1996: CÓMO NEGOCIAMOS LA PRIMERA INVESTIDURA DE AZNAR HACE 10 AÑOS (6).

Lunes 8 de febrero de 2016

OTRA COMIDA CON AZNAR

ibarretxe y ArzalluzComo a mí me interesaba saber cómo iba la negociación catalana llamé al presidente de Unió, Josep Antoni Duran, viejo amigo. Me dijo que Pujol quería que se produjera la investidura de Aznar cuanto antes y que un 78 por ciento de la opinión pública catalana quería ese acuerdo y que iban a votar afirmativamente. Me reiteró que se llevaba bien con Molins, y me preguntó sobre cómo había ido la comida de Ibarretxe y Arzalluz con Aznar y Mayor Oreja. Le dije que en principio bien y que se habían esmerado. Les habían dado Ribera de Duero para beber y huevos con guisantes y patatas al horno a cuenta de lo que había dicho Xabier del “cero patatero” que lo habían metido al horno. Le comenté el interés que tenía Aznar en ser él quien devolviera por ley el patrimonio incautado con motivo de la guerra pues era él quien tenía que pasar esa página. Hablaron de la actualización del Concierto y de la Formación Continua, temas en los que podía llegarse a un acuerdo. No le comenté a Duran que ya teníamos un acuerdo sobre el segundo operador de telefonía Euskaltel. El PP nos había pedido mantener este asunto en secreto.

María Antonia Iglesias me llamó para conocer cómo estaba la negociación. Me dijo que se nos veía abocados al SI. González de Txabarri, mi compañero, me comentó que ya estaba bien de testimonialismos y que era bueno tener las manos “manchadas” de buenos acuerdos y que teníamos que dejar de ser adolescentes.

La disposición, pues, del PNV era favorable y la prueba estaba en que ante el aparente desatasco de la comida nos volvimos a convocar para tener otra reunión negociadora de verdad en el mismo hotel La Moraleja de Madrid. Se trataba de pasar de las Musas al Teatro. Por eso ese miércoles 17 fui a Madrid con Emilio Olabarría. Comimos en La Dorada con Ibarretxe, Ollora y Egibar y de allí nos fuimos al citado hotel, esta vez a una sala más amplia. Por parte del PP estaban Rato, Rajoy, Mayor Oreja, Bettina Salmones y Montoro

Sin embargo, nada más empezar comprobamos que aquello no pitaba. Toda la expectativa puesta en los resultados de la comida se vino abajo. De hecho la desilusión comenzó con el documento que nos dieron y que nos leyeron. Caían en lo mismo. Ollora los interrumpió y les dijo que no pasaba nada porque votáramos que NO. Se produjo un gran silencio. Tensión. Y se produjo una agria discusión. Rato, en un aparte, me dijo: “¿Qué hacemos?” “Hacernos ofertas sensatas porque vosotros queréis el SÍ y nada más y eso no es un acuerdo, eso es un contrato de adhesión”. “El problema es que Arzalluz e Ibarretxe quieren el acuerdo y Egibar y Ollora no”, me dice. “No te equivoques. En esto vamos todos de la mano”, le respondo.

Total que salimos desolados una vez más. Y sin poder abordar nada relacionado con la violencia. Ollora había llevado docenas de papeles al respecto. Pero el PP no quería mezclar un acuerdo de investidura con este espinoso asunto.

LOS SINDICATOS HUNDEN EL ACUERDO

De regreso a casa paramos en Burgos, en El Landa. Cenamos. Ibarretxe estaba muy contrariado. Esa noche Aznar llamó a Arzalluz.

Al día siguiente, jueves, hablé con Molins. Éste me dijo que a ellos también les iba mal la negociación. Me llamaron muchos medios, pero no hice declaraciones. Egibar y Ollora las hicieron en el Parlamento. Eran partidarios del NO.

Al día siguiente teníamos convocada una Asamblea Nacional. La papeleta no era fácil. Arzalluz estaba molesto porque un negociador había hecho unas declaraciones a El País y había dicho que poco menos que nos íbamos al monte. Arzalluz estaba en la onda contraria. Veía el acuerdo y confiaba que aquello podía salir bien. En la Asamblea Nacional, Arzalluz se empleó a fondo y pidió a los representantes un voto de confianza. Se lo dieron. Eso era la autorítas. Xabier Arzalluz la tenía.

Pero ese día habíamos tenido nuestras tensiones. Me había tocado ir a la Feria de Muestras y tan sólo declaré que se negociaba. Nada más. Antes de la Asamblea habíamos tenido una reunión en el despacho de Arzalluz. Acudimos Olabarría, Gorka Aguirre, Ollora, Ansotegui, Ibarretxe, Egibar, que llegó algo tarde, y yo. Acordamos que Arzalluz pidiera el SI pero sólo para la investidura y en base a un acuerdo.

