José Antonio visto por María Teresa

Sábado 2 de mayo de 2020

El lehendakari Ibarretxe nos repite que la gente no es un número frío sino personas con cara y ojos. Algo que se está desconociendo en esta pandemia cuando se habla de los fallecidos en clave numérica. Por eso es bueno acercarse a José Antonio Agirre como ser humano, no solo como político rodeado de los tópicos al uso. Por eso he querido buscar testimonios de su infancia, de su adolescencia, de su familia y nada mejor que esta buena entrevista que le hizo Iñigo Camino a la hermana de José Antonio, María Teresa, que aparece tercera en esta bonita foto familiar, y que la mayoría no habíamos visto nunca.

Si anteayer fue su hermano Juan Mari, hoy le toca a María Teresa, a Tere, una magnífica señora a quien tuve el honor de conocer y que tenía la simpatía de su hermano. También aparece Encarna, con su muñeca,  que estaba con su hermano y esposo viviendo el espantoso bombardeo en Dunkerke y que le costó la vida a Asporosa. Es parte de una de las peores vivencias que tuvo el lehendakari  en 1940, víctima de aquel  asesino que dominó temporalmente Europa. Y que trata hoy de abrirse camino.

Esta es la entrevista  de Iñigo que aporta datos de interés.

 La familia Aguirre procedía del gipuzkoano pueblo de Bergara. EI abuelo y patriarca familiar, también de nombre José Antonio de Agirre, creó una industria de chocolates y se instaló en Bilbao. El abuelo Agirre era un hombre de ideas modernizadoras, que falleció  en 1907. Su hijo Teodoro estudió la carrera de abogado y fue uno de los primeros seguidores de Sabino Arana, colaborando con el padre de Manuel Irujo en su defensa ante las acusaciones contra el funda­dor del nacionalismo vasco.

El 6 de marzo de 1904 nacía, en Bilbao, José Antonio de Agirre y Lekube. El Lehendakari sería el mayor de diez hermanos. Su madre, Bernardina Lekube, jugaría un papel muy importante en la vida de José Antonio. Bernardina era, al propio tiempo, enérgica y compren­siva para con sus hijos, y José Antonio siempre se sintió muy unido a ella. Murió en 1950, en San Juan de Luz. Su hija Teresa recuerda una frase que, en multitud de ocasiones, repetía al Lehendakari: “No olvides que te debes a tu pueblo y a Euzkadi».

A punto de ahogarse con cuatro años

Uno de los aspectos poco conocidos de la vida de Aguirre es que estudió en la que fue, tal vez, primera ikastola de Euzkadi. Su padre Teodoro, exigía que en casa tan sólo se utilizara el euskera y José Antonio asistió, entre los cuatro y los diez años de edad, a una ikasto­la situada en la bilbaína Plaza Nueva. Aguirre solía recordar emociona­do que, cuando fue nombrado alcalde de Getxo, recibió un hermoso ramo de flores de la que había sido su primera andereño, la señora de Anuncita.

Otro pasaje curioso de su infancia ocurre cuando apenas tiene cuatro años de edad. Un día de verano, José Antonio pasea con su «aya» por Santurtzi. De repente, el niño se escapa y, jugando, cae a las aguas de la ría. Un conocido y elegante solterón de la zona, Ramón Aras Jauregi, tendrá que tirarse desde la orilla y salvar de morir ahogado al que luego fuera Lehendakari de Euzkadi.

José Antonio, como luego sus hermanos, estudia el Bachiller en el Colegio de Nuestra Señora de la Antigua de Orduña. Siempre buen estudiante, recibe numerosos primeros premios en las asignaturas de historia, literatura y música. El álgebra y las matemáticas nunca le gustarían demasiado, y en estas materias se tiene que conformar con tercer y cuarto accésits.

Tocaba el violín, oboe y fiscornio

La sensibilidad y afición musical era una de las peculiaridades de la familia Aguirre. Los seis hermanos mayores llegaron a formar un sex­teto doméstico. José Antonio tocaba el violín y también el oboe y el fis­cornio. Gran aficionado al canto, formó parte del  coro antecesor del «Bihotz Alai» de Getxo y con un grupo de amigos, ya en la juventud, solía dar improvi­sados recitales en la punta del muelle en Algorta.

