Aquel calcetín y al habla con quien le sustituyó como Alcalde

Lunes 30 de marzo de 2020

Siempre que se habla de José Antonio lo hacemos de su etapa de Diputado y Lehendakari y nos olvidamos que también fue alcalde y de un municipio importante como el de Getxo. De allí surgió el movimiento municipalista que lideró él para plantear el primer estatuto de autonomía, el conocido como el de Estella, que incluía a Navarra y que la falsificación de unas actas impidió se tramitara con los cuatro territorios.

Pero a mí siempre me interesaba que es lo que había hecho Agirre en Getxo y hablé un día con su Alcalde (1983-1987) Juan Ramón Barquin, un antiguo gudari, con quien redactamos la base de un concurso con el fin de estudiar su paso por el ayuntamiento. En algún sitio deben estar los resultados de unos tres interesantes trabajos que estudian su período municipal. Ahora que la alcaldesa es su nieta no estaría nada mal que se conocieran, aunque me da que nadie en Getxo tiene noticia de ellos. Yo entregué una copia de los escritos a la Fundación Sabino Arana. Es el signo de los tiempos.

El caso es que indagando me enteré que quien le sustituyó al frente del ayuntamiento, cuando tuvo que dimitir por su carga de trabajo en el Congreso y como líder de la consecución de ese primer estatuto era un nacionalista acrisolado, Mitxel Garteiz, con quien mantuve una interesante conversación en una comida que nos organizó Gabriel Goiri en su casa.

Producto de aquel encuentro son estas notas.

Estamos ante Mitxel Garteiz, el hombre que con sus 74 años es el único que vive de todos los que formaron parte de la Corporación Municipal de Getxo, cuando José Antonio de Agirre fue alcalde de la misma, en 1931.

Señor Garteiz, ¿Cuál fue su papel en el Ayuntamiento de Getxo?.

En las elecciones de 1931 fui presentado para concejal por el Partido Nacionalista Vasco en el distrito de Las Are­nas, pues Getxo estaba dividido en tres distritos electorales: Algorta, Las Arenas y Sta. María de Getxo. El Partido ob­tuvo una aplastante mayoría en los tres y por tanto entré a formar parte del Ayuntamiento ocupando el cargo de conce­jal. Posteriormente, cuando estaba en la alcaldía Larrondo, el que fuera compañero de Sabino de Arana, desempeñé la labor de teniente de Alcalde y más tarde la de Alcalde.

¿Conocía a José Antonio de Agirre antes de llegar a con­cejal?

Sí. Yo estudié derecho en Deusto, con la misma edad y en el mismo curso que José Antonio. Me unía a él una gran amistad pues no sólo coincidíamos de día, en la comida y en clase, sino que además hacíamos los viajes de ida y vuelta a la Universidad juntos, ya que los dos residíamos en Algorta. Estudié con él cuatro cursos de la carrera, hasta 1924, luego cada uno se fue por su lado y dejamos de vernos con tanta frecuencia, hasta que hacia 1930, con la caída de la dictadu­ra y el resurgir del Partido, entablamos una nueva y profun­da amistad bajo el aspecto de la actuación política, amistad que duró hasta su muerte.

¿Háblenos de José Antonio como hombre?

Desde la niñez destacaba por su personalidad especial. En Orduña, donde empezó a educarse, era ya un líder, en es­tudios, en deportes, un poco en todo. Es curiosa la frase que un día en las Cortes dirigió Indalecio Prieto. «No es lo mis­mo llevar la minoría Vasco-nabarra que la delantera del Athletic», pues José Antonio jugaba en el Athletic de Bil­bao. Es evidente que Prieto se equivocó, no sólo llevó la «minoría», sino muchas más cosas que el mismo Indalecio. Era un hombre íntegro, sin complejos de ninguna clase. Re­cuerdo que un pleno del Ayuntamiento, hurgando en los bolsillos de su chaqueta sacó por equivocación un calcetín que quedó a la vista de todos sin que por ello se inmutara. El andar entre Getxo y Madrid le hacía tener ese calcetín en el bolsillo. No conocía la vergüenza social. Sabía cuál era su fin e iba derecho a él sin reparos ni desvíos, pero siempre con la ver­dad en la mano, por ejemplo sus críticas eran totalmente ob­jetivas, he de decir que nunca le oí algo molesto u ofensivo, ni aún de sus mayores enemigos. Criticaba los actos, no las personas. No conocía el odio, ni siquiera el rencor.

