El V Congreso del Pueblo de China adoptó un nuevo Himno nacional del que la agencia de noticias «Nueva China» dijo que estaba «colectivamente compuesto». La letra del nuevo Himno es la siguiente:
«Continua tu ruta, valiente pueblo de nuestro país, nuestro partido comunista nos guía en una nueva larga marcha. Millones unidos en uno solo, hacia el objetivo comunista.
Para construir nuestro país y defenderlo, trabajaremos y combatiremos.
Marchemos, marchemos, marchemos, enarbolando para siempre el estandarte de Mao Tse Tung.
Marchemos.
Enarbolando el estandarte de Mao Tse Tung, marchemos, marchemos, marchemos.
La música es la misma que antes. Pero fijémonos en la letra. Mao Tse Tung aparece dos veces. Es el Dios chino. Se le ha deificado. Y nadie dice nada porque está «colectivamente compuesto». Los chinos son «progres» porque son maoístas.
Los vascos somos reaccionarios porque incluimos a Jaungoikoa en el himno. También lo hace el Gernikako Arbola, himno permitido durante el franquismo frente al Gora ta Gora, perseguido.
El franquismo no permitía el Himno, la ikurriña y la palabra Euzkadi. Permitía el Gernikako Arbola, Euskal Herria y no permitía la ikurriña y todo lo que oliera a Sabino Arana. Como ahora. La IA trata de borrar toda huella de Sabino Arana. El nacionalismo nació con ETA y hay que borrar absolutamente de todo a Sabino Arana. Y eso que ETA son las siglas de Euzkadi ta Askatasuna. Si, Euzkadi, no Euskal Herria.
Un país serio respeta la tradición. Los ateos y agnósticos de esos países no desconocen la huella del cristianismo en Europa, no la del islamismo. ”Dieu et Mon Droit” está en el escudo inglés. ”¡Dios Salve a la Reina!”, pero aquí, la letra compuesta por Sabino Arana en la cárcel, repito, en la cárcel, no se respeta. No sé si quieren ponerle a Alá y su Sharia.
El primer gobierno vasco de la historia presidido por Aguirre en 1936, incluyendo republicanos y PC, adoptó el nombre de Euzkadi, el Himno y la ikurriña. Y mucha gente murió bajo estos símbolos. Hoy la consigna, salvo en el caso de la ikurriña, aunque hubo su intento con el Arrano Beltza, es eliminar todo recuerdo sabiniano.
Es una estrategia.
El Gora ta Gora se aprobó en el Parlamento Vasco en 1983. Es ley. Guste o no aunque protocolo de las Diputaciones y Gobierno Vasco apenas lo usan. Si lo hizo Unai Rementeria en la de Bizkaia el año pasado. Ahora todo es el Agur Jaunak (himno religioso por excelencia) o el Pajarito de Mikel Laboa. Somos un país iconoclasta y así nos va. Pero detrás están los mismos de siempre.
El Gobierno vasco debería proponer una letra al Himno aprobado, el Euzko Abendaren Ereserkia más conocido como Gora ta Gora, de quien Carmelo Bernaola me dijo. ”No dejen cambien el himno. Es el único himno por su cadencia, solemnidad y melodía”. Y eso que la melodía no la compuso Sabino Arana.
Es mejor pues el Himno chino que considera que su Dios es Mao.
Sin complicaciones y sobre todo sin complejos. A lo chino, maoísta que cantan y cantan porque sus himnos han sido «colectivamente compuestos» y tienen a su dios pudriéndose entre rosas.