En el transcurso de la Asamblea y mientras Ibarretxe informaba, Arzalluz, Egibar y yo estuvimos en una rueda de prensa, allí convocada. Dijimos que la Asamblea quedaba abierta y criticamos duramente a los sindicatos por el chantaje al que sometían al PP. Y es que no era de recibo lo que había ocurrido. La víspera, Cándido Méndez y Antonio Gutiérrez se habían entrevistado con Aznar pre­ocupados por una negociación de la que no sabían nada pero que intuían que el PNV, al reivindicar el cumplimiento del Estatuto, incluía todo el paquete social, a lo que los sindicatos se oponían aunque estuviera en la ley. En el pasado habían logrado que el PSOE no moviera una coma para que se cumpliera el Estatuto de Gernika en lo relativo a la transferencia del Inem, de la Seguridad Social, de las políticas activas y pasivas de empleo y tenían temor de que en aquella oportunidad el PP estuviera tentado de cumplir la ley y los dejara a ellos sin la posibilidad de mangoneo en Euskadi, donde eran sindicatos minoritarios, y a aquello lo llamaron la ruptura de la Caja Única. Ni cortos ni perezosos le dijeron a Aznar que una cosa es una ley y otra “la necesidad de mantener el sistema público de protección social, la cohesión del marco de relaciones laborales y los instrumentos necesarios de ámbito estatal para promover políticas activas a favor del empleo”. Aznar les contestó que la Caja Única de la Seguridad Social era intocable, como si el Concierto Económico y la Policía no hubieran roto mucho antes Cajas Únicas. En resumen, todo un chantaje sindical.

Lo que había ocurrido con los sindicatos nos explicaba la postura negociadora de aquella semana con el PP, porque el mayor escollo negociador había sido todo lo referente a la Formación Ocupacional, a la Continua, al Inem, al Fogasa, a la Seguridad Social. Aquello era increíble. Un texto estatutario no se cumplía porque los sindicatos no lo querían. Y eso a Ollora y Egibar, con razón, les parecía algo insólito y por ello no estaban de acuerdo con pacto alguno con el PP. Sin embargo, Arzalluz intuía que un pacto con el P.P. podía abrir alguna brecha para llegar a algún tipo de acuerdo en relación con el fin de la violencia y porque había hablado poco antes de aquella Asamblea con Aznar. Por todo eso el presidente del EBB se empleó a fondo en la defensa de un acuerdo. Pero aquella Asamblea no fue fácil para Arzalluz. Lo tenía todo en contra. Y argumentos tan contundentes como que no había voluntad de desarrollar el Estatuto.

Alguno argumentó lo del GAL y la fuga de Roldan y que aquello no podíamos presentarlo como un juego de salón. Fue pues una Asamblea bronca. Salió adelante gracias a Arzalluz, que pidió dejarla abierta aunque la representación gipuzkoana pidiera que se votara allí mismo el NO.

En mi caso veía que quienes se oponían tenían razón pero también sabía que en política abrir dinámicas siempre es bueno porque al final cuajan y que si se analizan las cosas en clave de blanco o negro, nunca hay salida para nada. Por eso al día siguiente llamé a Mayor Oreja y le comenté las serias dificultades que teníamos pues no habíamos detectado en ellos una apuesta valiente y en serio. Le pregunté por la fórmula que iban a dar a la devolución del patrimonio incautado por motivo de la guerra ya que al parecer era interés de Aznar el ser él quien pasara esa página, aunque Arzalluz me decía que era mejor no hablar de eso, pues parecería que el acuerdo sólo estaba basado en esta devolución. Quedamos en hablar el lunes.

Como había quedado, ese lunes 22 hablé con Mayor Oreja. Me dio el nombre de Fernando Díaz Moreno, un abogado del Estado, que además conocía a Arzalluz. Era el encargado de dar forma al acuerdo sobre la devolución del patrimonio. Mayor Oreja estaba preocupado porque en una reunión del PP sobre el acuerdo con el PNV sólo se habló tres minutos y veía que aquella semana era la final para llegar a resultados. «Algún negociador de CiU sólo va a por la «pela» pero tenemos que pactar con ellos. El miércoles se entrevistará Aznar con Pujol y el viernes los de CiU tendrán su Consell. Los catalanes nos piden escenificar el acuerdo y que vayamos a Barcelona», me dijo. Al poco me volvió a llamar y me comentó que Molins había suspendido la reunión. Le contestó que Arzalluz llamaría a Aznar entre las seis y media y las siete de la tarde y eso le agradó. Mayor Oreja había hablado asimismo con Zubizarreta, el asesor de Ardanza, partidario del acuerdo.

Le comenté todo esto a Arzalluz. Antes, Olabarría y yo habíamos hablado con él. Nos había leído el posible acuerdo que había preparado Ibarretxe y nos comentó que nadie estaba por apostar por lo radical y que era bueno llegar a un acuerdo con el PP en aquellas circunstancias. Reflexionó que el PSOE no cumplió el pacto estatutario por el modelo de Estado y me pidió averiguara qué tipo de firma del acuerdo quería el PP. El no era partidario de hacer lo mismo que los catalanes de CiU de pedir que el PP viniera a Bilbao.

Ese día, en Somport, Felipe González decía que por algo sería que en catorce años del PSOE no se habían resuelto cosas que el PP pensaba resolver en catorce días. Daba a entender que no habían cumplido una ley orgánica porque ellos eran mejores españoles que el PP. Para redondear aquello el mismo Benegas, que me decía privadamente lo de las dos autonomías, se descolgaba con una sangrante declaración: “Lo que ha planteado el PNV durante doce años no hemos accedido a cumplirlo adrede”.

Se había conseguido el acuerdo catalán, aunque en primer lugar lo habían hecho con los canarios. El acuerdo con CiU era mucho menos de lo que nosotros, por estatuto, teníamos, pero valía la pena. Los de Unió Valenciana nos dijeron que Rajoy los había llamado y les había dicho que ya había acuerdo con el PNV y que ellos no podían quedar descolgados. Les dijimos que todavía eso no era así y que mantuvieran sus reivindicaciones para que lograran que el PP se involucrara de una vez por todas con las fuerzas periféricas.