Aparte de esto tenía una enorme simpatía, un físico agradable, a pesar de ser un atleta un poco bajo, recio y fuerte, sus rasgos eran sumamente atrayentes y su sonrisa extraordinaria. Era un líder que arrastraba al pueblo, como ni entonces ni hoy arrastra nadie, atraía sobre todo a la ju­ventud, pues su espíritu era joven y sus teorías sociales muy avanzadas.

En resumen era un modelo de hombre con muchas virtu­des y para mí, ningún defecto.

¿Qué labor desempeñó como Alcalde?

En las elecciones barrió Getxo. Fue un Alcalde brillante y popular, que se esforzó al máximo por hacer el bien de este pueblo pero no llevó a cabo actos administrativos destacados por dos importantes razones. En primer lugar, ocupó el cargo durante relativamente poco tiempo, 1931 a 1933; la otra causa fue que inmediatamente se implicó en el cargo de diputado a Cortes, siendo dicho trabajo mucho más impor­tante para nuestro país. Hay que considerar además que la gran labor realizada por el Ayuntamiento de Getxo en la campaña pro-estatuto, que culminó en Estella en una verda­dera explosión de vasquismo, vino sin duda alguna marcada por la inigualable figura de José Antonio de Agirre.

¿Qué le parece la labor desarrollada por José Antonio durante la guerra?

Su trabajo como Presidente del Gobierno Vasco y la de este último fue muy destacada, pues a pesar de no tener un ámbito territorial grande, su importancia para la República fue clave. Esta abnegada resistencia vasca a la destrucción fue quizás una de las causas por la que ciertas esferas mani­festaran tanto rencor y tanto odio contra este país.

En el exilio, ¿Cambia el ánimo de José Antonio?

No, en absoluto. Debido a su gran fuerza de voluntad y a su inclinación al optimismo nunca se desesperaba. Estaba siempre dispuesto a la lucha. Es de destacar el apoyo admi­rable que siempre tuvo en su esposa.

Háblenos de ella.

Marutxa era una mujer señorial, respetuosa, bonita y discreta, con un gran sentido de la verdad de la vida que fue el que le impulsó a elegir el camino que siguió, fue siempre un apoyo para José Antonio pero incondicional, sobre todo desde su exilio hasta su muerte.

¿Qué significación tiene para Vd. el homenaje  que le vamos a organizar este  7 de Mayo?

Los viejos dividimos la vida en dos partes, antes de la guerra y después de ella. Pues bien, para mí este homenaje es recordar todo lo anterior a la guerra con nuestras penas y nuestras alegrías, recordar la acción del Partido en aquella etapa histórica, y sobre todo rendir honor a la enorme talla de José Antonio de Agirre.

¿Qué opina de la actual política del Partido Nacionalista Vasco, y por dónde enfocaría la lucha?

Yo creo que hoy tenemos unos dirigentes que saben lle­var muy bien el timón. En cuanto a la segunda pregunta me parece que han de seguirse unas normas que constituyan el eje central del Partido. El Partido ha de tener una amplia vi­sión social, la elevación del estándar de vida de las clases hu­mildes debe ser una de nuestras metas más inmediatas. No se puede hablar de paz si hay hambre”.

Hasta aquí la entrevista con Mitxel Garteiz. Era un señor de los de aquella época, elegante, respetuoso, positivo, cargado de vivencias. Nos contó varias vivencias más sobre su época de jugador en el Athletic y de su noviazgo y boda en Begoña. Lástima no poder volverle a preguntar más cosas para que la gente de hoy sepa que fue un líder excepcional pero de carne y hueso y con hechos como ese de sacar en un pleno un calcetín. ¿A que no sabían ustedes esa anécdota?. Pues también ese era José Antonio.

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