Lo que decía Arrieta en 1989 sobre la lucha contra la pobreza

Sábado 8 de febrero de 2020

En 1989, el Consejero de Trabajo y Seguridad Social del Gobierno Ardanza, José Ignacio Arrieta  Heras, escribió el 23 de junio de 1989 en El Correo una reflexión sobre la lucha contra la pobreza. Lo he encontrado y quiero sacarlo del baúl para que se tengan datos para conocer y reconocer sobre quienes pusieron en marcha lo que es una iniciativa vasca, concretamente del EAJ-PNV, anticipándose décadas a lo que es la envidia de Podemos y la rabieta de Bildu.

Decía así el Consejero Arrieta:

“Cuando se cumplen ahora tres meses de la puesta en marcha del Plan Integral de Lucha contra la Pobreza en Euzkadi por parte del Gobierno vasco, las Diputaciones y los Ayuntamientos y ante ciertas interpretaciones que última­mente se han hecho de alguna de mis intervenciones públicas al respecto, con­sidero necesario una puesta en común de las principales preocupaciones que sobre este lema tenemos en el Departamento de Trabajo y Seguridad Social del Gobierno vasco.

A estas alturas podemos decir que, no sin ciertas dificultades, los objetivos pre­vistos en el Plan se están cumpliendo. Así, por ejemplo, más de 1.200 familias vascas están percibiendo el Ingreso Míni­mo Familiar o salario social y otras 1.000 han solicitado algún tipo de ayuda para cubrir las necesidades comprendidas den­tro del segundo nivel del Plan, que hemos denominado «situaciones de emergencia social». En total son más de 1.000 millo­nes de pesetas los que se han destinado hasta la fecha a paliar las múltiples situa­ciones de marginación por las que atra­viesan un importante número de ciudadanos vascos.

Y es ahora cuando pienso que tienen sentido algunas reflexiones personales so­bre el particular. En primer lugar, me pa­rece importante recordar que nos encon­tramos ante un proyecto interinstitucio­nal, en donde la garantía de su éxito radica, de una manera fundamental, en el papel que juegan los profesionales de los servicios sociales que desde los Ayunta­mientos están ejecutando el Plan.

Estoy convencido de que estos profe­sionales representan la punta de lanza, la avanzadilla de todo el proceso y sin cuya participación e integración el Plan no ten­dría sentido. Pero siendo necesaria su identificación, dedicación y compromiso con el proyecto, se hace igualmente imprescindible su participación en la evalua­ción y revisión continua del programa.

No podemos olvidar que esta partici­pación de los profesionales de los servi­cios sociales es lo que nos va a permitir al sector público disponer de criterios, opi­niones, sugerencias y propuestas suficien­temente contrastadas para que el Plan de Lucha contra la Pobreza en Euskadi sea algo dinámico, que vaya resolviendo los problemas que surjan a lo largo de su desarrollo y que, en definitiva, nos per­mita cubrir su objetivo fundamental: la reinserción o integración socio-laboral de quienes durante una etapa de su vida pa­decen la tremenda e injusta situación de no disponer de los medios necesarios pa­ra ellos y sus familias.

La segunda reflexión nace de la cons­tatación de que con este Plan estamos marcando un hito en la historia de la política social del Estado español. Y sal­vo las críticas de algún miembro del Go­bierno central, ninguna comunidad autó­noma, ni ninguna fuerza política y social del Estado ni de Euskadi han levantado ni una sola voz en contra de este Plan. Por el contrario, quienes se han posicionado al respecto lo han hecho o para alabarlo o para anunciar su voluntad de llevarlo a la práctica en su ámbito territo­rial.

Y a mí me parece que esto debe de ser un motivo de orgullo y de satisfacción común en nuestra sociedad. Porque nue­vamente en Euzkadi, recogiendo toda una tradición de movimientos populares en este sentido, nos hemos puesto en van­guardia de una necesidad reclamada por las fuerzas sociales y por las instituciones autónomas e internacionales, como el Parlamento vasco y el Parlamento Euro­peo.

Y digo también motivo de orgullo porque, en cualquier ámbito de la vida, representa una sana satisfacción el saber­se observado por los demás cuando se es partícipe de una experiencia de cuyos re­sultados otras sociedades van a poder be­neficiarse; cuando, en definitiva, se está tomando parte de un proyecto común, basado en el principio de solidaridad, sin ningún afán de protagonismo. En defini­tiva, un reto para todos, instituciones y profesionales, con el que merece la pena identificarse, comprometerse y dedicar lo mejor de nuestros esfuerzos.

Para finalizar, una última reflexión que nos atañe a todos. A veces uno tiene la sensación de que cuando los medios de comunicación, e incluso entre los propios profesionales, se habla de este Plan, úni­camente se hace referencia a lo que he­mos denominado Ingreso Mínimo Fami­liar, olvidándonos de los otros dos nive­les que lo conforman y sin los cuales el proyecto perdería una parte importante de su sentido: las ayudas a las situaciones de emergencia social y el establecimiento de una política sectorial.

