Con Arzalluz en el CESID (2)

Viernes 13 de mayo de 2022

Conferencia a los espías

En la fotografía vemos al general Javier Calderón que aquel día fue un buen anfitrión. Hoy hubiera sido imposible, pero aquel martes 13 de julio de 1999, el presidente de un partido nacionalista entraba en una gran sala donde no cabía ni una persona más, unas trescientas, sin contar otras dos salas, de bote en bote, que siguieron la intervención en circuito cerrado. Subieron a la mesa Arzalluz y Calderón. Yo estaba en primera fila junto al jefe de gabinete del ministro de Defensa, Eduardo Serra. Pedro Argüelles había estado con González de Txabarri, Darío Valcarce y Betina Salmones, diputada del PP, el verano anterior comiendo en el Aitanetxe de Zarauz. El presidente de Prensa Española, Nemesio Fernández Cuesta, le había encargado a Darío Valcarce mantener una relación directa con el PNV para ir mejorando las relaciones, pero aquello acabó cuando nombró a José Antonio Zarzalejos director del ABC.

El caso es que el general Calderón comenzó solicitando permiso a Arzalluz para grabar la conferencia. «Estoy acostumbrado a que me graben», contestó con ironía. La sala sonrió. Y fue curioso cuando en la presentación Arzalluz corrigió hasta en dos oportunidades al general. La fecha de nacimiento, que no era el 28 de agosto sino el 24, y la alusión que le había hecho de que era un político vocacional. «General, deben ustedes mejorar la información», comentó Arzalluz. La sala volvió a sonreír.

Comenzó diciendo que lo que iba a decir seguramente no les gustaría pero aquélla era su verdad y la iba a exponer sin subterfugio alguno. Con un lenguaje directo, sincero y valiente lo hizo. Nada distinto de lo que podía haber dicho en cualquier batzoki sobre cómo se gestó la Constitución, nuestra exclusión de la ponencia, el proceso de paz en Irlanda, la tregua de ETA, las reivindicaciones nacionalistas, la independencia vasca en Europa como solución, el apoyo a la Investidura de Aznar y los problemas de relación con el PP tras la tregua. Los allí presentes no pestañearon y al final aplaudieron. En el turno de preguntas le hicieron cinco, claras, pero sin salirse del tiesto. Hubo respeto. Arzalluz había hablado sin dobleces mientras defendía un proceso de paz con contundencia. Quizá por eso y por la valentía que había tenido le aplaudieron o quizá por lo insólito del hecho. El lobo feroz en la otra madriguera aunque, como le dijo Arzalluz al general Calderón, aquello no había sido más que un acto de civilidad. Y largo. Había durado de las 12:30 a las 14:45. Dos horas y cuarto.

Al terminar, los que tenía cerca de mí, lo comentaban favorablemente desde la discrepancia. Uno, de apellido Rico, se me presentó haciendo grandes loas al hecho y a la intervención.

Comida con sobremesa

Tras la conferencia fuimos al comedor del director. Una sala chapada en madera. Presidió Calderón, a quien acompañó Aurelio Madrigal, general de caballería. Era el secretario general. El número dos del Cesid. Durante buena parte del gobierno de Felipe González había estado agregado en el palacio de La Moncloa. En 1988 había sido enviado como antena del Cesid a París con cobertura diplomática. Estaba asimismo Ramón Ichaso, coronel de Ingenieros, alias Ibor. Íntimo amigo de Calderón, era el jefe de la División de Inteligencia Interior (Terrorismo, Nacionalismos, Extremismos, Insumisión, Objeción de Conciencia, Antimilitarismo). Un tipo clave. En 1980 estuvo destinado en la sección de documentación del Cesid. Fue antena en Túnez ante la OLP, de donde fue trasladado a Roma. En la última época del GAL era antena en París.

El más joven era Miguel Sánchez San Venancio, comandante de Infantería y jefe del Departamento Contraterrorista. Era el número dos de la División de Inteligencia Interior y responsable de todas las operaciones anti-ETA en Euskadi y en Europa. Estuvo destinado como ayudante de Ramón lchaso en París, supervisando las operaciones conjuntas Cesid-Guardia Civil en el sur de Francia. Lógicamente sabría mucho del GAL y fue el que menos habló. En el puesto que tenía había sustituido al hijo del general Casinello. Se encontraba asimismo José María Zaldua, el teniente coronel que nos había llevado allí.

¡Menuda mesa!

El menú consistió en alubias y merluza con dos clases de vino. Arzalluz le dijo a Calderón que mejorara su servicio de información pues cuando iba a Madrid le gustaba tomar gazpacho.

