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Zapatillas

POR propia experiencia doméstica me imagino a muchos padres y madres, sobre todo a vosotras, amatxos responsables, porque ellos escurren el bulto con olímpica habilidad, mascullando groserías irreproducibles mientras frotáis y limpiáis, tratando de resucitar el tono y color de vida de las zapatillas de deporte de vuestros vástagos. Misión ardua casi inalcanzable, porque la suciedad y acumulación de mugre es consustancial a la zapatilla deportiva de cualquier adolescente que se precie. Pues el frotar y el limpiar sin visos de solución pueden tener los días contados, ya que en ayuda de tanto esforzado limpiador llega Gucci, la prestigiosa firma de lujo dedicada al diseño y fabricación de artículos de moda, con las dirty sneakers, zapatillas sucias-roñosas, como usadas un mes seguido sin limpiar.

Ni cepillo ni jabón y mucho menos lavadora, este año las zapatillas sucias marcan tendencia en moda deportiva. Sucias solo en apariencia, con aspecto de zapatillas viejas y usadas, dando la impresión de tener una cierta capa de mugre. Lo único que puede frenar el uso de este último grito de la moda en deportivas son los 690 euros que vale alguno de los modelos screener que Gucci ha presentado para esta temporada. Por bastante menos de este precio yo, y me imagino que la mayoría de ustedes, vendería mis propias zapatillas descascarilladas, aunque me temo que el coste no sería igual, no ya por la buena o mala calidad del producto sino por el prestigio de la marca y el plus de exclusividad que da Gucci y no Lauzirika, al menos por ahora.

Aunque el camino de la vida tiene muchos recovecos y cambios de intendencia, algunas de las ideas de la mochila existencial no se cambian nunca y una de ellas era la frase de mi ama. “Para dar buena imagen ante los demás lleva siempre el pelo y los zapatos limpios”. Pues Gucci está a punto de echar por tierra mis buenos principios educacionales maternos. Las zapatillas sucias ya no serán símbolo de pocos recursos y escasa educación que me decían en casa, sino lo más chic de la moda más guay, es decir lo top-top.

Algo similar sucede con la moda en los vaqueros. Recuerdo los adabaki de mi niñez y no puedo evitar mi asombro ante la realidad de la moda de los vaqueros rotos, no por uso ni por rotura que una misma haga, sino porque se venden así, con desgarros de diseño en moda va a más, es decir, cuanto menos tela más caros serán. Por 140 euros te dan los trozos de tela suficiente del modelo Extreme Cut OUT de la marca japonesa Carmar para recordar las líneas de un pantalón rematadas en la parte superior como si fuera un tanga. Pero lo siguen llamando pantalón. 

He visto en los campamentos saharauis, en los suburbios de Uagadugú, Yaundé, Porto Novo, Kigali, Banjul, Asmara… y de tantas otras ciudades a tantos niños y tantas niñas descalzos o calzando mugrientas zapatillas con pantalones rasgados de verdad por el uso, que me pregunto si podemos elevar a moda la apariencia de lo que otros sufren de verdad. Como en tantos otros aspectos, mientras ellos lo sufren de verdad, nosotros lo aparentamos. 

nlauzirika@deia.com @nekanelauzirika

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