Lunes 23 de septiembre de 2019

Si Iñigo Errejón fuera un candidato serio y de principios, no se presentaría a las elecciones con marca propia. Engañó a los que le preguntaron en las elecciones municipales si lo suyo era de verdad “Más Madrid”. Juró por sus muertos que lo suyo era la autonomía madrileña. Pues va a ser que no. Le traicionó a Pablo Iglesias cuando le quitó de portavoz parlamentario y puso a Irene Montero y tuvo el cuajo de no decir una palabra más alta que otra. Puro cálculo. ¿Por qué no traicionar a los madrileños si antes había traicionado al proyecto político que había creado con Iglesias, Bescansa, Alegre, Espinar etc?.
Debe ser la nueva política. La nueva Casta.
En el pasado fundar y consolidar un partido requería tiempo, cuadros, cuotas, paciencia. Hoy dices que formas un partido y como casi todo es mediático, sales a la arena y la gente en ese pugilato televisivo, te vota. Ni programa, ni nada. El medio es el mensaje como diría Mc Luhan.
Lograr las cosas tan fácilmente tiene relativamente poco mérito, sobre todo cuando estás avalado de una campaña millonaria alrededor de tu persona porque no todos tienes las mismas posibilidades, y eso en él, que lucha contra todas las injusticias, no deja de ser una injusticia más.
A Iñigo Errejón llevan mucho tiempo haciéndole la campaña unos y otros, sobre todo desde la Sexta. No ha habido día en el que no teniendo por detrás más que un partido autonómico no le hayan sacado para opinar de lo divino y humano y si la actual realidad política se basa en que si no sales en la tele no existes, Errejón existe y es clara opción para un sector de la población. No me cabe duda que tendrá el 10 de noviembre un buen resultado pese a sus bandazos y a su ambición, que la esconde con gran estilo. No es el bebé probeta como lo tildan algunos como no lo fue tampoco Bambi el ínclito Zapatero. Es un tipo con un instinto asesino político fácilmente mensurable. No hay más que verle y conocer su trayectoria.
Atacó con dureza a Cristina Cifuentes, con razón, cuando él tenía su techo de vidrio gracias a su inhabilitación de la Universidad de Málaga por su expediente a cuenta de cobrar como investigador de un proyecto sin realizar su labor desde la propia y cobrando por asesorar a Podemos, o cuando dijo que en Venezuela se comían los tres platos diarios y ante la avalancha de quejas y denuncias que provocaron sus palabras, rectificó con la boca pequeña.
Ya veremos si Sánchez sigue manteniendo el nivel de florilegio que le ha lanzado y si efectivamente se consolida una lucha cainita entre Iglesias y Errejón, que sin duda ganará Errejón, porque es hombre que por tocar poder, vende a su mascota y carece del menor escrúpulo político, eso sí, con cara de chico bueno.
Le favorece el que Iglesias haya demostrado ser un bisoño de la política. Podrá saber de teoría y enseñarla en la Complutense pero ha demostrado que le falta un mínimo conocimiento de la especie humana, mano izquierda, mirada larga, aguantar a los pelmas, saber pactar y no saber rodearse de gente leal, como es el caso de Errejón.
Vuelvo al principio.
La campaña electoral a Errejón se la hará la Sexta con lo que tiene más de las dos terceras partes ganadas. Tratarán incluso de prepararle careos y querrán que saque la cabeza en los debates de los partidos que ya han pasado por las urnas, como en el caso de Vox, excluido en las anteriores elecciones para al final permitirle sacar. El fin justifica los medios. Me da que Manuela Carmena les ha dicho que no, por algo. A los 75 años la buena señora no está para disimular.
No sé si el tiro al final les va a salir por la culata a Sánchez con su adelantamiento electoral y a Errejón con su venganza podemita. Veremos. Lo que si va a ocurrir es que seremos espectadores de duelos al sol muy interesantes, y si Iglesias es capaz de hacerse la víctima de todo este entramado de intereses, la cosa puede resultar apasionante.
Conclusión. Errejón no es una Hermanita de la Caridad ni un niño probeta sino un miembro de una casta muy astuta que, como todos va a lo suyo. Asimismo, la campaña se la hará la Sexta, y, como conclusión Madrid se queda sin alguien que lo amaba hasta el infinito y que no se iba a presentar a las elecciones generales.
Coherencia, señores.