El martes pasado compareció en las Juntas Generales de Gipuzkoa la alcaldesa de Azpeitia, Nagore Alkorta, a solicitud de EH Bildu; el motivo de la comparecencia, Corrugados. Y es que lo ocurrido con Corrugados es algo digno de reflexión, no solo por la gravedad que conlleva haber dejado pasar una oportunidad de esas que raramente se presentan, también por sus repercusiones políticas. De hecho, el mismo martes, Gara publicó un artículo de Rafa Díez Usabiaga titulado Tránsito, ¿hacia dónde?, en el que el autor ejemplifica, con el «tema Corrugados», su tesis de que el PNV está procediendo a la «descalificación gratuita» y a «campañas de manipulación política» contra EH Bildu para, según él, «justificar o intentar demostrar la imposibilidad de una suma soberanista»
La comparecencia del martes, básicamente, aglutinó toda la retahíla de argumentos que EH Bildu ha ido tejiendo para imposibilitar el proyecto desde que, en febrero, el propietario de la fábrica anunciara a las instituciones vascas –incluido el propio Ayuntamiento de Azpeitia– su intención de reabrir la acería en lugar de achatarrarla. Evidentemente, con la que está cayendo, no es fácil salir a la palestra y anunciar, sin más, que se rechaza un proyecto que crearía 270 puestos de trabajo directos, a muy corto plazo, y otros muchos indirectos, en empresas del entorno. De modo que el gobierno municipal de Azpeitia se ha ido trabajando un laborioso relato construido sobre excusas de todo tipo para justificar una decisión predeterminada, mientras sigue negando, contra la evidencia, su absoluta falta de voluntad política para posibilitar la reapertura
Sin querer aburrir con muchos detalles, el gobierno municipal de Azpeitia –o, dicho de otra manera, la mayoría absoluta de EH Bildu en Azpeitia– nunca ha estado por la labor de la reapertura y se ha refugiado en una paradójica argumentación que se podría resumir de esta manera: 1. No había proyecto; 2. el proyecto que no había era ilegal; y 3. ellos tenían una alternativa (inviable) al proyecto ilegal que no existía. Todo ello se ha adornado con grandes apelaciones a la colaboración institucional y al interés por crear puestos de trabajo –ambos conceptos muy bien acogidos por la opinión pública–. Además, se ha aderezado con importantes dosis de victimismo y alusiones a cierta teoría de la conspiración según la cual las instituciones «del PNV», conocedoras de la imposibilidad de llevar a la práctica un proyecto «ilegal», además de «inexistente», solo jugaban, al alimón con los concejales del PNV, a arrinconar a la alcaldesa con el objetivo de despistar sus propios supuestos fracasos de gestión. Ese ha sido, al menos, el argumento que han utilizado tanto Iker Casanova, en un debate de Radio Euskadi, como Juan Karlos Izagirre, en las Juntas Generales. Y por si todo ello fuera poco, de acuerdo con la esa teoría, el PNV también instigaba la comisión de un delito de prevaricación, atacaba al pueblo de Azpeitia y se olvidaba del interés general. Y hacía todo eso para defender los intereses de un empresario que, no está de más repetirlo, no se sabe qué intereses podía tener si no tenía proyecto –más allá de los intereses urbanísticos como propietario de suelo residencial, que es lo que defiende, por cierto, el gobierno municipal de EH Bildu–. Todo un señor relato en el que al PNV solo le faltan cuernos y rabo.
En realidad, ha sido mucho más simple. Se presentó la oportunidad y la Diputación de Gipuzkoa y el Gobierno Vasco, conscientes de lo que suponía, han hecho todo lo que han podido para amarrarla. Pero han comprobado, con impotencia, cómo iba transcurriendo el tiempo mientras el Ayuntamiento, lejos de demostrar la más mínima implicación para sacar adelante el proyecto, solo se ha dedicado a elaborar y a trasladar a los medios, ese relato del que hablábamos. En última instancia, a hacer victimismo político y a reclamar incesantemente «respeto institucional» para sí, mientras que para los demás, egurre!
Podía haber sido distinto y los 270 nuevos puestos de trabajo, todos ellos, habrían tenido nombre y apellido. Incluso se habría podido llegar a un acuerdo con la empresa para reabrirla con el compromiso de trasladarla a Trukutxo en no demasiado tiempo, tal y como llegó a proponer el empresario. Pero, no, no ha habido voluntad política, ni para contemplar una interpretación posibilista del Plan General ni, si así se considerara necesario, para modificar la normativa urbanística. Y la oportunidad parece haberse esfumado.
La competencia urbanística es del Ayuntamiento de Azpeitia, que ha rechazado la posibilidad de resucitar una industria que hasta 2013 era el buque insignia del municipio; «una empresa grande y molesta», en palabras del portavoz de EH Bildu –no sé qué pensará EH Bildu sobre la CAF de Beasain y tantas otras–.
