José Antonio Aguirre ante el Comité Americano del Premio Nóbel

Jueves 9 de abril de 2020

En su día leí algo que cuento en la presente crónica sobre la presencia del Lehendakari en el hotel Waldorf Astoria durante la guerra mundial y de cómo había pronunciado un discurso ante el Comité del Premio Nóbel. Aquello me había impactado pues el que el presidente de un país perseguido y que había perdido una guerra fuera tan respetado como para buscar su opinión y considerar que su palabra les interesaba  me gustó mucho como vasco. Son cosas que te suben la moral, por lo que la primera vez que fui a Nueva York, amén de visitar los lugares emblemáticos, quise ir al hotel Waldorf Astoria una de las referencias mundiales en hostelería de lujo.

Y allí fui como mi hermano Jon en un viaje en que íbamos casi de mochileros, por lo que entrar  en aquel templo de lo exquisito, imponía. Entramos, vimos su imponente hall y nos fuimos al bar central a tomarnos una coca cola. El camarero nos miró con cierta distancia pero estar allí como si fuéramos los Rockefeller me sirvió para meterle la chapa a mi hermano menor sobre la importancia que había tenido el Lehendakari Aguirre en aquellos años boreales para haber estado allí.

Y es que el 27 de Agosto de 1941, después de 24 días de navega­ción, llegaba a Río de Janeiro el doctor José Andrés Álvarez Lastra y su familia a bordo del mercante sueco «Vasaholm». La irregularidad de su situación le empujaba a abandonar el Brasil cuanto antes. Su llegada era conocida en Nueva York y en Buenos Aires por sus amigos. Pero guardaban todos, un secreto absoluto, porque una indiscre­ción podría causarle perjuicios por tratarse de un caso de falsedad de documentos para encubrir la personalidad del Presidente Vasco.

Nada más llegar le comunicaron al Lehendakari una grata noticia. Mr. Stevenson, a quien conocía de la guerra en Euzkadi ya que había sido cónsul en Bilbao y a quien había escrito una carta a Moscú, estaba de Cónsul General en Río de Janeiro. Cuando le visitó lo re­conoció a pesar del bigote. Los dos hombres se estrecharon en un abrazo emocionado. Por medio de él llegó a la emba­jada de los Estados Unidos en la que le pareció al Dr. Álvarez necesario y correcto explicar su situación. Como no tenía documentos que acreditasen que era verdaderamente Agirre, Stevenson los suplió. Fue acogido con verdadera simpatía. De la embajada quedaron en avisarle tan pronto como recibiesen las instrucciones de Washington.

Pasaron unos días. Le llamaron de Nueva York por telé­fono. Llegaba la noticia que le habían anunciado. Había si­do designado para explicar una cátedra en la Universidad de Columbia.

Aquel mismo día le llamaron de la embajada estadounidense, porque el embajador señor Caffery quería tener una conversación con el Presidente perseguido. En la reunión le comunicó que acababa de recibir instrucciones por las cuales le había sido concedida, así como a su familia, la residencia permanente en los Estados Unidos. Le felicitó asimismo por su designación en la Universidad de Columbia.

Al Lehendakari le pareció que el mundo había dado la vuelta.

En los Estados Unidos Agirre escribió su libro «De Gernika a Nueva York pasando por Berlín» donde contó las pe­ripecias de su huida por la Europa ocupada por el nazismo alemán. Termina su narración con un importante llamado al que denominó «Mensaje de Gernika a las Américas». A pe­sar de estar dirigido a aclarar posiciones y puntos de vista determinados de aquel momento político, conserva hoy, en los aspectos fundamentales, una extraordinaria vigencia. Ojalá no esté lejano  el día en que con este libro publicado por la edito­rial vasca EKIN se haga el guión de una película llena de aventuras y de diáfano mensaje de las ideas allí explicadas.

En marzo de 1943 el interés por los problemas de la Europa en guerra seguía creciendo en los círculos políticos, intelectuales y económicos del país. Ya empezaba la preocu­pación de lo que había de realizarse el día de la restauración de la libertad en la sociedad de la post-guerra.

Y se trabajaba pensando en el futuro. Con este fin se constituyó en New York una oficina de «Ayudas y Res­tauración de Europa” después de la guerra. La dirección de ese organismo fue puesta en manos del ex-Gobernador de New York, Lhemans, uno de los hombres de confianza del Presidente Roosvelt. Técnicos de todas clases eran prepara­dos para esa compleja labor. Las Universidades principales fueron encargadas de esa misión, y con ese objetivo desfila­ron por esas aulas todos aquellos técnicos o personalidades que podían orientar sobre los problemas europeos.

En la Universidad de Columbia bajo el título de «Inter­nacional Administration» funcionaba uno de esos gabinetes de preparación. El 11 de Marzo de dicho año correspondió al Presidente Agirre dictar una conferencia sobre los proble­mas benéficos y religiosos en Europa con relación a las ideas totalitarias y los diferentes problemas nacionales de Europa.

