Depurar responsabilidades, seguir trabajando y buscar soluciones.

Martes 18 de febrero de 2020

¿Cómo estaríamos sin Zalbalgarbi y Zubieta?

No lo tenía fácil el gobierno vasco en su comparecencia este martes en la Diputación Permanente. No se trataba solo de analizar lo sucedido y de dar cuenta de lo hecho ante semejante tragedia sino defenderse de acusaciones de todo tipo y una falsa pasividad. En todo caso, se le puede atribuir  responsabilidad “in vigilando” a toro pasado y una cierta falta de visión para darse cuenta que un tema de estos al inicio de una pre campaña le iba a estallar en la cara. Con la petición de perdón el Lehendakari Urkullu  lo ha reconocido y ha hecho bien. Muchas veces a nuestros responsables  gubernamentales se les ve muy ensimismados y distantes y sin el cable en tierra y eso se paga. Hay Consejeros intratables que solo saben mirar por encima del hombro, pero no era este el caso.

Hoy el gobierno lo ha hecho bien. Ha parado, templado y mandado con seriedad, datos, autocrítica y un tono adecuado. El Parlamento Vasco es una institución que lo hace mejor que el Congreso. El Lehedakari con cuatro consejeros han demostrado unidad y seriedad.

Quizás al gobierno se le puede acusar de no haber actuado gesticulando y de manera  teatrera pero nada más. Y es que pesó que había dos desaparecidos a los que había que buscar y eso era la prioridad.

Pero dudo mucho que si lo hubiera hecho gentes que brindaron con champán cuando ETA mataba y hoy se ponen el traje de plañidera, entornan los ojos y le acusan a Urkullu de inhumanidad, mientras arrojan basura en los batzokis, se iban a dar por satisfechos con la información que se ha dado. Hagas lo que hagas no te van a dar ni agua.

En una situación como la vivida, con la lamentable pérdida de dos vidas humanas, el PP, Bildu y Podemos, que tienen obligación de pedir explicaciones  se han pasado siete pueblos y no van a centrar su crítica en la empresa o en la falta de vertederos industriales ya que ésta fue la política de los antecesores de Bildu que han hecho siempre todo lo posible para que el tratamiento de vertidos tóxicos  o los industriales o la propia incineración se puedan  abordar. Lo de ellos es oponerse a todo y en este caso, como ocurrió en Lantaron, también. Que la gente no se deje engañar.

La Diputación de Bizkaia en su día abordó la machada de enfrentarse a la política del NO y a todas las rémoras, intereses, campañas de miedo, falsas argumentaciones y  decidió contra viento y marea construir Zabalgarbi. Lo hizo cuando ETA actuaba y quería convertir su construcción en un nuevo Lemóniz. Y digo esto porque quizás está faltando coraje para abordar cosas que se tienen que hacer y no se hacen por el que dirán o porque el político de turno no quiere más problemas que los diarios. Y así no es extraño pasen estas cosas. Más coraje señores, para beneficiar al colectivo. Gipuzkoa lo ha encauzado veinte años después.

¿Cómo estaría Bizkaia si no se hubiera construido Zabalgarbi a pesar de  la IA con sus manifestaciones, amenazas y tergiversaciones y poniendo como alternativa los vertederos?. Lo mismo en Gipuzkoa con Zubieta.

“Incineradora, un muerto cada hora” nos chillaban. La incineración no ha matado a nadie y desgraciadamente este vertedero si. Un nuevo plan de residuos  creo que se impone.

Por lo demás la comparecencia de Urkullu con cuatro consejeros a su vera  para cualquier persona de buena voluntad debería ser suficiente siempre y cuando se depuren responsabilidades a la empresa y a los responsables de vigilar estas cuestiones.

El Lehendakari ha tenido un tono serio, profesional, mesurado, no ha eludido ninguna pregunta, no se ha  irritado como se molestó el día de la disolución del Parlamento Vasco, cosa que le perjudicó, y creo que, si el medio es el mensaje, queda para el ciudadano, repito, de buena voluntad  la impresión de que el problema está en buenas manos, con la convicción de que   a pesar de todo se tratará de hacer de esto, una pieza más de la campaña electoral. Desgraciadamente. La basura para algunos es muy rentable aunque el telón de fondo es una tragedia con la pérdida de dos vidas humanas.

Buen ejemplo el de Pepe Mujica.

