Dos años de López y unos días de Juaristi

Primero de marzo, dos años redondos del estreno de Cuando Patxi encontró a Toni, que como en la peli original parodiada, la de Meg Ryan y Billy Crystal, tenía como escena más famosa la simulación de un ruidoso orgasmo. De hecho, de aquel día acá la pareja protagonista no ha hecho sino repetir una y otra vez la toma alternándose en la ejecución del clímax fingido. Ni a los suyos les ha convencido el teatrillo, según todas las encuestas, incluidas las cocinadas en casa. Pero a quién le importa lo que piense esa cargante chusma que llaman ciudadanía, si el consejo de notables del grupo mediático amigo (cuando conviene, claro) le ha otorgado un entusiasta aprobado cum laude al gabinete del ingeniero -ejem- del cambio. Cierto es que en contrapartida, al otro lado del eje del mal, o sea en estas mismas páginas y otros andurriales extramuros del poder bipartito, el cate ha sido sin paliativos. Siempre hemos sido país de blancos y negros.

Fiel retrato del bienio

Tenía servidor la intención de desmarcarse de ese extremismo calificador y ensayar un balance razonado y razonable de pros y contras de estos 24 meses de tortilla vuelta, pero el domingo vi lo inútil de la tarea. Por favorables que se mostraran las musas conmigo, jamás podría llegar a garrapatear un puñado de líneas que definiesen el bienio que cumplimos con tanta precisión como la exhibida anteayer en las páginas de ABC por ese dechado de todo lo inefable llamado Jon Juaristi Linacero. Lo más espectacular del caso, rozando el prodigio, es que su propósito no era, ni de lejos, hacer un retrato de esta primera mitad de legislatura. Era sólo otro compendio de sus regüeldos bravucones y, sin embargo, como las caras de Bélmez o el rostro de Jesucristo en la célebre tostada, pero sin necesidad de trucos, de entre el olor a chorizo emergía una nítida imagen de Nueva Lakua.

Sólo en un tiempo como el inaugurado por López es posible que un Gobierno ampare, promocione y adopte como mascota a un tipo como Juaristi, que además de celebrar que Savater se lo haya pasado bomba -literal en su columna- con el terrorismo, se jacta de haber aceptado el puesto en el Consejo Asesor del Euskera únicamente -también literal- para chinchar porque el idioma le importa una higa. Objetivo conseguido: ha chinchado a lo grande y en el mismo viaje ha dejado perdido de guano un organismo que se supone debería quedar fuera de la refriega politiquera. Y no va a ser la última vez. Sabe que goza, no ya de impunidad, sino de la complicidad absoluta de quienes lo apadrinan.

Doña Ana, el culebrón

Mira tú que la ETB de Ares-Surio va a tener como quien dice en casa el remedio para que sus audiencias vuelvan por dó solían antes del cambio de guardia. Darle boleto definitivo -eso se espera- al exterminador de telespectadores de Eibar ha sido, utilizando la terminología al uso con la abertzalidad descarriada, un paso en la buena dirección… pero insuficiente. Si de verdad se aspira a remontar los cañones del share, el lavado de cara del programa de la tarde y su prometido despioje sectario (ya veremos) deberían ser complementados y apuntalados incorporando a la parrilla un producto audiovisual de pegada. ¿Otro bostezante pastiche cultureta a mayor gloria de la intelectualidad constituto-estatutaria pergeñado por fieles manos amigas? Ya se ha visto que eso no chuta. El revulsivo que necesita Telelópez es un señor culebrón con todos sus sacramentos. Ofrezco gratis los títulos que barajo: Flor de Somoto, Pasión de Delegada, La hacendada Urchueguía, La alcaldesa de España o, si vamos a lo simple y efectivo, Doña Ana.

