Peñazo de entrevista

Lunes 17 de septiembre de 2018

Hemos tenido un fin de semana de declaraciones donde las mismas han pivotado casi todas en el Master de Casado y el doctorado de Sánchez. Pero también en declaraciones de Otegi, cansado de las críticas de ELA, y metiendo sus puyas al ”fracaso de la reforma del 78”. Pues sí, pero hubiéramos estado peor con su lucha armada que nos iba a conseguir una Euzkadi socialista, reunificada y euskaldun. Tampoco ha reparado en gastos para meterse con el PNV a cuenta del caso De Miguel poniendo en solfa la gestión de estos años, cuando sabe bien que en la instrucción de este caso, el PNV no ha aparecido en ningún momento, a pesar de la reiteración de ETB en hablar de los ”cargos del PNV”, que sí lo eran, pero su supuesto latrocinio lo fue a título particular y están pero que muy bien expulsados todos ellos del PNV desde el minuto cero.

Y también anda por ahí Lander Martínez con su obsesión antipeneuvítica y diciéndole a Bildu que son la muleta del partido jelkide por ver si les ponen nerviosos. A falta de algo, ese es su mensaje. La nada, salvo que los demás digamos que su modelo nos lleva, como le llevó a Maduro, a la quiebra de todo un país. Su modelo fue dictado por los cubanos Pablo Iglesias y Monedero y ahora los venezolanos abandonan el país por millones. No me gustaría que esta gente tocara poder porque luego la sociedad es incapaz de mandarlos a donde nunca debieron salir por su totalitarismo.

Pero el domingo y con gran traca nos anunciaron la llegada de Pedro Sánchez a la Sexta ya que a La Moncloa se desplazaba nada menos que Doña Ana Pastor a hacerle una entrevista. Y la hizo. No pude terminar de verla. Un auténtico peñazo porque entre que la periodista no deja hablar, haciéndolo con gran prepotencia, y además usa el tono de un policía en un interrogatorio y que Sánchez eludía respuestas diciendo que él era el presidente del gobierno y tenía opinión pero no podía decirla, aquello fue plúmbeo. Infumable.

Sobre esto es curioso que utilice este argumentario. Lo entendería en el rey, que está teóricamente por encima de los partidos pero no en un señor que es secretario general del PSOE y que debe tener una política, una visión y una opinión sobre la justicia, sobre la defensa, sobre la política territorial. Sánchez para no contestar se pone el Nos mayestático y te dice, ”no puedo, soy el presidente del gobierno” y Ana Pastor le deja marcharse vivo.

Nada habló de los presos, de las soluciones que propone para Catalunya, de la creación de empleo, de si le ha llamado a Felipe González o a Mariano Rajoy, de sus continuas rectificaciones que dan la imagen de un taller sin dueño, de nada consistente siendo todo muy reiterativo y fastidioso.

Cambié de canal. No fui el único.

Y eso para alguien que se estrena, no es bueno.

Otegi y la Realpolitik

Domingo 16 de septiembre de 2018

Dicen que la política es el arte de lo posible. Y de hacer posible lo necesario. La política no es hacer ni lo que uno quiere, ni lo que quieren cuatro. Es armonizar intereses dispares. Para imponer ya está Maduro.

Hasta ahora Otegi y su mundo de la IA no lo veían así. Euzkadi tenía que ser independiente, socialista, unificada y euskaldun y para eso se utilizaba la lucha armada. Muy tarde descubrieron que ni ética, ni estratégicamente el apotegma era válido. Ni la independencia vale ni la sangre de un colibrí, ni una sociedad se puede asentar sobre el valor de la fuerza y la imposición, como de alguna manera lo vivimos los vascos desde la pérdida de la foralidad en el siglo XIX. Nos quitaron todo a sangre y fuego.

Estos días le hemos visto a Otegi con pensionistas. Esas asociaciones y plataformas de pensionistas que se entrevistaron con él le dijeron que no asumirían ninguna política jurídica ni económica que persiga romper o dividir la Caja Única de las pensiones públicas. Y ese es el discurso del PP y del PSOE, así como el de Ciudadanos y Podemos. Es decir, una cosa es lo que tú quieres y otra la realidad que puedes llevar a la práctica sin violencia y con persuasión y eso teniendo toda la razón. Esa es la realidad.

A mi esa realidad no me gusta. Y nosotros la sufrimos cuando negociamos en 1996 con Aznar. En cuanto salió a la palestra la petición de la transferencia del régimen económico de la Seguridad Social que está en el estatuto de Gernika, los secretarios generales de CC.OO y de UGT, Fidalgo y Cándido Méndez    se presentaron en la sede del PP, Génova 13 y le dijeron que si se le ocurría cumplir esa ley orgánica le iban a recibir con una huelga general pues la Caja Única no se rompía y Aznar nos dijo que ese tema no lo podía ni tocar. Y ahí quedó.

