Ni mujeres públicas ni privadas:¡lo personal es político!

Como bien dijo Andrea Dworkin allá por el año 2003, “El mundo estaba dormido y Kate Millett lo despertó”

Kate Millett,  escritora, escultura, artista, es uno de los iconos del movimiento feminista radical de los años 70. Considerada una de las estadounidenses más influyentes del siglo XX, el pasado 14 de setiembre cumplió 80 años. Nació en Minnesota en el seno de una familia católica irlandesa. Es allí donde acude a la Universidad y se gradúa cum laude. Después fue a Oxford donde realizó un posgrado también con honores en literatura inglesa. Es una intelectual extraordinariamente inteligente. Empezó impartiendo clases de inglés, pero pronto decide irse a NYC donde se inicia en la pintura y la escultura, pagándose sus clases trabajando en una guardería. Pero a principios de los sesenta se traslada a Japón donde conoce al escultor Yoshimura con el que termina casándose.

Cuando vuelve a EEUU se implica políticamente en los movimientos por los derechos civiles y en contra de la guerra, y por supuesto se implica en los movimientos de liberación de las mujeres. Se convirtió en Presidenta de la Comisión de Educación de la Organización Nacional para Mujeres (NOW) que acababa de ser creada. Eran los últimos años de la década de los sesenta y su país, EEUU, estaba metido de lleno en la guerra de Vietnam contra la que ella luchó activamente en aquel año 1968 en el que se perpetró la masacre de My Lai: soldados estadounidenses entraron en el poblado y después de violar a mujeres y niñas, asesinaron a 500 menores, mujeres y personas ancianas, lo que causó un escándalo internacional.

https://www.youtube.com/watch?v=xWhqy24UCM8

Fue ese año, 1968, cuando Kate Millett terminaba su Tesis doctoral titulada Política Sexual (Sexual Politics) que se convirtió en una auténtica revolución. En su obra analiza, por primera vez, el patriarcado como un sistema de dominación autónomo de otros (capitalismo, racismo…). En él denuncia la misoginia y el heterosexismo de grandes literatos y pensadores de izquierdas. Aquí está la propia Millett contándolo en una visita a Madrid en 2010.

 

Y así, como decía al principio, el mundo despertó y su  Política sexual  fue un éxito de ventas. Escribía en dicha obra: “Ni mujeres públicas, ni mujeres privadas: lo personal es político. Con esta afirmación se rompía un paradigma que alimentó por siglos una miope visión del mundo que suponía el divorcio entre la esfera de la reproducción y la producción, lo doméstico y lo público, lo individual y lo colectivo, lo personal y lo político. En dicho libro, Política Sexual, comienza la exploración de la dinámica de poder en relación con el género y la sexualidad.

“Lo personal es político” y “abolición del patriarcado” fueron los dos grandes lemas de lucha del Feminismo Radical. Millett y otra feminista imprescindible Shulamith Firestone fueron las máximas representantes de esta corriente de pensamiento. Las dos coinciden en centrar su análisis en lo que consideran la institución básica del patriarcado: la familia. Acuñaron conceptos fundamentales para el análisis feminista como son Patriarcado, Género y Casta sexual.

Por supuesto, aquí también llegaron los ecos y las teorías feministas de fuera de nuestras fronteras: el papel de la mujer estaba por fin empezando a cambiar. Después de siglos de lucha y dominación, comenzaba la rebelión con las feministas radicales. Amelia Valcárcel, Feminista y Catedrática de Filosofía Moral y Política, en un documental realizado por la UNED, habla sobre esto (minuto 8):

Mucho debemos a las valientes feministas de los años setenta y mucho le deben ellas a Kate Millett entre otras teóricas. Millett, poco después de la publicación de Política Sexual creó en NYC una granja-comuna para mujeres artistas ya que como he dicho, ella era además de escritora, escultora y amante del arte.

Siempre se ha declarado bisexual. Escribió su obra Sita donde recogía su historia de amor con dicha mujer. En 1984, Lidia Falcón en una , le preguntó “¿Qué significa para ti el amor?” respondió: “El amor ha sido el opio de las mujeres, como la religión el de las masas”. Echa pestes sobre el amor romántico que tanto daño nos hace…

Hace unos años la desahuciaron y le quitaron su casa. Ahora vive en el campo, cultivando sus productos, entre otros motivos porque por los derechos de su gran obra, Política sexual, recibe únicamente 90 dólares anuales. No la han contratado en ninguna universidad. Se gana la vida vendiendo árboles de navidad.

Millett ha sido una de las mujeres más importantes para la Teoría Feminista, junto con Beauvoir, Friedman, Butler…y tantas otras. Realmente Millett revolucionó la Teoría política y feminista. Así lo demuestran sus palabras en la siguiente cita: “el sexo femenino podría desempeñar, en la revolución social, una función dirigente completamente desconocida en la historia. (…) Constituiría el punto de arranque de una verdadera revolución asentada sobre la abolición de las categorías y papeles instituidos”. ¡Urge tomar nota!

También le hemos dedicado un programa en el espacio “Nos somos recién llegadas” de la Galería de Radio Euskadi, dedicado a visibilizar a las mujeres a lo largo de la Historia. 

Mujeres en Política, ¿quién dijo miedo?

