Veinticinco años después de la firma del primer Acuerdo Interinstitucional para mejorar la atención a las mujeres víctimas de violencia machista en Euskadi, las instituciones vuelven la vista atrás para recordar los avances conseguidos. Pero también hay una pregunta que no podemos dejar de hacernos: ¿por qué, después de tantos años de protocolos, acuerdos y compromisos, seguimos teniendo que lamentar tantas mujeres asesinadas?
El lehendakari, Imanol Pradales, ha presidido en el Palacio de Ajuria Enea el acto conmemorativo de este acuerdo, firmado por primera vez en 2001. Una iniciativa pionera que estableció unas pautas comunes de actuación entre los servicios sanitarios, policiales, judiciales y sociales para mejorar la atención a las víctimas.
Desde entonces se han firmado otros dos acuerdos, en 2009 y 2023, que han ido ampliando la protección y adaptándose a nuevas realidades. El último contempla todas las formas de violencia machista contra las mujeres y pone el foco también en sus hijos e hijas, la detección precoz, la recuperación y la reparación del daño.
Sin duda, coordinar a las instituciones es fundamental. Una mujer que sufre violencia necesita encontrar apoyo, protección y respuestas, independientemente de la puerta a la que llame. No puede verse obligada a repetir su historia una y otra vez ni encontrarse con obstáculos precisamente cuando más ayuda necesita. Pero los avances sobre el papel no pueden hacernos perder de vista la realidad.
44 asesinadas en el Estado lo que va de año
Las cifras siguen siendo estremecedoras. A 30 de octubre de 2026, 44 mujeres habían sido asesinadas en España por sus parejas o exparejas. Además, 35 menores habían quedado huérfanos como consecuencia de esta violencia. Son 44 vidas truncadas y decenas de familias destrozadas. Y hay otro dato que debería hacernos reflexionar: 32 de esas 44 mujeres no habían presentado denuncias previas contra sus agresores.
En Euskadi, durante el acto conmemorativo también se recordó que 4.814 mujeres habían sido víctimas de violencia machista en los primeros nueve meses del año. Al mismo tiempo, los delitos conocidos contra la libertad sexual habían aumentado un 8,1%. A estos datos se suma una realidad cada vez más preocupante como la violencia que se ejerce a través de las redes sociales, los nuevos mecanismos de control y acoso y los discursos que niegan o minimizan la violencia machista.
No basta con celebrar los acuerdos; hay que preguntarse qué está fallando
Los 25 años de coordinación institucional merecen un reconocimiento. Pero una conmemoración no debería servir únicamente para repasar lo conseguido y renovar compromisos. También debería ser una oportunidad para analizar qué no está funcionando y qué cambios son necesarios.
Porque si después de 25 años seguimos contando mujeres asesinadas, mujeres amenazadas y víctimas que necesitan ayuda, está claro que todavía queda mucho por hacer. ¿Llegan los recursos a tiempo? ¿Se detectan suficientemente pronto las situaciones de riesgo? ¿Están protegidas las mujeres que deciden denunciar? ¿Qué ocurre con aquellas que viven sometidas a la violencia y no se atreven a dar el paso?
No podemos atribuir todas las muertes a un único fallo ni pensar que un acuerdo institucional, por sí solo, puede acabar con esta violencia. Pero tampoco podemos conformarnos con los protocolos existentes si no conseguimos que se traduzcan en una protección efectiva.
La directora de Emakunde, Miren Elgarresta, ha insistido en la necesidad de seguir reforzando la cooperación entre instituciones y adaptar las respuestas a las nuevas formas de violencia. Una reflexión necesaria, porque la realidad cambia y las herramientas de protección también deben hacerlo. Veinticinco años después, el objetivo debería ser que ninguna mujer se sienta sola, desprotegida o sin salida. Y que ninguna tenga que morir para que las instituciones lleguen a tiempo.
Los acuerdos son necesarios y la coordinación también. Pero el verdadero éxito no debería medirse por el número de protocolos firmados, sino por las mujeres que conseguimos proteger y por las vidas que logramos salvar.