Viernes 8 de octubre de 2021
Ser tránsfuga es ser traidor a una sigla. Y si uno es parlamentario con el escaño obtenido gracias a un pacto con el PP si uno deja su sigla y se va al PP, tiene que dejar su escaño. Lo demás es una traición a un partido y a un electorado. Y hay que decirlo. Es lo que ha hecho el Sr. Gordillo, parlamentario de Ciudadanos en el Parlamento Vasco argumentando que lo que importa, y por eso lo hace, es sacar a Sánchez de la Moncloa. Podía haber dicho la verdad que no es otra cosa que al no ver futuro alguno en Ciudadanos se va a un rico nido que le asegura su escaño aunque ya veremos si en la siguiente este partido le pone en sus listas. Yo, afiliado de base del PP, le recordaría que el salto de trapecio a trapecio está bien en el circo, pero no en la política y si además eres profesor de Derecho Constitucional en Deusto, no sé que Derecho puede enseñar un profesor que no tiene la idea clara que traicionar es algo muy feo.
En 1998 en el Congreso de los Diputados aprobamos un gran acuerdo contra el transfuguismo. Fue un código de conducta decente y abarcaba desde las corporaciones locales a las Cortes Generales. Se renovó en el año 2000 y en el 2006 con una adenda y en el 2020 se volvió a activar buscando un Pacto de estabilidad institiucional. Pero a Luis Gordillo eso se lo trae al pairo y le ha dejado a su compañero José Manuel Gil, de Ciudadanos, sin saber que hacer porque el salto de Gordillo lo ha propiciado el PP que ya lleva chupando transfugas en 150 casos. El poder por el poder. La decencia, en el basurero.
Se me dirá que los dos partidos son representativos de la derecha. Y es verdad, cuando Rivera, antinacionalista furibundo dejó de ser falsamente socialdemócrata y se hizo liberal. Y así le fue. Pero hay que recordar que Gordillo y su antiguo partido son furibundos enemigos del Concierto Económico. Teóricamente el pacto con el PP sería el del agua y el aceite pero el escaño hace sabrosos compañeros de viaje. Estoy seguro que a Gordillo le ofrece Vox ir a Madrid y allí se va. Este tipo de político mercenario tiene precio.
Y un recuerdo a Alfonso Alonso. Al ex alcalde le madrugó el secretario general del PP Teodoro García Egea y de la noche a la mañana algo que Alonso no quería por innecesario se consumó en el pacto, hecho desde Madrid, entre el PP vascongado y Ciudadanos. A raíz de eso y de lo harto que estaba, se fue a su casa. La autonomía del PP vasco es inexistente y además se ejecutan las órdenes irrespetando a la parte vasca del PP.
De todas maneras esto nos ilustra lo que es el PP sucursal. Un partido que en boca de su presidente Pablo Casado quiere cargarse el estatuto de autonomía de Gernika, que no cumple el pacto antitransfuguismo, que hace política de barricada contra el gobierno vasco y que el Concierto le sobra.
Lo dicho. Toda una traición.