El general Calderón nos dijo que de aquella presencia estaban enterados Serra y Aznar y dio a entender que a Mayor Oreja no le había gustado nada. También que transmitiría lo que se dijera. Arzalluz le contestó diciendo que transmitiera lo que quisiera que esas cosas se las había dicho muchas veces a Aznar y que en la conferencia no había ocultado nada. Él no había ido allí a convencer a nadie sino a que honestamente se supiera su verdad.

Hablamos del libro de Pilar Urbano sobre el Cesid. Calderón nos dijo que esta periodista quiso cerrarlo con él haciéndole una entrevista y como no le gustaban a la señora Urbano las respuestas de Calderón dio un manotazo al grabador y la canceló. Nos habló del libro Espías de madera que creía tenía financiación canaria. Se quejaba mucho de los medios de comunicación y en especial de los vascos. Se sentía impotente porque no podía contestar a las noticias que se publicaban y mucho menos entablar un debate público.

Salió a colación el escándalo del espacio radioeléctrico que había costado el puesto al vicepresidente Serra. Se habló del estatus del Cesid y la necesidad de un nuevo reglamento, de la llamada del director de El Mundo para dictar el editorial de su periódico cuando el ministro Eduardo Serra no había desclasificado los llamados papeles del Cesid. Nos dijo muy enfático que ninguno de aquellos papeles había servido para incriminar a nadie. Hizo el comentario sobre la tonelada de papeles que entraban en aquella casa todos los días y que como tales papeles, sin más, podían ser utilizados, por el mero hecho de haber entrado allí, para ir contra personas.

Salió a colación la relación que manteníamos con Mayor Oreja y con Álvarez Cascos. De éste hablaron bien en relación con la Ley de Víctimas del Terrorismo. Sacamos a colación el acercamiento de presos y el trabajo que habíamos hecho para solucionar la situación personal de los que no estaban por la labor de seguir estando en manos de ETA. Aquel trabajo se había hecho con Antoni Asunción cuando era director general de Instituciones Penitenciarias y todo eso lo había suspendido Mayor Oreja. Discutimos si los presos debían ser o no interlocutores y, no sé a santo de qué, Calderón nos dijo que él no espiaba a sus invitados.

Calderón fue contundente con el asunto de la tregua y aunque hablamos con medias palabras nos hizo una afirmación rotunda. «Este proceso ha de estar cerrado en dieciocho meses, de lo contrario, fracasa.» La tregua duró alrededor de dieciséis meses. No andaba muy descaminado. A Calderón le preocupaba la escenificación del final de ETA en el supuesto de que se produjera.

Hablamos de los kurdos. Con el tiempo, ellos desbloquearon un conflicto que se presentó cuando la Asamblea Kurda se iba a reunir en el Parlamento vasco. Les dijeron que desistieran de ello y ellos se ocuparían de que a su líder Ocalan no lo mataran en Turquía.

Calderón nos hizo una reflexión sobre lo que es un servicio de inteligencia, que es más un servicio de análisis que de información y que del PNV sólo daban datos si se los pedían, no a impulso pro­ pio. No se lo creímos.

Yo les conté lo que me había dicho el secretario de Estado de comercio de que trabajando éste un contrato de una empresa ferroviaria en relación al Metro de México, se le había aparecido el responsable del Cesid diciendo que no había que ayudar a esta empresa pues estaba localizada en una zona nacionalista, vivero de ETA, y que éste le había entregado un increíble informe que investigado posteriormente por él había resultado que era un informe interesado del espionaje francés que quería promocionar sus propios vagones ferroviarios. Aquello les llamó la atención, sobre todo cuando les dije que se lo había denunciado directamente al ministro y éste, sin averiguar nada, me lo había desmentido.

Nos dijeron que Aznar, ante la mala utilización que se estaba haciendo de las cosas del Cesid, se había cerrado en banda. Y, como era normal, hablamos de HB, de la negociación realizada con los poli-milis, de la globalización, de la política norteamericana, de las reuniones de los fondos reservados, de la no desclasificación de los papeles, para entrar en que la kale borroka y la pugnacidad entre partidos no estaban propiciando un clima de paz.

El general quería hablar del concepto expuesto por Arzalluz en la conferencia sobre la soberanía originaria y de la identidad así como de la pluralidad de la propia sociedad. También de la inteligencia en Europa y de Europa como concepto de soberanía.

Y entramos de nuevo a hablar de la tregua. Ichaso comentó que cuanto más tiempo pasase le sería más difícil a ETA volver a tomar las armas, porque al final la gente se acostumbra a vivir sin la tensión de los atentados hasta que ETA decidiera volver a iniciar la lucha armada si no veía rentabilidad a lo que estaba haciendo. Sabían que ETA se había entrevistado con representantes del gobierno en Suiza. Se habló bastante de este asunto y parecía que habían puesto interés en consolidar este intento de paz aunque daban a entender, sin decirlo, que en la negativa del gobierno a no acercar los presos no estaban de acuerdo. «Manda Aznar y tiene su ritmo», comentaron.

