El nuevo impuesto revolucionario de Sortu

Jueves 14 de mayo de 2020

Hoy se cumplen 40 años de la llegada de Mikel Zabaleta acompañado del sherpa Pasang Temba a la cima del Everest, donde colocó la ikurriña y gritó Gora Euzkadi Askatuta.  ¿Se dan cuenta de que alguien nos ha cambiado el nombre de Euzkadi por el de Euskal Herria?, y mientras, los conocidos cachorros hacen de las suyas en la  Casa del Pueblo del Pueblo y en los  batzokis de Uribe Kosta con sus pintadas, Sortu por boca de su candidata Maddalen Iriarte saca del bosque de Sherwood  nada menos que al gran héroe, Robin Hood, aquel que robaba a los ricos para dárselo a los pobres.

Es una leyenda pero algo parecido, con la misma mentalidad, creyeron hacer los revolucionarios de ETA con su llamado impuesto revolucionario en su día    “ajustando” cuentas a empresarios y dignos dueños de pequeños talleres que daban de comer a muchos vascos a los que aquella sucia revolución fracasada se los llevó por delante.

Con su ideario marxista leninista, Garbiñe Aranburu ya nos dijo en  el reciente primero de mayo que ellos iban a “disputar el poder al capital en todos los frentes, en las empresas, en la calle y en las instituciones”. ¡Olé!. Desconoce esta señora que la mayoría de los superricos no pagan impuestos y que todos esas propuestas las termina pagando la clase media y disuadiendo el espíritu empresarial. Pero lo de ellos es la burocracia del socialismo real y de estas cosas, saben poco.

Lo primero que se tenían que aclarar y decirnos  de que oligarcas hablan, de que multinacionales, a que fondos buitres se refieren para ir a por ellos porque si lo es con los autónomos y las pymes, vamos apañados, porque lo que necesitan estos no es un Robin Hood sino una administración sensata y una Europa pilas que les ayude y que no actúe como el sacamantecas.

Como la Sra. Iriarte es  muy original nos hablaba de esta acción de liposucción  antiburones como la tasa Covid, recordando la famosa Tasa Tobin en honor del economista que en la Universidad de Princeton quería poner una tasa a las transacciones financieras con un carácter redistributivo y no confiscatorio  como quiere  hacer y  busca Sortu. Nadie pone en duda que hay que reordenar el gasto y hasta Confebask habla de revisar temporalmente la fiscalidad pero no, con la mascarilla puesta, que se busquen depredadores capitalistas en Euzkadi donde no los hay y paguen justos por pecadores o que esos grandes Rico Mac Pato se vayan con sus inversiones a otra parte, algo en lo que son duchos los jerarcas  de ELA, que no se dan cuenta que la crisis es para todos y que las acciones de algunos de  esos vampiros también han bajado un pico.

Pienso que ante una situación así sería bueno una tasa digital a empresas con estructura especial que no pagan impuestos allí donde logran beneficios, negocio y valor añadido, o esperar a que la propuesta del Parlamento Europeo prospere este viernes  para que el fondo de recuperación sea un añadido y no salga de los presupuestos plurianuales. También se pide se reforme el sistema de recursos propios de la UE, ir a por esos impuestos digitales hacia las transacciones  financieras y a las emisiones contaminantes.

Son mil los superricos en todo el  estado español. Están contados. Gentes   con más de 11.000 millones de euros son mil. Ya se sabe. Para que triunfen tienen que ser pocos. No sé cuantos de estos  tenemos en Euzkadi. Me gustaría saber que están pensando de Sortu, de Maddalen Iriarte y de sus propuestas que según los inspectores fiscales como mucho aportarían 3.000 millones de euros a las arcas, pero la mayoría de ese capital volaría a otros lugares donde no hubiera Robin Hood y mucho menos gentes de Sortu, de Ela y Lab que en lugar de animar al empresariado a crear  riqueza para distribuirla  la única oferta que tienen es la misma que la de Luis Candelas y el impuesto revolucionario.

Y que conste que lo primero que habría que hacer es acabar con los paraísos fiscales. Y que esos tiburones paguen sus impuestos como todo hijo de vecino. Solo eso ya sería un avance sideral. Pero lo de Sortu es el facilismo y la demagogia de los que no tienen nada más que ofrecer salvo más burocracia, más socialismo real, más control sobre todo.

