Cuba gana una vez más la partida

Domingo 12 de mayo de 2019

A raíz de los acontecimientos del 30 de abril en Caracas, el viernes pasado tuvo lugar una reunión de emergencia del Grupo de Lima, al término de la cual los cancilleres acordaron invitar a Cuba y al Grupo de Contacto Internacional (GPI) a participar “en la búsqueda de la solución a la crisis en Venezuela”.

Por supuesto, las reacciones no se hicieron esperar. Muchos alegaron su sorpresa ante una decisión que interpretaron como una anomalía al no comprender cómo Cuba, siendo origen del problema, se convierta, de la noche a la mañana, en mediador del conflicto.

No es la primera vez que por parte de la oposición se expresen decisiones que, a falta de explicaciones, sorprendan o sumerjan en la perplejidad a la opinión pública, dejando el espacio a las elucubraciones periodísticas, a los campeones del teclado, o a los expertos en manipulación. Es preocupante porque, de repetitiva, muestra una tendencia que ya aparece como algo estructural, que resta credibilidad y genera más angustia de la que ya vive la población del país.

Ante la avalancha de reacciones que causó la noticia, Julio Borges, representante diplomático del presidente interino Juan Guaidó ante el Grupo de Lima -que según los testimonios que han ido apareciendo tuvo un protagonismo importante en el montaje de los acontecimientos del 30 de abril- intentó dar una explicación a propósito de la invitación a Cuba. Haciendo gala de su estilo, nunca claro, afirmando algo que inmediatamente relativiza, declaró que a Cuba no se le invitó, sino que se le hace venir para presionarla y para que acepte abandonar Venezuela. Ahora bien, es poco creíble que un responsable político serio crea que pueda atraer, para mejor combatirlos, a profesionales que tienen sesenta años de experiencia conspirativa y de intervención en los asuntos internos de varios países del mundo, como es el caso del régimen cubano.

En cambio, en Cuba, sí comprendieron el mensaje cursado por el Grupo de Lima, que cuesta creer no haya sido hablado con anterioridad con las autoridades de la isla, debido a la celeridad de la respuesta del gobierno cubano que suele tomarse su tiempo antes de tomar una decisión que comprometa al régimen.

El primero en responder de inmediato fue el propio presidente Miguel Díaz Canel, nada menos que desde Canadá donde causalmente se encontraba. Informó por medio de su cuenta Twitter que sostuvo una conversación con el primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, en la que “enfatizó la necesidad de diálogo con Nicolás Maduro, basado en el respeto a la soberanía de Venezuela y al Derecho Internacional sin amenaza ni intervención extranjera” (sic). Por su lado, Canadá publicó un comunicado el mismo viernes, subrayando que ambos -Díaz Canel y Trudeau- buscaron la forma de “trabajar juntos para encontrar una solución a la crisis”. Si analizamos la reacción cubana, ésta se dirige a la comunidad internacional y de ninguna manera se digna a responderle al Grupo de Lima. Cuba acudió a Canadá, el representante del “primer mundo” en el Grupo de Lima, con el que Cuba mantiene relaciones privilegiadas desde siempre. Díaz Canel dejó muy claro que participará en las negociaciones de la mano de ese aliado poderoso, un país del norte, potencia económica: nada de mezclarse y ponerse a nivel de países subalternos del sur.

Inmediatamente llegó la declaración, también por medio de Twitter, del canciller Bruno Rodríguez desde La Habana, quien puntualizó que Cuba “contribuirá a la solución de las diferencias a través del diálogo respetuoso de la igualdad soberana de los estados, basado en el Derecho Internacional, la no amenaza de la fuerza, ni la intervención extranjera”.(sic)