Lunes 17 de febrero de 2020

Esta entrevista al ex presidente de Uruguay, Pepe Mujica se la hicieron la semana pasada. Dice cosas de interés que vale la pena reseñar. Tiene 85 años y sigue opinando y en activo.

El expresidente volvió la semana pasada a la política, y lo hizo desde el mismo convencimiento con el que la abandonó: evitar la polarización entre los uruguayos.

Horas antes de regresar a su escaño en el Senado, esta vez desde la oposición, confiesa que dio un paso atrás para no contribuir «a polarizar» su país y crear «una grieta» política como la que, en sus palabras, vive Argentina.

Desde la cocina de su finca ubicada en las afueras de Montevideo, el Pepe, como muchos le conocen, interrumpe el lavado de su vajilla para dedicar unos minutos a tomar mate y charlar.

¿Usted hace dos años dijo «me retiro, quiero descansar un poco». ¿Qué pasó? ¿Se fue el cansancio?

-Lo que dije fue «cansancio del largo viaje». No es que se haya ido el cansancio, es que yo soy un militante social y político, tengo 71 años de militante. Entonces, a esta altura es una forma de vida pero soy consciente de mis años y de que el mundo está cambiando aceleradamente ni para mejor ni para peor, sino para distinto.

El tiempo que viene es digital, es de dos idiomas, tiene una cantidad de cosas que no son de mi tiempo pero siempre dije que el mejor dirigente no es el que hace más, sino el que deja gente que lo supere con ventaja en el tiempo porque la vida y la lucha continúa. Hay una parte importante en nuestra sociedad que nos quiere mucho, hace cerca de 20 años que nuestra lista es la más votada en el país y aún perdiendo el gobierno curiosamente nuestra lista sigue siendo la más votada (…).

Voy a estar en el Senado con mis compañeros jóvenes tratando de impulsar algunas ideas que tengo pero mi suplente es brillante (Alejandro Sánchez), tiene 36 años, y creo que vale la pena abrirle cancha y a algunos otros que están por ahí y es lo que estoy haciendo.

Estoy viejo pero no destruido, la computadora de acá -señala su cabeza- me funciona por ahora, más o menos, y el cuerpo está achacoso pero es un lujo para la vida que he tenido, es maravilloso llegar a los 85 años y no estar lelo, subirse arriba del tractor y todo lo demás. De vez en cuando tengo calambres, dolor de rodillas y todas cosas de viejo pero yo debo de gritarle gracias a la vida.

¿Dudó de presentarse de vuelta en la lista?

-Yo estuve muy presionado para ser candidato a la Presidencia y no quise. No quise no solo cascoteado (golpeado) por mi edad y la experiencia, yo no quería contribuir a polarizar el país.

Yo no quiero un país como en la Argentina, con la grieta, medio país contra medio país. No quiero, lo detesto, porque somos un país de cuatro gatos locos, tres millones y poco. No podemos darnos el lujo de tener medio país contra medio país porque nos vamos al carajo y renuncié porque yo sé que polarizaba.

Lamento que me parece que hay gente que no se da cuenta de eso, el peor veneno de este país es la polarización. Veremos lo que pasa.

Usted decía que tiene algunas ideas para esta legislatura, ¿hacia dónde apuntan?

-Estamos en un cambio del capitalismo en la época que vivimos, lo que más crecen económicamente en el mundo son las empresas trasnacionales. Nuestras burguesías nacionales son familiares, no pueden competir con ellos. ¿Y qué les pasa?.

Se ponen de rentistas, compran un pedazo de campo y lo alquilan, compran unos apartamentos y los alquilan o hacen inversiones en bonos, no emprenden en empresas que multipliquen la riqueza. El Uruguay tiene 24 mil millones de dólares de plata fuera y estamos pidiendo que inviertan acá, ¿por qué? porque esa burguesía no puede competir con esos equipos.

Creo que la respuesta es la que tienen los chinos o los vietnamitas: el Estado tiene que transformarse en socio minoría, dejar que líos privados administren pero en lugar que invierta un banco o accionista, que invierta el Estado, que tenga una parte, un 30 o 40% y de ahí saca renta, para que lo entiendan va a ser difícil.

