Fumar o no fumar, he ahí el dilema

CADA 31 de mayo mi duda frente al cigarrillo remeda la hamletiana indecisión ante la calavera. Dilema sobre el placentero humo cancerígeno que no se inclina siempre hacia el mismo platillo, fluctúa con la edad.

Lo entenderá mejor el fumador/a en activo sabiéndome fumadora en excedencia. Ya no cuelgo volutas de humo en las lámparas, pero no por falta de ganas, que roen por dentro, sino por mor de la salud preventiva hasta que mi aquel yo adolescente remueva el rescoldo del pitillo que nunca apagué del todo. No sé qué me indujo a fumar, probablemente aparentar mayor, pero tampoco el argumento para dejarlo; el caso es que no fumo, aunque solo abandoné el pitillo, no maté el deseo de volver a quemar tabaco y exhalar con placer el humo contaminador.

No fumar. Mi atasco nasal desapareció junto con las toses matutinas y mientras los dientes blanqueaban comencé a gozar de sabores olvidados, escondidos tras la pátina diaria de fenantrenos; podía subir escaleras sin resollar ni recalar en cada descansillo; el cutis mejoró y los ronquidos guturales desaparecieron€ quizá gané kilos y mi humor se enturbió un tanto, pero serían daños menores comparados con salir de la alta probabilidad de sufrir cáncer. «En cinco años estarás en igualdad de probabilidades de enfermar que quien no haya fumado nunca», y hasta hoy. Pero ya habían pasado 25 años desde mi iniciación tabáquica, muchas pesetas quemadas, más las paredes, cortinas y ropas infestadas de malos olores por el fumeteo diario. Con mis disculpas a tantas personas a quienes hice fumadores pasivos. No soy del 51% que nunca fumó, sino del 25% de exfumadores o exapestados, según se mire. Comencé a observar de reojo al 30% (22% fumadores habituales) de mayores de 16 años que dan caladas sin las dudas de Hamlet. Dudas que yo sigo teniendo, aunque sepa que el tabaquismo es responsable del 84% de cánceres de pulmón y laringe, entre otros muchos, del 33% de los tumores y produzca en el Estado 56.000 muertes al año (13,5% del total). Tal vez porque las endorfinas que produce la nicotina no te abandonen nunca, lo que explica que en el mundo más de 1.350millones de personas sigan siendo fumadores activos y mueran 3,5 millones/año por ello. Pero aún con estas cifras de escalofrío, hablamos de pandemia de coronavirus mientras el tabaco es legal y circula entre los jóvenes como reguero de pólvora.

Monitorizar el consumo, proteger de malos humos, ayudar a quien lo deja, advertir de los riesgos, cumplir las prohibiciones tabáquicas, acotar espacios al fumar, aumentar precio y subir impuestos… Son medidas saludables, pero pese a que esto se contempla en la ley vigente, entre adolescentes de 14-18 años fuman el 29% de ellos y ellas un 33%; se empieza antes que en otros países y es la segunda droga más consumida tras el alcohol. ¿Podemos olvidar los beneficios de las empresas tabaqueras y del Estado en sus impuestos?

Me pregunto si resuelve la duda del fumador/a ante su cigarro el saber que se gasta mucho en deshabituar, pero se falla en evitar que los jóvenes entren al humo como el toro al trapo rojo.

La experiencia dicta que para no llegar a la excedencia tabaquera lo mejor es no empezar y que este ideal de reflexión a posteriori de post fumadora se pudiera hacer en la adolescencia; pero como nadie aprende en cabeza ajena tendremos muchos «31 mayo» para cantarnos «fumando espero€».

nlauzirika@deia.com@nekanelauzirika

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