Un soplo de aire fresco desde Brasil

Esta mañana me he levantado con una sonrisa. La victoria de Lula en Brasil me ha producido una alegría especial. Una de esas noticias que, más allá de las simpatías políticas, te hacen pensar que todavía hay motivos para confiar en la democracia.

Brasil ha elegido de nuevo las urnas frente al autoritarismo. Frente a quienes convierten al adversario en enemigo, desprecian las instituciones y alimentan la división como forma de hacer política. Frente a los Bolsonaro y a esa manera de entender el poder que tanto daño ha hecho.

Y no ha sido fácil. Lula ha tenido en contra a buena parte de los poderes fácticos, enormes intereses económicos y mediáticos, presiones internacionales y una maquinaria tecnológica con una capacidad de influencia que cada vez cuesta más ignorar. También ha tenido enfrente a Estados Unidos y a quienes, desde fuera, no siempre ven con buenos ojos que determinados países latinoamericanos decidan caminar por su cuenta.

Por eso la alegría de esta mañana tiene algo más profundo. Es la alegría de comprobar que, incluso cuando parece que todo está en contra, la gente puede decidir. Que las urnas todavía pueden imponerse a los grandes poderes. Que la democracia, con todas sus imperfecciones, sigue siendo una herramienta formidable frente a los autoritarismos.

No sé si Lula será capaz de cumplir todo lo que promete. El tiempo lo dirá. Pero hoy no toca hacer balance de gestión. Hoy toca celebrar que Brasil ha abierto una ventana.

Un soplo de aire fresco. Y, en estos tiempos, no es poca cosa.

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