Lunes 1 de octubre de 2026
Nekane Lauzirika
Dicen que un amigo/a es la persona que tras saludar y preguntarte que tal estás, espera para escuchar con atención tu respuesta. Es el caso de las nueve mujeres que nos presenta Iñaki Anasagasti en este libro, un glosario bibliográfico y humano de reposado valor histórico que resuena como un timbal vibrante con su alegato para poner una estatua en plaza pública a cada una de ellas por haber sido amigas de los vascos, amigas de las que se paran a escuchar tu respuesta plenas de empatía.
Como mujer, como vasca y como niña subrepticiamente represaliada en segunda generación por esa doble condición, me congratula leer las biografías de estas nueve mujeres en lo que concierne a su relación con los vascos y vascas, con Euskadi y sobre todo con los represaliados y exiliados de la guerra (in)civil del 1936 y sus vidas en países que tan bien los acogieron, pero que no eran su patria, la Euskadi a la que siguieron añorando con profunda nostalgia.
Ahora que estamos viendo con mirada aterrorizada cómo en las guerras que asolan otros lugares se llevan por delante tantas víctimas inocentes, especialmente niños y mujeres, no podemos dejar de reseñar la impagable labor humanitaria que estas mujeres amigas de los vascos realizaron en pro de los niños y niñas de una Euskadi incendiada más por la cólera, la furia, la venganza, la represión y las ganas de exterminio de los invasores fascistas que por sus bombas sobre Otxandio, Durango, Amorebieta o Gernika.
Políticas, nobles o de clase media, activistas, fotógrafas, aviadoras… su posición no fue obstáculo sino acicate para su labor de activistas por los derechos humanos, por salvar vidas, vidas de vascos/as en tiempos de represión furibunda.
Hoy, aquí y ahora, muchas décadas después, en una época en la que importantes grupos mediáticos y de poder en el entramado del Estado español tratan de hacernos olvidar los hechos y negarnos la memoria, contándonos que en 1936 los pájaros disparaban a las escopetas, el trabajo de recopilación de Iñaki Anasagasti es más encomiable que nunca, porque la verdad escuece al mentiroso en la misma medida que ennoblece a quien se guía solo por ella.
Y como la verdad debe ser como el candil bíblico que no se esconde, sino que ha de mantenerse alto para que nos ilumine con su luz, la propuesta de los autores de situar en nuestras plazas estatuas de estas amigas de los vascos sigue siendo hoy tan pertinente como siempre lo fue.
Porque estas mujeres se pararon a escuchar nuestra respuesta cuando les pedimos ayuda y no solo eso, sino que además se desviaron de sus propios intereses para proporcionarnos esa ayuda. Así que, nunca mejor empleado el término “amiga”.
Creo que a todos nos gustaría pasear por esa galería ajardinada con las estatuas de estas amigables heroínas filo vascas.

Vamos a ver Don Iñaki y Sra Lauzirika,para discrepar con educación y más respeto
En este nuestro país,Progrelandia,donde campan por sus anchas feminazis demagogias,comunuicadoras por la txanpona,en etbwokebildutarra,y otros medios de prensa,uno empieza a estar dese hace un tiempo un poco harto,de tanto rollo antimasculino
Ni que decir tiene que hay personas de sexo femenino,que socialmente interactúan al igual que los del sexo,el otro ,no el opuesto ,osea el masculino varón.
No me gustan de este artículo ciertas expresiones ,ni como capitaliza lo vasco,exclusivamente por los del Frente Popular de aquel nefasto trienio,36,-39,en nuestro país y en nuestra nación
Nota,por si acaso ,creo en.los derechos humanos,en la no discrimacion Hay personas del sexo femenino,que por yo ser del centro derecha liberal euskalduna,me han tratado muy mal a mí y a personas colegis míos.