Ese lunes 22, en la reunión del Euzkadi Buru Batzar se acordó presentarle al PP un texto de mínimos circunscrito sólo a la Investidura. Nada de pacto de legislatura. Sólo de Investidura. Desde allí mismo se le envió el texto al mismo Aznar. Éste habló en dos ocasiones con Arzalluz. Una vez durante la reunión y otra por la noche. Le dijo que se lo quería explicar personalmente. Arzalluz le comentó que en el texto del PNV se destacaba el acuerdo sobre el Concierto.

Comenzaban las prisas. El martes 23, el PP nos envió la réplica de nuestro fax enviado la víspera. Aznar le explicó a Arzalluz el contenido de la oferta. Arzalluz le dijo que lo estudiaría. Nos reunió y le llamó para decirle que era insatisfactoria. El miércoles 25 dijimos públicamente que, de producirse en ese momento la votación de Investidura, el grupo vasco votaría NO y que si de cambiar el sentido de ese voto se trataba, la pelota estaba en el tejado del PP. Aznar, ante esas declaraciones, llamó a Arzalluz y le dijo que iba a avanzar en algo lo dicho la víspera. Este le contestó que lo malo de aquella negociación estribaba en que estaba basada en la desconfianza y que ellos pedían confianza al PNV pero desde una profunda desconfianza y de esa manera no podía salir nada.

En este tira y afloja volvimos a tener una polémica con UGT y CC. OO. Los acusamos de ser responsables de intimidar y amenazar al PP con frenar el diálogo social si pactaba con el PNV. Para colmo nos salió por una esquina nada menos que el parlamentario de IU Javier Madrazo, que hizo unas penosas declaraciones. “El PNV sataniza y criminaliza a los sindicatos siguiendo los dictados de la patronal vasca, que desea acabar con el papel de las centrales sindicales vascas para poder imponer una dictadura laboral, en la que los derechos de los trabajadores sean papel mojado”. De esto nos acusó este curioso personaje que, con el tiempo, diría exactamente todo lo contrario. El aguerrido Madrazo aconsejaba “a la derecha nacionalista que para apoyar a la patronal, al gran capital, no necesita entrar en polémicas con los sindicatos. Con la política económica que ha desarrollado en la Comunidad Autónoma Vasca, le basta”.

Nada que ver aquel Madrazo con el Madrazo que pactó luego con Ibarretxe aunque aquel Madrazo hizo mucho daño con aquellas declaraciones. IU, de la que era secretario general en Euskadi y que había votado en el Parlamento vasco el informe sobre las prioridades a la hora de negociar las transferencias, parecía estar feliz porque los sindicatos CC. OO. y UGT hubieran impedido entrar siquiera a negociar con el PP la Seguridad Social, el Inem, Fogasa y la Formación Profesional Ocupacional. Y era rarísimo aquel discurso tan obsequioso cuando él mismo había tratado, en una asamblea, de introducir en los estatutos de IU el reconocimiento del derecho de autodeterminación. Pero aquel Madrazo era el mismo que aplaudía que se amenazara con huelgas y con el chantaje de no facilitar ni posibilitar el diálogo social gobierno-sindicatos, si el PP hablaba con el PNV del cumplimiento de una ley orgánica refrendada por el pueblo como era el Estatuto de Gernika. En aquel momento Madrazo prefirió a Méndez y a Gutiérrez que a un Estatuto al que había metido en un ataúd. Sus presiones indecentes impidieron que el PP hiciera una buena transferencia que se hubiera logrado con un mínimo de visión de la jugada habiendo permitido que se hubiera podido organizar una magnífica Formación Profesional Ocupacional, elemento clave para adaptar las demandas de una sociedad tan cambiante.

Y todo aquel debate se producía en una semana en la que se informaba de que más de siete mil familias bizkainas recibirían ese año ayudas de emergencia social, iniciativa implantada por el PNV en una comunidad como la vasca en la que Sanidad y Educación superaba la media del resto de Comunidades. Esa misma semana se informaba asimismo que eran los trabajadores vascos los que tenían los salarios más altos y que las devoluciones del IRPF se hacían en Euzkadi en veinticuatro horas frente a los siete meses de las comunidades restantes.

Sonaba, pues, muy mezquina aquella postura sindical española que prefería seguir con su burocratizada y dudosa política en el Forcem que permitir que se pudiera demostrar con hechos que todo aquello se podía hacer mil veces mejor, de manera más eficaz, de forma más barata y sin patrocinio alguno. Hoy es el día en que nadie se atreve a hincarle el diente a tan importante asunto objeto de la muy dudosa financiación de sindicatos y patronal.

1996: CÓMO NEGOCIAMOS LA PRIMERA INVESTIDURA DE AZNAR HACE 20 AÑOS (5).

Domingo 8 de febrero de 2016

NEGOCIACIÓN EN MAJADAHONDA

Hotel MajadahondaEl miércoles 10 inicié el día con un desayuno en la rotonda del hotel Palace con el director de Europa Press, Jesús González Mateo. Quería saber el feeling de la negociación y si estábamos dispuestos de verdad a pactar con el PP. Le dije que ésa era la intención si el acuerdo valía la pena. Jesús me comentó que Romay Beccaría le había dicho a Fraga que deseaba ir a Madrid de ministro, como así fue. Esto trastocaba los planes del hijo de don Torcuato, Enrique Fernández Miranda, que quería el Ministerio de Sanidad. De ahí que Aznar le propusiera a éste que eligiera o la Mesa del Congreso o ser Secretario de Estado. Eligió la Mesa. Me comentó también que Fraga quería sacar a Cuiña de circulación y que Pujol quería la neutralidad del PSOE en la negociación. Al salir me encontré con el diputado castellano Fernández Moltó. Me dijo que quería recibir a Arzalluz en Toledo.