Pero el que aparece como el “cuadro” de mayor nivel de la diplomacia cubana, y aparentemente será el encargado de monitorear esa delicada tarea, parece que será el director para Estados Unidos de la cancillería cubana, Carlos Fernández de Cossío. Este es un diplomático de alto nivel que se expresa en un inglés impecable, y en un español que no tiene ni asomo del acento de origen popular de los cubanos que “le deben todo a la revolución”. Se ve que la diplomacia cubana escogió para esta escena a Nueva York y la redacción de «Bloomberg» -grupo mediático ligado al mundo financiero. Al igual que el presidente y el canciller, Fernández de Cossío condicionó la “ayuda” de Cuba para “negociar un final pacífico” a la presencia de Nicolás Maduro en la mesa de negociaciones. Puntualizando que “no es ni Cuba ni el grupo de Lima los que deben decidir quién es el líder de Venezuela”. Léase, no es el grupo de Lima, es Cuba quien lo decide. Hay que destacar los diferentes escenarios escogidos para dar su asentimiento a participar en las negociaciones en las que se va a decidir el destino de Venezuela: Canadá, La Habana, Nueva York.

Hasta ahora, Venezuela ha conocido la versión militar/policial del castrismo que éste ha venido aplicando desde que Hugo Chávez le cedió la soberanía de Venezuela a Fidel Castro. A partir de ahora, se enfrascará en un ciclo que será largo, en el que conocerá la versión diplomática del castrismo; materia, que, al igual que en la militar/policial, tiene grado de excelencia.

Si durante los veinte años de castrochavismo Cuba impuso el lenguaje militar (misiones, comandos, campaña), le llegó la hora al lenguaje aséptico diplomático. Esperemos que el Grupo de Lima esté consciente de enfrascarse en un período de negociaciones de duración incierta. Lo más seguro es que se extienda más allá de lo que se imaginan las partes involucradas en el proceso. Deberían recordar el tiempo que duraron las negociaciones de Angola hasta que las tropas cubanas abandonaron ese país, y, las de las FARC, realizadas en La Habana bajo la égida del poder castrista, las de Guatemala durante la crisis centroamericana, que se extendieron durante diez años.

No es reciente la idea de que Cuba sea considerada como la mejor opción para resolver el conflicto venezolano. Varias veces el “New York Times”, vocero por excelencia del poder cubano, ha manifestado esa opción en diversas ocasiones.

El castrismo es, ante todo, una estructura de poder militarizada, no por ello no deja de contar con cuadros diplomáticos de alto nivel, curtidos, en particular, en el marco de sus actividades en la ONU. En ese entorno internacional han desplegado sus cualidades de seducción y han utilizado el inmenso prestigio que le otorga su condición de “enemigo por excelencia del imperio”; liderazgo que no se priva ejercer ante los países que profesan el mismo resentimiento. En lo tocante al “imperio” mismo, han logrado construir redes de apoyo en los más variados medios oficiales, académicos, religiosos, hasta haber logrado la proeza de infiltrar a la CIA. Y no sólo eso, sino que, durante 16 años, la experta en materia de política cubana en el Pentágono trabajó para los servicios cubanos, orientando sus informes a favor del régimen cubano, determinando así la política de Washington hacia la isla; de allí la drasticidad de la nueva política americana hacia la isla.

Si ya Venezuela ha comprobado en la práctica el profesionalismo de los servicios de inteligencia, de los expertos militares y hasta de los torturadores cubanos, ahora tendrá la experiencia del profesionalismo de sus diplomáticos. Codearse con los diplomáticos cubanos significará una buena escuela para Julio Borges como representante del gobierno interino en el Grupo de Lima. Se hará acreedor de un conocimiento y una experiencia invalorables, que le será muy útil en su vida política en el futuro.

Para completar este nuevo escenario cubano-venezolano, la ministra de relaciones exteriores de Canadá, Chrystia Freeland, declaró el miércoles 8 de mayo que “Cuba tiene que dejar de ser parte del problema de Venezuela para convertirse en parte de la solución”. Y recalcó que espera que Cuba vea que es el “enfoque correcto para el pueblo de Venezuela, para el hemisferio y para Cuba”.