Cuando José Antonio tiene dieciséis años fallece su padre. A partir de entonces, él se convierte para los hermanos menores en el sustituto del aita y en el ejemplo a seguir. «Durante años, José Antonio no se acostaría sin dar un beso a los pequeños», recuerda su hermana María Teresa.

Con la muerte del padre y los estudios en colegios no euskaldunes, en la casa Aguirre el euskera pierde fuerza. Sin embargo, José Antonio, durante muchos años se carteará, casi diariamente, en la lengua vasca con un sacerdote de Durango. Aquellas cartas eran para él una espe­cie de «cursillo por correo» de euskera con lecciones y correcciones diarias por parte del cura euskaldun.

Abogado y deportista

El chico inquieto y un poco nervioso, pero «muy responsable y que no hacía barbaridades», según su hermana Teresa, elige la carrera de Derecho y, en cuatro años, logra brillantemente el título de abogado. Terminados los estudios abre, frente a las Calzadas de Mallona, un despacho profesional.

Otra faceta importante de su personalidad es su gran afición al depor­te. José Antonio era un gran jugador de pala, deporte que practicaba, sobre todo, en las temporadas veraniegas cuando la familia iba a la casa de Bergara. Por otro lado, como ya es sabido, fue jugador del Athletic de Bilbao.

Profunda religiosidad

La religiosidad completaba el carácter del joven Aguirre. Presidente durante varios años de las Juventudes de Acción Católica de Vizcaya, realizaba todos los años ejercicios espirituales en Loiola. Su padre murió siendo presidente de la «Adoración Nocturna» y José Antonio será, durante toda su existencia, un hombre profundamente religioso.

En 1925 viaja con su madre a Roma, con motivo del «Año Santo». De vuelta, efectúan un viaje de casi un mes por Europa. En Montecarlo, tras una anécdota curiosa surgida como consecuencia de no llevar cor­bata, José Antonio juega en el casino y gana una jugosa cantidad de dinero. Es ésta una de las pocas veces que tiene suerte en los «nego­cios, para los que, según su hermana, jamás valió y, además, nunca le interesaron».

Pionero de reformas sociales

Su faceta empresarial se circunscribe a la labor realizada en la fábrica familiar. «Chocolates de Aguirre» se había asociado con otras casas en 1920 para formar «Chocolates Bilbaínos». En 1924, cuando José Antonio termina la carrera, le hacen consejero de la fábrica. Su her­mano Juan Mari, que había estudiado en la Comercial de Deusto, actúa como director.

«Chocolates Bilbaínos» va a ser pionera en el terreno social. Una comi­sión de trabajadores forma parte de la Junta de Accionistas e, impulsadas por José Antonio, se realizan medidas innovadoras. Manuel de Irujo, en una biografía del Lehendakari, decía que «José Antonio puso en prácti­ca las normas social-cristianas que mantenía desde la Presidencia de las Juventudes Católicas: el salario familiar, la asistencia facultativa gratuita, las vacaciones pagadas, la habitación y participación de los trabajadores en los beneficios de la empresa. Aquella labor le imprimió carácter, pues se anticipó en varios lustros a medidas similares apli­cadas con posterioridad o que constituyen aspiración».

Las setenta preguntas de Elías

Viernes 1 de mayo de 2020

La foto me la dieron en Paris. Es Agirre cruzando el puente del Arenal que los sublevados bautizarían como el de la Victoria. Seguramente es de su etapa de diputado. Y se la hice llegar al escritor Elías Amezaga que comenzó a escribir una biografía sobre el primer Lehendakari. Una más. Presentamos el primero de sus  volúmenes en el hotel Carlton junto al Lehendakari Ardanza.

Encuentro este trabajo suyo que enlaza con el que escribí ayer en relación con su hermano Juan Mari. Si yo le hice veinte preguntas, Elías le formuló setenta, y como dice están en su archivo y no como yo, que me quedé con las ganas de saber su respuesta aunque Elías nos  da dos apuntes en este breve escrito que merece la pena ser conocido.

Juan Mari Agirre vivió en Amberes donde se asentó tras la pérdida de la guerra. Y le contó esto a Elías:

Un día de octubre bélico, en el «espacio vital» de la Alemania nazi, interroga la Gestapo

– ¿Usted es Juan de Aguirre?, ¿no es así? -Sí, señor.- ¿Usted no es José Antonio de Aguirre? -No, señor-. ¿Ya lo hemos podido comprobar?. ¿Dónde está su hermano? –No puedo decírselo porque no lo sé. -¿No tiene usted noticias de él, desde que salió de París y atravesó la frontera franco-belga?. -Estuve con él en la frontera pero a fines de mayo se marchó y desconozco dónde pueda encontrarse ahora exactamente. -¿Es que lo sospecha usted?. ¿Dónde cree que puede encontrarse?. -Probablemente en Inglaterra.