Pero la negociación no sólo iba renqueando con los vascos sino también con los canarios y con los catalanes. José Carlos Mauricio me decía ese día que tenían problemas y que si las cosas seguían así no firmarían ningún acuerdo con el PP. Se les había ocurrido presentarles un documento de 47 folios y, en el PP, les habían dicho que si eso hacían, los vascos iban a presentarles uno de cien y que eso no podía ser. Molins, el portavoz de CiU, por su parte, también me dijo que las cosas no les iban bien. Sabían que las fechas iban cayendo pero para ellos la negociación no avanzaba porque hasta entonces los planteamientos que les hacían eran miserables. Del Inem y de las políticas activas de empleo, nada. Del Forcem, menos. Lo mismo que en lo relativo a Puertos, Tráfico, delegación de funciones, autopistas a pagar y el IVA. Nada. Todo iba mal.

Los socialistas, por su parte, seguían muy atentos la negociación o como aquello pudiera llamarse. Alfredo Pérez Rubalcaba me mantenía en un continuo mareaje. Ese día me volvió a llamar de forma melosa: “Ya no llamas. Ya no nos quieres. ¿Cómo va lo del Cupo?” Le dije que teníamos que llegar hasta el fondo para esclarecer lo del GAL. Casi se desmaya. “No vamos de peseteros”, le dije. Alfredo, por su parte, me aseguró que tenían por criterio no meterse con futuros aliados. “Nunca hemos hablado mal de Arzalluz, ni de ti; al contrario, ayer tuvimos una cena y nos la hemos pasado hablando de vosotros”. Y para redondear el incensario me pidió el documento de Coalición Canaria.

Otro socialista que me llamó fue Juan Alberto Belloch. Pero para una cosa tan rupestre como para saber cuándo sería la Investidura porque se quería ir de vacaciones. Aproveché la llamada para hablarle de los refugiados en Venezuela ya que el embajador de este país en Madrid estaba interesado en dicho asunto.

Ese miércoles llegaron a Madrid, Ibarretxe, Egibar y Olabarría. Nos fuimos a comer a la terraza del Currito. A Olabarria le dije que ya tenía el visto bueno de los socialistas para que fuera miembro del Consejo General del Poder Judicial. Ibarretxe, con su habitual frugalidad, pidió una ensalada y un filetito. “¿Cómo puedes negociar bien con semejante menú?”, le dijimos.

Por la tarde tuvimos una reunión negociadora en el hotel Majadahonda. Por parte del PP aparecieron Rato, Rajoy, Mayor Oreja, Montero y Salmones. Por el PNV estuvimos Ibarretxe, Egibar, Ollora, Olabarría y yo. Aquélla fue una reunión más. Sin concreción alguna. Solo generalidades. Y eso que fueron cuatro horas de sentada. Era día de partido de fútbol. Rajoy, cada cierto tiempo se levantaba y se iba con su puro a ver el partido, lo que nos indicaba que aquélla era una reunión de trámite. No se habían leído los papeles que habían estado dando vueltas. Y no había manera de concretar nada en lo singular. Sólo en lo genérico. Bien es verdad que hablamos de política e incluso avanzamos en lo que requeríamos para apoyar un pacto de legislatura, en un pacto de estabilidad parlamentaria o un pacto de gobierno. Pero todo se remitía a una reunión entre Arzalluz y Aznar. Lo único que nos dijeron con claridad era que nos olvidáramos de la transferencia de la Seguridad Social. Los sindicatos se oponían frontalmente. Rajoy se fumó un puro por hora. Rato tenía la mirada perdida. Montoro estuvo silente. Mayor Oreja era el más interesado en llegar a acuerdos. Pero allí no había ninguna apuesta por la singularidad del Estatuto vasco. Y de ese hecho crecía nuestra duda. A medida que pasaba el tiempo tenían una mayor presión mediática. Y fáctica. A más de uno, el pacto con los nacionalistas, le parecía algo demoníaco. Y eso hacía que el PP no se atreviera a asumirlo totalmente. Pesaba en ellos el qué dirán. La famosa “venta de España” les martilleaba. Y sin embargo querían que estuviéramos en la foto final. Pero nosotros, a piñón fijo: “El Estatuto, pero todo el Estatuto. Con su singularidad, con sus especificidades”. Pero eso no les gustaba. Les gustaba la palabra “estatuto” pero no lo que contenía. Decían que les abría el melón. Aquella semana se había producido una reunión entre Suárez, González y Aznar. ¿Hablarían del Estatuto vasco?

Volvimos a Euzkadi con la moral por los suelos. Paramos en Segovia en el restaurante de Ismael, un antiguo amigo de Modesto Fraile. Analizamos lo vivido y concluimos que no se habían leído los papeles y eso que se los habíamos enviado dos veces, y que en la reunión lo único que habían hecho era improvisar.

Al día siguiente hablé con Arzalluz en su despacho y le resumí la discusión de las cuatro horas. Le dije que el PP prefería no perturbar a los sindicatos que apostar en serio por nosotros. “Pues que los apoyen los sindicatos”, me contestó.