Todo parece indicar que al haberse agotado todos los intentos de negociación propuestos por Washington y evitar llegar a la improbable intervención militar, Cuba percibió que se había llegado a un límite, que de persistir en su postura numantina, podía perderlo todo. Es el momento en que los contrincantes de una guerra admiten negociar. Pero no hay que engañarse, la presencia de Cuba en el Grupo de Lima, y tácitamente aceptada por parte de EE.UU., va a convertirla en chica buena. Cuba impondrá sus condiciones, luchará por hacerlas aceptar, ganará todo el tiempo que desee, además de al contar con su tropa en el interior del país, seguirá teniendo la capacidad del chantaje de la violencia. Intentará por todos los medios cansar a los integrantes del Grupo de Lima y al GPI, ganando tiempo, esperando los cambios de gobierno que van a darse próximamente en el continente incluyendo en EE.UU., esperando elijan gobiernos afines a Cuba y así apuntalar a Nicolás Maduro, oficializando de hecho su presencia en el territorio venezolano: el mayor triunfo del castrismo de su política internacional. La primera fase de la estrategia cubana en Lima será la de intentar mantener a Maduro en el poder. En una segunda fase, puede sacrificar a Maduro y lo más seguro es que tenga en reserva a un candidato proveniente de las filas de la oposición que se adapte al verdadero poder; el entramado militar. Ante las disyuntivas que plantean los conflictos, una de las características del castrismo es tener siempre a la mano varias opciones posibles. En eso siempre se adelantarán a los venezolanos, quienes ante los conflictos apenas si logran estructurar una opción, y además esperando que el desenlace sea rápido.

Todo depende de la actitud que tome Washington ante el nuevo escenario que se le plantea con la presencia de Cuba en el Grupo de Lima. Igualmente, a los gobernantes latinoamericanos que parecen estar conscientes del peligro que representa para toda la región el afianzamiento del régimen de Maduro apuntalado por Cuba y compañía.

Para EE.UU., la actitud del régimen iraní de retomar el procesamiento de uranio destinado a fabricar armas ofensivas, debería ser un objeto de preocupación suplementario debido a la influencia innegable de ese régimen en el escenario venezolano.

La época actual presencia la voluntad de grupos de poderes deseosos de recuperar la influencia hegemónica que otrora tuvieron, en particular Rusia, que conforma un bloque aliada con Irán y Turquía. Independiente del petróleo, del coltán, del uranio etc., que posee Venezuela; es legítimo dudar que Rusia, Irán y Turquía abandonen de buena gana un espacio geoestratégico tan bien situado, fronterizo con el mar Caribe, con la Amazonía, la cordillera de los Andes, y en pleno corazón del continente, además vecino de la sede de la todavía primera potencia mundial, enemigo tradicional del bloque mencionado.

La pérdida de Venezuela significa para Cuba, no sólo perder su fuente de manutención, sino que verá debilitado su papel de Celestina al servicio de los poderes con proyectos imperiales, en lo que radica gran parte de su poder. Pese a su inexistente poder económico, al haberse aliado, primero con la URSS al punto de alcanzar ante la comunidad internacional un estatus real de poder político, su papel de Celestina de los imperios hace a Cuba complementaria de Rusia, la cual, sin poderío económico para ser considerada como una potencia mundial, cuenta con una capacidad de conspiración, de crear conflictos regionales, que le permiten lograr un poder de nocividad innegable. Cuba, incluso actúa más directamente mediante su especialidad de alquilar grupos mercenarios, sean militares, represivos, personal médico, deportivo, que le permite a la vez, ejercer una influencia política decisiva, y asegurar su condición de querida mantenida.

Venezuela dejó de ser un conflicto nacional, para convertirse en un caso geopolítico. Tal vez en la negociación ya comenzada entre Washington y Moscú, la opción de Trump sea la de abandonar la intervención en el conflicto Rusia/Ucrania, a condición de que Putin abandone Venezuela.

Mientras tanto, China se mantiene discreta, a sabiendas de que, en última instancias, le tocará la mejor tajada.