La trama

La línea argumental, que daría para un centenar de capítulos o más, está en las inspiradísimas crónicas que ha publicado ayer y hoy Xabier Lapitz en este periódico. Ni el mago de las telenovelas Fernando Gaitán -autor de Betty la fea y Café con aroma de mujer, entre otros muchos éxitos- sería capaz de imaginar un personaje tan redondo como el de la ex-alcaldesa coraje de Lasarte devenida en la amada y temida todopoderosa terrateniente de la localidad natal de Carlos Mejía Godoy. Esto último nos deja resuelto hasta la elección de la canción de cabecera que todo serial que se precie necesita. Sobre un primer plano del fierro “AU” en el lomo de la ya famosa vaca de pelo color crema y vetas en canela, se empezaría a escuchar: “Son tus perjúmenes, mujer, los que me sulibellan, los que me sulibeeellan…”

Tras el consabido hilado de imágenes de los cafetales, los robledales, los volcanes al fondo, la protagonista acariciando a su yegua consentida, amenazando revista en mano a los lugareños o pasando un dedo lujurioso por la comisura de los labios del galán, comenzaría el capítulo. “Ay, mi Doña Anita, que un periodista pendejo le anda buscando las hebras por acá”, habla por el celular un tipo malencarado con pistola. “No te me apures, mi buen Aquiles. Son los hijoeputas del Noticias de Gipuzkoa, que me quieren fregar, pero ya Don Francisco está al tanto allá en España y ni modo que me agarren”, dice ella desde Chile, con un brillo de ira en la mirada. Continuará.

López y la comunicación

La llantina oficial en Nueva Lakua y territorios asimilados defiende que el PNV practica una oposición de fauces atornilladas a la pantorrilla. No se dirá, imagino, por la benevolencia de dominico beatífico que gastó el viernes Andoni Ortuzar para contestar al fantasioso discurso autoglorificador que se largó su Excelencia López en la conmemoración de su Segundo Año Triunfal… para el que aún quedan unos meses, por cierto. El inventario de ensoñaciones que espolvoreó el de Coscojales (“Hemos demostrado que gestionamos mejor con menos” y demasías similares) daba pie para una réplica demoledora e inmisericorde. Sin embargo, el jelzale, que tal vez no se ha desprendido totalmente del espíritu navideño, se conformó con recordar al inquilino de Ajuria Enea que su gobierno necesita “un arreón que no va a conseguir con una foto”, pues lo único que tiene es “un pacto y una política de comunicación”.

Lo primero, lo de la Santa Alianza con la cofradía de la gaviota, salta a la vista y este país lo padece cada minuto de cada hora de cada día. Lo segundo va más allá del precio de amigo por parte de Ortuzar. Reconocer que los jinetes del cambio tienen una política de comunicación es como observar un cierto aire entre el autor de estas líneas y George Clooney. Las carencias de este ejecutivo dan para un volumen más grueso que la guía telefónica de Tokyo, pero ninguna de ellas es tan flagrante como la nulidad comunicativa acreditada desde el mismo día de la toma de posesión.

Los forofos no ayudan

No será por falta de asesores, me dirán ustedes, que están al cabo de la calle de la inédita cantidad de aprendices de brujo, palmeros, consejeros aúlicos y lectores de la buena ventura con cargo al presupuesto público de que se ha hecho rodear López. Pues miren, sí, en buena parte es justamente por eso. Una claque de forofos -no pocos de ellos, lamealfombras del gobierno anterior realquilados a cambio de un bonobús o un bonoego- es la peor ayuda cuando se necesita transmitir un mensaje a una sociedad como la vasca, que hace tiempo rebasó la mayoría de edad. Sin autocrítica, sin Pepitos Grillo que lo bajen de la nube, un gobernante pensará siempre que lo está haciendo de cine. Y así le va a ir.

Tal vez a alguien le de una apoplejía por lo que voy a escribir, pero sostengo que si atendemos a su composición, este gobierno no es ninguna panda de ineptos. Celáa, Zabaleta, Aguirre… tienen cualificación de sobra para desempeñar su tarea. Lo que les hace parecer malos es la comunicación. Junto a otras cosas, claro.

Hubo reunión, pero no la hubo

Bajé hace un tiempo del pedestal a la gran deidad del periodismo Ryszard Kapuściński y, metido en gastos de sacrílego, últimamente me he atrevido a darle la vuelta a una de sus sentencias universales. Decía el polaco, y así se titula su catecismo más famoso, que los cínicos no sirven para este oficio. Yo pienso exactamente lo contrario. Creo que son las almas blancas y puras las que no tienen bola que rascar en el quehacer este de tratar de enterarse de cosas y contárselas a los demás. Sin un cierto grado de retorcimiento en el colmillo, sin conchas de galápago o resbaladizas plumas de pato, sin la malicia para marcar a la derecha con el intermitente antes de girar a la izquierda, no hay forma de resguardar el estómago de úlceras en el mester de juglaría contemporáneo. A veces, ni aún así, que por algo los plumillas estamos entre los mayores consumidores de antiácidos.