Estaba analizando qué hacer cuando llamó Aznar. Arzalluz en ese momento estaba hablando con el alcalde de Amorebieta y, en el ínterin, atendí al presidente del PP. Me volvió a decir que lo del Aberri Eguna había ido muy bien. Le dije que me gustaba oírle decir eso pues también lo habíamos celebrado en Iparralde. Me contestó que esa semana habían tenido en La Moncloa una reunión secreta entre González, Suárez y él, que luego se había hecho pública, y que Felipe González le preguntó sobre lo que nos había dado ya que había sido el Aberri Eguna más tranquilo de los últimos quince años. Le comenté que la reunión de la víspera no había ido bien. Amablemente me contestó que tenían sus limitaciones y que comprendía que estuviéramos escarmentados de la relación con los socialistas pero que él no era igual. Posteriormente habló con Arzalluz y quedaron en verse para desatascar la negociación.

Llamé a Molins. Le conté nuestra última reunión negociadora. Ellos se encontraban de forma parecida. Me dijo que se llevaba bien con Josep Antoni Duran, de nuestro partido amigo. Y me llamó Benegas. Estaba preocupado por la salida profesional de la gente de TVE. Muy enfático me dijo que ya era hora de que de una vez se abordaran los dos hechos diferenciales de verdad, el catalán y el vasco. “A los demás, una cierta compensación porque de lo contrario no habría posibilidad de arreglo alguno”. Me dijo que el problema del PP era que tenía una gran inexperiencia.

Comenzaba a cundir una cierta inquietud en los cuarteles del PP. Al día siguiente me llamó Mayor Oreja. Se le notaba preocupado. Me comentó que la negociación con los canarios iba muy mal y que Rodrigo Rato estaba también preocupado con la negociación con los catalanes y que él me aseguraba que Aznar quería un acuerdo con el PNV. “Tenemos que seguir hablando y seguir manteniéndonos en contacto. Sé que José María ha hablado con Xabier y eso es clave. De hecho podemos decir que va a haber acuerdo en lo del Concierto y lo podemos presentar como apuesta. Hay zonas en que el acuerdo es difícil pero yo te digo que la sociedad vasca quiere ese acuerdo. Tenemos voluntad de hablar y de pactar y quizá lo que tenemos que hacer es estudiar cómo lo vendemos a nuestras respectivas opiniones porque tenemos que estar en ese acuerdo como vascos”. Le dije que todo eso me parecía muy bien y que la prueba era que nosotros estábamos a tope, pero veíamos que a las reuniones no iban con papeles estudiados y que todo eran evasiones ya que parecía que tenían miedo a los funcionarios.

VISITA CANARIA

El viernes 12 de abril se produjo la tan solicitada reunión de Coalición Canaria con el PNV. Vinieron a Bilbao, Victoriano Ríos y José Carlos Mauricio. Los atendimos Arzalluz y yo con una buena comida en Sabin Etxea. Coalición Canaria había tenido que unir islas y partidos y aquella coalición les había dado nada menos que cuatro diputados que querían hacer valer. Mauricio nos decía y repetía que si sumábamos sus cuatro diputados con los cinco nuestros teníamos una plataforma negociadora tan importante como la de los catalanes de CiU. De hecho nosotros habíamos propiciado que tuvieran grupo parlamentario, mientras Garaikoetxea nos acusaba de propiciar la “España Una, Grande y Libre”.

Nosotros repetíamos en aquel momento que sólo los catalanes no eran suficientes. Si por lo que fuera se nos cruzaban los cables y los canarios y los del PNV nos íbamos con el PSOE e IU le hacíamos a Aznar un hijo de madera y eso había que saber negociarlo. Por otra parte, el PNV estaba con CC en el Parlamento Europeo en una plataforma denominada Coalición Nacionalista. Es decir, había experiencia de trabajo conjunto.

Mauricio nos comentó en la comida que uno de los negociadores del PP le había dicho que lo que proponíamos en la negociación los del PNV con relación al Estatuto de Gernika era lógico y justo porque eso era lo que decía el Estatuto y por tanto teníamos razón pero que eso no era el meollo del asunto sino el que los negociadores de UCD en 1979 y Suárez estuvieron locos al haber aprobado semejante texto estatutario que era demasiado bueno para los vascos y malo para España.

Y no sabemos si por aquel viaje canario a Bilbao o porque las fechas comenzaban a caer, el caso es que después de tantas carantoñas por parte de Mauricio, el 14 de abril, aniversario de la República, se anunciaba el acuerdo entre CC y el PP. Comenzamos a desasosegarnos.

El 15 de abril fue el funeral del antiguo portavoz en el Senado del PNV, Carmelo Renobales. Hombre muy respetado y de una pieza, su fallecimiento fue muy sentido. En el funeral, Arzalluz me dijo que Mayor Oreja me buscaba. Al llegar a casa tenía su llamada. Querían saber si al día siguiente Arzalluz podía entrevistarse con Aznar en Madrid. Hice la gestión. Arzalluz me dijo que preferiría que la solicitada reunión se produjera después de otro encuentro negociador para ir con conocimiento de causa sobre los puntos de discrepancia. Llamé a Mayor Oreja y le dije que el lunes, tras la reunión del Euzkadi Buru Batzar, se lo confirmaría.

