La entrepierna de Gallardón!

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Hoy en la manifestación en contra de la Ley del Aborto que el PP quiere poner en marcha hemos estado muchas mujeres y hombres, quizás debiera haber habido más, pero sinceramente me ha sorprendido gratamente el nivel de participación. Y  es que estamos hartas muy hartas… y a estas alturas, en vez de cansadas que es lo que pretenden que estemos, nos sentimos muy, muy indignadas.

La concentración partía de la sede del PP en Bilbao. No tengo ni idea de si había alguien dentro de la misma o no. Quizás sí, brindando por la nueva Ley que van a sacar adelante a costa de las mujeres: de las que estábamos allí, de las que no pudiendo asistir han apoyado la manifestación y también, y no podemos olvidarlo, de las que lucharon en el pasado para conseguir todo lo que esta panda de fatxas y reaccionarios se van a cargar pasando por encima de nosotras.

He escrito ya bastante al respecto de este tema en este blog: Gallardón eres un mamón, 50.000 mujeres muertas, La derecha y la Iglesia, calladitas!... y hoy que los medios de comunicación están haciéndose eco de todo ello, no es una cuestión de repetir los argumentos que no nos cansamos de esgrimir, pero sí es al menos el día para volver a repetir alto, fuerte y contudentemente, “Abortatzeko Eskubidea” y “Basta de rosarios en nuestros ovarios”, como reclamábamos esta mañana en la manifestación.

Sobre todo, porque desafortunadamente y con un nivel de indignación que no tiene límites para nosotras, no podemos hacer nada ante la certeza de que en una semana esta ley esté aprobada con la mayoría absoluta que el PP tiene en el Congreso. Con todo lo que ello conlleva: pasarse por la entrepierna nuestros derechos, nuestra salud, nuestras vidas y sobre todo NUESTRO DERECHO A DECIDIR. Quiero pensar que aunque formalmente se apruebe, va a empezar la cuenta atrás para dicha ley el mismo día que eso ocurra, porque la presión social no va a parar, se va a endurecer y vamos a seguir reclamando nuestros derechos. Y porque la vergüenza en esta segunda década del siglo XXI de pasar a ser uno de los países más reaccionarios y retrógrados en el tema del aborto, debiera ser la vergüenza de todas y todos. Quedan menos días para que tarde o temprano, este atentado contra nuestros derechos tenga los días contados…

Es por ello que no podemos bajar la guardia y no podemos permitirnos el lujo de dejar de seguir escribiendo, trabajando, gritando, desnudándonos y todo lo que haga falta para que esta Ley se derogue lo antes posible. Y ver llegar el día, de una vez por todas, de plantearse que quien se merece ir a la cárcel no son las mujeres que abortan, sino los que permiten que la mujeres mueran, sufran o vayan a la cárcel por ello. Lo podemos decir más alto, como esta mañana, pero no más claro!

¡De arroces y relojes biológicos!

Reflexiono a propósito del artículo publicado en El País, No soy madre porque no quiero, porque llevo tiempo pensando en escribir sobre este tema y la publicación del artículo me ha servido de inspiración.

Me pregunto por qué a las mujeres que han decidido no tener hijos/as, se les pone tanto en cuestión. Además de soportar continuamente algunas de las famosas frases como que se nos pasa el arroz, o  que nos vamos a perder lo mejor que puede hacer una mujer, nos vemos sometidas a la consideración muchas veces de ser una mujer a medias”, es decir no completas. Como si la maternidad fuese la fórmula mágica que realmente nos hace ser mujeres de verdad.

Yo, como cualquier mujer cabal, entiendo la maternidad como una opción absolutamente libre. El problema es que muchas veces no lo es. Pero es que todo este discurso patriarcal responde a una sola razón, la de continuar siendo recluidas en nuestro papel reproductivo y doméstico mientras el ámbito productivo, el público, y con ambos los de mayor prestigio, siguen siendo predominantemente masculinos. Hace tiempo ya lo denunciaba en mi artículo [Enlace roto.], desde una perspectiva más económica, pero ahora quiero denunciar cómo sistemáticamente se nos acusa de egoístas y sobre todo se nos calla la boca al grito de “tú no eres madre y no puedes opinar” cuando participamos en este debate. Y es que tampoco soy política y hablo de política, y tampoco soy creyente y hablo de religión. Nada me desautoriza. Pero es que hablar de temas como la maternidad están actualmente sublimados y parece que otorgan un estatus diferente, por no decir superior, a las mujeres que son madres. Y todo este discurso androcéntrico es, desde mi punto de vista, una trampa. Una trampa reforzada últimamente con el discurso actual de la maternidad y crianza natural que puede derivar en una “mística de la maternidad” peligrosa.

Me canso de escuchar a mi alrededor y sobre todo en los medios de comunicación, expresiones como: ser madre es lo mejor que me ha pasado en la vida o la experiencia de ser madre es la más maravillosa que le puede pasar a una mujer, y se me ponen los pelos de punta. Y yo respeto, pero entiendo que cada mujer debe hablar de su experiencia y no se debe objetivizar lo subjetivo, contribuyendo a que parezca un valor universal. Con ello no se hace sino contribuir a fomentar los valores patriarcales que han creado una sociedad injusta y desigual, fruto de la cual las mujeres seguimos siendo ciudadanas de segunda, bajo el lema de que para ser una Mujer “como dios manda” (quién sino), hemos de ser buenas madres y esposas. Porque al final, el cuidado de los hijos e hijas, como el de todas las personas dependientes, cae mayoritariamente en las mujeres.

Este sistema nos necesita para seguir reproduciéndonos, y para ello elabora un discurso en torno a la familia tradicional que invisibiliza y repudia otras formas de entender la sexualidad, la familia y la propia autonomía personal. Miren sino como para “ser buenas” y no “raritas” hay que tener bebés, pero por otro lado, si dos lesbianas quieren tenerlos se les pone las trabas que hagan falta. La hipocresía rezuma por todos los lados en este sistema arcaico, mohoso y lleno de meapilas.

 Y además, y para colmo, dentro del imaginario colectivo existe la creencia de que las mujeres que además de haber decidido no tener hijos/as, han decidido no tener pareja, no practican sexo. Se convierten así en unas estériles sociales, porque en el fondo hablamos de lo mismo, de reproducir la familia tradicional. Que está bien, para quien lo quiera, pero que hay otras formas de relacionarse. Y a propósito del sexo, nada más lejos de la realidad: en general la actividad sexual suele ser prolija, enriquecedora y sobre todo libre, muy libre.

Detrás de todo ello, esta por supuesto el miedo que se tiene a la capacidad de decisión e independencia que tenemos las mujeres, cada vez mayor sin duda, porque no vaya a ser que se me “desmanden” y me den la vuelta a esta sociedad injusta e insolidaria y se acaben los privilegios para muchos. Pero eso es lo que hemos empezado a hacer. Y mientras tanto, déjense de arroz y de relojes biológicos. Nos aburre!