Ya lo dijimos

Domingo  15 de marzo de 2020

Más solos que la una, denunciamos en su día a Juan Carlos de Borbón por corrupto y gandul. El mundo se nos cayó encima. Tocaba el nervio más sensible de la santificada transición política española que nos la pusieron de ejemplo de como se puede pasar de una dictadura a una democracia. Nada más lejos de la realidad. Desde una cloaca no se puede vender agua limpia. Y La Zarzuela ha sido todos estos años una inmensa y pestilente cloaca.

Pero tan culpables como Juan Carlos han sido Suárez, González, Aznar, Zapatero y Rajoy que sabiendo lo que pasaba seguían permitiéndolo y seguían hablándonos de la magnífica acción de Juan Carlos, mientras a mí me quitaban el poder hacer preguntas, me señalaban con el dedo y estuvieron a punto de procesarme. Mi libro «Una Monarquía protegida por la censura» fue combatido y silenciado por tierra, mar y aire.

Afortunadamente el mar siempre devuelve sus cadáveres y Felipe VI, por puro sentido de supervivencia, le quita al padre la paga y duce que no quiere heredar ni un duro de tan sucio dinero. Pues que lo devuelva.

Pero ¿alguien cree que Felipe VI no sabía nada de las andanzas de su augusto padre?.

Es lo que hay.

Me alegro de este gesto tardío, de que por fin se le quite la máscara a tan  turbio – sinvergüenza y que poco a poco se vayan dando las condiciones para que llegue por fin una República al estado y a Euzkadi teniendo  al frente de la misma gente por lo menos honrada.

Los Borbones, de una vez por todas, ¡¡¡a los tiburones!!!.

El Bohío por dentro (3)

Domingo 15 de marzo de 2020

Esta tercera entrega de la visita a la casona de Cabo Mayor, de nombre “El Bohío” teniendo como cicerone al presidente de Cantabria, Miguel Ángel Revilla tuvo su punto de emoción cuando traspasamos la puerta de un inmueble muy deteriorado por quince años de abandono. Pensar que allí había estado viviendo el Lehendakari y sus Consejeros en aquella situación tan dramática, con parte de su pueblo por las calles de Santander y a punto de ser invadidos por las fuerzas militares sublevadas y que de allí salió para nunca más volver a la Euzkadi peninsular, emocionaba.

Amablemente el concejal del ayuntamiento junto con el alto funcionario y el guardés nos acompañaron por los tres pisos de la casa, sus estancias, sus balcones con soberbias vistas, y nos contaron  la historia previa y posterior a la presencia allí del Lehendakari. Nos dijeron  que el millonario, nacido en Filipinas, D .José Rosales propietario del inmueble había sido Director de la Compañía general de Tabacos de Filipinas y en un gran salón recibía a sus contactos y colaboradores. Él había fallecido en Barcelona en 1950.

Es una pena la actual situación de la inmensa Casona. Ojalá la destinen a una acción cultural o incluso a un hotel boutique. Podía llamarse Hotel de “El Lehendakari”. Estoy seguro que más de un vasco le gustaría pernoctar allí. Tampoco estaría nada mal que una de sus salas se destinara a recordar la efemérides. Vimos tanto al ayuntamiento como a Revilla dispuestos a darle un empujón al tema y que ese patrimonio histórico no se pierda.

En las fotografías podemos ver a los Consejeros Aznar y Nardiz en  la entrada de la casa aquellos días. A la izquierda, en el garaje, el coche del Lehendakari Aguirre y la fotografía  del grupo con el concejal, funcionario y Revilla, así como alguna fotografía de la estancia.

Mañana contaré lo que vimos en el monumento dedicado a las víctimas de un asesino llamado Manuel Neila, muy cerca de la casa y que el Lehendakari denunció.

La Casona en la que estuvo el Gobierno Vasco en Santander (2)

Sábado 14 de marzo de 2020

Voy a hablar del motivo del encuentro con Revilla en Santander  en esta  segunda parte Y  comentar el por qué estuvo el lehendakari Aguirre casi dos meses en esta ciudad tras la caída de Bilbao.

La casa está en la avenida del Faro en su número 22. En una parcela de 6.404 metros cuadrados, que consta de dos construcciones, una principal, otra accesoria con garaje. Esta edificación se remonta al 3 de octubre de 1933, cuando un ciudadano en nombre y representación de José Rosales (1867-1950) presentó ante el ayuntamiento de Santander una solicitud para construir una casa de campo u hotel de familia en terrenos de Cabo Mayor, próximo a la playa de Mataleña. El edificio principal constaría de dos cuerpos unidos por otro de enlace y con dos plantas generales, más una de ático para las habitaciones de la servidumbre y otra de sótano para la caldera de calefacción y lavaderos. En la planta baja, hall comedor, despacho, office, cocina y tocadores, en el piso superior dormitorios y cuarto de costura, de niños y ropero.

El Consejo  Interprovincial de Santander, Palencia y Burgos, nombre del órgano político que administraba tanto la entonces provincia de Santander  como algunas fracciones de Palencia y Burgos ,que habían quedado bajo control republicano tras la sublevación militar del 18 de julio de 1936 ,dispuso (posiblemente tras incautarse de ella) que acogiera al Gobierno Vasco.