Sin embargo estaban realmente urgidos y por fin concertamos la comida que se produjo el 16 y a la que acudieron Ibarretxe y Arzalluz por parte del PNV y Aznar y Mayor Oreja por el PP.

En la reunión del EBB, el lehendakari Ardanza comentó que le había llamado Mayor Oreja diciéndole que el PP quería que entráramos en el gobierno. A raíz de este comentario se produjo una reflexión sobre lo que había que hacer. Yo tomé postura en el sentido de decir sí a la Investidura y luego tener libertad de movimientos. Pero en ese momento aquella Mesa no se fiaba nada del PP y quería un acuerdo concreto. Ardanza era partidario de la abstención y que la entrevista de Arzalluz e Ibarretxe con Aznar nos ilustrara sobre las verdaderas intenciones del PP. El PP tenía casi el acuerdo de Investidura con CiU y ya con CC y nuestro margen de presión se había reducido al tener Aznar asegurada la legislatura aunque nuestros votos eran necesarios para aprobar leyes orgánicas y para no incomodar a una CiU que nos quería en el acuerdo como fuera con objeto de cubrir su flanco nacionalista.

1996: CÓMO NEGOCIAMOS LA PRIMERA INVESTIDURA DE AZNAR HACE 20 AÑOS (4).

Sábado 6 de febrero de 2016                        

SEMANA TÉCNICA Y CON EL REY JUAN CARLOS

Pacto MagesticLa semana que comenzaba el lunes 1 de abril de 1996 fue fundamentalmente técnica si bien todo parecía comenzar de nuevo preguntándonos nosotros cómo el PP, si es que pensaba en una segura victoria, no hubiera hecho nada anteriormente pensado para haber ido preparando el terreno en toda una panoplia de asuntos, desde la fiscalidad hasta el desarrollo estatutario. Lo peor era que incluso decían que iba a contar con los nacionalismos y sin embargo les veíamos en todo absolutamente verdes. Sólo podía tener como explicación el hecho de que pensaran que obtendrían mayoría absoluta y no se preocuparon de nada más.

El caso es que aquel fin de semana había sido noticia que Arzalluz había ido a la localidad de Elgeta para hablar a los jóvenes. Les comentó sobre una negociación en la que sólo había “cero patatero”. Asimismo había sido noticia el hecho de que el PSOE nos había prestado senadores para poder formar Grupo Parlamentario y que Jordi Pujol, de forma secreta, se había reunido con Aznar por espacio de casi cinco horas.

Aquel lunes 1 se reunió, como todos los lunes, la ejecutiva del PNV a la que asistió el vicelehendakari Ibarretxe, quien dio cuenta tic las reuniones que había tenido su viceconsejero con Juan Costa para hablar de fiscalidad. Ibarretxe informó de que las reuniones habían ido sorprendentemente bien. Veníamos de la dureza socialista y aquello sonaba francamente bien. Por su parte, el lehendakari Ardanza informó de que había hablado dos veces con Jaime Mayor Oreja, quien le había comentado que estaban encantados con las reuniones y que las cosas iban mejor que con CiU. Por parte del PP, le dijo, tenían ganas de llegar a un acuerdo como fuera.

Esa noche los negociadores tuvimos una reunión con representantes de la Asamblea Nacional del PNV. Queríamos que estuvieran puntualmente informados. Era clave.

Al día siguiente, martes 2, le envié a Rodrigo Rato la documentación que me había hecho llegar Ibarretxe. Con el fin de anunciarle dicho envío hablé con Rato, quien me dijo que era muy importante que Arzalluz se entrevistara con Aznar ya que éste quería hacerlo cuanto antes.

Rodrigo me comentó que era preciso que trabajásemos aquella semana en reuniones técnicas y que teníamos que convocar una con temas referidos al área social, formación y políticas activas de empleo. Aproveché para pedirle una entrevista para Deia. Este periódico quería hacérsela y a nosotros nos convenía para que fuera informando y valorando la posibilidad de un pacto hasta hacía tan poco tiempo imposible. Él me reprochó “el cero patatero” de Arzalluz en Elgeta. “¿Y no es verdad?”, le contesté. Arzalluz por su parte me dijo que estaría con Aznar aquel jueves.

Ese día mantuve un careo amable e interesante en la radio con el diputado Josep López de Lerma de CiU pues ellos andaban en lo mismo. Esa misma noche volvimos a dar cuenta en la Asamblea de Bizkaia sobre los pormenores de la negociación.

A Rato le habíamos enviado toda una serie de documentación auxiliar que me había solicitado. Tuve tiempo de hablar con el portavoz de CiU, Joaquim Molins, quien me contó que la víspera se había reunido con el PP en clave de comisión negociadora y que aquello no lo sabía nadie. Me comentó que pedían la presidencia de dos comisiones, una para el diputado de Unió, Sánchez Llibre. Creía que la negociación iba muy lenta y que de momento ellos seguían diciendo que no. Esa misma impresión la tenía Aznar, con quien Arzalluz había hablado aquel día, y como aquella semana era Semana Santa le dijo que hiciera penitencia. Hablé con Jorge Fernández, el hombre de confianza de Rajoy, y quedamos en vernos el lunes siguiente en el edificio de Grupos de Madrid.

