porque había dejado de lado algo que llevaba haciendo (de manera obsesiva durante muchos años). Visto el diagnóstico, ahora veremos las causas de dejarlo y de no retornarlo hasta ahora.

¿Por qué lo deje? parecía claro. Nació Jon y no tenía ni tiempo ni ganas para entrenar…luego nació Peio y menos aún. Pero de esta frase: no tenía ni tiempo ni ganas, hay una parte que es mentira: lo que no tenía eran ganas. Porque como decía en el párrafo anterior he hecho cosas de cierta entidad, por lo que, si el tiempo dedicado a esas cosas las hubiera dedicado al triatlón, lo podía haber hecho.

Y a raíz de estas reflexiones, este post. Lo que realmente fue traicionar mis ideas y que muchas veces se han expuesto aquí. Buscando excusas vacías cuando la verdad que lo que no quería era admitir la verdad: que me iba a arrastrar como una rata. Y eso era lo que no quería, entrenar y entrenar, sacrificar y sacrificar, para luego acabar el último. Que es lo que más me jode, que antes no era así, que he sido más veces último que primero… Me fui buscando alternativas o bálsamos cuando lo que tenía que haber hecho era asumir el problema. Podía haber bajado el pistón durante estos 6 años, pero estando ahí y ahora que los críos son algo mayores, que el retorno no fuese tan penoso.

No se la expresión exacta, pero en mi castigo está la penitencia… y ahora que he intentado volver a hacer larga distancia, ironman etc etc… me está costando lo que no está escrito: por haberlo dejado de lado y por seis años más viejo. Pero se lo que quiero y aunque sea arrastrándome volveré a disfrutar de la fiesta.

Publicado por

Iker Martín Urbieta

Deportista a media jornada. Contacto: iker.martin@gmail.com Follow me: @ikermu21

2 comentarios sobre “La rata, la cigarra y el conejo blanco.”

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