Pasionaria: la gran olvidada.

A veces sueño que vivimos en un mundo donde las personas no son pobres ni ricas. Un mundo en el cual hay empleo para todas, donde mientras la corrupción sale por la ventana, el buen vivir entra por la puerta, donde cuidamos y amamos a nuestro planeta, y donde mujeres y hombres viven en perfecta Igualdad. Cuando despierto me doy cuenta de que lo que soñaba era definitivamente un mundo al revés, como aquél que cantaba tan bonito y tan bien Paco Ibáñez.

Y si alguien soñó algo completamente distinto y un mundo al revés fue la legendaria e histórica dirigente del Partido Comunista Dolores Ibárruri, vizcaína nacida en Gallarta en 1895 a la que se dedicaba apenas unas líneas en algunos medios el pasado noviembre con motivo de la conmemoración de los 25 años de su muerte. Mujer apasionada y controvertida que a su lucha política, unió la de los derechos de las mujeres para demostrar que  éstas, fuesen de la condición que fuesen, eran seres libres para elegir su destino.

https://www.youtube.com/watch?v=KEUCk-xCyXk

Hija de mineros pronto tuvo que abandonar muy jovencita los estudios. Ya había superado el curso preparatorio para entrar en la escuela de Maestras para estudiar Magisterio, cuando tuvo que ponerse a trabajar como sirvienta y costurera porque su familia no tenía recursos económicos para pagar sus estudios. Sólo tenía 10 años. Santiago Carrillo diría mucho tiempo después: “Pensó en hacerse maestra y acabó siéndolo de millones de seres.”

Con 20 años se casa con un líder minero socialista y empezó a introducirse en el Marxismo adoptando dicha ideología para luchar por la clase obrera. En 1917 triunfa la Revolución Rusa y le produce un gran impacto ideológico. Así que de alguna manera empieza a desarrollar su vocación política. Es en 1918 cuando utilizó por primera vez el seudónimo Pasionaria que eligió ella misma para un artículo publicado durante la Semana Santa de aquel año en la prensa obrera: “El minero vizcaíno”.

Gran oradora dicen que embelesaba a la audiencia cuando arengaba a las masas en sus mítines.Una oratoria que sedujo a milicianas y milicianos, al proletariado y a toda persona que la escuchaba. Seguro que tuvo detractores, pero su personalidad y forma de dirigirse a la gente eran fascinantes y de una fuerza tremenda. Tenemos la gran suerte de poder acceder, a pesar de su escasa calidad, a diferentes testimonios de su voz.

Deslumbrada por la Revolución Rusa, que para ella significaba la verdadera revolución obrera y del proletariado, participó junto con la agrupación socialista de Somorrostro en la escisión del PSOE que dio lugar al nacimiento del Partido Comunista de España (PCE) en 1920. Un PCE del que llegó a formar parte de su Comité Central en 1930; un año más tarde se trasladó a Madrid para trabajar en la redacción del periódico del Partido, Mundo Obrero.

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Su militancia combativa le llevó a la cárcel varias veces y eso acrecentó aún más su fama. Había sido recién proclamada diputada por Asturias en 1936, cuando estalla la Guerra Civil. Y fue durante la misma que desplegó toda su actividad de propaganda a través de su oratoria apasionada y coherente, convirtiéndose así en un símbolo de la España republicana:

Tras perder la guerra, se exilió a Rusia desde donde dirigió el partido durante 18 años, hasta que Santiago Carrillo la desplazó en 1960. A partir de entonces ostentó el cargo honorífico de Presidenta del Partido hasta su muerte. Regresó a España después de la muerte de Franco, cuando sus ideales pro-soviéticos, apenas tenían respaldo. Ella siguió fiel a sus ideas.

Fue sin duda una mujer que merece estar en primera línea de la historia aunque realmente ha sido una gran olvidada de la misma. Una mujer valiente y brillante con una vida que no fue fácil desde muy pequeña. Además, llegó a tener 5 hijas y un hijo. Las chicas, excepto Amaia, murieron muy pequeñitas. Rubén en la Batalla de Stalingrado. Un sufrimiento que como madre le acompañó toda su vida.

Su papel de símbolo popular la convirtió en protagonista de poemas y canciones de Pablo Neruda, Miguel Hernández, Rafael Alberti, entre otros. Este último escribió esto tan bonito para ella:

¿Quién no la quiere?

No es la hermana,

la novia ni la compañera.

Es algo más: la clase obrera,

madre del sol de la mañana.

Murió a los 94 años en Madrid rodeada de su familia y de miembros del PCE. Siempre fue muy respetada en el Partido. Un partido netamente masculino, donde fue admirada y posiblemente envidiada porque fue la única mujer en un mundo de hombres. Decia Irene Falcón: “siempre había un respeto tremendo hacia Dolores, por su carácter y por su inteligencia también. Es decir, que ninguno se ha atrevido a reprocharle algo, o de haber dejado al marido… eso, en aquella época no. El machismo vino después”.

Ese machismo que vino luego, debe ser el que nunca se termina de marchar, y en política, si cabe, un poco más. Así que en honor y recuerdo de tantas mujeres que en aquellos duros años pelearon con coraje por un mundo mejor, tantas Rosarios, Ana Marías, Cármenes, Begoñas, Josefas… y tantas Lolas y Dolores, le pido permiso a Pasionaria para dedicarle desde este post, el himno por excelencia de las Lolas… estoy segura de que a ella le hubiera gustado…

¡Recordarte ha sido descubrirte! También puedes oirlo en nuestro programa de radio “No somos recién llegadas” dedicado a visibiizar mujeres a lo largo de la historia.