Le presentan el retrato de un individuo en mangas de camisa con el pelo alborotado. No, no es ese. Saca de su cartera la verdadera imagen de José Antonio.

Y este comenta explicándolo: «Se trataba de una foto que hice a nuestras tropas en el frente, durante la guerra. Vestía boina, botas altas, chaqueta de cuero con correaje y arma corta. De aquella figura, a la del Dr. Álvarez (su disfraz en la Alemania nazi) mediaba un abismo.

Juan María de Aguirre, murió el 28 de agosto de 1987. Fue el tercero de los diez hermanos del lehendakari, los otros, Ignacio, María Teresa, Encarna, Tomás, Mari Cruz, Teodoro, un segundo Ignacio y Ángel.

José Antonio es consciente, que todos, absolutamente todos han pagado las consecuencias de su vínculo sanguíneo. No con el furor de la Edad Media o de la Inquisición, manchando a los hijos de un padre culpable. En el caso de estos atentados habría que ver qué historias nos contaría cada uno de ellos si le interrogáramos.

-¿Y por qué?.

Sin una sola queja darían su apoyo moral y aún material al hermano a la hora del poder responsable, deslizándose a su lado como sombras. Después perderían sus bienes, más, tomarían la ruta del destierro detrás suyo, alguno, Encarna, sucumbiría en un bombardeo. Los demás seguirían la suerte del gran hombre en desgracia como encadenados a un destino que otros habían elegido en su lugar.

Quizá al desterrado le falten amigos o los rechace por no comprometer. Nada puede hacer con los de su sangre. Mora en un lugar su cuerpo, su espíritu en otro. Donde está se la desconoce, en su lugar de origen empiezan a guardarle luto en vida En este caso concreto, si le preguntan la razón de su persecución, ¿qué va a decir?. Que persiguen a otro a su través. Es insufrible estar ausente de la patria, nos dice Séneca y con razón.

A Juan Mari acudí para conocer noticias de J. A, y conservo en mi archivo las respuestas al cuestionario. Fue uno de sus últimos escritos, lo que quiere decir, que la sombra del hermano no se le apartó ni en sus postreras horas. Pude haberle preguntado algo de su vida después del tránsito de aquel. En absoluto. Son 70 preguntas sobre José Antonio. Colegial. Universitario. Político. Hombre de relaciones públicas. Profesional. En familia. Con referencia a sus costumbres, amigos, gustos, inclinaciones, ¡qué sé yo!, pero ni por asomo sobre su propia personalidad, condenándole de antemano al anonimato. Y cuántos habrán acudido a él con idéntica demanda. Mutismo para su vida particular. Si triunfó se pensaría que de algún modo se lo debería a . . Y si le nombran (y esto es en general y sirve para otros muchos) le nombran con este título: es el hermano de . . ?. Y se llama?.  Pues no lo recuerdo.

En mi cuestionario evoca al hermano mayor, una especie de padre al faltarle el verdadero. Cómo la madre le abraza pidiendo que cuide de los otros ante el cadáver del padre. En el colegio: «A mi entrada en Orduña con cuatro años menos que él me di cuenta de que tanto profesores, inspectores, condiscípulos y demás alumnos, todos le querían, a pesar de que se le consideraba del grupo de alumnos nacionalistas”. En el deporte: José Antonio futbolista en olor de masas. El, Juan Mari, sería su espectador. ?. Después?…

Donde debió ser importante Juan María fue en su gestión como dirigente de la empresa familiar. Ya en otro lugar transcribí los Estatutos de esta empresa ejemplar. Chocolates Aguirre se fundó en la segunda mitad del siglo XIX, en Matico. Triunfó en el mercado. En 1920 se fusionó con Martina Zuricalday La Dulzura y Caracas con un capital inicial de un millón. «Produjo el conocidísimo Chobil. Juan María seguiría después su vida empresarial por Europa.

Pero esto es ya salirnos del objeto de mi artículo. Quede constancia, pues, de que Juan María de Aguirre se fue anónimo, lejos de su patria, en silencio, como diciéndonos que ese 28 de agosto de 1987 abrió la liminar página del Libro de su Vida.