Todos compartimos que habría sido mejor ubicación Trukutxo que Amue pero la opción nunca se ha planteado en términos de preferencia. Por mucho que, una y otra vez, hayan vendido Trukutxo como «única alternativa real», no lo era; sería alternativa «ideal» pero no «real». La oferta del empresario se resumía mejor de esta manera: Amue y trabajamos un traslado para dentro de unos años, o nada. Y EH Bildu ha elegido nada, de modo que parece que ya no habrá 270 trabajadores, cada uno con su nombre, en Corrugados Azpeitia. Remedando el título de Díez Usabiaga, un tránsito a la nada. Es una opción, aunque no la compartimos, porque siempre hemos apostado por el empleo industrial y de calidad, que es el que sustenta el nivel de bienestar de la sociedad vasca. Y porque casi 300 puestos de trabajo para otros tantos trabajadores son algo muy serio y apelan directamente al interés general.
No compartimos la decisión que han adoptado en el caso de Corrugados. Y, desde luego, también denunciamos el cómo: las sobradas dosis de prepotencia que han utilizado con nuestros concejales y el relato contra la Diputación de Gipuzkoa y el Gobierno Vasco que han ideado con el único fin de esconder que su decisión estaba tomada desde el principio.
De modo que no, Díez Usabiaga, no ha habido ni descalificación, ni campaña de manipulación por parte del PNV. Y, mucho menos, una sofisticada estrategia montada «para intentar demostrar la imposibilidad de una suma soberanista». Lamentablemente, es demasiado fácil dar la vuelta al argumento: ¿qué clase de voluntad «para la suma soberanista» demuestra EH Bildu cuando su estrategia política parece pivotar exclusivamente en atacar al PNV a todos los niveles y en todas las instituciones?
A la vista de los hechos, mucha gente podría concluir que si alguien en el PNV tuviera pocas ganas de intentar trabajar un entendimiento estratégico en clave soberanista, EH Bildu insiste en ponérselo demasiado fácil. Y no, para neutralizar esa opinión, no es suficiente con hacer, de vez en cuando, apelaciones a la necesidad de entendimiento en términos «ideales», como con Trukutxo, porque para posibilitar entendimientos y encaminar con seriedad una colaboración para la senda soberanista, tan ilusionante como compleja, es deseable tejer un mínimo previo de confianzas y complicidades. Y, en eso, las acusaciones gratuitas, las descalificaciones y las críticas sistémicas no ayudan.
La tesis de Díez Usabiaga es que «este» PNV se conforma con una reforma estatutaria «a la horma de los socios que garantizan su hegemonía institucional». Dejemos de lado que ese «socio» es el mismo que sería necesario para conformar el «pacto de izquierdas alternativo» que tantas veces hemos oído invocar a su coordinador general, Otegi. A lo mejor, piensan que el socio socialista a ellos no les «ahormaría». Pero la cuestión puede que sea otra: ¿por qué el PNV, en las ocasiones en que ha sido claro ganador de sucesivas elecciones, nunca se ha visto en la necesidad de tener que valorar el ofrecimiento de una oferta sincera por parte de EH Bildu para ser socio institucional? ¿Con esa hipotética alianza no habría salido ganando, teóricamente, la visión de la construcción nacional vasca en la acción de gobierno? Entonces, ¿por qué nunca se ha dado el caso?
Respuesta: por no perder posición de alternativa en su afán hegemónico. EH Bildu se mueve cómodo en parámetros de confrontación contra el PNV. Siente la necesidad de guardar el ámbito de las esencias sin contaminarse con una colaboración leal en el «molesto» ámbito de los equilibrios, siempre precarios y trabajosos, de la gestión pública y sus límites. Prefiere la trinchera a la colaboración. Por cierto, en otro artículo firmado por Díez Usabiaga, Eugenio Etxebeste y Joxemari Olarra, como miembros de Sortu, se referían a ELA en estos términos: «Hasta ahora siempre han situado alguna justificación –siempre instrumental y desproporcionada– para situarse con prepotencia ideológica y cobardía política en un presunto púlpito de coherencia y legitimidad para repartir críticas y reproches a diestro y siniestro». ¿Por qué será que cuando lo leí pensé que valía para retratar a la propia EH Bildu?
