Vicepresidente Jiménez

Antes de las elecciones del 22 de mayo, Roberto Jiménez, el rampante y trepante líder del PSN, obviaba el nombre de su presunta rival, Yolanda Barcina, y se refería a ella como “la señora”. Como suele ocurrir con tantas gracietas de campaña, cuando los votos estuvieron contados, al ingenioso vendedor de humo el chiste se le volvió calabaza. La “señora” chascó los dedos y llamó a su presencia a Jiménez para endiñarle una de esas ofertas que un partido en liquidación por derribo no se puede permitir el lujo de rechazar. Magnánima ella, antes de usarlo como felpudo durante la inminente legislatura foral, permitió que su futuro siervo tuviera unas migajas de gloria haciendo como que negociaba supuestas mayorías de progreso. El mismo timo que hace cuatro años, pero corregido y aumentado.

Es curioso, no obstante, que pese a la profunda huella que dejó aquella felonía, las tres fuerzas que ahora representan las ganas de aire fresco en Navarra volvieran a morder el anzuelo. Probablemente les pudo más la intensidad de su deseo que su capacidad de análisis. Alguien que te la da con queso la primera vez, la segunda te la pega con un calcentín, y más, como es el caso, si se trata de un tipo que desconoce voluntariamente la existencia de cualquier cosa parecida a unos principios. Desgraciadamente, salvo honrosas y contadas excepciones, es la clase de personas (más bien, de individuos) que se llevan el gato al agua en la política. La ideología es un lastre muy grande camino de la cima.

Habrá que reconocérselo como mérito. Cualquiera con media gota de pundonor que hubiera cosechado un fracaso tan bochornoso como el suyo, habría cogido el abrigo y estaría a esta hora conduciendo un quitanieves en Vladivostok. Él no. Él se ha colocado como palafrenero y a la vez mascota de “la señora”, con derecho a utilizar resmillería con el membrete de Vicepresidente del Gobierno más reaccionario del hemisferio norte.

Demócratas en apuros

Menuda birria de régimen, estructura, sistema o lo que sea, que se pone a hipar y temblequear porque una parte infinitesimal de la plebe se ha echado a la calle y una fracción aun menor da rienda suelta a sus garrulos instintos violentos. “Democracia amenazada, secuestrada, asaltada, violentada, mancillada”, se rasgan las túnicas con gesto entre digno y espantado los que viven en los apartamentos de lujo del edificio constitucional, ese búnker que tiene reservado el derecho de admisión. Si reaccionan así ante cuatro vistosos pero inofensivos episodios de pimpampum, ¿qué harían ante una revolución de verdad, con todos sus sacramentos?

De sobra saben que, si alguna vez lo hubo, ya pasó el riesgo de que ocurra algo así en estas latitudes. Por eso se entregan a la fantasía apocalíptica de convertir en insurrección popular lo que apenas llega a mínimo y justísimo pataleo de quienes están hasta las pelotas de palmar siempre en una timba que, en buena parte de los casos, ni han elegido jugar. Y si no tuvieran tanta querencia y tanto interés por la exageración, deberían estar agradecidos de que la cosa se vaya a quedar en un sucedido del que podrán fardar ante sus nietos. El Ismael Serrano del futuro cantará: “Abuelo, cuéntame otra vez ese cuento tan bonito de las piedras, los Mossos y los helicópteros llevándote al Parlament”.

Que no, que aquí no hay ninguna democracia en peligro y menos, en la acepción en que emplean tan polisémica palabra los que se la han quedado en propiedad. Muchos de ellos (no diré que todos, porque cualquier generalización es odiosa) llaman democracia al cómodo machito en el que se han subido. Es eso que permite que nulidades que no distinguen el IPC o el PIB de un chupachups cobren seis mil y pico euros al mes por apretar un botón. Ayer vi a uno así poniendo a caldo en un foro de internet a los que protestaban en la calle y me lancé al teclado a escribir esta columna.

Violentos pro-Sistema

Cualquier acto masivo, desde un congreso mundial de ursulinas a la junta general de accionistas del Mangante’s Bank, es susceptible de acabar a hostia limpia. Basta con que un puñado de los asistentes -mandados por alguien o, simplemente, llegados por su propio pie con ganas de bulla- repartan los primeros mamporros. A partir de ahí, se ponen en marcha la adrenalina, la confusión y todos los instintos primarios descritos en miles de manuales de psicología de las multitudes. En un titá, el mobiliario vuela por los aires y tipos que de a uno no son capaces de matar una hormiga mutan en Conan el bárbaro. Un puñado de cámaras registrando primeros planos de furia y captando el rugido de la marabunta completan el trabajo.

