Ahí te dejo Madrid

No queda claro si se pretende matar moscas a cañonazos o rinocerontes con perdigones de escopeta de feria. “850.000 personas confinadas en Madrid”, se desgañitan los titulares. Luego, en la letra pequeña se da cuenta de las mil y una excepciones, que básicamente se resumen en lo que dejó escrito alguien en Twitter: “Los vecinos de las zonas confinadas no pueden salir a tomar unas cañas en su barrio pero sí pueden ir a otros a servirlas”. ¿Y cómo hacen el trayecto? Pues apiñados como sardinas en el metro o en los autobuses públicos. Estuvo rápido Gabriel Rufián al difundir sendas fotografías de una estación del suburbano atestada y de un vagón hasta los topes bajo la anotación: “Se limitan las reuniones en Madrid a un máximo de 6 personas”. Por si faltaba algo en el esperpento dirigido y coprotagonizado por la alucinógena presidenta Díaz Ayuso, su número dos, el chisgarabís Ignacio Aguado, se marcaba un Churchill de cuarta regional: “En la lucha frente a esta pandemia los ciudadanos vais a poder elegir qué ser, si virus o vacuna”.

Esas tenemos en la Comunidad que acoge la villa y corte y, por ende, las principales instituciones del reino de España. No diré que nosotros, aquí arriba, no tenemos lo nuestro. Solo espero que no lo dejemos crecer hasta semejantes niveles. El cuantopeormejorismo acecha.

Diario de la segunda ola (2)

Asisto con una ceja enarcada y aprovisionado de quintales de resignación al (falso) debate sobre cómo debe ser la inminente vuelta a las aulas. Voy avisando de que los esfuerzos estériles conducen a la melancolía, o sea, a la frustración o, si conocemos el paño, al aumento de la bronca. Se adopte la solución que se adopte, será mala. Todos sabemos que acá, allá o acullá habrá uno, dos o quince contagios, y tendremos al ejército cuantopeormejorista echándose las manos a la cabeza y dirigiendo su ventajista dedo acusador a la autoridad correspondiente, ya se llame Urkullu, Chivite, Sánchez o Ayuso. Con suerte, se librará Torra; no son nadie los procesistas de salón haciéndose los orejas.

Desengañémonos: esta vez los que llevan no dando una en sus vaticinios apocalípticos (para esta hora no debería quedar vivo un currela del metal ni un votante del 12 de julio) tienen todos los boletos para que su siniestra profecía se autocumpla. Otra cosa es que sea en los pupitres donde se transmita el bicho. Si fuéramos una gota menos fariseos o pardillos, repararíamos en una realidad apabullante: desde el final del confinamiento, la chavalería anda por ahí en apiñado y despreocupado rebaño. ¿De qué sirve convertir en burbujas los centros educativos si el verdadero comportamiento de riesgo no va a cesar?

De brote en brote

Al foco de Ordizia, que a la hora de escribir estas líneas alcanza 58 positivos, se suma el de Tutera, con 23 contagios. Ambos casos tienen un elemento común que nos da la medida de por dónde va a derrotar la peste en esta etapa: el origen está en actividades de carácter social o, directamente, de ocio. Y ahí ya pueden rascarse la cabeza y enarcar las cejas los profetas del apocalipsis que señalaban a las malvadas patronales y sus esbirros de los gobiernos neoliberales como causantes de infecciones masivas. Por descontado que no es descartable que el bicho se cebe en lugares de currele —ahí tenemos Lleida—, pero de momento, los episodios que nos tienen con las piernas temblorosas en Hego Euskal Herria han sido consecuencia, dicho en plata, de las ganas de mambo del personal unidas a una cachaza del nueve largo. ¿Mascarillas? ¿Distancia? ¿Higiene? Yo quiero marcha, marcha…

Vale esto último de forma especial para el brote de Ordizia, convenientemente extendido por el Goiherri y más allá. Cabe preguntar a los dicharacheros integrantes del equipo paramédico habitual de qué modo podría haberse evitado. ¿Manteniendo el confinamiento por los siglos de los siglos, todos en casa y con la pata quebrada? No espero respuesta. Y menos, en medio de las celebraciones de los cuantopeormejoristas. Ni disimulan.

Ancha es Cantabria

¡Cómo de revuelto anda el patio cuantopeormejorista! Con esa dignidad tan de cuarta regional comprada en Aliexpress, el equipo paramédico habitual y sus dóciles corderitos se pretenden escandalizados porque la demarcación autonómica vasca y su vecina Cantabria han decidido adelantar dos días el ingreso en la santa chorrada esa que llaman Nueva Normalidad. Son 48 puñeteras horas de diferencia con lo que va a hacer todo quisque, no solo en la piel de toro, sino en buena parte del cacareado espacio Schengen.

No parece que sea coger el turbo y ponerse a derrapar locamente, ¿verdad? Pues lo es. Dicen los Tragacanto, los House, los Marcus Welby y los Nacho Martín de lance que justo ese tiempo es el que va a aprovechar el pérfido bicho para difundirse a mansalva y teletransportar por millares a los incautos vascones de las terrazas de Castro o Noja a la UCI de Basurto y, de ahí, al camposanto o al crematorio. Y miren, no dirá este servidor, cauto hasta las puertas de lo cagueta, que no estamos corriendo un riesgo, pero no mayor ni de más gravedad que el que afrontan los territorios que se quitan el corsé el domingo. ¿Tal vez la alternativa es seguir confinados por los siglos de los siglos? Espero que no respondan los profetas que anunciaron que la vuelta al currele no esencial sería el fin del mundo.