Mª EUGENIA ARRIZABALAGA OLAIZOLA *
*Burukide del EBB de EAJ-PNV. Portavoz de las JJGG de Gipuzkoa
Domingo 27 de junio de 2021 Nadie, bajo el franquismo en Bilbao, llamaba a la Plaza Circular, Plaza España ni a la Eliptica, Plaza Moyua. Eran dos imposiciones inasumibles. Federico Moyua fue un alcalde puesto a dedo en la alcaldía por la dictadura de Primo de Rivera que anexionó Deusto a Bilbao manu militari y con engaño. Hoy, la Plaza Circular se llama Plaza Circular, no España, pero una negligencia de alcaldía en su día mantiene el nombre de Moyua para la plaza Elíptica. Los bilbaínos de toda la vida siguen llamándola “Elíptica”, porque además lo es. Aquella negligencia se agravó con la parada del Metro, pero si se quiere, tiene solución. Se le cambió el nombre a la Avda. del Ejército, nos anunciaron el envío de tropas pero ahí sigue llamándose Lehendakari Agirre. Si se quiere, se puede. Yo jamás le llamo Moyua. Y sigo con la plaza Elíptica. En ella, al lado del hotel Carlton hay un edificio gris mastodóntico que alberga hoy la Hacienda del estado cuando en virtud del Concierto los impuestos los recauda la Diputación. Ese feo edificio, ese mamotreto construido en 1943 con el estilo falangista que se empleó en la época franquista, sobre todo en sus primeros años, sigue siendo un edificio de servicios de la Administración central. Aquel período se caracterizó por la imposición de un régimen que marcó unas pautas a seguir en todos los ámbitos y en lo que se refiere a la arquitectura propugnó como estilo oficial el “estilo nacional”, que recuperó la hechura imperial española del siglo XVI y del clasicismo. A la antigua Hacienda la coronaba el escudo franquista, gallinácea incluida, que desvió la atención sobre algo mucho más grave. Un día el jefe de gabinete del presidente del Congreso Félix Pons, en un viaje parlamentario, tras unas cervezas y en una terraza me comentó que él como funcionario de hacienda había estado en la comisión que había negociado el patrimonio a transferir a la Comunidad Autónoma Vasca, entre ellos este edificio, habida cuenta que la Hacienda, en virtud del Concierto, ya no tenía objeto mantenerlo vacío en el centro de la ciudad cuando además todas las dependencias funcionariales cabían en el coqueto edificio de la aduana de Bilbao, hoy puesto al día y muy reluciente. Y siguió diciéndome, ”cual no sería mi sorpresa cuando en el último segundo se nos dio la orden de quitar el edificio de Hacienda del patrimonio a transferir y la explicación que nos dieron era sencilla. En la Plaza Moyúa (así la llamaba) estaba el gobierno civil y si el mamotreto de Hacienda se transfería iba a ser una dependencia importante del gobierno vasco en el centro de la Villa, ikurriña incorporada, y eso había que evitarlo”. Y así se hizo. Lógica imperial madrileña. Y es verdad. Hoy, la Delegación del Gobierno Vasco, sus oficinas, están al final de la Gran Vía, al lado del Hotel Villa de Bilbao. Solo los funcionarios y los que han de ir a hacer una gestión saben que son dependencias gubernamentales. Otra historia hubiera sido que en plena Plaza Elíptica, al lado de la antigua Lehendakaritza, hubiera estado el gobierno vasco con todas sus dependencias. Por eso digo que lo de menos fue el debate del escudo pues hubiera desaparecido en el minuto cero. De ahí que mientras se discutía esta ornamentación, los que lograron que la maniobra prosperara, se frotaban las manos. Yo, hoy, lo reivindicaría. El pasado lunes 14 de junio falleció Manuel Clavero Arévalo responsable de la expresión ”café para todos”. Fue el ministro de la UCD a quien le tocó gestionar las transferencias de los estatutos aprobados. Y esa fue su filosofía. Felipe VI lamentó su muerte diciendo que fue una “figura clave para Andalucía” y la Vicepresidenta Carmen Calvo lo describió como “artífice del estado autonómico”. ¡Y tan artífice!. Igual por eso el Estatuto de Gernika no está cumplido. Traicionó el espíritu del reconocimiento de las tres Nacionalidades Históricas, igualó por abajo, ralentizó el proceso y propició no se cumpliera la ley. No fue café, fue ”achicoria para todos”. El domingo 13 de junio Radio Euskadi entrevistó al portavoz del Gobierno, Bingen Zupiria quien dijo que no entendía la resistencia de un ministro como Escrivá para cumplir el acuerdo del Ingreso