Elizabeth Burgs

La Universidad de Deusto apoya una salida democrática para Venezuela

Sábado 11 de mayo de 2019

Más de 300 rectores de las Universidades de los jesuitas del mundo, entre ellas la de Georgetown, se reunieron en julio del año pasado en la Universidad de Deusto poniendo en limpio sus relaciones y detectando y analizando los problemas mundiales y locales en los que se desenvuelve su trabajo. No olvidemos que el Papa es un jesuita, que San Ignacio era de Loiola, y que los jesuitas son una referencia mundial en muchas cosas.

Tras terminar mi bachillerato en Santiago Apóstol estudié tres años de economía en la Universidad Católica Andrés Bello de Caracas para terminar la licenciatura de Comunicación Social en dicha Universidad que pasó del centro de la ciudad a unas nuevas instalaciones en Montalban La Vega. Inauguramos aquel centro que hoy está rodeado de árboles cuando allí no había nada. Como se dice por allí. ”Una tronco Universidad” con varios premios en la proyección social que tiene y en su búsqueda por no ser un centro de élite de la burguesía sino un centro de excelencia educativa que destina un 30% de sus haberes a dar asistencia a los más necesitados ,extendiendo su acción social hacia los barrios colindantes. El régimen les controla y avasalla diariamente su autonomía universitaria y a pesar de todo resisten como pueden tal tsunami antidemocrático.

La UCAB es una Universidad muy prestigiosa en Venezuela teniendo los jesuitas Campus en Puerto Ordaz y el Táchira, amén de varios colegios como el San Ignacio en la ciudad de Caracas donde iban a hacer su bachillerato la mayoría de las familias vascas teniendo incluso un equipo de fútbol, el Deportivo Vasco, que tuvo muchos éxitos en su tiempo. Los P. Manuel y Genaro Aguiire, Arruza, Lanz, Jesús Aguirre, y muchos más fueron referencia en Venezuela junto al P Luis Ugalde que nos visitará el mes de junio y dará el día seis una conferencia en la Fundación Sabino Arana. Ugalde es un jesuita combativo y una referencia moral en Venezuela. Nacido en Bergara es euskaldun y muy batallador.

Toda esta introducción para decir que el actual rector de la UCAB, P. José Virtuoso junto con el vicerrector Gustavo García, (su aita es de Gasteiz), ofrecieron una conferencia presentada por el actual rector de Deusto Guibert siendo presentados y moderados por Joana Abrisketa, profesora de la Institución.

Habría en la sala unas 250 personas de todo tipo, desde universitarios de Deusto como el vicerrector Rodríguez Ranz y el presidente de los antiguos alumnos Agustín Garmendia, Rose Miren Pagola, la secretaria de Tierra de Gracia y lógicamente estudiantes que han seguido con muchísimo interés todo el cúmulo de datos ofrecidos por el rector explicando como, tras la muerte de Chávez, se deteriora la situación que entra en el caos actual desde hace cinco años por culpa de un régimen que no tiene la capacidad de adaptarse a un chavismo sin la conducción carismática de Chávez y a un precio del petróleo que baja sustancialmente y el deterioro de toda la industria petrolera que pasa de producir cuatro millones de barriles diarios a solo 800.000 en la actualidad.

Previamente se había ido eliminando toda la capacidad productiva del país con su política de confiscaciones y ahogamiento empresarial lo que ha dado lugar a una emigración de casi cuatro millones de venezolanos, una inflación incontenible que ya está en el millón trescientos mil dígitos, una inseguridad ciudadana agobiante, falta absoluta de medicamentos, derrumbamiento del PIB, gracias al empecinamiento de no querer reconocer la crisis humanitaria y el paso paulatino de una democracia que va pasando a un régimen autoritario, de ahí a una dictadura siendo en la actualidad una tiranía con un régimen militar atrincherado, apoyado por Cuba y Rusia y sin la menor capacidad democrática de convocar unas elecciones libres para devolver la democracia al país.

El rector ha repetido la descripción que le hizo un amigo del chavismo. ”Es Chávez con plata”. Muerto Chávez y con la industria petrolera en ruinas, del chavismo solo queda caos y lo que enseña Cuba para el mantenimiento del poder, la represión.