Un letrerito a Sabino Arana en el Café Iruña de Pamplona

Domingo 16 de febrero de 2020

José Mari Esparza, editor de Txalaparta, me envió este trabajo suyo que aparece  en su libro Vasconavarros. No la conocía. Tiene su interés. Dice así:

 “Las primeras referencias sobre una bandera  son las de Soraluce, citando la bandera que sacó en París en 1881, basada, según dice, en otras banderas antiguas. Fue el precedente de la ikurriña. Los historiadores dicen que la bandera vasca o ikurriña, diseñada por los hermanos Arana Goiri, se izó por vez primera en el Batzoki de Bilbao el 14 de julio de 1894. Sin embargo, el curioso testimonio de un tafallés, Teodoro Galarza, aseguraba haberla visto en la manifestación celebrada en Castejón, con motivo de la Gamazada, el 18 de febrero del mismo año. 

En sus Memorias de un liberal, cuenta Galarza que siendo joven acudió a Castejón a recibir a la Diputación, con una bandera de la juventud republicana tafallesa. En medio de la muchedumbre, entre cientos de banderas y estandartes carlistas y conservadores, destacaba la única bandera republicana y otra, distinta de las demás. Como una curiosa e inevitable atracción, las dos banderas se fueron acercando a través del gentío. Galarza se encontró ante un desconocido que la portaba y se produjo el siguiente diálogo:

-No hay aquí una bandera como la suya.

-Tampoco como la suya.

-Yo me llamo Teodoro Galarza Arrambide, de la Juventud Republicana de Tafalla que me ha delegado para traer este estandarte. Pero, ¿cuál es esa bandera que usted trae?

-Es la bandera de un partido nuevo que estoy formando. Yo soy de Bilbao. Me llamo Sabino Arana y Goiri.

Iñaki Egaña coincide con este testimonio al decir que la ikurriña fue diseñada en el Café Iruña de Pamplona, en 1894, en plena agitación de la Gamazada. Luis Arana Goiri plasmó las ideas de su hermano en un boceto. La bicrucífera fue tejida a toda prisa por Juana Irujo, para poder llevarla al acto patriótico de Castejón donde miles de navarros acudieron a recibir a la Diputación Foral y donde la vio el republicano tafallés. A partir de entonces la enseña tuvo una rápida difusión.

 En las provincias de Iparralde fue asumida con naturalidad y, sin ningún matiz político, pronto adquirió rango de oficialidad junto a la bandera francesa, incluso en ceremonias militares. En Navarra fue popularizándose en batzokis, fiestas y grupos folclóricos, hasta su prohibición definitiva en 1936.

Durante todo el franquismo fue el símbolo de la resistencia, y fue admitida sin reparos por todo el abanico político de la oposición. El 16 de enero de 1977, el Grupo de Alcaldes Vascos, reunidos en Etxarri-Aranatz, conminó al Gobierno a su legalización, y amenazó con dimitir en caso contrario. Tres días más tarde, el ministerio de Gobernación la autorizaba. Todo el país se inundó de ikurriñas artesanas, pero también industriales, encargadas en un momento difícil a una empresa textil catalana por Idoia Estornés.

 Los ayuntamientos de Etxarri, Lesaka, Huarte y Estella fueron de los primeros en colocarla. Pamplona fue la primera capital vasca cuyo Ayuntamiento aprobó su izada. El 25 de enero, al colocarla en el balcón consistorial y ante la gente que abarrotaba la plaza, el alcalde Erice manifestó: “Espero que nunca olvidéis el momento que estamos viviendo”. Los vecinos saludaron la decisión desde la plaza cantando el Eusko Gudariak, antes de que los grises los disolvieran a golpes. 

El 30 de junio, la nueva corporación democrática aprueba un escrito remitido por el PSOE, Partido Carlista, grupos nacionalistas, comunistas y otros, que suman el 59,25% de los votos de las primeras elecciones realizadas, y que exige que “a la mayor brevedad, sea izada la ikurriña en el balcón del Ayuntamiento (…) como expresión de nuestra pertenencia fundamental a la Comunidad Vasca, cuyo símbolo universal es la bandera bicrucífera”. Siguiendo el ejemplo de la capital, en buena parte de ayuntamientos navarros se colocó la enseña, unos de forma oficial, otros de forma oficiosa. En algunos casos, como Tafalla, se produjeron grandes recogidas de firmas, y fueron los últimos ayuntamientos franquistas los que la colocaron ante la presión popular. Pueblos de la Zona Media y Ribera la colocaron con naturalidad: Falces, Villafranca, Larraga, Tafalla, Arróniz, Aibar… 

Dos pueblos, Agoitz y Villaba-Atarrabia, convocaron referéndums, y en ambos casos se ganaron con holgura. En el caso de Atarrabia, en 1977, el resultado fue favorable por un 63% frente al 37%. En Otsababia sin embargo el resultado fue negativo, mientras que en Aibar el Gobernador Civil prohibió la consulta. (Baraibar, Historia y memoria de los símbolos…) Si no se hicieron más consultas directas fue porque era evidente la aceptación mayoritaria, corroborada además por los recientes resultados electorales que habían dado la victoria a los partidos partidarios de colocarla. Todas la Peñas de Pamplona y muchas sociedades de toda Navarra la aceptaron como propia y la incluyeron en sus locales.