Ocurrió tal cual anteayer en Barcelona, con la propina de unos helicópteros rescatando a los buenos y hasta el detalle chusco de unos gañanes tratando de guindarle el perro-guía a un parlamentario ciego. Era de libro que un movimiento que tenía de los nervios a los amos del calabozo terminaría así. Fracasados los intentos de presentarlos como una turba de ingenuos que no tienen ni puta idea de lo que vale un peine democrático o como unos haraganes refractarios a la higiene, sólo quedaba el fácil recurso de retratarlos como una versión con rastas de las huestes de Atila.

¿Estoy dando pábulo a las teorías semiconspiratorias de los infiltrados policiales que encendieron el cirio? Hombre, que había unos madelmanes disfrazados de grotescos activistas es algo de lo que da fe Youtube. Pero no hay pruebas de que fueran ellos quienes empezaron la gresca. De hecho, no les hacía ninguna falta. Bastaba con dejar que actuaran los cuatro imbéciles que, sin otra ideología que buscar la boca, trashuman de lío en lío. ¡Si los conoceremos por aquí arriba! El llamado Sistema no tiene mejores aliados que esos antisistema de atrezzo. No los confundamos con quienes sólo piden que algo cambie.

Tocando las mociones

Ya está el PP tocando las mociones. Es algo superior a sus fuerzas. En cuanto los basagóiticos ven tres centímetros cuadrados de barro institucional para retozar y salpicar a los demás, allá que se van en plancha. Siempre, eso sí, vestidos de domingo y levantando el mentón para aparentar una dignidad y una altura de miras tan auténticas como una moneda de tres euros. Qué foto, la de Cristina Ruiz, la concejala ignota para el ochenta por ciento de sus votantes, mostrando a cámara con pose belenestebesca el papel para hacerles la prueba del algodón dizque democrático a los cargos recién electos de Bildu.

Si quieren ser acogidos a sagrado legal, los nuevos ediles y junteros de la formación sacada del purgatorio in extremis por el Constitucional deberán rezar en voz alta y clara la nueva versión del Yo, pecador escrita con plumas de gaviota. Y no vale una contrición general murmurada en plan letanía. Deben especificar que condenan, rechazan, reprueban, refutan y hasta repelen todos y cada uno de los 857 atentados que a saber qué contable le ha inventariado a ETA. Nada se dice sobre que tengan que hacerlo en posición de decúbito prono, por lo menos, en primera instancia. Si pasaran por el aro, se estudiará imponerles una reválida consistente en hacerles repetir la oración con acompañamiento de flagelo. En pelotas, por supuesto.

Una vez más, una peli que ya hemos visto y que, por eso mismo, sabemos que nunca termina bien. De hecho, es lo que buscan los que la han repuesto en la cartelera: que volvamos a enredarnos en el viejo pressing-catch y renunciemos a protagonizar el futuro que tocamos ya con la yema de los dedos. Sencillamente, no les gusta el papel que tienen reservado en ese porvenir. Contra ETA -una ETA creada a imagen y semejanza de sus intereses- viven mejor. Y, mate o no mate, extorsione o no extorsione, exista o no exista, la seguirán estirando por los siglos de los siglos.

300.000 hijos de puta

Carlos Martínez Gorriarán, otro de los que se pasan la segunda parte de su vida arrepintiéndose de la primera. De militante de ETA VI a vociferante de la urbanidad y las buenas costumbres con tribuna adosada en la prensa ortopensante. Los hay a puñados en UPyD, esa charada donde cada sigla significa exactamente lo contrario de lo que enuncia y lo hace, además, escalando el tamaño de las trolas: poca unión, bastante menos progreso y conjunto vacío de democracia. Un jariguay party elaborado con polvos de la guerra del norte para cosechar votos canjeables por gavelas varias entre la ciudadanía que se chuta Cope e Intereconomía en vena Pancorbo abajo.

¿Que ya estamos con el trazo grueso? Puede ser, pero ni por esas empatamos con la piada que se largó el gachó hace cuatro días en esa corrala a lo bestia llamada Twitter. Con la vena hinchada por la visión del nuevo alcalde de Donostia, contestaba así a un cofrade asturiano que le había preguntado si tenía intención de acercarse a la tierrina: “Iré por allí, sí señor. Asturias se parece al País Vasco, pero con 300.000 hijos de puta menos. Buena razón para ir”. Ahí lo tienen, todo un profesor titular de Estética y Teoría de las Artes de la sufrida UPV, ejerciendo su magisterio pardo.