Pobre Euzkadi si ganaran las elecciones!!!!

Manifiesto del Euzkadi Buru Batzar ante la muerte del Lehendakari Agirre.

Miércoles 13 de mayo de 2020

El año pasado  estuve en el Batzoki de Abando cuya dirección inauguraba un mensaje visual colocado en su fachada de la calle Henao de Bilbao en relación con el Lehendakari Leizaola. Fue una  muy buena idea que se ha repetido este año. Estando allí saludé a varios jelkides, entre  ellos  a Patxo  Navea quien me comentó que su aita estuvo en la capilla ardiente del Lehendakari Agirre en la casa de Monzón y como  ayer hablé de eso, ha tenido la gentileza de hacerme llegar dos fotografías que ilustran este comunicado y que para mí eran desconocidas. Su aita es uno de los que lleva el féretro con la txapela en la mano. Le he agradecido su gentileza. En este sesenta aniversario cobran especial interés:

Terminando esta serie, hoy publico el comunicado del Euzkadi Buru Bbatzar ante el  inesperado fallecimiento  del Lehendakari. Imaginémonos que estamos en 1960, muere la gran referencia institucional vasca y la dictadura de Franco en pleno desarrollismo se afianza internacionalmente. Todavía le quedaban quince años de dictadura, dato que los burukides no podían saber. Lo que si sabían es que había nacido un movimiento liderado por jóvenes que ante la asfixiante situación en la que se vivía en Euzkadi y al calor de las revoluciones cubana y argelina, comienzan a cuestionarlo todo y plantean la acción directa, algo que iba a mover desde sus cimientos a un exilio y a  dictadura  de manera sustancial.

He aquí el comunicado del Euzkadi Buru Batzar.

El brusco fallecimiento en el exilio del Presidente del Go­bierno de Euzkadi, José Antonio de Agirre, ha sumido a la opinión vasca en un sentimiento de profundo dolor. La lar­ga vida política del Lendakari estuvo totalmente consagrada a la lucha por las reivindicaciones de su pueblo. Todos los vascos saben con cuánta energía, decisión y ejemplaridad, con cuánto espíritu de sacrificio, el Presidente Agirre fue el luchador esforzado en esa batalla.

Ha muerto en ella, en el cumplimiento de su deber, como murió nuestro Maestro Sabino, como murieron tantos gudaris en los montes de Euzkadi, como saben morir en la guerra y en la paz los defensores de Jaungoikoa eta Lege Zarra.

La figura del Lendakari Agirre ha entrado en la historia. El cariño y el respeto de todos los vascos van tejiéndole ya la leyenda de exaltación que merece su personalidad. «Civili­zación cristiana, libertad vasca, justicia social», han sido el resumen del programa que el Presidente Agirre se fijó y son ahora el testamento que debemos cumplir.

La inmensa reacción producida en el país por la muerte del Presidente Agirre, las imponentes manifestaciones religiosas y políticas que se están desarrollando en su memoria en toda Euzkadi muestran con evidente claridad la decisión del pueblo vasco de continuar la obra de quien fue el Presi­dente de su primer Gobierno. Ante Aguirre muerto en la ex­patriación, los ciudadanos vascos han sentido el irresistible impulso de continuar su labor, de expresar inequívocamente la decisión de seguir su ejemplo. Las masas populares han encontrado en esta desgracia nacional el estímulo para manifestar de manera abierta y con valentía el ímpetu de su honda emoción. José Antonio de Agirre ha muerto exilado y Euzkadi vibra en un vigoroso afán de incontenible vitali­dad colectiva. Los funerales por el Lendakari Agirre han da­do ocasión a los vascos que residen en tierra vasca y a los que están desperdigados en tierras extranjeras por todos los continentes, para reafirmar la confianza en sí mismos, para manifestarse en plebiscito de adhesión a una causa, la de su propia libertad como hombres y como pueblo.

