Poesía de Mikel Órtiz de Arratia al árbol florido

Lunes 29 de enero de 2024

MIS DOS ÁRBOLES

Eran dos,

lo árboles que crecían

en mi Campo Volantín.

Uno con pétalos blancos,

el otro, flores rosadas.

Eran la pura belleza,

floreciendo en mi jardín.

El rosado fue cortado,

pero el blanco se salvó.

Y hoy ha vuelto a florecer,

voz de la primavera

impaciente por nacer.

Y sus medallitas blancas

atraparán otra vez

a los pólenes viajeros,

a las abejas sin miel.

Y cuando caigan, por fin,

abrazadas por el viento,

serán una caricia abierta,

a la sombra de su sombra,

a la espera de otro año.

El mismo que esperaremos,

mirando siempre a los cielos,

mi árbol querido y yo.

Él seguirá en mi memoria,

revestido de su flor,

pero no podré olvidarme

del rosado que murió.

Las raíces, abrazadas,

nunca olvidarán su amor.

No morirán mis dos árboles,

mientras sobreviva yo.

Este árbol anuncia la primavera

Lunes 29 de enero de 2024

Suelo contar la historia de este árbol del Campo de Volantín  todos los años. Eran dos. Uno de pétalos blancos y otro de pétalos rosados. Eran preciosos. El rosado fue cortado, pero cuando iban a dar cuenta del blanco, mi ama paró la poda montándole un pollo ecologista al jardinero y el árbol salvó la vida. Y, cada año, florece, un mes antes del inicio de la primavera. Sin embargo este año lo ha hecho 15 días después que el año pasado, aunque ya a principio de enero apuntaba maneras y hoy 29 de enero, está ya así.

Para que luego hablen que el Cambio Climático es un cuento chino.

Aunque silben las balas, te escribiré

Domingo 28 de enero de 2024

Este pasado viernes en Donostia mi hermano Koldo presentó su último libro “Aunque silben las balas, te escribiré”,  junto a José Manuel Bujanda que hizo de anfitrión y de relator de historias paralelas vividas por él. El libro narra cuatro situaciones de guerra y postguerra, se lee bien, está muy bien escrito y  toca aspectos diversos y humanos de situaciones límite.

No conocía la sala de la Biblioteca municipal de Donostia en la calle San Jerónimo, abovedada y adecuada para un acto como el realizado. Destaco la presencia entre el público de Virgina Careaga, hija del embajador de la República en Escandinavia y amigo de Manuel de Irujo, de Bingen Amezaga, médico cardiólogo hijo del intelectual Vicente Amezaga e inquieto activista de lo vasco en general, del abogado Beltza, Iñaki Agirregomozkorta, profesor y escritor, Marilen y Loli de Eragin, del historiador Patxi Agirre que nos hablará en Bilbao el 1 de febrero sobre Fortunato Agirre, de toda nuestra familia donostiarra que es mucha y que llenó la sala con veteranos y bebés.

Bujanda habló de su aita, y de sus dos tíos que estuvieron en el batallón Saseta, tres gudaris. Y narró una bella historia sobre una discusión que había tenido su tío Benito con su aita Inosen la víspera de morir en el Saibigain, espina que le quedó clavada a su aita. Cuando Bujanda sale de la cárcel de Carabanchel, esa noche, la novia andaluza de su tío Benito, que se había enterado le llama desde Paris. Una bella historia que podía haber encajado perfectamente en el libro de Koldo. Bujanda nació en la calle Campanario como nuestra familia donostiarra.

Koldo habló de lo escrito. Deportistas que fueron a Barcelona  a competir en la Olimpiada paralela a la de Berlín  con Hitler al frente y que no pudieron hacerlo por estallar la sublevación militar. Un padre que quiere conocer el por qué  había muerto su hijo en el Saibigain. Una enfermera que cura las heridas de un fascista y las repercusiones que tiene el hecho. Un intercambio epistolar entre un gudari preso en Gurs  y su novia.

Tuvimos previamente un incidente. Nos habíamos citado en el Antonio, antiguo Barandiaran y estando tomando un café le robaron a Koldo la mochila con el dinero para los cambios y las llaves del coche. Un tipo con una gorra, descolgó la mochila y como si fuera suya se la llevó. Vino inmediatamente la ertzaintza que nos dijo que Donostia es una ciudad ideal para vivir pero que últimamente este  tipo de robos estaba a la orden del día. Toda una faena que nos complicó la tarde. María Esther tuvo que venir a rescatarnos desde Bilbao. Al día siguiente, recuperó el coche.