Habló Agirre durante una hora y, durante tres cuartos de hora más contestó a las diferentes cuestiones que se le plantearon.

Fue despedido con una prolongada ovación —a pesar de la naturaleza técnica del lugar y de la materia— y recibió una carta de la Dirección de dicho Instituto que comenzaba  así:

«Deseo expresarle mi profundo agradecimiento por la interesante conferencia que dio Vd. ayer a nuestro grupo. Estos señores han venido oyendo durante los últimos seis meses, a varios oradores, pero puedo asegurarle, y con ello no exagero, que ninguno ha tenido una acogida tan entu­siasta como la suya. Varios miembros del grupo han venido a visitarnos con el especial objeto de expresarnos su gratitud por la oportunidad que han tenido de oírle a Vd. En resu­men, varios de ellos han manifestado su deseo de tener otra oportunidad de entrevistarse con Vd., con objeto de hacerle preguntas sobre determinados asuntos que les interesan».

En la misma carta solicitaban de Agirre nuevas conferen­cias que fueron pedidas por los técnicos que asistieron en la mencionada.

También recibió el Lehendakari una afectuosa invitación del Conde Coudenhove-Kalergi para que asistiese al Congre­so de Pan Europa que se iba a celebrar en los salones de la Universidad de New York al poco tiempo.

La organización de Pan Europa fue creada en 1923 por el Conde Coudenhove-Kalergi. Fue Presidente de Honor de la misma el gran Arístides Briand y contaba entre sus aso­ciados a la mayoría de los políticos más destacados de la época entre ellos a Churchill, Edén, Benes, etc. Durante el período de la amenaza nazi y de la tímida política de apaci­guamiento de las enclenques democracias el deseo de la Federación europea sufrió un gran quebranto. Pero la guerra y la preocupación del futuro dieron un impulso a la idea y una fuerte autoridad a la organización.

Por aquellos mismos días se recibió en la Delegación del Gobierno Vasco de Nueva York, la visita de una Comisión de Periodistas uruguayos en viaje oficial por los Estados Unidos, donde habían recorrido y visitado diversas instala­ciones de guerra. En la visita a la Delegación rogaron al Pre­sidente Agirre unas palabras de saludo para el Uruguay que fueron retransmitidas por radio aquella misma noche en la emisión especial que los periodistas uruguayos tenían conce­dida todos los días de su estancia en los Estados Unidos.

Ante el Comité Americano del Premio Nóbel

A finales de 1944 la II Guerra Mundial parecía estar to­cando a su fin. El avance aliado en toda Europa pronostica­ba la estrepitosa caída de un Reich que según los nazis iba a durar mil años pero que en ese momento amenazaba ruina inminente.

Las posibilidades de un cambio en la Península Ibérica se acentuaban y el mismo franquismo trataba de capear el tem­poral que se le venía encima cambiando su agresivo lenguaje y haciendo concesiones a las «decadentes democracias».

José Antonio de Agirre creyó llegar el gran momento pa­ra el pueblo vasco. Después de años de espera y lucha se abrían nuevamente las posibilidades para los vascos. Su tra­bajo, ya considerable de tiempos atrás, se vio recargado co­mo consecuencia de las inquietudes que en víspera ya del fin de la contienda internacional, suscitaba el mundo de la post­guerra.

Sus días eran de agobiadora intensidad. El 10 de Di­ciembre de 1944, después de las obligadas clases de su cá­tedra en la Universidad de Columbia, hizo uso de la palabra en la Universidad de Nueva York exponiendo una interesan­te tesis sobre la influencia de las dictaduras en el continente americano. A continuación participó, juntamente con las personalidades más relevantes del mundo intelectual, en un trascendental acto organizado por el «The América Nobel Comitee» para celebrar solemnemente el cuarto aniversario de las actividades de dicha entidad.

Efectivamente, el «The América Comitee» fue fundado el año 1941 como consecuencia de la suspensión en Europa del Comité encargado de adjudicar los premios a las mejores obras merecedoras del galardón establecido por el filántropo Nobel. Desde ese mismo momento, en las mismas fechas en que los tribunales de Estocolmo y de Oslo acostumbraban reunirse para decidir respecto al valor y derecho a premio de los trabajos en competencia, se reunía en Nueva York el «The America Nobel Comitee» para recordar la institución creada por el insigne hombre de ciencias sueco, proclaman­do que su internacionalismo y sus afanes intelectuales por la paz, el trabajo y el progreso no habían sido olvidados a pe­sar de la guerra. Y así, anualmente, se celebraba un acto, en él participaban las más destacadas personalidades de la cul­tura en sus diferentes manifestaciones.

En el cuarto aniversario, los vascos tuvieron la satisfac­ción de ver cómo los esfuerzos de su Presidente, eran debi­damente apreciados. El hecho de la presencia de un líder en exilio, como lo era Agirre, requerido para intervenir en el acto, constituyó una honrosa distinción, para su persona y para la causa que representaba.