Aguirre fue patriota ejemplar y la actitud del pueblo ante su fallecimiento demuestra la validez permanente y actual de la doctrina de nuestro partido, el Partido Nacionalista Vas­co. Esa doctrina, veterana y siempre nueva, sigue expresada y confirmada en nuestro lema tradicional: «Jaungoikoa eta Lege Zarra». Jaungoikoa, porque recoge como hecho na­cional la solidez de la conciencia religiosa de nuestro pueblo, con respeto y tolerancia para los hombres de otras creencias o de otros pensamientos. Lege Zarra, porque seguimos en­tendiendo, ya la experiencia de los últimos tiempos nos lo confirma que el progreso de Euzkadi está sólidamente fun­dado en la tradición. La «ley vieja», nuestra «naturaleza antigua», los Fueros, dieron a la nación siglos de libertad ci­vil. Aquel régimen que vivieron como hombres libres, como ciudadanos dignos, alabeses, bizkainos, gipuzkoanos y nabarros, fue escuela de democracia en la que todavía hoy po­demos encontrar las bases de nuestra colectiva vida futura.

La libertad no supone para los nacionalistas vascos el aislamiento egoísta, la insolidaridad con los demás pueblos. Nuestra conducta comprueba esta afirmación. El Partido Nacionalista Vasco ha mostrado muchas veces su afinidad de ideales con los movimientos que hoy dirigen espiritualmente la vida del mundo. Nuestro partido fue precursor de los que siendo cristianos y demócratas como nosotros, ini­ciaron y sostuvieron la lucha contra los gobiernos de dicta­dura. Cuando esa resistencia se hizo guerra, nuestra conduc­ta en la contienda nos dignificó ante los ojos de aliados y de enemigos.

Cuando tras nuestra guerra y la guerra mundial hubo que seguir resistiendo en casa y colaborando fuera con las grandes corrientes universales, el Partido Nacionalista Vas­co ayudó a revivificar la democracia y la libertad en el mun­do. Como estuvimos y estamos en la avanzada del progreso social. Como estuvimos presentes desde el principio y lo se­guimos estando en los trabajos por la organización de Euro­pa y en todos los esfuerzos por la paz mundial. Como asisti­mos con plena simpatía a la emancipación de las naciones jóvenes.

El Partido Nacionalista Vasco no vive de recuerdos. Ni las desgracias ni los laureles detienen su acción. Sobre la ba­se del ayer que nos legaron nuestros antepasados, somos un movimiento formado por hombres del presente con aspira­ciones para el mañana. Trabajamos sobre la opinión vasca para hacer de la futura Euzkadi una nación de vanguardia en todos los terrenos. Nuestra inquietud inmediata es borrar los efectos y hasta los recuerdos de la guerra fratricida que el pueblo vasco tuvo que vivir para defenderse de una agresión tan criminal como injusta. Nuestro deseo es restablecer la cohesión de la ciudadanía vasca para que toda ella se ponga al servicio de nuestra empresa que, por ser nacional, no excluye a ningún compatriota ni a ningún habitante de la tierra vasca. Si nuestro anhelo es de libertad nacional es por­que estamos convencidos de que poseyéndola podremos ha­cer un país mejor para todos y podremos también servir me­jor las obligaciones de colaboración entre pueblos que la vi­da actual impone a todas las naciones del mundo. El fracaso del supercentralismo que la tiranía nos ha impuesto nos acucia más en ese afán de vida política propia.

No podemos renegar de nuestros principios en el mo­mento en que José Antonio de Agirre nos falta, en una oca­sión, además, en que la juventud vasca vive con entusiasmo nuestra doctrina y sufre por ella. Nuestro deber sigue siendo el de fomentar en todo momento, por difícil que sea, la su­pervivencia de nuestras características nacionales, de las que la cultura, especialmente la lengua, es la que mejor define nuestra peculiaridad. Hay que crear la mística del Euskera, principalmente en el seno de las familias vascas. Todo ciuda­dano vasco tiene el ineludible deber de oponerse a cualquier intento de desvasquización y de trabajar con fe y con ardor porque esas características se refuercen y se extiendan en to­do el área del país. La revalorización de ese caudal sagrado ha de impulsarnos a encontrar fórmulas, desde un punto de vista nacional, para los problemas sociales y económicos que, además de ser propios, están entroncados en la vida del mundo. Ello nos lleva a colaborar con lealtad y con eficacia en las empresas que tienen por objeto buscar solución al terrible drama político que la Península viene padeciendo.