Mínimo Vital en la medida que se trata de un pacto suscrito por el presidente Pedro Sánchez con el PNV. Y añadió un dato interesante del que tan poco se habla, “en este asunto hay altos funcionarios del estado que consideran que ejecutar la transferencia del IMV en los términos acordados es romper España”. Es verdad. No solo es para ellos “romper España” sino perder poder como Alta Administración residenciada en Madrid. En el fondo consideran que la CAV no es España. Zupiria puso el dedo en la llaga en algo que es evidente. La Alta Administración, el estado como administración profesionalizada sita en Madrid durante estos cuarenta años ha sido la gran responsable de que el Estatuto vasco esté sin cumplir. Podríamos poner decenas de ejemplos. Lo denuncié en un libro que escribí hace años ”Extraños en Madrid”. Los funcionarios y Madrid como capital y kilómetro cero según dos dicen, son un poder terrible. Por eso describo otra vivencia ilustrativa sobre lo que estoy narrando que seguramente avalarán sin duda Juan Ramón Gevara, Txabi Balza, Mikel Legarda, Iñaki Goikoetxeta. Se trata de la responsabilidad de un personaje que era el Secretario de Estado, alto funcionario, en el ministerio de Administraciones Públicas como defensor de las esencias patrias, con la lupa puesta y el freno de mano colocado. Se llama Paco Peña y le llamaban Paco España. La designación definía muy bien su misión. Poner palos en la rueda y defender no se rompiera la Madre Patria. Cumplir una ley orgánica era lo de menos. Creo que llegó al ministerio en tiempos de Almunia y me imagino que en la actualidad habrá diez Pacos España con la zancadilla puesta. ”¿Quién es este Pedro Sánchez para trasladar poder a las Vascongadas?”-se preguntarán airados. ¿Cómo se resuelve eso?. Con el único lenguaje que entienden en la Villa y Corte y en el Congreso. Perdiendo votaciones cuando el PNV sea fundamental para sacar proyectos, leyes y acuerdos. No entienden otro. Eso del cumplimiento de una ley orgánica refrendada por el pueblo se las trae al pairo. En otro registro ya le vimos al PP en el Senado pidiendo no se cumpliera el estatuito de Gernika. Lo decía Pla. ”Lo más parecido a un español de derechas es un español de izquierdas”. Hoy, más que nunca, España es Madrid. La España desertizada protesta con razón, pero han sido el PP y el PSOE los responsables de esta situación. ”Madrid es el triunfo del funcionario enrevesado que se cree el dueño de cosas que pagamos todos” constató el director de cine David Trueba. Y es que nadie pensaba en 1978 que Madrid iba a ser una autonomía con bandera propia, parlamento e himno. Y quien menos lo pensaban eran los madrileños. Lo hicieron porque había que echar agua del Lozoya al cava catalán, al Rioja vasco, al albariño gallego. Hablando de esto con Juan Barranco quien fuera alcalde de Madrid, me dijo: ”Tamames y yo éramos concejales del ayuntamiento de Madrid y nos enteramos que se iban a reunir en Toledo una serie de representantes castellanos que comenzaban a reivindicar un estatuto para Castilla habida cuenta de vuestras demandas. Por eso, en representación de Madrid nos fuimos a ese hotel de Toledo, pero no nos dejaron entrar. ”Iros-nos dijeron desde la puerta- Si se mete Madrid en la demanda, Madrid se va a quedar con todo, de forma que hacer vuestro estatuto”. Y no les dejaron entrar. Fue entonces cuando los madrileños presentaron su proyecto de estatuto y Leguina le encargó al crítico de arte Santiago Amón, que diseñara la bandera y encargara un himno. Y así surgió la bandera madrileña, roja con estrellas blancas, que parece la del Viet Kong y el himno al escritor García Calvo que redactó su letra que comenzaba así. ”Mira Anacleto, las vueltas que da el mundo para quedarse quieto” y “Madrid capital de la nada”. Luego tuvieron que ajustar estas sabias descripciones. Con Tierno Galván limaron estos conceptos y Anacleto fue cambiado por sujeto y la nada desapareció sobre el cielo de la Villa. Esto es lo que hay. Madrid Ciudad estado, y una Administración residenciada en Madrid con la aspiradora puesta a millón y combatiendo a su periferia díscola con funcionarios tipo Paco España y la presidenta Díaz Ayuso (Miguel Ángel Rodríguez). Ya se sabe. De Madrid al cielo. A su cielo.
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