Martes 2 de febrero de 2016
Últimamente le vemos a José Luis Corcuera hasta en la sopa. Sobre todo en los medios de la derecha más ultramontana. En su descargo hay que decir que si la SER, EL PAIS, SEXTA y CUATRO le ofrecieran sus espacios allí estaría el ex ministro predicando como lo haría Rodrigo Díaz de Vivar, El Cid Campeador. Habla en unos, porque los otros le niegan el pan, la sal y la palabra.
Corcuera está inquieto sobre todo por la Unidad de España. Es lo que más le preocupa. Y también por los procedimientos anti sistema de Podemos. El, cuando era un líder sindical en la margen izquierda, logró cargarse la Escuela de Formación de los Hermanos de la Salle. Y no lo invento. Nos lo dijo en la comida que le ofrecimos en el Errota Zar cuando por bocazas dejó de ser ministro de interior. Podemos, de momento no ha llegado a tanto, aunque puede pensarlo. Corcuera lo hizo, aunque ahora le pese
Pero el problema no es Corcuera porque si Pedro Sánchez tuviera un partido integrado, transversal y escalonado en edades, porque la sociedad es así, y donde la voz de la experiencia se escuchara los Corcuera, Leguina, Vázquez, Rodríguez Ibarra no desbarrarían fuera sino lo harían dentro. Y es una lástima que la experiencia, buena o mala, no tenga asiento en los partidos.
Aunque no solo se actúa contra la experiencia. Ya le vimos a Pedro Sánchez cargarse a un Tomas Gómez que había ganado las primarias en Madrid porque no le gustaba. E incluso cambiarle la cerradura del despacho, para convertirse él y sus áulicos, en las últimas elecciones en la cuarta fuerza madrileña. Menuda hazaña juvenil.
Y es que Corcuera no es solo la voz de los dinosaurios como despectivamente desde Podemos y desde el PSOE se despacha con este nombre a los veteranos, porque junto a él está Eduardo Madina, que no es ningún dinosaurio o el presidentes de Extremadura, de Aragón, de Castilla La Mancha o la Presidenta de Andalucia. Uno de ellos ha llegado a decir que Podemos no quiere un pacto con el PSOE sino llevarles al patíbulo.
Confieso que me molesta se descalifique a la gente por su edad y no por lo que dice. Es argumento de mal perdedor y de gentes sin argumentos que buscan neutralizar al oponente afeándole lo que para el descalificador es un defecto físico digno de exclusión: la edad.
Al parecer los que contradicen a la dirección no tienen razón, porque al estar jubilados ya no pesan nada y deberían estar en casa con las zapatillas de felpa puestas.
Esa franja del electorado, cada vez más numerosa, debería dejar de votar a los partidos que consideran que la gente con más de sesenta años solo ha de callar y votar lo que le dicen, porque si abren la boca serán tildados de dinosaurios dignos de ir a un Parque Jurásico.
Además de una inconmensurable falta de respeto, demuestran estos valientes cobardía en la defensa de sus argumentos y búsqueda de anular al oponente en base a una zafia crítica. Por lo que le doy a Corcuera la razón por sus críticas, no en sus críticas, ni en su actual derechismo.
Corcuera, es uno de esos vascos que quieren tanto a Euzkadi que viven en Madrid como Egiagaray, Solchaga, Almunia, Aranzadi, Jauregui, Madina, Mugica etc y yo les critico por su obsesión centralizadora, no porque abran la boca y lo digan.
Pero no nos engañemos. Corcuera no es el problema. Solo es el síntoma de la enfermedad del PSOE.