El Partido Nacionalista Vasco, sin renunciar a ninguno de los derechos imprescriptibles de la nación vasca, que siempre proclamó, ha apoyado desde el primer momento el programa de la autonomía, punto de coincidencia de las fuerzas políticas del país, que fue aceptado por el pueblo y refrendado por su conducta inequívoca desde su aproba­ción, programa que es fórmula concreta de gobierno propio y procedimiento eficaz de administración de los intereses co­lectivos. Esa manifestación de unión vasca por la autonomía se ha impuesto y ha sido comprendida por las organiza­ciones democráticas españolas y por todos los españoles de buena fe, y es un factor de estabilidad del futuro Estado en su evolución interna e internacional.

Los pueblos de Cataluña y Galicia, que siguen junto al nuestro el camino de sus reivindicaciones propias, tendrán siempre en nosotros unos aliados cordiales y decididos a darles pruebas de solidaridad activa.

Para resolver los problemas que nos son propios y los que nos afectan juntamente con los demás, no hay más ca­mino que el del esfuerzo diario, el esfuerzo organizado de todos los vascos que se sienten verdaderamente vascos.

José Antonio de Agirre ha muerto. Jesús María de Leizaola, Vicepresidente del Gobierno Vasco, ha asumido el cargo de Presidente con el apoyo unánime de los partidos políticos y organizaciones sindicales, y de la voluntad del pueblo expresada de manera manifiesta en la patria y en el exilio. El Gobierno de Euzkadi sigue su marcha. Jesús María de Leizaola es un patriota de gran corazón, de gran­des conocimientos y de merecida fama nacional e interna­cional. El Partido Nacionalista Vasco, como las demás organizaciones del país, presta su máximo apoyo al nuevo Lendakari de Euzkadi para que siga y concluya la obra de restauración patriótica iniciada por José Antonio de Agirre. El nuevo Presidente prestó juramento ante el cadáver de su antecesor en el cementerio laburdino de San Juan de Luz. Euzkadi-Buru-Batzarra os pide a todos, y ordena a sus afi­liados, que apoyéis con el mayor entusiasmo a la más alta autoridad de la nación vasca y está seguro de que así lo ha­réis.

VASCOS

Van pasando los días difíciles del largo calvario de Euz­kadi por su libertad. Reforcemos la unión vasca que José Antonio de Agirre tanto contribuyó a forjar. La solidaridad sin límites entre todos los afiliados, la disciplina y una aten­ción plena a las decisiones de las autoridades deben ser las normas de esta hora. Todos, y particularmente la juventud, tienen campo abierto para probar su generosidad, su abne­gación y su espíritu de sacrificio.

La opinión patriota gana adeptos cada día. El adversario aún convencido de su propio fracaso, presenciando impo­tente su desintegración sigue, sin embargo, en pie y continúa sojuzgando a la patria. Debemos precipitar su caída por to­dos los medios precisos.

A ese esfuerzo llamamos a todos.

COMPATRIOTAS

El pueblo vasco está conquistando el porvenir. Vamos al triunfo siguiendo las lecciones de nuestro Maestro Sabino de Arana-Goiri y cumpliendo la voluntad de José Antonio de Agirre, Primer Lendakari de Euzkadi.

¡GORA EUZKADI AZKATUTA!

EUZKADI-BURU-BATZARRA

ABERRI EGUNA 1960

El velatorio fue en casa de Monzón

Martes 12 de mayo de 2020

La fotografía es del Nº19 del Boulevard Thiers  de Donibane Lohitzun donde  se colocó este busto del Lehendakari Agirre, que es el mismo de Trucíos, hecho por el escultor Leonardo Lucarini. En ese acto estuvieron los Lehendakaris Garaikoetxea, Ardanza e Ibarretxe y la alcaldesa de San Juan de luz Michele Alliot-Marie, pero no he encontrado la fotografía, solo ésta donde se ve  la escultura y al fondo está la casa que fue de Telesforo Monzón, Consejero de Gobernación del primer Gobierno Vasco presidido por Agirre y diputado como él en el Congreso de la República.

Monzón, a pesar de las discrepancias que tuvieron al  final, tuvo  siempre una relación muy estrecha con el Lehendakari de tal forma que cuando fui a visitarle a su casa en 1973 le pregunté por aquel velatorio en su casa y sobre como transcurrió la jornada. Esas y otras cuestiones las publicaron en la editorial Txalaparta en un libro titulado “Llámame Telesforo” que es lo primero que me dijo cuando yo le llamaba Sr. Monzón.