Aprobada la Constitución Española y una vez decidida en Madrid la separación institucional de Navarra y la Comunidad Autónoma Vasca, comienza la marcha atrás del PSOE en todo lo que había dicho y sostenido desde el Frente Popular de 1936. Uno de los temas más sensibles, fue la retirada de las ikurriñas de las casas consistoriales, después de que se habían colocado como símbolo de libertad frente al franquismo. En octubre de 1980, la mayoría de la Diputación de Navarra la prohibió en los ayuntamientos navarros. 

En 1981 se aprueba en el Parlamento Navarro la Ley de Regulación de Banderas. Durante años, la Guardia Civil y los vecinos se emplearon a fondo en una batalla interminable. Sólo en Etxarri Aranatz, hasta el año 1994, la ikurriña fue retirada por los guardias y repuesta por los vecinos y concejales en 41 ocasiones. El 10 de diciembre de 1981, tras cuatro años en el balcón, el Ayuntamiento de Pamplona retiró la bandera en medio de una gran polémica. 

La decisión fue tomada con los votos del PSOE, UCD y UPN. El PSOE tuvo que expulsar a uno de sus históricos concejales, Manuel López Balda, por sostener la misma postura que mantuvo en 1977. En algunos pueblos hubo grandes enfrentamientos. De Tafalla fue retirada en febrero de 1982, en medio de un pleno tumultuoso que terminó con cargas policiales. Las peticiones de hacer referéndums sobre el tema fueron denegadas. En 1988 fue disuelto el grupo municipal de Dantzaris del Ayuntamiento de Iruñea, por negarse a bailar sin ella. Poco tiempo después ocurría lo mismo con el de Tafalla. Sin embargo en muchos pueblos se siguió colocando con normalidad, al haber mayorías municipales proclives a ella o tolerantes con el sentir de los vecinos.

En el año 2003, dentro de una campaña continuada contra todo signo de identidad vasca del territorio, desde el Gobierno de Navarra el grupo UPN consiguió poner en marcha una llamada Ley de Símbolos, aprobada con el apoyo del CDN y del PSOE. Esta ley venía a continuar la de Regulación de Banderas de 1981 y el acuerdo de la Diputación de 1980, prohibiéndola en los ayuntamientos. Incluía sanciones a aquellos ayuntamientos que mantuvieran la enseña vasca en sus casas consistoriales.

El tema era especialmente peliagudo en localidades como Atarrabia-Villava o Agoitz, donde se había colocado previo referéndum entre los vecinos. La decisión de retirar la enseña de ambos pueblos acarreó fuertes protestas y expedientes a concejales del PSOE que votaron a favor de respetar la decisión que el pueblo tomó en su día. Al final, algunos pueblos como Atarrabia, Etxauri o Uharte la colocaron fuera del balcón consistorial, en mástiles de la plaza, pero eso también fue perseguido por el gobierno navarro y los jueces, que ordenaron en 2008 su retirada. Presionados por la Ley, se tuvo que quitar de ayuntamientos como Aibar-Oibar o Arronitz, donde había ondeado durante 25 años.

En medio de la polémica, la Guardia Civil elaboró un informe y señaló que, todavía en el 2008, ocho ayuntamientos navarros (Etxarri Aranatz, Goitzueta, Iturmendi, Leitza, Olazti, Urdiain, Etxauri y Arribe-Atallu) seguían utilizando la ikurriña contrariando la Ley de Símbolos. Pero el malintencionado informe policial tenía una curiosa y significativa segunda parte: de los 266 municipios navarros tan sólo 20, colocaban la bandera española, tal como obligaba la misma Ley de Símbolos. El 92% no colocaba ningún tipo de símbolo. 

Y es que la oficialidad y la realidad, en Navarra, siguen caminos muy dispares”.