De hecho, lo único que cualquier partido ha hecho por las pensiones fue cuando le sacamos a Mariano Rajoy a cuenta del apoyo presupuestario ajustar las mismas al IPC, retrasar el factor de sostenibilidad, apoyar a las viudas y subir algo las pensiones sacando dinero de donde teóricamente no lo había. Y de ahí el berrinche del PP cuando al poco apoyamos la Moción de Censura. Y a eso se le llama hacer política y convendría que Otegi comience a aprender a hacerla porque el todo y la nada siempre te llevan a la nada.

Y también a algunos hipercríticos pensionistas de la IA que cada lunes se ponen debajo del ayuntamiento de Bilbao y son de la IA y son incapaces de reconocer que los únicos, los únicos que hemos logrado algo para ellos, que tienen toda la razón en sus demandas ha sido el PNV porque lo que es la IA solo ha vociferado y si se siguen sus pautas del todo o la nada, es que se quedan en la nada. Su trayectoria les avala.

Y miren ustedes lo que ha pasado en Cádiz.

El gobierno Sánchez con buen criterio rechazando el horror de la guerra y después de decir que no vendería 400 bombas a Arabia Saudita, ante el broncón de los trabajadores de sus astilleros que veían un pedido de cinco corbetas con un contrato de 1.800 millones de euros suspendido, no le ha quedado más remedio que echarse para atrás ya que, como dice Kichi el alcalde de la ciudad “entre el pan y la paz, el pan”. El arte de lo posible.

Kichi es un burgués que quiere matar niños. Pues no. Solo que se ha tenido que plegar a la realidad. Mala realidad.

Y para justificarlo todo sale Borrell y dice que las bombas no son para matar gente. El fin justificando los medios.

Dos ejemplos en una semana.

Estoy con Otegi que hay que romper la Caja Única y que no hay vender las bombas. De acuerdo. Pero, ¿y las consecuencias de esas decisiones?.

A eso se le llama Realpolitik que no es cinismo ni hipocresía y, aunque a algunos no guste, eso es lo que viene haciendo el PNV desde hace 123 años.

Están muy bien las proclamas y los tipos que con megáfono encabezan la manifestación y sacan pecho, pero, ¿qué pasa después?.

Vamos Arnaldo. Aprende un poco.

¿Quién concibió e impulso la ‘socialización del sufrimiento’?

Por Joxan Rekondo.

Sábado 15 de septiembre de 2018

  1. En la entrevista final que concedió al director de GARA, Iñaki Soto, ETA quiere fijar rotundamente sus posiciones ante la batalla del relato. Para sus últimos dirigentes, “ETA es más que una organización”. Es símbolo del compromiso por Euskal Herria y representa el origen de la identidad de la izquierda abertzale. El mensaje de la última ETA está publicado en junio de 2018 y contiene las dimensiones de su legado que sus sucesores de Sortu no deben abandonar. Para que la izquierda abertzale no abjure de sí misma, no puede caer en la deslegitimación social de la lucha armada y habrá de trasmitir un balance positivo de las consecuencias de la actividad terrorista.

Sobre estos tres ejes (identidad, legitimidad y balance) se desarrollan las respuestas al larguísimo cuestionario planteado por GARA, que mantienen el característico tono arrogante y mesiánico que ha utilizado tradicionalmente la vanguardia armada de los socialistas revolucionarios vascos, a pesar de la inclusión de algunos pocos guiños autocríticos. Uno de estos es el referido a la ‘socialización del sufrimiento’, del que ETA se desentiende cínicamente, diciendo que es un concepto que no sabe de dónde provino ni cómo llegó a culparse de su creación a la izquierda abertzale.

En el número de julio 2018 (233) de la revista Larrun, Joxemari Olarra -cuyos mensajes siguen siendo representativos de la línea oficial del movimiento- ha ido más allá afirmando que la ‘socialización del sufrimiento’ es una consigna que creó el ‘enemigo’ para atribuir su autoría a la izquierda abertzale. Obviamente, la coartada es falsa, aunque merezca un primer comentario positivo, por ser un claro ejemplo de la hipocresía como homenaje que el vicio que rinde a la virtud. En la izquierda abertzale, nadie quiere hacerse responsable de haber emitido la directriz de extender el sufrimiento. La negación de la responsabilidad en la formulación de la expresión es un reconocimiento implícito de su indecencia. Pero, es también la muestra de la medida en que la presión política y social en demanda de autocrítica hace mella en la izquierda abertzale, aunque tal autocrítica sea fingida.