Puedo llegar a entender que ese pri­mer nivel sea más fácil de transmitir a la sociedad e incluso a los propios beneficia­rios, al plantearse como el pago de una determinada cantidad de dinero. Ahora bien, estaríamos cayendo en un tremendo error si limitáramos el plan a una cues­tión asistencial, olvidándonos de las posi­bilidades que nos permiten el segundo y tercero de los niveles. La inmediatez de uno y la globalidad del otro conforman la filosofía y el espíritu último con que fue concebido: la reinserción socio-laboral del marginado.

Y estas son, a modo de resumen, algu­nas de las preocupaciones y reflexión es que trasmití recientemente en Argómaniz a un grupo de profesionales de los servicios sociales de los Ayuntamientos con más población en nuestra comunidad au­tónoma, y que están llevando el peso más importante de este Plan, con motivo de la clausura de unas jornadas de trabajo organizadas por el Departamento de Traba­jo y Seguridad Social”.

Por: Jose Ignacio Arrieta Heras*

*Consejero de Trabajo y Seguridad Social del Gobierno Vasco.

(El Correo, 23 de Junio, 1989)

Hemos vivido broncas mayores

Viernes 7 de febrero de 2020

Cuando llegué a Madrid como diputado, la primera investidura que me tocó fue la de Felipe González. Tenía mayoría absoluta y no necesitaba nada de nadie. Iba sobrado.

Antes de subir a la tribuna me dijeron que tuviera en cuenta que yo no hablaba para convencer a nadie ya que en el hemiciclo todos llevaban el voto decidido de casa, sino para la televisión que todavía era de un solo canal.

Luego me tocaron debates de todo tipo con González, Aznar, Zapatero y Rajoy. De todo tipo en un ámbito donde se producían tiempos de calma y tiempos de exacerbada virulencia, sobre todo por la existencia de ETA. Con semejante pasado me extraña el rasgamiento de vestiduras que estoy escuchando tras la investidura del día 7 de enero de Pedro Sánchez. Y digo me extraña porque he escuchado decir que nunca antes habían pasado cosas parecidas. Claro que no. Pasaron peores. Lo que ocurre es que el adanismo en el que vivimos, la falta de seguimiento de los temas, los analistas a la violeta que inundan las redes y los programas pontifican lo contrario. La explicación puede ser o porque son jóvenes y no vivieron otras épocas, o porque no leen ni preguntan, lo que da que afirmen melonadas como las dichas.

Se nota que no vivieron los turbulentos finales de la UCD con aquel autobús cuarteándose por todas partes, Alfonso Guerra tildando a Suárez de “tahúr del Mississippi”, Paco Ordóñez filtrando información del Consejo de ministros, los barones asilvestrados cada uno por su lado, el PNV retirado de las Cortes y para rematar la faena el golpe de estado del 23 F con la ligereza y frivolidad del ilustre Campechano por detrás.

Tampoco en 1989 cuando diputados de HB decidieron ir al Congreso y comenzar a hacer una cierta política y la extrema derecha mató en el hotel Alcalá a Josu Muguruza e hirió gravemente a Iñaki Esnaola y la Mesa del Congreso se negó a guardar un minuto de silencio. O cuando ETA asesinó a Ernest Lluch, Enrique Casas, Broseta, Jiménez Becerril, parlamentarios en ejercicio.

O cuando al final del mandato de González su ministro del Interior José Barrionuevo estaba procesado antes de terminar en la cárcel de Guadalajara estallando cada día un escándalo con el asunto de los GAL, las escuchas aleatorias al Rey, el escándalo del BOE, los casos Filesa, Malesa, Time-Export, la prisión de Mariano Rubio quien había sido nada menos que Gobernador del Banco de España… ¿Sigo? Eso si eran plenos, donde se decía de todo menos bonito.

Siempre uno tiende a creer que lo que hace es lo único, lo importante, lo definitivo. Pues no. Lo pensó Iglesias creyendo que asaltaría los cielos luchando contra la Casta y diciendo que jamás abandonaría su casa en su popular barrio madrileño y criticando a Ana Botella por ser alcaldesa de Madrid siendo esposa de Aznar. Iglesias es ahora super Casta, vive en su chalet de Galapagar, su esposa Irene Montero es ministra en el mismo gobierno en el que él es vicepresidente. Pura coherencia.

O ahí tenemos el caso de Bildu. Ir a Madrid era legitimar la transición y la subordinación de Euskadi a España y ahora no sólo van sino que apoyan indirectamente la investidura con su abstención para que Sánchez sea el presidente del gobierno de España.

Humano es errar, acertado rectificar. Ya. Lo malo es el tono de superioridad con que estos analistas de todo a cien nos analizan la realidad sin darnos los datos precisos para comprenderla. La futbolización total de España es mayor que en el franquismo, no sólo porque haya hoy más medios y más dinero, sino porque hay un par de generaciones que han sido educadas lejos de las humanidades y aunque se crean que lo saben todo, viven en un analfabetismo ilustrado que les deja sin defensa frente a ofensivas a la inteligencia tan fuertes como la del fútbol, del que se lo saben todo. La televisión libre que nos iba a educar a todos ha sustituido cultura por vistosidad, política por espectáculo, información por opinión. Lo malo es esa voluntad de confundir a la gente porque se gobierna mejor a ciudadanos confundidos, confusos y despistados que a ciudadanos con criterio e información veraz. Y todo porque en el fondo los medios de comunicación públicos no hacen el menor contrapeso a esa cascada de desinformación constante en la que vivimos. Es lo que hay, Sra. Baronesa.