En estas respuestas hay datos inéditos de cómo fue aquella triste jornada que tuvo posteriormente consecuencias con la apertura de fichas y multas a muchas de aquellas gentes que estuvieron en el funeral del Lehendakari oficiado por Monseñor Clement Mathieu, obispo de Dax, y uno de los impulsores de la Liga Internacional de Amigos de los Vascos. En la otra fotografía se ve el cortejo y como llevaban el ataúd varios comandantes de gudaris. Aquello debió ser de una intensidad emocional muy grande.

He aquí pues las preguntas que le hice a Monzón destacando la frase que me dijo de que

“ Cuando murió el Lehendakari,

 todos fuimos sus huérfanos”.

P.- Tengo entendido que el Lehendakari Aguirre fue velado aquí, en esta casa de Donibane.

R.- Así es. Cuando falleció el 22 de marzo de 1960, el primer velatorio se hizo en su casa particular de París, pero luego en la Delegación Vasca de la Rue Singer de París, la que teníamos después de que nos robaron el palacete de la Avenue Marceau. Primero la Gestapo y en 1951, Franco, con la colaboración del gobierno francés.

Como no podía ser menos ofrecí esta casa y aquí estu­vo expuesto tras llegar de París donde tuvo lugar un primer funeral. El coche fúnebre iba seguido por varios coches ocupados por los familiares, miembros del Gobierno Vasco y algunos amigos personales. Seguida­mente iba un autobús con numerosos amigos y colabo­radores. Esta comitiva hizo escala en Poitiers donde pasó la noche. A primera hora de la mañana siguiente se ofició una misa y la comitiva llegó a San Juan de Luz donde jamás me imaginé que iba a tener al lehendakari en semejantes condiciones. Para mí el lehendakari era un jefe, un amigo, un hermano y su muerte nos dejó no sólo estupefactos sino absolutamente huérfanos. No he visto llorar en mi vida a más gente que cuando entra­ban aquí recogidos preguntándose qué sería de noso­tros, los vascos, tras la pérdida del referente político por antonomasia. Una guerra, un exilio, una desapari­ción vía Berlín, una guerra mundial, la dictadura de Franco, la persecución contra todo lo vasco y en aquel infausto 1960, la muerte del lehendakari. No me extra­ña que naciera ETA ese mismo año.

P.-¿Qué tipo de personas pasaron por la capilla ardiente?

R.- De todo tipo. En primer lugar todos los refugiados, gentes que vinieron de América, antiguos gudaris, autoridades de todos los partidos, antifranquistas y republicanos, muchos socialistas y mucha gente joven que pasó la frontera como pudo, sabiendo que les iban a fichar. En Donibane no cabía un alma, yo creo que el funeral y el entierro en esta localidad para San Juan de Luz fue en su historia más importante que el matrimo­nio de Luis XIV, que se casó en la parroquia. Pero para el mundo vasco aquello fue por inesperado y por la extraordinaria personalidad de Aguirre el golpe más duro que se había tenido desde la guerra. Moría nues­tra gente querida y el dictador seguía en el Pardo, incó­lume y persiguiendo todo rasgo de identidad.

P.-¿Como cuánta gente?

R.- Los cálculos más moderados cifraban en unas cua­tro mil personas las que nos vinieron del interior a pesar del cierre de frontera y entre ellos jóvenes de generaciones que no conocieron la guerra y todas las personas llegadas con este motivo fueron fichadas por la policía en Irún en un registro especial. Aquí, en Donibane, se observó el celo con que los policías espa­ñoles llegados para el funeral se dedicaban a anotar nombres y matrículas de los coches.

Pero aquí estuvo el lehendakari. Llegó su féretro a las cinco de la tarde del domingo e inmediatamente se organizaron turnos de vela en los que figuraban perso­nas de diversas localidades reservándose la noche para los jóvenes de la localidad. A las ocho de la mañana del lunes se turnaron en el velatorio diferentes repre­sentaciones de organizaciones políticas y sindicales. A las nueve y media organizamos la conducción al tem­plo, el féretro fue llevado a hombros por antiguos gudaris y comandantes de batallones seguido del que fue comandante de la Brigada Vasca, Pedro Ordoki, que llevaba una bandeja con tierra de los siete territo­rios. La correspondiente a Bizkaia era tierra del cementerio de Sukarrieta donde había estado enterra­do Sabino Arana. Los txistularis marchaban en silen­cio con sus instrumentos en duelo. La cruz alzada, la llevaba, según costumbre local, el «primer vecino» de San Juan de Luz, que era el señor Alty.