Y son de aquí estas tres fotos que publico y en las que se ve al Lehendakari Aguirre ante la puerta de la casa con los Consejeros Aznar, Nardiz y Monzón  .La segunda y  tercera foto es de la visita y del lugar donde se obtuvo la foto del Lehendakari y la vista actual de la gran casona cubierta de enredaderas y maleza.

A esta casa llegamos el jueves con el presidente de Cantabria Miguel Ángel Revilla y allí nos esperaban el concejal de cultura y equipamiento del ayuntamiento de Santander del PP, un alto funcionario de dicho ayuntamiento, un vasco de Erandio que lleva 38 años trabajando en esta institución y la persona que hace de guardés de la casona y que ha evitado que los quince años que lleva la finca abandonada haya sido ocupada.

En un informe que nos entregaron de Gala Mendioroz y Antonio Santoveña, se dice lo siguiente:

SEDE DEL GOBIERNO VASCO EN EL VERANO DE 1937

En este contexto de adversidad extrema, las máximas autoridades de nuestra provincia, encabezadas por el socialista Juan Ruiz Olazarán (1901-1999), consideraron un deber ineludible facilitar en lo posible el acomodo a los numerosísimos ciudadanos vascos que habían venido y, por supuesto, proporcionar a su Gobierno un lugar digno donde poder establecerse. A pesar de la intensa campaña informativa que impulsó el Consejo Interprovincial en el territorio de su responsabilidad a través del único periódico que por entonces se editaba debido a la escasez de papel (el diario República) y a la también única emisora radiofónica existente (EAJ 32-Radio Santander) animando a la población a que recibiera fraternalmente a los recién llegados, y de la puesta a disposición de sus dirigentes políticos de la finca y casa situadas en la carretera de acceso al faro de Cabo Mayor, lo cierto es que la convivencia entre los miembros de las comunidades montañesa y vasca iba a ser muy difícil y, en algunos aspectos, conflictiva.

Varios factores contribuyeron a ello. Primero, la gran magnitud del contingente humano desplazado a la provincia de Santander en muy pocos días; y es que, en un momento en que esta contaba con unos 400.000 habitantes, se estima que la cifra de refugiados pudo ser de unas 180.000 personas. Ello comportaba, en segundo término, graves problemas de alojamiento para semejante gentío, dado que, si bien una parte del mismo logró acomodo en edificios de gran capacidad (colegios, conventos…) y en domicilios particulares (de familiares, amigos o personas solidarias), una fracción muy amplia no tuvo tanta suerte, habiendo de ubicarse en lugares que carecían de las condiciones más elementales para residir (cobertizos, inmuebles ruinosos, portales…) o vagar sin rumbo

Un tercer problema vino dado por la escasez de víveres y artículos de primera necesidad debido al desabastecimiento que originaba el propio curso de la guerra, en general, y el bloqueo a que estaba sometida la provincia por tierra y por mar, en particular; de esta forma, la irrupción de multitud de refugiados supuso un agravamiento de las insuficiencias que ya se venían sufriendo, a la vez que una competencia cada vez más dura para conseguir lo que se necesitaba.

Una cuarta circunstancia, asociada a las anteriores, fue el disgusto y la preocupación crecientes que producía entre los santanderinos la gran cantidad de desperdicios de toda índole que se acumulaban por doquier a causa de la falta de acomodo físico de muchísimos recién llegados; en estas condiciones, a partir de cierto instante comenzaron a advertirse problemas de insalubridad pública. Y, como remate al cuadro descrito, es preciso señalar las apreciables diferencias de idiosincrasia y costumbres que había entre los autóctonos y los forasteros; estas diferencias tuvieron su principal elemento de discordia en el uso habitual por parte de numerosos vascos de su lengua vernácula en presencia de santanderinos, lo que molestaba profundamente a estos, ya que consideraban que esa manera de proceder, además de ser una descortesía, podía estar sirviendo para ocultar propósitos innobles.

Como era de suponer, todos estos factores no iban a pasar inadvertidos a José Antonio Aguirre, ni a sus colaboradores directos. Más aún, el sentimiento de todos ellos, una vez transcurridos los momentos iniciales de gratitud hacia las autoridades locales por permitirles instalarse en la que, de hecho, consideraban sede del Gobierno Vasco en el exilio, comenzó a ser de malestar, primero, y de enfado, después.

A ello coadyuvó, curiosamente, la propia residencia que le había sido proporcionada al lendakari, llamada «Villa Bohío». El motivo de ese enojo era la proximidad de dicha mansión a la batería de costa de Cabo Mayor, razón por la cual esa zona constituía un objetivo militar preferente para el bando enemigo, que lo atacaba de vez en cuando por medio de la Legión Cóndor. Así se lo hizo saber el propio Aguirre a Manuel Azaña Díaz (1880-1940), presidente de la Segunda República, durante una entrevista personal celebrada el 19 de julio de 1937 en Valencia, ciudad a la que se había desplazado aquel en el avión «Negus», propiedad del Gobierno Vasco. El contenido de la conversación que mantuvieron ambos lo conocemos gracias a Azaña, quien lo recogió en su diario del modo siguiente:

“Aguirre se queja de que el Gobierno vasco, refugiado en Santander, padece vejaciones y desprecios. No sé bien si entre ellos se cuenta el hecho de que los hayan alojado en una casa próxima a una batería de la costa, lo que les ha valido ya algún bombardeo”.