Macron, cal y arena en Cracovia.

Jueves 6 de febrero de 2020

No me gusta todo el discurso europeo de Macron sino algunos de sus puntos aunque le reconozco que por lo menos lo esboza. De Sánchez, que trabajó en Bruselas no sabemos casi nada sobre este particular.

Y digo esto porque el presidente francés, Emmanuel Macron, afirmó  en Cracovia que «la Unión Europea no es sólo un mercado común, sino también un conjunto de valores que Polonia también debe respetar».

Dijo una obviedad y sacó  a pasear los criterios de los padres europeos para, después de la guerra mundial, poner en marcha la Unión que nació como un mercado.

«Quizá en Polonia algunos tienen la impresión de que se puede aprovechar la parte de Europa que más conviene; es decir, el mercado común, los fondos y la política estructural, a la vez que se mantiene distancia frente a lo que no gusta: valores, principios europeos y el aspecto político. Esto me parece un error», afirmó Macron durante una conferencia en la Universidad Jaguelónica de Cracovia.

Correcto. Esto no es el menú del día donde te dan a elegir entre cuatro cosas y a precio asequible. «La Unión Europea no es sólo un mercado en el que nos podemos olvidar de los valores. Si así fuera, entonces no habría unidad europea y surgirían los conflictos», advirtió.

El presidente francés evitó referirse directamente a la polémica reforma judicial promovida por el Gobierno polaco, una medida criticada desde la Unión Europea que la considera contraria al Estado de derecho y a los principios democráticos.

Este silencio de Macron hablando de Europa denota tacticismo porque en Madrid haría lo mismo y no abordaría el tema catalán y vasco más que desde la óptica del palo, constitución, jueces y tente tieso. Ahí, su discurso patina.

De hecho, la Comisión Europea ha acusado en numerosas ocasiones a Varsovia de politizar el poder judicial, mientras el Ejecutivo polaco sostiene que su reforma es necesaria para superar un sistema de justicia «ineficiente y anclado en la estructura heredada del periodo comunista».

En este sentido, Macron defendió el papel de la Comisión Europea, encargada de «defender los principios de la integración europea».

Contra el revisionismo histórico

En relación con este asunto Macron fue valiente. El presidente francés también quiso recordar  en Cracovia que «Polonia no es responsable del comienzo de la II Guerra Mundial, sino que fue su víctima», en alusión a la honda controversia causada por una declaración en ese sentido del presidente ruso, Vladímir Putin.

«Polonia fue quien sufrió la mayor cantidad de víctimas durante el conflicto en relación con su población, eso es un hecho científico e histórico comprobado», dijo Macron.

Salía así al paso de las palabras de Putin quien, en diciembre pasado, aseguró disponer de documentos que demuestran que Polonia había mantenido una alianza con la Alemania de Hitler antes de 1939, algo que provocó las iras de Varsovia.

De hecho, Macron alertó ante aquellos «que quiere reescribir la historia», y reconoció que a Rusia le gustaría «reinterpretar» la II Guerra Mundial «y culpar a la nación polaca»:

El mandatario galo aprovechó su presencia en la universidad más antigua de Polonia para destacar «la hermosa historia de independencia y libertad protagonizada por el pueblo polaco».

«La historia polaca es una historia de coraje. Me refiero al coraje de figuras como Lech Walesa, Bronislaw Geremek, Jacek Kuron, Adam Michnik, el sacerdote Jerzy Popieluszko, Jacek Wozniakowski, Kornel Morawiecki y tantos otros», dijo.

«La nación polaca es una nación valiente, llena de inventiva y espíritu emprendedor, una nación que ama la poesía y la tradición, así como una nación profundamente europea», añadió el político francés.

Crisis demográfica, en el origen de los extremismos

En su análisis sobre la situación de Europa, agregó que «algunos países europeos han perdido una cuarta parte de su población desde 1989», y subrayó que es en aquellas regiones donde se ha vivido el peor escenario demográfico donde se ha creado un caldo de cultivo para la proliferación de partidos políticos extremistas.

«A eso se suma la emigración de jóvenes, muchas veces las personas más preparadas y con más talento, fuera de Europa», recordó.

En su opinión, una forma de lidiar con esta situación es ver a Europa no sólo como «un gran mercado», sino «como una comunidad política».

Macron también se refirió a la «crisis ecológica» y la necesidad de que Europa lidere el proceso contra el cambio climático para que otros países como Rusia y China «sigan el ejemplo europeo».

En Polonia, un país donde el carbón tiene aún un papel protagonista, el político francés pidió «cambios», y aseguró que «con la ayuda de Europa, la sociedad polaca podrá llevar a cabo una transformación energética efectiva».