Si atribuyen la demasía a un calentón, descártenlo. Desde que el regüeldo se propagó a la velocidad dinamitera de las redes sociales, el mengano anda todo engallado reafirmándose en su peculiar censo y hasta engrosándolo con cualquiera que le pida explicaciones. Debemos de estar ya en su contabilidad por el medio millón y subiendo.

La tentación es pagarle con la misma moneda y ponerlo a liderar la lista. Vénzanla. Es lo que quisiera toda esta piara que se crió en el acción-reacción-acción y, ahora que se han cambiado de acera y de chaqueta, no saben quitarse el pelo de la dehesa. Resulta más eficaz sonreír ante la ocurrencia y seguir cabalgando al son de sus ladridos.

López, ojo clínico

A la misma hora en que una envolvente jeltzale con PSE y PP dejaba fuera de la mesa de las Juntas Generales de Bizkaia a la segunda fuerza más votada en el territorio, el brillante politólogo Patxi López sentenciaba: “Me consta que el PNV ha pactado con Bildu para expulsar al PSE de los ayuntamientos”. Tal demostración de ojo (de cristal) clínico seguía la estela de las dotes interpretatorias mostradas horas antes por sus dos subordinados inmediatos en el escalafón del puño y la rosa vascongados, José Antonio Pastor e Iñaki Arriola. Queda en la hemeroteca que, minutos después de que Bildu hubiera birlado los Donuts y la cartera a los nacionalistas en media docena larga de municipios, ambos ilustres visionarios denunciaran una conjura abertzale.

¡Qué más hubiéramos querido algunos que las dos formaciones que en nuestras ingenuas sumas llamábamos “mayoría social” se dejaran en la vaina los pretéritos recelos y acordasen, siquiera, respetarse mutuamente la lista más votada! Las fotos cambiadas de sonrisas exultantes y caras largas dan fe de que se ha preferido ir con la pelágica en lugar de con la caña. Por lo visto, nuestra urgencia histórica no era ni tan urgencia ni tan histórica.

Hemos inaugurado el pretendido nuevo tiempo sin desprendernos de los tics viejos, incluidos los peores. A nadie como a los vascos nos salen los panes hechos con unas hostias… que a veces lo son en el sentido literal. El precio será -y se ve que estamos dispuestos a pagarlo- el enésimo retraso en el calendario. Dicen los sabios analistas que hemos vuelto a 1998. Lo daría por bueno si no fuera porque todo apunta a que seguiremos avanzando marcha atrás.

En el túnel del tiempo tal vez descubramos que ETA ha sido sólo una sangrienta excusa que nos ha servido para arre y para so. También que se nos da mejor vivir en el pasado que en el futuro y que de cerca vemos igual de mal que los profetas citados al principio.

Tocomochos cruzados

Quedó escrito en estas líneas hace un par de semanas: todos con todos contra todos. Basta dedicar diez minutos al marcador que nos ha dejado la constitución de los nuevos ayuntamientos para concluir que, como en el dicho, se ha investido capador al que más ha podido. Cada quien, claro, contará la feria según le ha ido, y unos proclamarán que se ha interpretado con justicia la voz del pueblo mientras otros jurarán haber sido víctimas de maniobras orquestales en la oscuridad. Lo divertido es que ambas posturas se apoyarán en los mismos chalaneos. Los que se quedan con la vara de mando lo atribuirán a la higiene democrática y los desposeídos, a la putrefacta manipulación de la voluntad popular.

Si la política no fuera cada vez más descaradamente puro forofismo donde los míos son los mejores y los demás, una panda de cabrones a los que hay que hacer morder el polvo, cada cual podría hacer un examen de conciencia y ver que las actitudes han sido manifiestamente mejorables. Pero no hay lugar para tal. Lo que vale es el corto plazo y el pájaro en mano. Gero gerokoak. ¿Quién piensa en construir un proyecto común para pasado mañana, cuando tienes la posibilidad de pillar cacho durante los inmediatos cuatro años, aunque no sepas muy bien para hacer qué? Ya nos quitarán -o no- lo bailado más tarde. Mientras tanto, vamos tirando.

Es, por lo que parece, nuestro sino y nuestro instinto. Se acepta, pero lo menos que se puede pedir es que ninguna sigla venga dando lecciones de moralidad ni vindicándose virgen y mártir en exclusiva. El nuevo mapa nos enseña que los navajeados aquí o acá se han vengado allá o acullá en un galimatías de tocomochos cruzados donde las minorías, tan dignas ellas, se han ido con el mejor postor.

En resumen, que hoy hay más cuentas pendientes que ayer, pero menos que dentro de dos semanas. Arrieritos somos, dirán algunos. Traición, clamarán otros. Y volveremos a empezar. Qué lata.