Su hermano Juan Mari nos contesta preguntas personales.

Jueves 30 de abril de 2020

La foto familiar es entrañable. En ella se ve a Dña. Bernardina Lecube con sus hijos José Antonio, María Teresa, Encarna, Juan Mari e Ignacio frente a su casa de Bergara, y de esto voy a hablar hoy.

No conocí al Lehendakari pero si a su hermano Juan Mari. Había sido amigo de mi aita, del que era contemporáneo y al que conoció en Juventud Vasca de Bilbao. Juan Mari, cuatro años menor que José Antonio fue quien de verdad llevó a cabo las reformas sociales en la empresa familiar siguiendo las encíclicas de los Papas. Y de eso nos hablaba a su hijo Gorka y a mí cuando íbamos a Bruselas a reuniones de la Unión Europea Demócrata Cristiana .Vivían en Amberes y con su esposa se trasladaban a Bruselas para saludar a su hijo y ahí me metía yo.

Le recuerdo como un hombre muy afable, admirador de su hermano, todo un caballero y con sentido del humor. De ahí que en una de esas reuniones de confianza y donde  siempre acabábamos hablando del lehendakari le propuse me contestara a una serie de preguntas personales sobre su hermano. Siempre se hacía el remolón pero en uno de esos viajes logré que me dijera que estaba de acuerdo en hacerlo.

Ni corto ni perezoso le preparé un cuestionario con veinte preguntas de las que me contestó doce. Una pena. Tienen el valor de ser datos desconocidos, contados por su hermano y de asuntos personales.

Estas son sus respuestas..

P.- ¿De dónde es originaria su familia?.    

Nuestros padres son originarios de Gipuzkoa. El padre nació en Bergara y la madre en Motriko.

P.- ¿Cuáles eran los nombres de sus padres y hermanos?

Nombre de nuestro padre: Teodoro Aguirre Barrenechea-Arando, nació el 7 de mayo de 1873 y falleció el 12 de febrero de 1920.

Nombre de nuestra madre: Bernardina Lecube Aramburu, nació en Motriko el 20 de mayo de 1877 y falleció el 19 de septiembre de 1950.

Nombres de los hermanos: José Antonio (1904-1960), Ignacio (1906-1912), Juan María (1908-1987), María Teresa (1909), María Encarnación (1911-1940), Tomás (1912-1979), María Cruz (1914-1970), Teodoro (1916-1974), Ignacio (1918-1966) y Ángel (1920-1980).

P.- ¿Fue su padre pasante del abogado de Sabino, don Daniel de Irujo?

Nuestro padre fue pasante de don Daniel de Irujo, colaborando con éste en el proceso a Sabino de Arana y Goiri. Abandonó muy pronto su profesión de abogado, pues al fallecimiento de nuestro abuelo José Antonio de Aguirre, fundador de la Fábrica «Chocolates de Aguirre», debió ocuparse de la Fábrica y demás asuntos familiares, pues sus hermanos Pablo y Eustoquia, solteros, así como nuestra abuela Petra Barrenechea-Arando, dejaron en sus manos la adminis­tración de los bienes familiares. Nuestro padre se ocupó, asimismo, en numerosos organismos dedicados a Obras de Caridad y a su falle­cimiento era Presidente de la Adoración Nocturna en Bilbao.

Políticamente siguió la doctrina de Sabino Arana, pero sin que tuviera cargo alguno de responsabilidad.

P.- ¿Cuál fue la trayectoria profesional de su padre?

Hasta el año 1915 la familia vivió en Bilbao, último domicilio en la calle Sendeja, n° 6. Ese mismo año, se trasladó a Algorta, en donde nuestro aita había hecho construir la casa que hoy existe en la calle Miramar, n° 2, en la misma plaza de San Ignacio. En dicha casa vivió la familia hasta el año 1937 que, con la entrada de los franquistas, fue totalmente saqueada. Al casarse José Antonio, el año 1933, ocupó un piso de la casa, que asimismo fue saqueado en 1937.

Nuestros padres nos inculcaron una educación profundamente religio­sa. José Antonio, Tomás, Teodoro y yo, estudiamos Bachillerato en el Colegio de los Jesuitas, en Orduña. Ignacio y Ángel, se iniciaron en dicho Colegio, pero no pudieron continuar al ser disuelta la Compañía de Jesús durante la República. Y las tres hermanas, María Teresa, Encarna y Mari Cruz, hicieron sus estudios en el Colegio Sagrado Corazón, en Algorta.