Los oradores, que según su especialidad o preocupación privativa sirvieron al tema «Educación para la paz en el mundo de la postguerra», fijado previamente como obliga­ción, fueron los siguientes:

Sigrid Undset, Premio Nobel de Literatura 1918.

Sir Norman Angel, Premio Nobel de la Paz 1933. Doctor Halvdan Koht, antiguo Primer Ministro de No­ruega y Premio Nobel de la Paz.

Doctor Jhon V. Studebaker, subsecretario de Educación de los Estados Unidos.

Doctor José Antonio de Agirre, Presidente del Gobierno Vasco en el exilio, y profesor de la Columbia University. Waldemar Aempffert, editor de Ciencia del «New York Times».

Doctor Hemrik Dam, premio Nobel de Fisiología 1943. Doctor Edward A. Doisy, premio Nobel de Medicina 1942.

Doctor Herbert Casser, premio Nobel de Física 1944.

Doctor Isidor Rabi, premio Nobel de Física 1927.

Hon P. Williams Fulbright, senador por Arkansas y autor del «Fulbright Resolution».

Ken Cooper, director de la Associated Press.

Edgar Cobac, Presidente de la Mutual Broadkasting Sistem.

Darril F. Zanuck, productor de la renombrada película «Wilson».

Los discursos fueron radiados y recogidos en discos. Es­tos, además de su aplicación para la película que se filmó, sirvieron, según propósito del Comité organizador, para presentarlos a los tribunales Nobel de Estocolmo y Oslo en testimonio de afecto al Organismo Internacional instaurado por el químico sueco y también como una serie de valiosas opiniones y resoluciones, demostrativas de la preocupación de la época en los medios intelectuales surgida por la necesi­dad que tenían de adoptar para el futuro enérgicas medidas encaminadas a evitar las guerras. Como se sabe, esta pre­ocupación constituyó la postrera obsesión del donante.

Más de 1.500 personas llenaron totalmente los amplios y lujosos locales del Bellvedere Room del hotel Astoria. Allí se congregó lo más distinguido en ciencia, arte y política de la cosmopolita ciudad de Nueva York y sería inútil registrar nombres prestigiosos, pues su enumeración  obligaría a extendernos demasiado.

Sí queremos consignar con satisfacción que el Lehendakari Agirre llamó poderosamente la atención del auditorio, como quedó demostrado por el hecho de que se le tributara el más caluroso de los aplausos al terminar su discurso, cuyo moti­vo central fue la defensa de la libertad de los pueblos y de los individuos, grandes o pequeños, como único medio para de­terminar en todos un sentido de responsabilidad, sin la cual no caben conciertos individuales no colectivos y sí el fascis­mo y la esclavitud.

Es una bonita y desconocida historia  de prestigio que conviene recordar.

6 comentarios en «José Antonio Aguirre ante el Comité Americano del Premio Nóbel»

  1. Cuando te hagan el test y te lleven a un polideportivo o a un campo de fútbol a vivir, descansaremos de monotema de J. A. Agirre.

  2. Me da la impresión que al polideportivo te van a llevar a ti.Si en algún momento puedo flaquear solo la lectura de tus línea me anima a seguir.Entiendo que no te guste que hable del Lehendakari en temas desconocidos para gentes como tu.Seguramente prefirirías que hablase de comandos y destrucción.Lo siento.Este pais es así por gentes como Agirre.

  3. Iñaki, es que no dedicas tanto tiempo como le gustaría al tipo ése a ponderar el nivel intelectual de ilustres personajes españoles como Franco, Mola, Sanjurjo, Millán Astray, Queipo de Llano y muchos más que enriquecieron con sus profundos sentimientos españoles la cultura universal.
    Dignos ancestros de Casado, Arrimadas, Abascal o Cayetana Álvarez , continuadores y defensores a ultranza del eterno sentimiento nacional español.
    Nos prohibieron hablar de Agirre durante 40 putos años de fascismo y ahora tampoco les gusta.
    Te agradezco los artículos, losblemos en casa con mucho interés y te animo a continuar con ellos.
    Los fascistas nos robaron la Historia. Malditos sean.

  4. Realmente muy interesante esta serie de comentarios sobre la vida y trayectoria de José Antonio Agirre. Dignos de releer.
    Eskerrik asko eta Zorionak.

  5. Egun on:
    Hay una página web donde puedes entrar y encontrarte con un tesoro de documentación realmente excepcional, y que lo adjunto más abajo, incluido el libro al que alude Iñaki Anasagasti.
    Merece la pena tener un poco de conocimiento de lo que hizo y qué vida tuvo nuestro primer Lehendakari, a quien quisieron desprestigiar innumerables veces, incluso informando que se escapó robando gran cantidad de oro, y que se había hecho rico. Pero fue al revés, fue una persona humilde, que luchó por su pueblo, y que todo el mundo que le conoció, incluidos sus perseguidores, sintieron una especial atracción por él.
    Y efectivamente, no entiendo cómo no se ha realizado aún una película sobre su vida. ¡Nos lo merecemos!
    Besarkada handi bat.

    http://www.lehendakariagirre.eu

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