También ha dado un dato escalofriante, además del de la emigración que es que el índice de vida ha disminuido en dos años y medio. Terrible.

Adjunto el comunicado aprobado por los jesuitas de Deusto en apoyo a la transición democrática. Vale la pena leerlo pues es una toma de postura muy valiente en favor de la democracia.

El esposo de Pilar Goya

Viernes 10 de mayo de 2019

Así nos dijo un día Rubalcaba lo que era. Ni químico, ni jefe del comando Rubalcaba, sino el esposo de alguien de la saga gasteiztarra de «Vasquitos y Neskitas». Por eso, una vez que le acompañé a Xabier Arzalluz a hablar con él, le llevamos una cajita de estos chocolates. Me acuerdo de su cara pícara al recibirla y sus risas cuando Xabier le decía que tenía pinta de judío ropevejero. Nunca nos clavó nada por la espalda como decían de él. ”Rubalcaba, te das la vuelta y te la clava”. Todo lo contrario. Cada cierto tiempo organizaba en Madrid una reunión con María Antonia Iglesias, Benegas, y varias periodistas. Le fascinaba la claridad de Arzalluz. Todos han fallecido. Se clarean las filas. Impresiona.

Además de inteligente y un maestro del regate en corto era un tipo que tenía mucho sentido del humor, relativizaba las cosas y no se las tomaba a la tremenda. Con él se podía negociar y además te explicaba el por qué no podía transferir esto o lo otro y quien era el malo de la película y los esfuerzos que hacía para vencer resistencias e inercias seculares. No él, que era de Solares, pariente de nuestro Pepe Rubalcaba y un socialista que nos apreciaba. Y, a pesar de ser vicepresidente del gobierno, portavoz parlamentario, ministro del interior o lo que fuera, no te miraba nunca por encima del hombro. Eso se agradece cuando hay tanto chiquilicuatro que le dan un galoncito y se creen San Dios.

Le conocí nada más llegar a Madrid en 1986. Era el secretario de estado de Educación con Solana y me citó en el Ministerio para hablar de la LODE. Fui con Iñaki Zarraoa y en una tarde dimos cuenta de todas las enmiendas. Era un negociador duro, pero comprensivo y se ponía en tus zapatos. Desde entonces, a pesar de todas las discrepancias, mantuvimos un hilo caliente de relación y hace poco me llamó para tener una reunión de viejos rockeros en Madrid. Pospuse el viaje y me arrepiento de ello.

Negocié con él en media hora la transferencia de aguas hace veinticinco años. Me pidió tiempo para hablar con Felipe González y lograr el permiso político, con Jerónimo Saavedra el de Administraciones Públicas y con Josep Borrell para la financiación de la transferencia y en hora y media estaba lista una competencia estancada catorce años, fuímos la última Autonomía en lograrlo, pues estaba estancada como el agua de una piscina en invierno y fue gracias a él porque hoy en día en Madrid ni se lo plantearían. Como consecuencia de esto Jon Zabalia fue presidente de la Comisión y nosotros logramos, en virtud de esta transferencia el que ya no se produzcan inundaciones ni en Getxo, ni en Basauri, Etxebarri, ni en el Urumea y se hayan podido realizar los saneamientos de Donostialdea, Urdaibai y espero que en breve el Alto Nervión pues han aprobado hace tres semanas la licitación de las obras. Si, ya sé que lo hicimos como en un zoco, y que es una ley orgánica, pero es que desgraciadamente en Madrid o actúas así o te quedas para vestir santos.

La última vez que le vi estaba atribulado por lo que estaba viviendo en su partido y me dijo poniendo la mano en el pecho. «Iñaki, he llegado a la conclusión que solo se puede hacer política en serio con los de tu misma generación. Ahora nada vale nada y eso lo trastoca todo».

Siento su prematuro fallecimiento, aunque como él mismo decía, «España sabe enterrar muy bien a sus muertos». Lástima no lo consideraron más en vida. Ocurre en todos los partidos. Y nadie desgraciadamente aprende en cabeza ajena.