La denuncia de Aguirre ante los asesinatos (4)

Martes 17 de marzo de 2020

Cierro este relato de la visita a la Casona El  Bohío (Santander) teniendo como cicerone al presidente de Cantabria, Miguel Ángel Revilla y de fotógrafo a mi hermano Koldo, con la visita en Cabo Mayor en honor de las víctimas de aquella barbarie de la guerra.

El año pasado coincidí en Radio Euzkadi con la Consejera de Sanidad Nekane Murga. Esta me relató como su ama había sido cuidada por mi tía Libe cuando, tras caer Bilbao un grupo de familias se refugiaron en Guriezo. Luego las familias en barco llegaron al puerto de La Pallice.

Mi tía Libe, hermana de mi aita y con tan bonito nombre sabiniano, era novia del periodista Andima Orueta, jefe de política del diario Euzkadi y superviviente del bombardeo de Durango. Estando con ellas en Guriezo, y ante el avance de los sublevados, les dejó para ir a Santander a buscar alojamiento pues Guriezo no reunía condiciones. No le volvieron a ver nunca más. Fue asesinado.

Todas estas historias me vinieron a la cabeza cuando visitamos el monumento que allí está en forma de cruz y con una figura tratando de agarrarse a la roca. Revilla nos dijo que por allí despeñaron a monjes trapenses  y a muchos más entre ellos a muchos vascos y republicanos y personas de derecha de Santander por gantes asesinas comandadas por un socialista de nombre Manuel Neila que, curiosamente se fue al exilio en el avión El Negus y murió sin pagar sus más de cien crímenes en México.

Los principales motivos de queja del Lehendakari Aguirre desde la Casa de Cabo Mayor obedecieron a la detención y hasta el asesinato de varios ciudadanos vascos a manos de agentes de policía santanderinos. El propio Aguirre lo expresó de esta manera en un informe que remitiría al presidente de la República meses después para explicar las razones por las que había sido derrotado el Frente Norte durante la Guerra Civil:

«Al mismo tiempo comenzaron a llegar noticias bien desagradables. Habían sido asesinados varios vascos. Yo mismo soy testigo del espectáculo macabro que ofrecían cerca de las peñas cinco cadáveres desnudos recientemente asesinados. Esto cerca de la casa donde el Gobierno Vasco vivía en Santander, en el Cabo Mayor. Llamé al General Gamir. Le hice presenciar el espectáculo. El General se indignó con este motivo. Aquello no podía tolerarse.

La americana de uno de los asesinados estaba en el jardín de nuestra casa con el agujero de la bala que lo había cruzado. Era el médico de San Sebastián, señor Zabalo. Así desapareció el redactor del periódico «Euzkadi», señor Andima Orueta, y los empleados del Departamento de Comercio y Abastecimiento, señores Gorostiaga y Lasa. Fue también asesinado el Jefe de Impuestos de la Diputación de Bizkaya, don Juan Luis de Biziola. Todos ellos hombres lealísimos al servicio del Gobierno Vasco y huidos del terror fascista. Así también fueron asesinados dos jóvenes socialistas vascos, en Torrelavega, y el afiliado a Izquierda Republicana, señor Quilez, en Santander. Todos ellos lo fueron por los llamados policías, talmente asesinos a sueldo. Más tarde un grupo de jóvenes socialistas mataban a su vez en Torrelavega a dos policías. No recuerdo en este momento si eran los mismos o eran otros de los que habían asesinado a sus compañeros. No hablamos de detenciones porque sería hacernos interminables. Consignemos sólo la arbitraria detención de don José de Rezola, Secretario General del Departamento de Defensa de Euzkadi, conducido a los calabozos a pesar de haber mostrado los documentos acreditativos de su personalidad. Le dijeron que aquello de nada servía”.

Es más, esta oleada de actos violentos iba a afectar, según el Lehendakari, incluso a la sede del Gobierno Vasco en Santander:

«[…] era voz pública la fama de quienes cometían estos crímenes y eran señalados como autores de múltiples de ellos. Había algunos de éstos que merodeaban en las cercanías de nuestra casa, a la cual se atrevieron un día a lanzar tres disparos, algunos de cuyos impactos estaban a la vista de todos».

Como se ve la Casa que visitamos con Revilla tiene esta y otras muchas historias.

Revilla, tras visitar el Bohío, nos llevó  al Faro, construído en un acantilado a cuarenta metros de altura del mar abajo y que además de Cabo Mayor es conocido como el Faro de Buena Vista, construido en 1833. En 1941se construyó el monumento que como consecuencia de la ley de Memoria Histórica se han borrado sus inscripciones. Es verdaderamente impresionante.

Y tras estas visitas cargadas de vivencias y de historias comimos en el restaurant La Prensa. Allí vimos como desde una cuadrilla de chavales hasta la gente de la calle paraba al presidente de Cantabria para sacarse una foto con él. En la comida hablar de todo pero eso será para otras entregas. El hombre estaba tan enfrascado en contarnos sus vivencias de todo tipo que en vez de llegar a las cinco a una reunión llegó a las seis. ”Tengo buenos colaboradores y delego lo más posible” nos dijo.

Solo agradecer a Revilla que nos posibilitara encontrarnos con esta parte trágica de la historia de Euzkadi y de nuestra propia familia. Ojalá la casona El Bohío pueda recuperarse.

3 comentarios sobre “La denuncia de Aguirre ante los asesinatos (4)”

  1. Por cierto ¿ninguno de aquellos criminales franquistas reconoció nunca el daño causado ni pidió perdón, no?
    A mi aita por lo menos no.

  2. A ver, cáustico: No eran criminales franquistas. Eran criminales ROJOS. Neila tenía una checa en Santander.

    http://ahaztuak1936-1977.blogspot.com/2009/05/cabo-mayor-santander-1937-escrito-de.html

    «Hace un tiempo leímos en prensa un artículo que sugería que el grupo en que presumiblemente iba (se cita a Ochoa de Chinchetru, Zubiri, Otazua, Andima Orueta y otros) habría sido asesinado y/o arrojado al mar desde el Cabo Mayor de Santander por un grupo dirigido por un desalmado llamado Manuel Neila Martín (jefe de la “checa” de la calle del Sol de Santander), de afiliación socialista, que acosaba a los vascos en su intento de huída, y que previamente ya había intervenido en innumerables y crueles crímenes contra presuntos enemigos de la República o contra víctimas de su ambición y de su codicia.»

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