P-¿Qué recuerdos tiene de su ama?.

A nuestra ama la tuteábamos, pero no a nuestro aita, a quien tratábamos de Vd. El respeto a ellos por parte de todos los hermanos era sagrado. Al fallecer nuestro aita, el 12 de febrero de 1920, a la edad de 47 años, quedó nuestra pobre amatxu en espera de su déci­mo hijo -Ángel, hijo póstumo- que nació el 29 de febrero de 1920. Esta tragedia fortaleció aún más, si cabe, el respeto de sus hijos hacia ella.

Su extraordinario carácter, su gran resignación a lo que el Señor le acordó y, afortunadamente, su salud, le permitieron cumplir su come­tido ante una familia tan numerosa. Pero a ello, hay que ajustar la gran esperanza que mantenía al ver que su hijo mayor, José Antonio, era ya un hombre entero a sus 16 años.

P.- El fallecimiento de su aita debió ser un golpe muy impactante, ¿no?.

Recuerdo, como si fuera hoy, aquel día 12 de febrero de 1920 que, estando José Antonio y yo en el Colegio de Orduña, vino a buscarnos en coche, el administrador y hombre de confianza de nuestro aita, para comunicarnos la triste noticia y conducirnos a casa. En aquel momento comencé a darme cuenta de la entereza de mi hermano José Antonio. Pero mucho más cuando, al llegar a casa y nos introdujeron en el cuarto en donde se hallaba nues­tra pobre amatxu, en la cama, sufriendo, en su estado tan avanzado, su inmensa pena, vi a José Antonio, como demostrando gran sereni­dad, le abrazó, le calmó con palabras que no pude entenderlas, pero que debieron servir de gran alivio para ama, a quien oí bien decirle a José Antonio: «Sí, tú serás ahora el aita de tus hermanitos. ¿Me lo prometes?». La respuesta fue, naturalmente, afirmativa, pero lo que es más importante, que lo fue en la realidad durante años.

P.- ¿Tenía buen carácter?.

Su carácter era de lo más alegre, y nos hacía reír a todos en casa con­tándonos cosas que habían sucedido en el Colegio y, más tarde, de la Universidad. Porque sabía decirlas con mucha gracia, con una mímica muy salada.

P.- ¿Cuáles fueron sus estudios?

En el Colegio de Orduña se portó siempre como un buen colegial, estudioso y deportista. Sus calificaciones en el Colegio, así como en los exámenes oficiales en el Instituto de Vitoria, eran de «sobresa­lientes» y «notables»; tuvo «aprobado» únicamente en alguna de las matemáticas. Su conducta le hizo merecedor de «distinciones» durante los cursos de bachillerato y en su último año, fue nombrado «Sub-Brigadier», que era la segunda «dignidad» en el Colegio. Buen deportista, practicó principalmente el fútbol y la pelota a pala. Su personalidad era muy destacada en el Colegio. Y esta personalidad la demostró ya desde la edad de 12 años.

P.- ¿Seguían la política?.

Siempre recuerdo, aunque en aquella época era yo un niño, con qué sensatez discutía los aconte­cimientos de la primera Guerra Mundial. En dicha época teníamos, en verano, como «preceptor-acompañante» a un seminarista a cuya familia ayudó mucho nuestro aita. Este seminarista, Miguel Larrañaga, fue más tarde colaborador de la Gaceta del Norte, bajo el seudónimo de «Aventino» -o algo parecido- y, claro está, era en aquel tiempo germanófilo y muy monárquico. Con él discutía mucho José Antonio, que lo hacía defendiendo al nacionalismo. Así mismo, este sentimiento vasco, lo reforzó en el seno de la familia, defendiéndolo muchas veces ante dos tíos carlistas, hermanos de nuestra ama, que nos visitaban de vez en cuando en casa.

P.- ¿Y de allí a la Universidad?.