 

 

Gerda Taro:”detrás” de Robert Capa

Este mes de Julio que acaba ya, ha traído como siempre el aniversario de la terrible Guerra Civil española que se conmemora cada 18 de julio (fecha insigne muy a nuestro pesar). Esta guerra acabó con la II República, y con ella muchos de los derechos que hombres y mujeres habían conseguido democráticamente. Por eso he querido recordar aquí en X Ser Mujer, y en nuestro espacio radiofónico de Radio Euskadi, No somos recién llegadas, a una mujer apenas conocida: Gerda Taro, un ejemplo típico de mujer invisibilizada a la sombra de un hombre. Gran mujer, fue una gran fotógrafa y  pionera del fotoperiodismo: el objetivo femenino que mejor cubrió la guerra civil española y la primera profesional en caer en una contienda en acto de servicio.

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El término corresponsal de guerra se acuñó en la guerra de Crimea de 1854 ya que fue la primera que fue cubierta por periodistas. Pocas mujeres lo hacían. Gerda Taro es un ejemplo paradigmático de como la historia de las mujeres se ha visto ocultada: en este caso, el haber sido pareja de un hombre más famoso, la invisibilizó injustamente.

Se forjó como fotógrafa durante la Guerra Civil española. ¿Recuerdan la famosa fotografía del Miliciano de Robert Capa? Pues presten atención porque va a formar parte de la historia que hoy les relato. Y es que detrás de ese seudónimo de Robert Capa  estaba la pareja de fotógrafos André Friedmann y Gerda Taro.

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Gerda Taro nació en 1910 una familia burguesa alemana de procedencia judía, que simpatizaba con las ideas de izquierda. Con sólo 4 años ya vivió el horror de la Gran Guerra. Muy joven se destaca como activista anti-nazi y fue detenida. Viendo el panorama de una Alemania encandilada con la ideología nazi, se refugió en  París. Allí conoció a André Friedman que vivía de mala manera haciendo fotos. Ella aprende con él, pero como apenas ganaban dinero, crean la figura de Robert Capa baja cuya “marca” empiezan a hacer fotos conjuntamente. Empiezan a ganar dinero y cuando el 17 de Julio de 1936 comienza la Guerra Civil española con la sublevación contra el Frente Popular, deciden trasladarse para fotografiar el horror de la guerra.

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Armados con una cámara Leica (usada sobre todo por Capa) y una Rolleiflex (en manos de Gerda, que sólo tenía 26 años)  sacan las primeras fotos en una Barcelona hirviente y segura de la victoria. Compartían copyright y ambos hacían las fotos bajo el mismo seudónimo, pero muchas de sus fotos fueron adjudicadas injustamente a Robert y tras la muerte de Gerda, su nombre se fue borrando hasta casi caer en el olvido. Como tantas veces en la historia de las mujeres, el nombre de él sobrevivió, el de ella casi desapareció.  Algunas teorías apuntan a que incluso la famosa foto del miliciano caído no la hizo él,  sino ella.

Al principio ambos viajan juntos y juntos fotografían lo que ven, estamos en plena contienda y en  el puerto de Navacerrada  pusieron imágenes a la ofensiva republicana, ofensiva que, años más tarde, su amigo Hemingway relataría en su novela Por quién doblan las campanas y que en 1943  Sam Wood llevaría al cine. ¿Recuerdan a Ingrid Bergman y Gary Cooper?

Aunque firmaban los reportajes con el nombre de Robert Capa, Gerda termina implicándose aún más en la Guerra y se independiza y aleja de André que parece que no se tomó muy bien que ella rechazara su propuesta de matrimonio. Regresó a Valencia mientras André se dirigía a Bilbao donde retrató los bombardeos sobre la población civil. Gerda sigue implicándose en su trabajo y pronto consigue un contrato con una publicación francesa. Esto le permitió publicar sus fotos en solitario. Sus fotografías transmiten con una tremenda sensibilidad la terrible realidad de la guerra. Muchas de las imágenes que tantas veces hemos visto son futo de la cámara y la mirada de Gerda. Es justo que le pongamos nombre a su autoría.

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Rafael Alberti al que enseño a manejarse en el mundo de la fotografía decía que leía en sus ojos “el alborozo del peligro, la sonrisa de la juventud inmortal, dinámica, valiente, tal vez inconsciente, pero en cualquier caso decidida e irresistible”.  Pero si algo me gusta es cómo la definió  José Bergamín: Taro era “una cazadora de luz”.

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Existe un documento gráfico muy interesante del Congreso Internacional de escritores por la defensa de la Cultura, que se celebró en Valencia el 4 de julio de 1937 donde aparecen imágenes filmadas por Antonio Machado, Cesar Vallejo y Gerda Taro:

Pero un fatal accidente ocurrió ese mismo año en plena retirada republicana bajo un brutal bombardeo. Fue en Brunete: ella tan valiente, siguió haciendo fotos bajo el fuego de los aviones y se cayó del coche en el que iba. Fue entonces arrollada por un tanque. Murió, después de una horrible noche de agonía. Tenía 27 años.

París le organizó un entierro multitudinario y la veló como a una heroína. Su funeral  atrajo a miles de personas que le saludaron como una mártir de la lucha contra el fascismo. Pero su fama se perdió junto con sus fotografías. De hecho Capa publicó, poco después de su muerte, un libro en el que  incluye entre las suyas muchas fotos de ella, pero sin especificar cuáles había realizado Taro.

En febrero del 1938 se organizó en Nueva York una de las pocas exposiciones con fotografías de Gerda Taro. En el texto adjunto a la exposición se explicaba que “Robert Capa es un fotógrafo de guerra de fama mundial, que Gerda era su mujer, y una fotógrafa muerta en España”. Sólo eso.

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