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¿Por qué hay tan pocas mujeres en política en puestos relevantes? Cada vez que se acercan unas elecciones, sale este tema a la palestra. Los partidos necesitan mujeres que se presenten a sus listas y que den el salto a la política activa en cargos de responsabilidad ejerciendo el poder y la toma de decisiones. Es curioso como muchísimas mujeres militan en partidos políticos en tareas de base y es también sorprendente como las mujeres participan activamente en el asociacionismo o en el voluntariado, trabajos altamente invisibilizados. Pero lo que sí es cierto es que de ahí a dar el paso a la política, el salto produce vértigo.

Podemos analizar los datos desde muchas perspectivas, pero en este caso los números cantan. Por ejemplo, ONU Mujeres está haciendo un importante ejercicio de visibilización de este tema con motivo del 20º Aniversario de la Plataforma de Beijing publicando una web para celebrar aquella histórica conferencia que marcó un hito en el Feminismo y para los derechos de las mujeres. En un informe de dicha web, como declaración de principios, consta: “La participación equitativa de las mujeres en la toma de decisiones es una cuestión de justicia y democracia. También es importante para reflejar las necesidades de todas las personas”. Sinceramente, yo apuntaría que más que importante, es crucial.

Al margen de esto, los datos que arroja este mini-informe, delatan que en estos casi 20 años el porcentaje de mujeres parlamentarias ha crecido sólo del 11,3% al 21,8%. Las Jefaturas de Estado (Presidentas) han pasado de 3 a 9 y las Jefaturas de Gobierno (Primeras Ministras) de 7 a 15. Las Presidentas representan un 6% del total; las Primeras Ministras se quedan en un 7,8% del total de mandatarios (esta vez bien puesto en masculino). Y plantea la cuestión de la Paridad como el ejercicio obligado para conseguir el equilibro de género, superando ya el discurso de los porcentajes inferiores que no respondan a la misma. Aquello del 30, 40 u otros porcentajes que dejen por debajo a las mujeres, ya no valen. Si somos la mitad de la población por qué ser menos en cualquier otro sitio. No es una cuestión de números, que no lo somos, es una cuestión que a estas alturas nadie debiera cuestionar.

Este informe recalca: “De las 39 cámaras bajas o únicas que tienen un 30% de mujeres parlamentarias, 32 han establecido algún tipo de medida especial de carácter temporal o cuota. En la mayoría de las 38 cámaras bajas o únicas que tienen menos de un 10 por ciento de mujeres, no existe ningún tipo de cuota u objetivo”. Todos los estudios que hay al respecto de la participación de las mujeres en cualquier ámbito, reafirman que las políticas de acción positiva para aquellos colectivos que parten en inferioridad de condiciones, son imprescindibles. Desde mi punto de vista debieran ser obligatorias. Desafortunadamente, nada va a suceder por sí solo. Las mujeres debemos y podemos desear el poder (bien entendido) sin ningún tipo de remilgo ni inseguridad, esa maldita inseguridad que cercena nuestras aspiraciones y nos inmoviliza, pero sin miedo!

Si miramos a nuestro entorno y en este momento lo que tiene que ver con la política municipal, a modo de ejemplo por ser las elecciones más cercanas, las cifras facilitadas por el Instituto de la Mujer también quedan lejos de la Paridad: actualmente el porcentaje de alcaldesas en Euskadi es sólo un 23,11% y concejalas un 40,26% frente a un 17,42% y un 35,24% respectivamente en el Estado español. Lejos, muy lejos de la Paridad.

Viendo las cifras, lo cierto es que todavía no hemos alcanzado esa “masa crítica” de la que hablaba Drude Dahlerup para poder influir, y llevar a la agenda política aquellos temas que nos interesan y que son prioritarios para nosotras. Quien piense que son los mismos que para los varones, está equivocada. Hay temas comunes, pero hay un territorio a defender que es nuestro y nadie lo va a hacer por nosotras. Por ello, los partidos políticos deben dejar de buscar excusas, como por ejemplo todas aquellas que empiezan por “es que… (las mujeres no se presentan, las mujeres no se animan, no tenemos suficientes mujeres….)”, y empezar a preguntarse muchos más “por qués…” a esta reiterada situación. Una causa importante desde mi punto de vista, aparte de la falta de corresponsabilidad,  es que los partidos, los gobiernos, o llámese cualquier ámbito de poder, funcionan bajo patrones masculinos fruto del sistema patriarcal que los vio nacer. Ese es un freno absolutamente claro que, además de frenar, genera que las tasas de deserción de mujeres en política sean tremendamente altas, comparadas con las de sus compañeros.

Es indudable que las barreras y obstáculos que existen para que las mujeres accedan y permanezcan en cargos de representación política es parte del sistema social de género que da lugar a la desigualdad. Amelia Valcárcel lo dice claramente: “A la política no se accede por un sistema meritocrático, es un sistema de cooptación o red informal que no valora la destreza y capacidad objetiva, sino la adecuación del candidato/a a un perfil preconcebido”.

https://www.youtube.com/watch?v=XQH_jN9KnW0

El empoderamiento de las mujeres es vital, y romper el tan cacareado “techo de cristal” es imprescindible para alcanzar nuestro objetivo de una sociedad más equitativa, más libre y más solidaria. Kate Millett lo tenía muy claro allá por 1970 cuando escribió su Política Sexual: “El sexo femenino podría desempeñar, en la revolución social, una función dirigente completamente desconocida en la historia. (…) Constituiría el punto de arranque de una verdadera revolución asentada sobre la abolición de las categorías y papeles instituidos”. Pero esto no será posible si los hombres no comienzan a cambiar sus formas de entender cómo funciona la política y empiezan a ceder su espacio, su tiempo y sus responsabilidades. Eso, me temo queridas amigas, va a ser lo más difícil.