Aquel tipo de negociación se basaba en algo que dijo en La Vanguardia una persona tan poco nacionalista como García de Cortázar: “El café para todos fue un error y se pagará caro. Estaba claro cuáles eran los nacionalismos históricos, y se inventaron, en cambio, autonomías con criterio compensatorio y luego se trató de crear conciencias regionalistas donde no existían. Eso se pagará”. De hecho, por ahí andaban unos con otros con la lupa puesta, como Fraga que hablaba de Galicia y del Senado, o Paco Vázquez que decía que no se mordería la lengua y que formaría un frente común con Andalucía y Extremadura, en contra de las exigencias del nacionalismo insolidario. No habían dicho nada en trece años y ante la fuerza ascendente del nacionalista Beiras, comenzaban ya sus guerras santas.

Y es que, a pesar de haber estado mucha gente callada, la procesión iba por dentro. El propio Alfonso Guerra, en su revista Temas para el Debate, retomó en el editorial de su último número uno de los asuntos de discusión más relevantes del último comité fede­ral del PSOE, el relativo al peligro, para ellos, de que CiU, una for­mación de carácter nacionalista, que sólo actúa en Cataluña, se consolide como partido bisagra.

CON EL REY

He comentado que aquella primera semana de abril fue Semana Santa y por tanto sin apenas actividad política. Así como que el lunes había hablado con Rato, quien me había solicitado los anexos a los documentos. Una semana después me llamó Jaime Mayor Oreja para decirme que no habían recibido nada y que le comentase algo sobre las empresas públicas. Indagué y aquellos documentos estaban en la sede del PP de la calle Génova, 13. Hablé con Ibarretxe y le volvimos a mandar a Oreja los dichosos papeles.

Aquella Semana Santa no produjo información política salvo la fotografía de Aznar, Rato y Pedro J. Ramírez en un balcón de Carabaña viendo una procesión y, sin embargo, el Aberri Eguna había tenido su carga política simbólica pues lo habíamos celebrado en San Juan de Luz (Iparralde). Curiosamente todos alabaron la moderación y contención del PNV. Estábamos en una onda en que todo lo que hacíamos les parecía bien. San Juan de Luz, La Puebla de Labarca y Bilbao fueron escenarios de mítines y actos reivindicativos pespunteados por un documento redactado por Arzalluz; con el título de “Construir Euskadi”. Era un manifiesto argumentado, posibilista, equilibrado y con una clara reafirmación de principios.

Aquel trabajo fue tildado por HB de “auténtico panfleto, patética cadena de despropósitos resultado de una parranda”. EA, por su parte, era partidaria de una mayor cooperación con el PNV en “temas de interés nacional”. Lo escribían dos días después de votarnos en blanco para que hubiera un nacionalista en la Mesa del Congreso.

A Egibar quisieron presentarlo en clave folclórica a causa de haber ido a San Juan de Luz cuando, si el año anterior hubiera hecho lo mismo, la denominada “Brunete Mediática” hubiera dado cuenta de él pero, tanto el Rey, como el portavoz del PP, Aznar y González estaban extrañados de aquel Aberri Eguna sin haber valorado que lo hacíamos asimismo en Iparralde. Pero vuelvo a decir que estábamos en la onda de los buenos chicos y eran momentos, al parecer, de reírnos las gracias.

A pesar de que el 9 de abril en Euskadi era festivo me tocó ir en coche a Madrid ya que al día siguiente debía estar en La Zarzuela con el Rey. Pero ese día había también una interesante reunión negociadora. Era técnica y tenía por móvil hablar sobre asuntos sociales. Por el PNV fueron Olabarría, Balza y Legarda, y por el PP, Juan Carlos Aparicio, Marino Molina y J. Fernández.

Esa mañana nos reunimos en el Congreso y en la sala “Lázaro Dou” los distintos grupos parlamentarios con el ministro de Asuntos Exteriores en funciones, Carlos Westendorp. Pablo Castellano, de IU, le dio un corte al ministro que lo dejó mudo. Le dijo que no representaba nada ni a nadie. Curiosamente todos aquellos diputados hablaban asimismo bien del Aberri Eguna y de las declaraciones e intervenciones de unos y otros. Pensé lo fácil que debe ser, si hay un acuerdo, cambiar el clima de la opinión pública.

De allí fui a La Zarzuela. Había decenas de periodistas en la puerta. Un motorista nos guió por una carretera que ya conocíamos. En la antesala hablé con Fluxá de la situación de Euzkadi, de los viajes del Rey, de Idígoras…

En eso vino un militar que me acompañó al despacho del Rey. Me llamó la atención que entre otros periódicos estaba a la vista el ABC. Saludé al Rey, que me dijo que había estado muy bien el Aberri Eguna, y la intervención de Xabier Arzalluz. Le contesté extrañado y le dije que como todos los años. Se mostró satisfecho de los resultados electorales y de que el PP tuviera que pactar. Y como eran noticia las agrias declaraciones de Pujol, me hizo gracia el comentario de que no había podido oírlas muy bien porque su hija no le había dejado ver bien la tele, pero que en principio no habían sido muy afortunadas, sobre todo en lo referente a la soledad del poder. A Felipe González le había preguntado si el apoyo de CiU le había costado mucho en la legislatura que terminaba y Felipe le había comentado que menos de lo que se pensaba. “Es que Pujol, si no se tiene mayoría, siempre, siempre, tendrá al que gobierna en Madrid por el cuello aunque no lo ahogue –comentó-. Vosotros tenéis un estilo distinto. Vais al grano y no se os saca del piñón fijo”.

