El primo pirata del Lehendakari Agirre y su exquisito Delegado

Miércoles 8 de abril de 2020

Hay temas que dan para varias películas porque hay historias vascas desconocidas que merecen o un libro, o un documental o una serie porque además, se trata de gentes que sirvieron a una causa como el de la libertad en tiempos de guerra. Se trata del primo del Lehendakari Agirre, Juan Gómez Lekube, más conocido como el Cojo Gómez, que fue todo un pirata en los mares, ríos y lugares de contrabando entre Colombia y Panamá y que gracias a la fidelidad a su primo y al Delegado del Gobierno Vasco en Colombia, Francisco Abrisketa, que tenía una red de informadores de curas, monjas y misioneros dominaron toda esa zona vital con información hacia los aliados. El Cojo Gómez y el Lehendakari ilustran la cabecera de este trabajo. Se diría que tienen un aire.

De esa historia me habló mucho Patxi Abrisketa, un abogado economista egresado en Deusto, que fue muy activo en la Juventud Vasca de Bilbao en tiempos de la República y en tiempo de guerra fue el encargado de las industrias movilizadas y que, exiliado en Colombia fue el Delegado de Aguirre antes de irse a Washington a trabajar en el Banco Interamericano de Desarrollo, el servicio de  Estadística de la OEA, y a su vuelta a Colombia, profesor en varias universidades en Bogotá, creador de la cátedra de estadística de este país, miembro de la Sociedad Bolivariana y con una Biblioteca  vasca que llenaba su casa de Bogotá. Allí le conocí al presidente Virgilio Barco, que era su vecino y quien me habló de sus parientes enterrados en la Catedral de Santiago siendo asimismo Patxi el hombre clave para abrir puertas cuando en mayo de 1983 organizamos tres días de estancia del Lehendakari Garaikoetxea, con visita al Palacio de Nariño donde le recibió el presidente Belisario Betancourt.

Patxi era la llave de todas las puertas. Y era la memoria histórica. Había hecho lo mismo cuarenta años antes, en 1943, cuando el Lehendakari Agirre visitó Bogotá y fue recibido por el presidente López Pumarejo, ese señor alto de la foto, y por el ex presidente Eduardo Santos, ese señor al que el Lehendakari Agirre señala junto a la esposa del escritor Germán Arciniegas, Dña. Gabriela en una comida oficial. Y es que los dos viajes fueron de primerísimo nivel, porque hay que decir, además que la presencia vasca en Colombia, sobre todo en el Departamento de Antioquia, es muy señalada.

Hablar pues con Patxi y organizar cosas con él era un gusto y un aprendizaje. Lástima que no haya hoy hombres universales como aquellos y con vidas tan interesantes e intensas.

En 1982, miembros de la Colectividad  Vasca auspicia­ron la traducción al euskera de «Crónica de una Muerte Anunciada» de García Márquez, bajo el título de “Heriotza Iragarritako Baten Kronika». Allí estuvo Patxi con el editor Katarain, el de la “Oveja Negra”, moviendo el cotarro.

Como he comentado, se daba entonces la particularidad de que en Bogotá existía una de las bibliotecas privadas vascas más extensas, en la cual se guardaban por encima de 9.000 libros, folletos y publicaciones sobre temas vascos. También era muy valiosa la colección de libros sobre Euzkadi que tenía en la capital de Colombia el aboga­do gasteiztarra, José Luis de la Lombana. De este personaje, con Josu Erkoreka editamos un libro con su intervención  en Nueva York contra la guerra civil española en el Madison Square Gardens, contextualizando el momento.

El gobierno vasco nacido en 1936, tuvo su Delegación en Colombia. Por este orden, fueron delegados Francis­co de Abrisqueta, Andrés Perea Gallaga y Fernando Irusta. La delegación canalizó, a través del gobierno de Aguirre, valiosos servicios indirectos en la II guerra mundial, que contribuyeron a la custodia de zonas estratégicas del área geográfica del Caribe y del Pacífico colombiano y panameño.

A estas labores contribuyó una figura vasca de aventura y leyenda. Luis Gómez Lekube, getxotarra. Su vida de bucanero, de corso del siglo XX ha dado lugar a  varios libros y a una  biografía en inglés («A Wanted Man El Cojo Gómez in Colombia», by Kay Hummel).

El «Cojo Gómez», que cojo era desde que los carabineros colombianos le partieron de un bala­zo una rodilla, dominó por años las selvas impenetra­bles del Chocó que separan a Colombia de Panamá. Dominó por la violencia de sus armas, los nudos que desarrollaban sus embarcaciones contrabandistas rápidas («Euzkadi» iba a llamarse el yate panameño que pilotaba en aguas del Pacífico) y la lealtad de los cholos, los indios cunas, que le creían invulnerable a la metralla. No así de los negros moradores de case­ríos costeros. A tres «morenos» los compraron para que ultimaran a Gómez Lekube en un playón de pes­cadores y lo echaran al mar, el de sus travesías de matute, al mar que lo tragó como a pirata del siglo XVIII en algún ataque a Portobello o Cartagena de Indias.

Porque conocía de a pie la jungla y por lancha las bahías, le llamaron cuando los dos países fronterizos convinieron sus límites entre manglares y ciénagas, y cuando se trató de vigilar el canal panameño de los submarinos alemanes y de las radios japonesas. Tre­ce expedientes judiciales a un lado y otro de la frontera le fueron sobreseídos al Cojo Gómez, el contra­bandista sigiloso, querido, temido y odiado, el pirata de las dos costas, la colombiana y la panameña, para que así se aviniera a prestar un servicio dentro de la ley, cuando otro Lekube, suu primo, le pidió que ayude a la causa aliada: «Por Euzkadi, lo que me pidas».

En 1942 hizo una visita oficial a Colombia, el presi­dente José Antonio de Aguirre. Era parte de una larga gira por Sur América que tuvo notable resonancia política. Su presencia constituyó un verdadero acontecimiento que atrajo a lo más selecto de los dirigentes y del estudiantado bogotanos a sus conferencias del Teatro Colón y de la Universidad Nacio­nal. Las autoridades dieron al presidente vasco altas distinciones protocolarias, entre las que no faltó la invitación en Palacio a la mesa del presidente Alfon­so López Pumarejo.

Es una pena que guionistas, directores y productores vascos no conozcan estas historias  que bien merecerían que las viésemos todos en pantalla pues son cosas que ocurrieron y que tenían el móvil de la defensa de los intereses vascos. Si conoce alguno, hágasela llegar por favor.

Un comentario en «El primo pirata del Lehendakari Agirre y su exquisito Delegado»

  1. Igual le interesa la idea de hacer una película sobre este asunto a Mariano Barroso, el observador «imparcial».
    Aunque no creo, porque el dinero no fluye igual para unas causas que para otras.

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