  1. Pese a que pueda leerse como una autocrítica implícita, lo que dicen ETA y Olarra es inaceptable. La verdad es otra muy diferente. Estamos hablando de los años 90 del siglo pasado, cuando, tras el éxito de la campaña del lazo azul, la izquierda abertzale se sintió acorralada. El conflicto político se expresaba en términos de ‘todos contra el terrorismo’, que seguía actuando y dejaba secuelas trágicas. A partir de las decisiones que ETA y KAS tomaron en el proceso Karramarro, el conjunto del MLNV reprogramó sus planes de actuación con el objetivo principal de ganar la calle al coste que fuera. A la nueva fase le llamaron ‘ofensiva’, y su desarrollo se sostuvo en el despliegue de todas las formas de lucha, para evitar que las expectativas de avance quedaran a expensas de la capacidad de golpeo de ETA. La ponencia Oldartzende HB ensalzó especialmente las modalidades de confrontación de calle (Kale Borroka) como “expresiones de la lucha política de nuestro pueblo”.

Diferentes miembros de la Mesa nacional de Herri Batasuna explicaron y justificaron la estrategia de agudización de la violencia y cotidianizar la intimidación escudándose tras la represión. Por ejemplo, Tasio Erkizia, en el diario EGIN (11 enero 1996): “La violencia en la calle es expresión de la que existe en la sociedad… esta situación algunos la estamos viviendo y sufriéndola hace años, a otros les está tocando vivirla más cerca ahora”. También Joseba Álvarez en la revista donostiarra Irutxulo (27 septiembre 1996): “Lo que estaba pasando en los últimos años era que presos y otros tantos problemas eran exclusivamente de la izquierda abertzale. ¿Cuál es la solución? Socializar las consecuencias de la lucha”. O el mismo Olarra también en el EGIN (25 mayo 1997): “la izquierda abertzale no podía permitir que se volviera a desfigurar totalmente la naturaleza del conflicto que provoca las expresiones de violencia que padecemos”.

 

  1. Fue, por lo tanto, la izquierda abertzale quien teorizó y aplicó la ‘socialización del sufrimiento’ sobre decenas de miles de vascos de diferente condición. Todos hemos visto los carteles y pancartas con el lema ‘Sufrimendua banandu’, que colocaban sus militantes por doquier. Lo que significaba intimidación y persecución, extorsión y asesinatos. Frente al riesgo de que el empuje del proyecto solo dependiera de lo que hiciera ETA, los dirigentes de la izquierda abertzale de la época acreditaron a los jóvenes de Jarrai a que asumieran la ejecución de una parte del repertorio de la violencia.

Entre los logros que la estrategia ofensiva habría conseguido, el citado Olarra se jactó entonces de que “una nueva generación se ha enganchado a la izquierda abertzale con un grado de identificación que no se conocía desde hace mucho tiempo atrás” (EGIN, 25 mayo 1997). Algo parecido al mensaje que la última ETA trasmite Soto, al valorar la importancia de las dinámicas de Kale Borroka para la creación de conciencia de lucha. Tristemente, lo que sí es cierto es que fue el despliegue en los años 90 de esa estrategia el nuevo vivero de ETA, al ingresar en la organización terrorista una buena parte de los jóvenes de la generación de la Kale Borroka, de los que pocos habrá que se hayan librado de las larguísimas condenas aplicadas a partir del endurecimiento de la legislación antiterrorista. Un balance que también hay que endosárselo a los impulsores intelectuales del MLNV, a los ‘señores X’ que formaron parte de su Estado Mayor, para los que la reprobación social habría de ser tanto o más contundente que la que se atribuye a los ejecutores materiales.

Olarra dice que el ‘sufrimendua banandu’ es una expresión acuñada por el enemigo, y que se le achaca injustamente al MLNV. Sin embargo, la expresión también se incluye en el documento Argitzen, del reciente proceso Bateragune de la izquierda abertzale (2009), que asume explícitamente la paternidad de la formulación y aplicación de la ‘socialización del sufrimiento’, a partir del impulso de “una rápida dinámica de calle, con un claro riesgo de errar en la lucha”.

  1. ¿Quieren falsificar la historia real? Seamos sinceros, si algo ha caracterizado al mundo de ETA ha sido, al margen del ejercicio del terror, su natural propensión al engaño. El enmascaramiento de su ideología revolucionaria tras una retórica tacticista que se ha aprovechado del factor nacional, la justificación de su actuación en una legitimidad situada por encima de la voluntad popular y el recurso a una moral dialéctica (de doble rasero) prueban suficientemente que ETA, además de matar, siempre buscó engañar a la sociedad vasca y valerse de ella.

Aquí se ha jugado a experimentar una Revolución Socialista vasca que, como acusaría el poeta Xabier Lete, sólo podría dejar el balance que ha dejado, de dolor, sufrimiento y miseria moral.. Como conclusión, podría decirse que difícilmente podrá regenerarse la convivencia entre vascos sin sanar los daños que la intimidación y el terror, en una campaña de tormento a gran escala, han provocado durante todo este tiempo en todas las dimensiones de la vida social. Ahí se sitúa el valor regenerativo del ‘fue injusto’, que se presenta como presión moral para la izquierda abertzale. Confiemos finalmente en que sea esta presión la que les lleve de aquella arrogancia característica del momento Oldartzen al punto en el que reconozcan su pasada trayectoria político-criminal con auténtica vergüenza propia.