Hablamos de la situación vasca. Le comenté que evolucionaba bien y que estábamos dispuestos a hacer política en Madrid y que la negociación avanzaba lentamente. Quizá aquello era debido a que antes negociábamos con funcionarios de colmillo retorcido y con experiencia y en ese momento, con el PP, con políticos casi inéditos. Le gustó el símil y me dijo que Aznar era hombre serio y que su mujer tenía marcha y la impresión de que lo harían bien.

Le tenía aprecio a González, de quien dijo que era un andaluz muy saleroso pero que también creía que vendría bien el cambio de partido en el gobierno. Me repitió varias veces que fuéramos a verle más a menudo y me dijo que quería estar con Arzalluz. El lehendakari Ardanza había hablado con Almansa. Creía que detrás de esa llamada seguramente estaría Arzalluz. “Pues no”, le dije. Sabía que Aznar le había obsequiado vino y que él también. Se levantó y me enseñó la makilla que le había regalado Unidad Alavesa. Me contó que al día siguiente tenía que ir a la final de la Copa en Zaragoza entre el Atlético de Madrid y el Barcelona y que allí estaría Jesús Gil. Y hablando de todo me preguntó por qué en Inglaterra no había vacas locas. “Muy sencillo. Porque allí no hay corridas de toros”, y se rió de buena gana. Me quedé bastante perplejo.

Hablamos de nuestra negociación y me dijo algo tan sorprendente como que no era ningún disparate la transferencia de la Seguridad Social. “Si está en el Estatuto, ¿por qué no?” Le había dicho a Felipe González que no había estado bien que no le hubiera dado la mano a Federico Trillo para felicitarle. González le contestó que ya había mandado un telegrama. Le había preguntado asimismo si haría posible que el PP gobernara y que Felipe le había dicho que lógicamente, no en la Investidura, pero que si tenía dificultad con los presupuestos le apoyarían porque él quería que la legislatura se agotara. Sin embargo, González había dicho lo contrario en Linares y el Rey le había llamado para decirle que le había dejado “con el culo al aire”. El portavoz de Coalición Canaria le había dado buena impresión.

Y volvimos a hablar de Euzkadi. Le recordé cómo hacía tres años, en el mismo sitio, había estado Jon Idígoras, que se había puesto la corbata en el estacionamiento y le pregunté si no prefería eso que tenerlos perseguidos o que no fueran allí. Me dijo que por supuesto le gustaba más que fueran a verle y que hicieran política. Le había dicho a José Carlos Mauricio que no se encasquillara con Martín Villa por lo de Cubillo y que él era partidario de hablar más. “Pues mire, ésta es la cuarta vez que yo vengo donde usted y usted no llama nunca”, le argumenté. Me salió diciendo que en breve iría a Euzkadi para ver el Puerto Deportivo cuya maqueta había visto en Barcelona, luego el Guggenheim, para después dormir en el palacio Artaza y ver Gamesa. Comentó que no veraneaba en Donosti por razones de seguridad. “La misma que en Mallorca y allí tuvo usted un intento de atentado”, le dije. Y seguimos hablando de la negociación y de sus nudos más fuertes. Estuvimos unos cincuenta minutos. Le vi cómodo. Yo también lo estuve pues se mostró afectuoso. Para terminar me dijo que me había oído en la radio que el PNV no sabía todavía qué íbamos a hacer en la investidura pero que él me llamaba allí para ver a quién encargaba formar gobierno.

Al salir comenté sólo este apartado a los periodistas diciendo que con una patata no se puede hacer una tortilla.

REUNIÓN NEGOCIADORA Y ENTREVISTA CON AZNAR

Mientras esto ocurría, los sindicatos UGT y CC. OO, estaban a la expectativa y con la mosca detrás de la oreja entorpeciendo la negociación. Comenzaron a presionar y a amenazar. Los socialistas por su parte comenzaban a decir cosas fuertes. Chaves, Serra, Borrell y Paco Vázquez cultivaban el agravio comparativo, el nuevo eufemismo de la envidia, mientras hablaban de que había que poner en marcha iniciativas para contrarrestar la voracidad nacionalista. Había pasado un mes y las cosas comenzaban a moverse y estropearse.

Ese día 9 de abril se había reunido la Mesa del Congreso. Acordaron aceptar la formación del grupo canario con apoyo de UPN. El PSOE se opuso. No sabíamos si lo que deseaban era que en el futuro no resucitaran los grupos territoriales catalán y vasco del PSOE. El caso es que tras muchos años de protagonismo del PNV y CiU, aparecía un nuevo grupo, el canario.

Como he informado, ese día había habido una reunión técnica de negociación sobre temas sociales. Tanto Legarda como Balza y Olabarría, con quienes almorcé en el Cenador del Prado, venían bien impresionados.

Me llamó Almunia. Quería saber cómo iba la negociación. Me dijo que el PSOE estaba tranquilo y que Guerra también porque si hubiera sido otro el resultado hubieran enredado. Me dijo que iba a mandar a los ministros a provincias y que no deseaban que par­lamentariamente llevaran los mismos asuntos con los que habían trabajado oficialmente. Al único que le había preguntado qué quería hacer era a Pérez Rubalcaba. Pasamos a hablar de cosas propias de los grupos parlamentarios: ubicación, despachos, presidencias de comisiones, etc. Se lamentaba de haber detenido el desarrollo de la relación ya que en 1993 se volcaron en el Pacto Social y luego Saavedra al fijarlo en el 15 por ciento lo fastidió y no tuvo capacidad para imponer nada y a Joan Lerma le faltó tiempo. Borrell y Griñán no pudieron hacer nada.