P.- ¿Dónde iba usted?

R.- Con los que habían sido diputados. Recuerdo a Irujo, Lasarte, Jauregui, el republicano Ansó, Landaburu, Kareaga. Iba con nosotros también don Ramón de la Sota, que había sido presidente de la Diputación de Bizkaia y los franquistas le habían incautado toda su fortuna por ser nacionalista. Pero iba mucha gente del Gobierno Vasco, del republicano, del francés, de los municipios.

P.- ¿Recuerda alguna vivencia especial de esos días?

R.- Muchísimas. Vi a gente que hacía tiempo no había visto, por ejemplo al que había sido el chófer del lehendakari y que primeramente había sido mío. Se apellidaba Murumendiaraz.

Resulta que este joven se encontraba en el cuerpo de la incipiente Ertzaina en Las Arenas, vigilando el Club Marítimo del Abra. Luis Ortuzar, su jefe, lo había cogido como chofer suyo y así fue el 7 de octubre a Gernika a la Jura de José Antonio. Al terminar la cere­monia se sirvió un lunch al cuerpo diplomático y al nuevo Gobierno y fue cuando vi a Murumendiaraz. Me extrañó verle allí y al decirme que estaba con Ortuzar y Ortuzar estaba asignado a mi nuevo Departamento le dije que desde el día siguiente tenía que ser mi chófer, ya que Ortuzar lo tenía allí sirviendo cham­pán. Hablé con el comandante y estuvo a mi servicio en toda la etapa de Bilbao. Cuando tuvimos que eva­cuar la capital bizkaina y andar por Santander fui al garaje a decirle que se preparase para ir a Avilés, a San Juan de Nieva, para embarcar el coche del lehendakari diciéndole que también iría con él Pacho Arregui. Pero el coche no lo dejaron embarcar en el Seven Seas Spray y le di la orden que embarcara él. Así lo hizo y nada más llegar en el Consejo del Gobierno Vasco que cele­bramos en Bayona le nombramos chófer del lehenda­kari Aguirre. Tuvimos que cambiar de coche y le com­pramos un Oldsmobile por 75.000 francos. En París estuvo al servicio del lehendakari hasta que un mal día éste cogió el tren con su familia en 1940 para ir a Bél­gica y allí les cogió la retirada inglesa y la invasión ale­mana, donde murió la hermana de Aguirre, Encarna, Chato Asporosa y varios más mientras Aguirre desapa­recía en el Berlín nazi, con personalidad falsa. Para no hacer más larga la historia le diré que ante la división de Francia en dos nuestro chofer trabajó en la Embajada de México y luego con Porfirio Rubirosa, aquel famoso play-boy que era el encargado de nego­cios de la República Dominicana y yerno del dictador Trujillo que en 1956 secuestró y asesinó a Jesús de Galíndez.

Rubirosa estaba contento con Murumendiaraz pero cuando la República Dominicana rompió relaciones con Vichy, que era la ciudad donde estaba y presidía aquella Francia el mariscal Petain, tuvo que buscarse trabajo en la Embajada de Finlandia hasta que en 1945 cuando el lehendakari volvió de Nueva York a París, volvió a ser el chófer del lehendakari trabajando con él hasta el año 51 que fue cuando le dijo que se estaba haciendo muy larga la estancia fuera de casa y quería volver. El lehendakari le dijo que estaba de acuerdo y que no le buscara ningún chófer en París pues suprimiría el coche y, nueve años después, estaba allí en mi casa llorando como un crío abrazado a Landaburu. Javier y yo, le dijimos que ya que le había lle­vado tantas veces en vida, tenía que llevarlo en su últi­mo viaje, junto con los comandantes de los batallones que estaban destinados a ese honor. Recuerdo también el rasgo humano del nuevo lehen­dakari Leizaola cuando le vio a nuestro chófer en el cementerio y le pidió que pasase pronto la frontera y que el chófer del partido, Balbino Barriola le llevara a ella rápidamente, pues Leizaola temía por él, ya que se habían sacado muchas fotografías ese día y el nuevo lehendakari quería que pasase el control antes de que se revelaran y publicaran aquellas fotografías que le podían comprometer y darle un disgusto.