En Belfast, y con el Titanic

Estoy en Belfast, a dos horas en coche de Dublin. Hemos estado viendo el Guggemheim del Ulster, que no es otra cosa en la capital de Irlanda del Norte, que un gran edificio muy moderno de la tragedia de 1912 del Titanic, pues allí en sus astilleros se construyó aquel buque insumergible que se fue a pique al chocar con un iceberg.

La exposición es magnífica y comprende la explicación del Belfast de principio del siglo XX y sus grandes astilleros, hasta la construcción del inmenso trasatlántico pasando por su decoración interna y terminando con la inmensa tragedia de su hundimiento y la muerte de más de 1500 personas. Todo muy bien presentado, muy moderno y con reproducciones y cartas originales, y como era día de Hallowen para los colegios, todo lleno de críos con sus familias.

Tras esta visita, nos hemos metido en uno de esos autobuses turísticos de dos pisos, con un chofer guia bastante gritón y muy británico,  que nos ha enseñado la ciudad y sus barrios conflictivos. La ciudad a mí me ha gustado pues tiene esa arquitectura de ladrillo rojo tan característica y  unos impresionantes edificios públicos. También nos ha pasado por los barrios ricos y pobres de protestantes y católicos, así como por las calles más conflictivas con sus inmensos muros y alambradas. La excursión comprendía pasar por calles famosas llenas de murales como el dedicado a Bobby Sands, prisionero del IRA muerto en huelga de hambre. Más de 3500 muertos y un proceso que se va asentando para acabar como un reclamo turístico en una ciudad de nombre tan conocido y sugerente.

He de decir que en el día de hoy me ha impresionado que todo quisqui, políticos, periodistas y ciudadanos llevaban prendida en la solapa, una amapola de papel en recuerdo de todos los fallecidos en las guerras mundiales. Una buena lección que los vascos deberíamos aprender en este 80 aniversario del fin de nuestra guerra.

Esto crea conciencia nacional de la que estamos bastante necesitados.

Una visita al edificio de correos de Dublín

Lunes 30 de octubre de 2017

Me llama la atención que, de cara a la crisis catalana,solo se haya oido hablar como país europeo de Bélgica y no de Irlanda. El primero es un país artificial, unido por el pegamento de una monarquía cogida con pinzas y con dos mundos enfretados, el valón y el flamenco. Irlanda por el contrario es un país que llegó a la independencia con sangre y que hoy es un país de éxito en la UE aunque tenga menos habitantes que Catalunya, concretamente cuatro millones setencientos mil en la República de Irlanda que se completa a seis con los habitantes del Ulster.

Hoy nos ha tocado patear Dublín y como era obligatorio hemos estado en la avenida O´Conell y casi enfrente de su inmensa estatuta está la oficina de Correos de infausta historia que se recuerda con un museo dedicado a aquel Lunes de Pascua donde se encendió la mecha.

La sublevación fue sofocada en pocos días pero en ella perdieron la vida cuatrocientos ciudadanos y gran parte del centro de la ciudad fue arrasada por los ingleses y los conjurados ejecutados.

Recomiendo ver en este museito los paneles con uniformes, fotografías, películas, chapas, fusiles, radios, teléfonos y documentos de la época.

Y todo pasó porque al iniciarse la primera guerra mundial en 1914, la ley de autogobierno que había sido aceptada por el Parlamento inglés, el Home Rule, fue suspendida debido a la declaración de la guerra.

Y fue entonces cuando un pequeño grupo consideró que era el momento de ir a por todas contra el dominio británico, ya que Inglaterra estaba debilitada y así, el lunes de Pascua de 1916, Patrick Pearse y otros miembros del gobierno provisional proclamaron la Declaración de Independencia desde al oficina de Correos de O´Conell Street y ocuparon varios edificios y cortaron las comunicaciones con la metrópoli.

La historia y su aceleración comenzó a raíz de este hecho sangriento que hoy he visitado en su recuerdo y que nos dicta las lecciones de la historia: hacerlo todo sin violencia,que hasta hace nada ha sido la partera de la historia.

La taberna de Sabino

Domingo 29 de octubre de 2017

He visto la manifestación de Barcelona.Mucha gente. Esa parte de la sociedad catalana, con ayuda exterior, ha sido despertada. La llaman la sociedad silenciada. No se por quien. Pero está bien que se manifiesten pacíficamente.Están en su derecho, aunque para mi gusto había demasiadas banderas españolas. Con la senyera oficial hubiera sido todo mejor. No saben el rechazo que supone ese tipo de españolidad de garrafa.

Escribo esto desde Dublin, donde paso unos días familiares. En el avión, salido de Bilbao, muchos padres que venían a visitar a sus hijos. El inglés se impone. Y en el día de hoy hemos visto unos jardines magníficos en Powers Court y comido en Johnnie Fox’s y por la tarde hemos visto Carton House.

El restaurante Johnnie Fox’s es una vieja taberna de 1798 con mucha atmósfera y mucho ambiente. Fotografías, objetos, mesas orginales, coches del pasado, parece un museo de cacharros de todo tipo pero tiene el sabor de la historia y en sus placas y lemas se ve como por alli anduvieron Michael Collins, Eamon de Valera, los del Sinn Finn que significa “nosotros solos”, los líderes de la independencia y cosas asi.

Tras beberme una pinta he estado pensando que un sitio así nos haría falta en Euzkadi ya que el franquismo se encargó de destruir todo lo que oliera a los inicios del nacionalismo vasco. La casa natal de Sabino, sus cascotes echados al mar, el Txakolí de Larrazabal derruido, y solo queda en Sukarrieta la casa donde falleció el fundador del nacionalismo vasco, casa donde pusimos una placa que nadie conoce.Y nadie visita.

Si hubiera un millonario jelkide con entusiasmo, o tan solo un empresario avispado, debería ayudar a montar una taberna sabiniana con las fotos de Arana, de sus discípulos, el menú de la cárcel, el discurso de Larrazabal, las frases más contundentes, sus seguidores, un lema bien grande que pusiera “Euzkadi es la Patria de los Vascos” , algún objeto personal, reproducción de algún libro y cosas de su tiempo. Creo que este tipo de cosas, como en Irlanda con Johnnie Fox’s, logran seguir haciendo presente la vida y obra de aquel hombre que vio lejos, y si te descuidas lo conviertes, como en esta taberna irlandesa, en lugar de peregrinación e ineludible de visitar. Y vendería objetos relacionados con Sabino, personaje que hay que recuperar.

Nos falta la épica de la resistencia y la épica de la historia, nuestra historia.

Vengan a Dublín, vean Johnnie Fox’s y anímense a hacer productivo su capital y a hacer Patria.Las futuras generaciones lo agradecerán.