Viernes 13 de marzo de 2020
Una de las asignaturas pendientes que nunca podré cumplir fue el haber ido con el Lehendakari Leizaola y algunos supervivientes de los históricos acontecimientos de 1936 a recorrer esa dura ruta de la derrota que vivió el Gobierno y parte del pueblo vasco tras la caída de Bilbao y el fin de la guerra en 1937. La razón ha sido que el día a día se comió la iniciativa y tan buena gente protagonista de aquellos acontecimientos ha ido desapareciendo.
Me hubiera gustado haber acabado aquella ruta en una casona inmensa en Cabo Mayor en Santander, con unas vistas espectaculares, donde vivió el lehendakari Aguirre con su gobierno casi dos meses tras la firma de su mensaje de despedida de Trucíos. Es una casa cuyas fotografías había visto pero tenía curiosidad por saber cómo se encontraba la misma
Hace unos meses se me ocurrió escribirle al presidente de Cantabria, Miguel Ángel Revilla por ver si me podía decir algo de ella. Para mi agradable sorpresa me contestó a vuelta de correo diciéndome que había ido a verla personalmente y me enviaba una colección de fotos donde se veía la casona cubierta por la maleza y en situación precaria. Su rapidez me llamó la atención. No suele ser habitual esa cortesía. Más de una vez me he quejado, me quejo y me quejaré de las personas que son incapaces incluso de acusar recibo a nadie. No sé por qué se dedican a lo público. Por eso destaco la rapidez y el interés de Revilla.
Picado por la curiosidad se lo comenté al lehendakari Urkullu a quien le interesó el asunto y me remitió al Instituto Gogora y a Aintzane Ezenarro a quien le comenté que me gustaría ir a ver en qué situación estaba la antigua mansión y luego se lo comentaría.
Volví a ponerme hace poco en contacto con el presidente de Cantabria Miguel Ángel Revilla que me citó para el jueves 12 de marzo. Amablemente me dijo que iríamos a verla. Se lo comenté a mi hermano Koldo y allí nos fuimos este pasado jueves 12 de marzo. En una hora se llega a Santander y poco más a la sede del Gobierno de Cantabria, en la calle Herbosa 29 que me llamó la atención por su sencillez. Llegamos, dejamos el coche en un parking cercano y nos dirigimos al sexto piso donde estaba ya Revilla saliendo de un despacho. Con su campechanía nos enseñó la galería de presidentes (lleva ya el cuarto mandato), la habitación donde tiene residenciado todo lo referente a su mundo de comunicación con una persona al frente y en su despacho nos obsequió con su último libro “Por qué no nos queremos“, que iba a presentar en El Hormiguero, cuya portada es la de él con un perro inmenso, foto sacada por su hija Jana. Yo le llevé “Jarrones Chinos” que me dijo que ya lo tenía y había leído y Koldo “El último Fotograma”. Curiosamente había dos Jarrones chinos de adorno y le comenté que yo no le veía a él cuando deje la presidencia convertido en un Jarrón Chino cuando termine su mandato dentro de tres años y le tuve que aclarar que esa expresión no es de Felipe González sino de Rafael Caldera ex presidente de Venezuela y que yo se la solté a González pues no hacía más que perturbarlo todo cuando dejó la presidencia del gobierno en 1996. Siempre que le veo le digo que por lo menos pague derechos de autor.
Me dedicó el libro y nos comenzó a hablar de su relación con Txaber Etxebarrieta, fundador de ETA y de cómo vivían en la Calle La Cruz de Bilbao cuando estudiaba en Sarriko y luego en Ledesma encima del Matxinbenta. Nos dio lujo de detalles y de cómo le mentalizó para que superara las pruebas de gimnasia para que no lo enviaran a “Casa Cristo” cuando hiciera la mili, cuál fue su sorpresa cuando tras matar al guardia civil Pardines murió acribillado en junio de 1968 en Tolosa. Nos dijo que era un tipo muy inteligente. Habló asimismo de Iñaki Orbeta con quien hizo la mili en Garellano y de cómo se escapó del cuartel y de que le gustaría estar con él. Nos dio la impresión que para él Bilbao es una referencia importante en su vida y siempre que puede se da un paseo. Había estado un día en Sabin Etxea con Ortuzar nos dijo que había tenido una charla agradable pero que éste no le había invitado a comer y mantiene una relación con el lehendakari Urkullu, aunque no la tuvo buena con Ibarretxe a cuenta de su iniciativa, el famosos Plan, aunque éste le sorprendió en una reunión de presidentes en el senado cuando le llevó una serie de fotos de su pueblo y de su casa cuando con su grupo ciclista anduvo por aquellos lares.
En su libro narra el ambiente que vivió un día en Orio en tiempos de ETA cuando no pudo ni salir del , pero el año pasado quiso volver al lugar donde le habían impedido entrar y le costó más de media hora llegar al asador, a cuenta de los selfis y posteriormente como la atención fue exquisita. Es consciente de la presencia de vascos en Castro, Laredo y en el propio Santander y desea cultivar esa buena relación recordando como a uno de sus antecesores, Díaz de Entesoto, este le llamó para preguntarle lo que debía reivindicar en Madrid en una reunión ministerial y le dijo que solo una cosa: la conexión con Bilbao.
Tiene a otra de sus hijas estudiando en Donosti que le llamó a cuenta de que cerraban la Universidad como consecuencia del CoronaVirus y se sintió orgulloso de como logró que a la provincia de Santander se le llamara Cantabria, con toda la oposición de los Botín y de la derecha santanderina que nunca ha perdido electoralmente la ciudad de Santander. Recordó haber hablado en un mitin con Carlos Garaikoetxea como representante del Partido Regionalista de Cantabria y de cómo casi copiaron los estatutos del PNV. Nos habló de aquel presidente, Ormaetxea que debe vivir en Marruecos y como su partido le dio la vuelta a la situación electoral en Villaverde de Trucios a cuenta de haber construido un frontón y de dar nuevos servicios. Revilla a sus 77 años es un tipo chispas, despierto, vivo, listo y envolvente. Y muy amable.
Conozco bien el mundo institucional vasco y el de la Villa y Corte pero he de decir que no he visto a ningún presidente con menos protocolo que Revilla. Su trato directo y sencillo con sus colaboradores inmediatos, con su familia, con sus consejeros era algo para mi inusual por franco y directo cuando uno ve a tanto fatuo que con medio galón se cree uno de los grandes mariscales de la corte de Luis XIV. A Revilla le llamaron los consejeros de sanidad y presidencia para irle dando cuenta de las noticias en relación con la pandemia y de cómo debía estar en una reunión a las cinco de la tarde.
Tras una hora de animada charla bajamos al estacionamiento y Revilla nos invitó a subir en su coche, un Peugeot pequeño, conducido por él y con la parte trasera llena de comida para gatos pues le encantan estos animales y les da de comer siempre que puede. Le encanta la naturaleza y conoce datos de rincones y datos históricos que pone en valor. Salimos del gobierno y nos llevó a dar un paseo por el gran parque donde está el Palacio de La Magdalena con su espléndida playa y vista, su mini zoo y la explicación de que está allí pues un alcalde hizo que se lo regalara la ciudad a Alfonso XIII a cuenta de que veraneara allí. Vimos la balsa de Vital Alsar, las tres carabelas que hicieron el periplo y enfilamos hacia Cabo Mayor, de lo que hablaré mañana, así como del monumento a las víctimas de aquel asesino