Si. En  la Universidad de Deusto continuó, en forma relevante, desarro­llándose más su personalidad. Todos, profesores y alumnos o con­discípulos, le querían mucho. Allí hizo sus cinco cursos de Derecho, obteniendo buenas calificaciones en sus exámenes oficiales en Valladolid. Al iniciar su vida universitaria, ingresó en el «Centro de los Luises» establecido por los jesuitas y participó en la Acción Católica, llegando a ser Presidente de la misma e iniciando sus con­ferencias en las que destacaban ya sus ideales de una justicia social profunda que tanto le preocupaba, como lo demostró durante toda su vida.

P.- ¿Y la militancia nacionalista?.

Lo simultaneaba porque asimismo, asistía a las reuniones de la Juventud Vasca, en donde pronto se dio a conocer, entablando numerosas relaciones amistosas con los dirigentes y jóvenes patriotas vascos. Y era la época de la «clandestinidad» durante la dictadura de Primo de Rivera.

Así practicó siempre con entusiasmo su acción católica, juntamente con su acción patriótica y tuvo tiempo para poder practicar también el deporte.

Abandonó el fútbol una vez terminada su carrera de Derecho. Durante algunos meses estuvo de «pasante» en el bufete de Don Esteban Bilbao y, después de esta práctica, abrió su propio bufete, en donde le tuvo al amigo Julián Ruiz de Aguirre, quien mejor que yo podrá informar sobre el trabajo que desarrollaron.

P.- ¿Le interesaba la música?.

Durante esa época, en Algorta, participó en el Orfeón que allí se orga­nizó. José Antonio tenía gran afición musical, conocía bien la música -no en balde participó en la Banda de música del Colegio de Orduña, en donde tocaba el fiscorno-, tocaba un poco el piano y dio lecciones de violín con un profesor italiano melenudo que venía a casa y se lla­maba Diño Dini…, con el que nos reíamos mucho. En el Orfeón de Algorta cantó de barítono y fue solista.

También en Algorta, perteneció a la Adoración Nocturna, en donde fue nombrado Presidente.

P.- ¿Nos puede hablar de la fábrica de chocolates y del papel de su her­mano?

La fábrica de chocolates, «Chocolates Bilbaínos, S.A.», fue constituida, en 1920, por cuatro fabricantes de chocolate, cuyas marcas eran: «Martina Zuricalday», «La Dulzura», «Caracas» y «Chocolates de Aguirre», participando cada una de ellas en un 25%. José Antonio fue nombrado Consejero a su mayoría de edad; y yo, cuatro años más tarde. José Antonio, ya muy ocupado con su trabajo, especialmente en el orden político, acudía de vez en cuando a las reuniones del Consejo de Administración, aunque en todo momento se preocupaba de la marcha del negocio y, más tarde, el año 1933, de la reforma técnica que se llevó a cabo en la fábrica.

P.- Es ahí donde aplicaron su perfil social.

Si porque su preocupación principal se volcó especialmente al aspecto social en la fábrica. Impulsados por sus grandes ideas sociales, llegamos a establecer un Reglamento, de acuerdo con el comité de trabajadores formado en la fábrica, que para aquel tiempo fue considerado como un gran avance social, tanto que el mismo fue aprobado por unanimidad por el Consejo de Adminis­tración de la fábrica, es decir, que no fue sólo José Antonio, como se ha publicado en ocasiones, sino que merecen los mismos elogios aque­llos otros Consejeros cuyos nombres cito: don Ramón Bayo, don Juan Bayo, don Pedro Menchaca, don Policarpo Ibáñez, don Dalmacio Angulo, don Pelayo Trabudúa, que representaban a las marcas antes citadas. Hasta 1937, fue la segunda fábrica más importante en el Estado español. Todo se desmoronó al intervenir los franquistas durante tanto tiempo.

P.- ¿Cuándo se produce su salto a la política activa?

La Alcaldía de Getxo fue su «trampolín» para lanzarse de lleno en la política. Esto le ocupó de tal forma que los familiares debíamos espe­rar a que algún domingo dejara de participar en algún mitin para poder estar con él con tranquilidad en familia. Su ya personalidad pública nada influyó en él para continuar siendo el mismo y, muy especial­mente, con su amatxu y hermanos. El pueblo de Getxo que ya le cono­cía, aunque desarrollaba su vida en Bilbao, le quería mucho y, hasta sus enemigos políticos -porque otros enemigos no los tenía- le respetaban mucho”.

Hasta aquí las preguntas que me contestó y que como se ve fueron sustanciosas y aportaron datos. Lástima que D. Juan Mari falleciera pues había quedado con él para seguirle preguntando muchas cosas.