Al final una reflexión de Calderón: «A menos fuerza, más inteligencia.»

Aquella sobremesa duró bastante y como colofón obsequiaron a Arzalluz con un libro de cuadros inéditos del Museo de El Prado y a los dos un cenicero del Cesid. De allí salimos siendo acompañados por todos, con la invitación a volver y con la disposición a hablar en cualquier momento por teléfono. Esto no se produjo y quizá hubiera sido conveniente por nuestra parte haberlo hecho pues parecía que aquellos militarotes veían favorablemente el encontrar el «umbral de mínimos» como en su día me había comentado el general Bastos para haber logrado que ETA, hoy, hubiera sido un recuerdo del pasado. En la actualidad el director del Cesid es un diplomático que lo mismo está con el PSOE que con el PP, pero de seguro, y por su propia convicción, no con el PNV. ¡Tanto tiempo reivindicando un poder civil y resulta que con los militares aquello por lo menos había dado algo tan insólito como la conferencia y la comida para, como dijo Arzalluz, «hacer un acto de civilidad»!. No es que nadie convenciera a nadie. El Cesid, comentando la conferencia, a los dos días, había resaltado el sentido del humor del presidente del EBB. Y es que hasta los espías se creían sus propias mentiras y a las deletéreas tertulias madrileñas.

5 comentarios en «Con Arzalluz en el CESID (2)»

  1. Excelente iniciativa. Menos fuerza y más inteligencia. Hubo más acercamiento con los militares que con los civiles, incluso civiles españolistas con apellidos vascos.
    El punto de partida a reivindicar, a mi parecer, es el idioma, el euskera…
    Fuimos los primeros en Europa lo que nos brinda una LEGITIMIDAD DE ORIGEN como nadie…

  2. No hubiera servido para el CESID ni para el CNI por su verborrea el señor Seijo que deja la secretaría de ErNe tras muchos años soltando pestes de cualquier político nacionalista vasco que se le pusiera a tiro. No hubiera sido capaz de guardar secretos el hombre de quien hace tiempo se sabe mucho de sus apetencias politicas y poco de sus logros como policía.
    Declara con soltura en VOCENTO que el consejero de interior más inteligente ha sido Ares, el que escapó del caso Cabacas y pasó cobardemente de él y de su familia.
    No merece más comentarios el señor Seijo. No ha aportado mucho más allá de corporativismo, crispación y falta de neutralidad pública en politica con continuas diatribas contra el fincionamiento de la policía vasca que él hubiera preferido más parecida a la guardia civil. Olvidaremos pronto a este funcionario.

  3. ¿Fuimos los primeros en Europa?. Por Dios.

    La ideación de que alguna vez hubo poblaciones “puras” de europeos ancestrales que habitaron el continente desde la época de los mamuts lanudos ha inspirado ideologías mucho antes de los nazis.

    Los descubrimientos sugieren que el Europa ha sido o es un crisol desde la Edad de Hielo. Los europeos de la actualidad somos una mezcla variada de linajes antiguos que proceden de África, el Medio Oriente y la estepa rusa. La evidencia proviene de artefactos arqueológicos, el análisis de dientes y huesos antiguos, y la lingüística, pero no veo yo a los de Atapuerca hablando en euskera que es mucho más moderno.

    Hay un campo de estudio, la paleogenética. Durante el transcurso de hace unos años a esta parte, se ha logrado secuenciar el genoma completo de seres humanos que vivieron hace decenas de miles de años. En Europa no hay pobladores nativos ya que el ser humano vino o de AFRICA, hace aprox 60.000 años.

    Que el euskera haya sido o sea a día de hoy considerado el idioma más antiguo VIVO de Europa, no significa que seamos los primeros, significa que es eso, que es el idioma vivo más antiguo, no el más antiguo, igual de antiguo o más pudieron ser el etrusco, el griego antiguo, el latín mismo, el frisón, el dacio, el norioco, el cántabro, etc.

    Lo de que seamos los descendientes de Túbal, va a ser que no.

  4. Pues aun siendo algo herederos de aquellos pelùos, lo que es aùn poco imposible, y a pesar , o a favor, de los datos@mt; …
    lo importante serìa el sentido de lo propio con sencillez y fortaleza, y si ademas se carga en la mochila el euskera , bastante mejor serà pues.

  5. El tipo de Erne admirador de Ares y por añadidura de Ruralcaba, cuanta infiltración en la ertzantza.

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