Viernes 22 de diciembre de 2017
Salvando las distancias y tras felicitar al President y su equipo, así como a ERC, y su trabajo constante contra viento y marea.
Hace quince años, en Euzkadi, hubo unas elecciones con la misma gran bronca de fondo. La diferencia sustancial con Catalunya era la existencia de una enloquecida ETA, pero en Madrid, la Brunete Mediática, Aznar, y el PSOE de la época se aliaron para “desalojar” a Ibarretxe de Ajuria Enea. Lograron lo contrario. La suma del PSOE y del PP (13 y 19 escaños),no superó al PNV-EA(33 escaños),sin contar los resultados de otros partidos.
«El problema es que no habíamos previsto un plan B». La frase corresponde a un alto cargo muy próximo a José María Aznar, fue pronunciada aquel domingo por la noche y resume el desconcierto en el que quedaron sumidos el PP y el Gobierno al conocer los resultados de las elecciones vascas. Prácticamente nadie había previsto en Madrid, a más de 300 kilómetros del País Vasco, un resultado así para el 13-M del 2001. A lo más que se llegó en la última semana de campaña es a admitir la posibilidad de no llegar a la mayoría absoluta con el PSOE, a la cifra mágica de 38 escaños. La boda oficiada por Savater en el Kursaal entre Mayor Oreja y Nicolás Redondo, esa noche, adquirió un extraño color sepia.
Precisamente, la campaña del PP y la del PSOE coincidieron en las tensiones entre las sedes centrales y los equipos de campaña en el País Vasco. Así, en Ferraz hizo fortuna el apelativo el siciliano para referirse a Rodolfo Ares, portavoz de la Ejecutiva socialista. Y en el PP, los miembros del equipo de Mayor no ocultaron su malestar por la excesiva presencia de dirigentes nacionales en el País Vasco o por el exceso de intervenciones públicas de Arenas.
Las conclusiones básicas del proceso fueron que el PNV siguió gobernando; su dirección, con Arzalluz al frente, salió reforzada; Mayor Oreja se alejó de la sucesión en Moncloa, atrapado en el País Vasco, entre otras cosas, por su compromiso con los cargos electos del PP, y Aznar perdió su oportunidad histórica.
Para aquella campaña el Gobierno Aznar y el PSOE pusieron en marcha una estrategia de criminalización del PNV con el apoyo de todos los medios de comunicación de ámbito estatal l: tertulianos de TVE – RNE, ONDA CERO, la COPE, ANTENA 3 TV, TELECINCO y hasta el Grupo PRISA pusieron toda la carne en el asador contra el nacionalismo «O ganamos nosotros, o gana ETA». Pero la campaña de PNV-EA supo hacer un reparto de papeles (mientras Arzalluz hacía mensajes contundentes, el lehendakari Ibarretxe se esforzaba en hacer un mensaje positivista y reconciliador). El lehendakari ganó la partida a La Moncloa, y, además, podría gobernar sin tener que depender del “molesto” apoyo de EH/ETA. Dos por el precio de uno.
En Catalunya, este jueves, ha ganado el soberanismo catalán. Y ha ganado Puigdemont y Jonqueras. Se ha hundido el PP, y el PSC habiendo obtenido un muy digno resultado, no tendrá el papel que pudiera haber jugado. La conclusión, grosso modo, es que todos los mensajes negativos no han hecho mella en la piel de elefante de la mayoría independentista que ha votado con el corazón y al que no le ha importado absolutamente nada todas las malas noticias acumuladas sobre la economía, la represión policial, la acción desbordante de la justicia, el aventamiento y encarcelamiento de sus líderes, y el no reconocimiento de una Europa jacobina que además dice que el nacionalismo es el veneno. Todos estos mensajes les han entrado por un oído y le han salido por otro.
Dicen que no hay fuerza más poderosa que el de una idea al que su tiempo le ha llegado. Algo así dijo Manuel Azaña en el Parlamento español refiriéndose a Catalunya cuando con un afortunado símil, que hubiera horrorizado a Cospedal expresó aquello de “no se puede detener un torrente con una espada”.
Pues sí.
La noche electoral catalana difiere de aquella vasca de hace quince años en que en la sede de Ciudadanos se ha brindado con cava (eso espero), no así en la del PP, que como en tiempos de Mayor Oreja, se volvieron todos a Madrid con su champagne hirviendo y maldiciendo a unos vascos a los que en Madrid jamás entendieron. Como en Catalunya.
Vienen tiempos complicados pero muy interesantes y con consecuencias en Catalunya, España, Europa y la concepción nacional de los pueblos sin estado.