Voy de la teoría a la práctica. Tomar esa distancia aparentemente caradura me está ayudando a no terminar hecho un ocho en el penúltimo enredo de las reuniones entre el PSE y la Izquierda Abertzale ilegalizada, de sus consecuentes repercusiones en el pacto sociopular y, en el mismo rebote, en el actual escenario político. Y ahí les acaba de quedar escrita la palabra clave: escenario. No olviden nunca que esto es una función donde tiene que haber arlequines, polichinelas, pierrots y demás personajes, algunos hasta repetidos.

Antón Pirulero

Basándome en esa premisa, que ya es tramposa de origen, soy capaz de pensar al mismo tiempo y sin contradicción que el famoso encuentro se celebró y que no tuvo lugar jamás. Lo primero me consta porque lo ha publicado este mismo periódico y, de propina, el de la acera de enfrente. Lo segundo es más difícil de explicar, así que dejémoslo en que me lo trago porque me conviene, igual que de niño me resultaba más ventajoso creer en los Reyes Magos que no hacerlo. Lo de “La verdad os hará libres” es un buen eslogan, pero no mejor que “El algodón no engaña” o “Si quieres tener salud, come pipas de la Cruz”.

Dejémonos, pues, de grandilocuencias. Sólo estamos una vez más en otra edición de Antón Pirulero, donde cada cual tiene que atender a su juego para no pagar prenda. El PSE y la Izquierda Abertzale tienen que reunirse y decir que no lo han hecho. Al PP le toca ofenderse muchísimo y amenazar con romper la Santa Alianza, sabiendo que de momento no lo hará porque afuera hace frío. Los periodistas cínicos debemos hacer como que el asunto carece de trascendencia aunque la tenga por arrobas.

Anatomía de una gran pifia

La antología de la humillación política tiene desde anteayer un hito -iba a escribir “mojón”, pero la polisemia de tal palabra me frena- difícilmente superable. Relatarían los cronistas deportivos que ni los más viejos del lugar recordaban que un partido de la oposición se permitiera la demasía de hacerle los deberes al Gobierno, dejárselos sobre la mesa y apartarse con gesto torero para que los flashes -”lo importante es la foto”, ya saben- inmortalicen al alumno tardo recogiendo el “cum laude” de mérito ajeno.

Nos dirá el PNV, y le creeremos, que su abnegado empecinamiento negociador a beneficio de terceros prueba que en su escala de valores está primero el interés general y luego los votos. Pero como la miel y las hojuelas a veces son compatibles, no hay que ser Maquiavelo para comprender que además de los 472 millones de euros rascados junto a una transferencia que es prácticamente un incunable legislativo, en la misma jugada ha conseguido hacer que su adversario quede como Cagancho en Almagro. Mérito de los jeltzales, no vamos a decir que no, pero como casi todo gol en propia puerta, producto de una gloriosa cantada de la defensa lopecista.

La moviola

Como la actualidad va a trompicones y la algarabía informativa hace que nos perdamos detalles decisivos, es necesario rebobinar y congelar la imagen, como en la entrañable moviola de Ortiz de Mendívil. El momento crucial, los polvos que trajeron estos barros, la visa para un desastre adquirida por el actual inquilino de Ajuria Enea, se produjo hace aproximadamente un mes. Ante el anuncio de la negociación presupuestaria y el aviso de que los cromos en almoneda eran las dichosas políticas activas, el PSE optó por el pretendido ataque de cuernos. Al quite, la prensa cizañera se comportó como hacen los amigos que convierten en innecesarios a los enemigos: venga y dale con la monserga de la ofensa de Ferraz/Moncloa a su sucursal vasca, raca que raca con la inminente ruptura del gobierno que había devuelto la alegría de vivir a este pedazo de Vardulia.

Cualquier asesor de imagen que hubiera leído las andanzas de Pío Cabanillas, aquel de “no sé quiénes, pero hemos ganado”, habría recomendado ponerse a la cabeza de la manifestación. Si, además, conociera las obras de la moralista Isabel Pantoja, habría aconsejado, de propina, “sacad dientes, que les jode”. Después de eso, cuando el pescado estaba bajo el brazo de Urkullu y Erkoreka, el lehendakari sale con el sello y dice que lo acordado lleva su visto bueno. ¿A que no cuela?